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El perfil sociológico del gángster norteamericano

26 Jun

Uno de los prototipos de personaje histórico más retratado en el cine comercial estadounidense, a parte de los cowboys del Oeste, es el gángster durante los violentos años 20 y 30. En muchas películas, el típico gángster norteamericano es retratado como un tipo que se vestía de forma elegante, de naturaleza violenta y carácter asertivo, pero poseía ciertos principios y valores, que por regla general, nunca traicionaba a sus amigos ni hacía daño a mujeres, niños y personas inocentes. A pesar de ganarse la vida apretando el gatillo, solo ejercía la violencia cuando era estrictamente necesario, y siempre contra quién se lo merecía.

A veces me pregunto: ¿esos “bandidos caballerosos” con la ética de Robin Hood existieron de verdad? En este post, voy a analizar un poco el perfil sociológico del “típico” gángster estadounidense de la época de la ley seca.

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Cuando oímos la palabra “gángster” solemos asociarlo a un miembro del crimen organizado. En EEUU, el crimen organizado no apareció de día a mañana, sino evolucionó poco a poco desde un modo de delincuencia mucho más crudo: la banda callejera. Desde el siglo XIX, en muchas ciudades americanas como Nueva York, Chicago y Boston, la presencia de bandas callejeras ya era conocida. En ciertos barrios neoyorquinos como Five Points y Hell’s Kitchen, algunos visitantes contemporáneos, como Davy Crockett y Charles Dickens, ya comentaban de fenómenos como docenas de jóvenes armados con machetes, navajas y palos que se enfrentaron en plena calle para resolver sus diferencias del modo más salvaje.

¿Por qué surgieron las bandas callejeras? Durante el siglo XIX, en la mayoría de las ciudades la ley y orden no funcionaban de forma tan eficaz como ahora. Los cuerpos de policía constaban de pocos efectivos y carecían de recursos para atender a las necesidades de los cientos de miles de habitantes de las ciudades industrializadas, cuya población no dejaba de aumentar por la llegada sin cesar de inmigrantes. Una gran parte de las ciudades carecían de las infraestructuras más básicas como alcantarillas y agua corriente. Derrumbes de edificios, incendios y brotes de enfermedades contagiosas eran ocurrencias cotidianas. Las comunidades inmigrantes, por la barrera cultural y lingüística y los abusos que sufrían a manos de las autoridades, confiaban aún menos en las fuerzas de orden. La gran mayoría de los problemas, desde pequeñas deudas hasta robos y violaciones, se resolvían por cuenta propia a través de amenazas y venganzas. Las bandas callejeras, en cierto modo, surgieron como meros agentes para resolver las disputas entre vecinos en los barrios marginales abandonados por las autoridades.

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Pandillero neoyorquino, siglo XIX (De James Brown)

La gran mayoría de las bandas callejeras se organizaban por barrio y por origen étnico. A principios de siglo XX, en Nueva York las más conocidas eran el Eastman Gang, de origen judío, y el Five Points Gang, de origen italiano. La mayoría de los pandilleros no eran nada elegantes ni sofisticados, sino chavales de aspecto huraño que pasaban todo el día en la calle, en las tabernas y en los prostíbulos más sórdidos, siempre con una navaja en la mano dispuestos a usarla contra cualquiera que les faltaba respeto. Su principal actividad era extorsionar comercios, controlar apuestas, hacer de proxeneta a las prostitutas y pelearse con miembros de bandas rivales, pero su influencia raras veces excedía a las pocas manzanas que constituían su barrio. A pesar de todos los golpes que daban y los sectores de la economía negra que controlaban a nivel local, pocos llegaron a ser ricos. Hasta los líderes de las bandas no ganaban ni un ingreso medio.

Todo cambió en 1921, cuando el gobierno federal estadounidense puso en marcha la ley seca. Como el contrabando de licor era un negocio tan lucrativo, muchos pandilleros empezaron a dedicarse a ello. De día a mañana, Los que antes eran chulo-putas de barrios bajos se volvieron ricos. Los que antes peleaban con navajas ahora disponían de pistolas y armas automáticas. Otros delincuentes también se aprovecharon del boom del mercado negro, algunos asaltando a los camiones de contrabando, otros secuestrando a los traficantes ricos pidiendo rescates astronómicos. La violencia se escaló tanto en frecuencia como en intensidad, con noticias de tiroteos, asesinatos, atracos y secuestros llenando las portadas de la prensa sensacionalista. Para marcar el nuevo estatus socioeconómico que disfrutaban, los pandilleros ya no se vestían como rufianes del barrio bajero, sino con trajes hechos a medida y camisas de seda. Se alojaban en hoteles de lujo y frecuentaban restaurantes y casinos de mayor estatus, haciéndose pasar por hombres de negocio de clase alta. De ahí, el pandillero se convirtió en el “gángster”.

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La banda callejera “Five Points gang”, formada por pandilleros italianos

Pero la verdadera transformación de “banda callejera” a “crimen organizado” sucedió en 1931, cuando un grupo de gángsteres liderado por Lucky Luciano y Meyer Lansky, tras llegar a la cima del mundo de la hampa, decidieron formar un pacto de colaboración entre todas las bandas de Nueva York, conocido como la “comisión del crimen“. A partir de ahí, todas las bandas tenían que respetar el territorio de otras y la violencia entre bandas fue estrictamente prohibida bajo la pena de muerte. En respuesta a cualquier delito cometido por un miembro de la comisión, todos los gángsteres tenían la obligación de colaborarse entre sí para ocultar pruebas, mentir en el juicio, sobornar a policías, fiscales y jueces, y amenazar, o matar, a testigos. Entonces, el contrabando de licor, la prostitución, el juego, la extorsión, la venta de drogas y los atracos armados se convirtieron en actividades económicas de una empresa multinacional con sus propias normas de conducta, estrategias empresariales y jerarquía de mando.

A pesar de que la ley seca fue revocada en 1933, el crimen organizado ya había acumulado tanto poder que a parte de dominar a los bajos fondos, también controlaba a muchos negocios legítimos e influenciaba al sistema judicial y la política. Desde los años 30 hasta finales de 60, la mayoría de sus crímenes se quedaron impunes. Los perpetradores raras veces fueron detenidos, imputados y casi nunca condenados. Muchos de los pandilleros de los años 20 habían muerto jóvenes con un tiro en la nuca, pero otros amasaron auténticas fortunas. Los más listos abandonaron la vida de crimen y invirtieron la capital en negocios legítimos, transformándose en empresarios respetables en los años 50 y 60. Efectivamente, habían conseguido el “sueño americano”.

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Meyer Lansky, uno de los fundadores de la “comisión de crimen”

Ahora, vamos a llegar al punto clave: ¿cómo era el típico gángster norteamericano de los años 20?

El típico gángster era un joven procedente de un gueto de inmigración. Algunos habían nacido en Irlanda, Italia, Rusia, el imperio otomano o austrohúngaro, otros habían nacido en EEUU de padres que habían emigrado de esas tierras, pero en la mayoría de los casos, EEUU era el país donde habían pasado su infancia y también donde habían iniciado su carrera criminal. Así que efectivamente, el “gángster americano” era un producto del nuevo mundo, independiente de su origen étnico.

Todos, sin excepción, habían pasado la adolescencia viviendo de la hampa en los bajos fondos, robando carteras, timando a forasteros, atracando a transeúntes, vendiendo drogas, amenazando a morosos o dando palizas por la calle. Cuando entró en vigor la ley seca en 1921, la gran mayoría de los gángsteres eran muy jóvenes. Lucky Luciano tenía apenas 24 años, Meyer Lansky 19, Bugsy Seigal 16 y Al Capone 22, pero todos ya gozaban de una reputación temerosa en los barrios donde residían. Contraria a la idea de muchas películas que era la ley seca que “volvió delincuentes” a hombres normales, eran más bien delincuentes curtidos que aprovecharon la ley seca para hacerse ricos. De hecho, antes de 1921, muchos de los futuros gángsteres ya habían sido detenido por docenas de delitos desde robo con violencia hasta agresiones sexuales. Básicamente, no era gente con la que preferirías pasar una tarde tomando cañas.

¿Entre ellos había ladrones honrados como en las películas? En mi opinión, si lo hubiera, el porcentaje no sería mayor que entre los delincuentes de hoy en día o entre los presos de cualquier cárcel, porque al fin y al cabo, se trababa de gente acostumbrada de vivir de la estafa, de la coacción y de la violencia. La única diferencia fue que debido a las peculiares circunstancias históricas, se hicieron ricos.

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Los bajos fondos…

Entonces, ¿por qué hay tanto culto en Hollywood hacia el gángster americano?

En mi opinión, representaba la visión más extrema del sueño americano, en que cualquier persona, por lo humilde que fueran sus raíces, podría llegar a la cúspide de la sociedad si tuviera dinero, aunque lo hubiera conseguido a través de robos, contrabando y asesinatos. No hay que olvidar que los gángsteres eran en su mayoría hijos de inmigrantes, de grupos étnicos que en la época que vivían, no eran bien aceptados en la sociedad norteamericana. A pesar de que muchos habían vivido casi toda la vida en EEUU, no solían ser percibidos como “verdaderos americanos” por su apellido, religión o rasgos. Los partidos conservadores de la época usaban la alarma social hacia el gansterismo como excusa para defender sus políticas xenófobas y antisemitas, retratando los gángsteres como una corrupción extranjera a los valores estadounidenses. Por eso, el gángster americano también representaba el triunfo de los marginados, rechazados y discriminados, que habían logrado el respeto en la sociedad a través de la violencia, que probablemente, para las circunstancias en que se criaron, era la única medida que disponían para perseguir el sueño americano.

De skinheads y cosacos

5 Nov

Los skinheads

Para la mayoría de la gente, la palabra skinhead es sinónimo a neonazi, miembro de una banda de matones que pegan palizas a inmigrantes, minorías étnicas, homosexuales e izquierdistas. Sin embargo, si estudias la historia de este movimiento, te sorprenderá que los orígenes de la movida no tenía nada que ver con ideologías políticas de la extrema derecha, más bien todo lo contrario.

En resumen, la moda de skinhead nació en Londres a finales de los años 60, importada por inmigrantes afrocarribeños que llegaron en masa para buscarse la vida en las fábricas y los muelles, conocida como la generación Windrush. Muchos de ellos se concentraron en los barriadas obreras en el sur y éste de Londres, compartiendo vecindario con familias inglesas de clase humilde.

Los jóvenes jamaicanos trajeron consigo la moda de los rude boys de Kingston, un estilo mezclando la elegancia clásica con la rudeza callejera, caracterizado con el pelo corto, cara afeitada, camisa con cuello, tirantes, pantalones de cintura alta y botas. Frecuentando los mismos bares y discotecas, muchos ingleses blancos de origen humilde también adoptaron la misma estética como una seña identidad propia de la clase obrera, formando un contraste radical al pelo largo del movimiento hippie, dominante entre las clases medias.

Rude boys jamaicanos

Rude boys jamaicanos

Los primeros garitos de skinheads surgieron en los barrios de Brixton, Clapham y otros barrios en el sur de Londres, donde jóvenes blancos y negros bailaron a música de reggae, R & B y rocksteady importados desde el Caribe. De estos mismos garitos surgió un nuevo género de música: skinhead reggae, también conocido como el ska. Durante la mayor parte de los años 60 y principios de 70, la cultura skinhead era un movimiento multirracial. Desde sus raíces en Londres se extendió a otras ciudades industriales del norte. En aquella época, ya tenía la fama de gamberros ya que muchos skinheads estaban asociados a los ultras de futbol que participaban en reyertas callejeras durante derbys. Sin embargo, carecían de ideología política.

Skinheads londinenses, 1960

Skinheads londinenses, 1960

El gran cambio sucedió a finales de los años 70, cuando la inmigración masiva de indios y paquistaníes, la llegada de refugiados hindúes expulsados de las ex colonias africanas, la recesión económica y una elevada tasa de desempleo provocaron un aumento de sentimientos xenófobos. Se fundó un partido político de corte fascista llamado British National Party, que reivindicaba la expulsión de todos los inmigrantes y el retorno a una Inglaterra de blancos anglosajones de pura cepa. El partido reclutó sus miembros principalmente entre ultras de futbol y jóvenes desempleados de barrios deprimidos, muchos de los cuales eran skinheads.

Poco a poco, el movimiento de extrema derecha se apropió del movimiento skinhead, a tal punto de regentar discotecas de música skinhead donde solo dejaba entrar gente afiliada al partido. Sin embargo, no todos los skinheads se dejaron seducir por el movimiento fascista. Hasta el día de hoy, sigue habiendo colectivos de skinheads que celebran las raíces originales del movimiento: la fusión de la cultura afrocaribeña con la de la clase obrera londinense, que a finales de los años 80 formaron una asociación conocida como SHARP (Skinheads against racial prejuidice). Empero, en la mente popular, la asociación de la estética skinhead con la ideología fascista ya está establecida. Y la reacción instintiva de cualquiera, al ver un grupo de skinheads en una calle desolada por la noche, es cambiar de acera.

Reunión de la primera generación de skinheads

Reunión de la primera generación de skinheads

Los cosacos

Otro grupo demográfico que a día de hoy está asociado a la extrema derecha son los cosacos. Son comunidades paramilitares que residen en la estepa rusa entre los ríos Dnieper, Don y Volga. Tienen la reputación de ultranacionalistas rusos o ucranianos que defienden la autoridad imperialista y el sometimiento de las minorías étnicas. En su vida cotidiana, reivindican los papeles tradicionales de género y la obediencia absoluta a la autoridad patriarcal. En la guerra civil actual en Ucrania, muchos de los combatientes en ambos bandos pretenden ser cosacos, que luchan para defender la supremacía de una nación sobre la otra.

Combatientes cosacos en la guerra civil de Ucrania

Combatientes cosacos en la guerra civil de Ucrania

¿Pero de dónde vienen los cosacos? La respuesta se remonta al siglo XIV, cuando Rusia aun formaba parte del imperio mongol-tártaro.

Un siglo después de la épica conquista de Gengis Khan, el imperio más grande del mundo estaba a punto de desintegrarse. La disciplina de hierro que ejercían los jefes militares mongoles sobre sus subordinados se desmoronó. Muchos soldados desertaron, terminando en tierra de nadie en la estepa rusa al norte del Mar Negro, donde formaron pandillas que vivían de la caza, la pesca y el bandidaje. Aquellos bandoleros de origen mongol, túrquico y circasiano eran conocidos como cosacos, que en la lengua turca significaba “hombre libre” o “filibustero”.

Cosaco, siglo XVI

Cosaco, siglo XVI

Cuando Rusia se consolidó como la fuerza dominante de Europa del éste en el siglo XV, la estepa al norte del Mar Negro se convirtió en una zona fronteriza entre los imperios ruso, otomano y varios kanatos tártaros. Muchos siervos rusos, hartos de la explotación de los latifundistas y la represión de los señoritos, huyeron a la estepa, donde se unieron con los fugitivos de las naciones turco-mongoles. El mestizaje de las dos poblaciones crearon una nueva identidad híbrida: una sociedad de campesinos guerreros que hablaban la lengua rusa y practicaban el cristianismo ortodoxo, pero en vestimenta, equitación, tácticas militares y costumbres cotidianas, heredaron tradiciones de Asia Central.

Se organizaron en varios huestes, cada uno gobernado por un sistema democrático donde un escuadrón (sotnia) de diez guerreros elegían a un mando, cada diez de esos mandos elegían a un mando de cien hombres, cada diez mandos de cien hombres elegían a un mando de mil hombres… hasta llegar a un jefe de los jefes conocido como el ataman. Todas las tierras que cultivaban y el botín de guerra se repartían entre los miembros del hueste.

Cosacos ucranianos

Cosacos ucranianos

Durante los siglos XVI y XVII, cada hueste cosaco era prácticamente un estado independiente que no se sometía a ningún poder imperial. Atacaban a caravanas comerciales de todos los países y saqueaban a latifundios tanto en territorio ruso como en el otomano o polaco. Su espíritu bélico y aventurero les convirtió en pioneros para colonizar las tierras salvajes más al Oriente, formando nuevos huestes en Siberia y Asia Central. Sin que ellos lo supieran, se habían convertido en la vanguardia de la expansión rusa en Asia.

Familia cosaca siberiana en vestimenta tradicional

Familia cosaca siberiana en vestimenta tradicional

Por los constantes hostigamientos a la frontera y por dar cobijo a fugitivos y campesinos huidos, varios emperadores rusos iniciaron campañas militares para aniquilar a los cosacos, pero la simpatía de las clases populares hacia aquellos guerreros libres solo salió reforzada. Durante los siglos XVII y XVIII, dos de las mayores rebeliones de campesinos contra la monarquía fueron liderados por cosacos, la de Stenka Razin en 1670 y la de Yemalián Pugachov en 1775. Ambas terminaron en fracaso con los líderes torturados y ejecutados. Pero los emperadores rusos habían aprendido una lección importante: en vez de hacer la guerra contra ellos, era más eficaz sobornarlos para convertirlos en sus propios matones.

La película "De fuego y espada" retrata una rebelión cosaca del siglo XVII.

La película “De fuego y espada” retrata una rebelión cosaca del siglo XVII.

Desde los tiempos de Pedro el Grande (1682-1725), el imperio ruso empezó a ofrecer tratos a los atamanes cosacos, convirtiéndoles en milicias fronterizas contra la invasión turca a cambio de privilegios fiscales. En los tiempos de Catalina la Grande (1762-1796), casi todos los huestes cosacos habían perdido su independencia. Sin embargo, los cosacos, a diferencia a la mayoría de campesinos rusos, cultivaban cada familia su propia parcela sin ser siervo de nadie, y seguían disfrutando de su sistema democrático a la hora de elegir a sus oficiales. Todos aquellos privilegios vinieron a cambio de 20 años de servicio militar bajo las órdenes de la monarquía rusa. Pero más importante de todo, prohibieron la acogida de fugitivos o siervos huidos. A partir de ahí, los cosacos se convirtieron en una casta militar apartada del campesinado ruso; una sociedad cerrada, endogamica con poca simpatía hacia las clases populares.

Veteranos cosacos, siglo XIX

Veteranos cosacos, siglo XIX

Durante el siglo XIX y XX, los emperadores rusos emplearon los cosacos como una fuerza de choque para reprimir manifestaciones obreras y someter rebeliones de pueblos indígenas. En ojos de muchas minorías étnicas, se convirtió en sinónimo a la represión imperialista. Por los violentos pogromos que ejecutaron contra los judíos, los cosacos ganaron la reputación de antisemitas radicales y verdugos de la iglesia ortodoxa.

Al estallar la revolución de 1917, algunos cosacos se unieron a los bolcheviques, pero la mayoría de los atamánes apoyaron a los imperialistas. Al consolidar la URSS, con el fin de castigar a esta población reaccionaria, el gobierno estalinista desmanteló la mayoría de los huestes cosacos, deportando sus miembros a tierras lejanas y repoblando su territorio con colonos procedentes de otras regiones. Docenas de miles se exiliaron a Francia, China, Alemania y EEUU. Entonces. La identidad cosaca se quedó aniquilada en un “genocidio cultural”.

Cosacos como represores

Cosacos como represores

Cuando el URSS se desintegró en 1991, muchos descendientes de cosacos regresaron a sus antiguos huestes. Reconstruyeron sus comunidades y reeligieron atamánes acorde con las antiguas tradiciones. Sin embargo, después de 60 años de exilio y represión, el espíritu de “hombres libres de la estepa” se ha perdido, y lo que más definen a los cosacos actuales es su fuerte patriotismo hacia la nación rusa (o ucraniana), su rechazo radical hacia las políticas de izquierda y un sentimiento de recelo hacia las minorías étnicas, sobre todo los judíos y los musulmanes de Cáucaso.

Desde el punto de vista histórico, es algo irónico, considerando que en sus orígenes, los cosacos eran amantes de libertad, rebeldes contra el sistema y una sociedad abierta que acogían a todos los elementos repudiados de cualquier nación. Ni siquiera se consideraban rusos.

Los cosacos actuales mantienen su arraigada tradición bélica

Los cosacos actuales mantienen su arraigada tradición bélica

Tanto los skinheads como los cosacos representan ejemplos que cualquier movimiento social, independiente de sus raíces, se puede tergiversarse a tal punto para convertirse en algo totalmente contrario a su espíritu inicial.

Los orígenes del populismo y sus peligros

6 Abr

Voy a empezar este artículo hablando de uno de los personajes históricos que más admiro: Tiberio Graco. Para conocer los detalles, podéis ver este video de un documental dramatizado de la BBC. Pero aquí cuento una versión muy resumida de su historia.

Antes de que Roma se convirtió en el imperio que todos conocemos, era una república gobernada por un senado, formado por 500 miembros de la élite social. Los ciudadanos de a pie podían participar en decisiones políticas a través de asambleas de la plebe, presididas por tribunos, pero el senado tenía el poder de vetar sus propuestas.

La mayoría de los ciudadanos romanos de la época (siglo V – II a.c.) eran campesinos propietarios de pequeñas granjas. Todos tenían el derecho de votar y la obligación de prestar servicio militar. Esta clase media de campesinos-soldados formaba la base de la sociedad republicana y la fuente de estabilidad social. Sin embargo, durante el siglo II a.c. la situación empezó a cambiar. La expansión colonial por nuevas tierras en Hispania, Galia y África hizo alargar las campañas militares. Los soldados, que antes pasaban solamente unos meses fuera de casa, ahora se ausentaban durante varios años, y muchos nunca volvieron.

Asamblea plebeya

Asamblea plebeya

Al estallar la tercera Guerra Púnica, muchas familias campesinas tenían todos los hombres de edad militar en el ejército. Con solo mujeres, niños y ancianos atendiendo el campo, muchas se arruinaron y tuvieron que vender su tierra a un precio muy barato a los especuladores. Los soldados, al volver de las campañas militares, descubrieron que sus granjas familiares habían desparecido. Sin hogar ni medios para ganarse la vida, acabaron en Roma malviviendo en la calle, formando una clase marginal cada vez más numerosa.

En la adquisición de tierras de campesinos arruinados, los especuladores habían encontrado un negocio cada vez más lucrativo. Cuanto más territorio conquistaban en el extranjero, más hombres podían llamar a filas, más familias se arruinarían y más tierras se podrían comprar a precio barato. En pocos años, el paisaje agrario había transformado de forma radical: las granjas familiares de toda la vida habían desparecido, sustituidas por grandes latifundios de terratenientes poderosos, trabajados por esclavos capturados de las conquistas extranjeras.

Algunos tribunos de la plebe habían exigido soluciones a esta creciente desigualdad, pero el senado, dominado por los lobbies de especuladores y terratenientes, ignoró las peticiones. A la mayoría de los tribunos les sobornaron, y a los más revolucionarios les destituyeron directamente, poniendo en su lugar a marionetas.

Barrio popular en la antigua Roma

Barrio popular en la antigua Roma

Tiberio Graco era el hijo de una familia acomodada, pero gracias a la educación de su madre, desde muy joven había poseído un fuerte sentido de justicia social. Regresó de la tercera Guerra Púnica como un héroe nacional por ser el primer soldado en escalar los muros durante el asedio de Cartago, y aprovechando su prestigio social, decidió dedicarse a la política presentándose como tribuno de la plebe.

En la asamblea de la plebe, Graco propuso una serie de reformas agrarias, subiendo impuestos a los ricos, persiguiendo el fraude fiscal y dando al estado el poder de apropiar terreno de latifundios que habían superado 125 hectárea, para redistribuirlo entre los más necesitados; también propuso un sistema rudimentario de la seguridad social para asegurar el bienestar básico de los ciudadanos con menos medios. Sus propuestas fueron bien recibidas por la plebe, pero no sentaron muy bien en el senado porque amenazaron los intereses de la élite.

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Gracias a su carisma, excelente poder oratorio y lenguaje callejero, logró ganar el corazón de las masas. Cuando el senado intentó vetar sus propuestas, Graco llamó a la desobedencia masiva en un acto parecido a una huelga general, con docenas de miles de seguidores tomando las calles, cerrando mercados, templos y paralizando toda la ciudad hasta que el senado aprobase sus propuestas. Era la primera vez que una ley se aprobó no por la votación en el senado, sino por la movilización de las masas. Era un acto anticonstitucional, pero la única manera de imponer la voluntad del pueblo.

Hasta el día de hoy, los historiadores aún discuten sobre las verdaderas intenciones de Graco. Algunos lo consideran un revolucionario idealista motivado por el compromiso social con los más desfavorecidos, otros lo descalifican como un oportunista que manipuló a las masas con discursos demagogos para conseguir el poder personal. La verdad nunca se pudo saber, porque dos años después de la aprobación de su reforma agraria, él murió asesinado por matones contratados por los terratenientes.

La muerte violenta de Tiberio Graco

La muerte violenta de Tiberio Graco

Tras su muerte, sus seguidores formaron un partido político, los populistas, que defendían los derechos del pueblo, frente a los optimates, que defendían los intereses de la élite senatorial. Aunque las reformas sociales de Graco eran totalmente legítimas, muchos de sus sucesores no tuvieron motivos tan legales. Aprovechando la rabia y la desesperación de la clase proletaria, hacían discursos incendiarios para provocar el odio hacia la élite senatorial, mientras elogiaban a los pobres con pan y circo. La lucha entre los partidos se convirtió en un juego de poder entre los que pretendían dominar la sociedad desde arriba con dinero y influencia, y los que pretendían dominar la sociedad desde abajo con la manipulación de las masas.

Tras varias décadas de revueltas populares, violencia callejera, golpes militares y guerras civiles, los populistas ganaron, e irónicamente, sus líderes se convirtieron primero en dictadores y luego en emperadores, acabando con el régimen republicano para siempre.

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

El ejemplo de Roma se ha repetido varias veces durante toda la historia. Durante los siglos XIX y XX, muchos políticos, entre ellos Napoleón, Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini Juan Perón, Hugo Chavez…, habían llegado al poder dominando la sociedad a través de la movilización de las masas. A día de hoy, el populismo está volviendo a ganar pulso en Europa y América, tanto los de izquierda como los de derecha.

Los populismos suelen ganar terreno cuando hay un sentido de indignación general entre los ciudadanos, que no sienten representados por ningún partido político tradicional. Igual que en la asamblea de Graco, es una manera de expresar el verdadero sentimiento del pueblo, muchas veces ignorado por la élite política. Aunque inicialmente las causas pueden ser totalmente legítimas, cuando se juntan cientos de miles de ciudadanos enfadados, podría convertirse en una masa fácilmente manipulable como los hinchas de un partido de futbol, que en vez de buscar soluciones, buscan un chivo expiatorio para linchar. Los políticos oportunistas aprovechan esta ocasión para prometer soluciones milagro a problemas complejos y señalar a un colectivo, normalmente uno fácilmente identificable, como el culpable de todo.

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de izquierda tienden a hacer discursos para provocar el odio hacia la elite socioeconómica; los populistas de derecha suelen despertar los sentimientos nacionalistas, promoviendo el orgullo patriota y echando la culpa de todos los males de la sociedad a extranjeros o minorías étnicas y religiosas. Pero ambos juegan con el lado sentimental, en vez de racional, de los ciudadanos, simplificando situaciones muy complejas en una lucha entre “ellos”, los malos, contra “nosotros”, los buenos.

Tradicionalmente, la comunidad judía en Europa y la diaspora china en Asia, por ser minorías étnicas económicamente destacadas, solían convertirse en el chivo expiatorio de todos los populismos. Por eso, a pesar de que Tiberio Graco siempre será uno de mis ídolos por su valentía, principios y compromiso social, tengo una fuerte desconfianza hacia su legado secundario, el populismo.

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

El liberalismo: los inicios, la evolución y la corrupción

25 Feb

En España, el “liberalismo” a día de hoy es casi sinónimo al “conservadurismo” o “capitalismo extremo”. Sin embargo, en sus raíces, se trata de una filosofía que defiende unos principios bien distintos. En este artículo me gustaría hablar de la definición original del “liberalismo clásico”, y de cómo la palabra “liberal” ha ido distorsionando de significado a lo largo de los siglos, en distintos países.

John Locke, el fundador del liberalismo

John Locke, el fundador del liberalismo

En sus inicios, el liberalismo surgió durante los siglos XVII y XVIII. Muchos lo atribuyen al filósofo inglés John Locke (1632-1704). En aquella época, se trataba de una corriente política que oponía a la monarquía absoluta y el sistema feudal, luchando a favor de un estado laico y democrático, donde todos los individuos, independiente de su procedencia, edad, sexo, clase social o religión, disfrutaban los mismos derechos y las mismas libertades.

La filosofía central del liberalismo era que el individuo (en contraposición a la familia, pueblo o patria) formaba el pilar fundamental de la sociedad, y que cada uno era solamente responsable por sus propios actos. Bajo esos principios, lucharon contra la esclavitud, la aristocracia hereditaria, la religión del estado o cualquier persecución por motivos de raza, nacionalidad o religión. También reivindicaban la libertad económica, por lo tanto que los intereses de unos no perjudicaban los derechos básicos de otros, y que la propiedad privada siempre estuviera adquirida por el propio esfuerzo de cada individuo.

El liberalismo clásico jugó un papel importante en la revolución francesa, la revolución gloriosa y la guerra de independencia de EEUU, en una lucha de sustituir los privilegios hereditarios con un sistema de meritocracia.

Caricatura del siglo XVIII de la política británica: Conservadores vs Liberales

Caricatura del siglo XVIII de la política británica: Conservadores vs Liberales

Después de la revolución industrial, muchos liberales se concienciaron de la emergente desigualdad en las ciudades, dándose cuenta de que la libertad individual y la meritocracia sólo tenían sentido cuando se implantase en una sociedad donde había justicia social e igualdad de oportunidades. De ahí, surgió una nueva corriente de liberalismo social que aparte de defender la libertad individual, también reivindicaba el papel de estado de garantizar el bienestar básico de sus ciudadanos. Esos activistas fundaron los primeros sistemas de educación y sanidad pública, que se convirtieron en los pilares del estado de bienestar. La voz más destacada de esta corriente de liberalismo era el británico John Maynard Keynes.

John Maynard Keynes, el padre del liberalismo social

John Maynard Keynes, el padre del liberalismo social

Durante siglos, los liberales eran la principal facción política en contra de los conservadores, hasta que aparecieron los primeros sindicatos que formaron los partidos socialistas. A principio, los liberales y socialistas compartían muchas reivindicaciones, como el estado laico, la democracia representativa, la educación y sanidad pública, la legalización del divorcio, el derecho a aborto y la igualdad de sexos, pero la principal diferencia era que los socialistas nacieron a raíz de la negociación colectiva de trabajadores con el patronal a través de los sindicatos, algo que los liberales consideraron una supresión a la libertad individual.

En países como el Reino Unido surgió un sistema de 3 partidos: los conservadores de derecha, los liberales del centro, y los laboristas de la izquierda.

En el siglo XX, el socialismo sustituyó al liberalismo como la voz del pueblo

En el siglo XX, el socialismo sustituyó al liberalismo como la voz del pueblo

Durante el siglo XX, los dos enemigos principales del liberalismo eran el fascismo y el comunismo, porque ambos reivindicaban la importancia del colectivo (estado, partido, clase social, raza, religión o patria) sobre del individuo. Tanto el partido bolchevique de la URSS como el partido nazi alemán persiguieron a los liberales. En España, muchas reformas de la II república se basaban en principios liberales, sobre todo en el terreno de la educación, la política territorial, la expresión cultural y los derechos de la mujer, pero al estallar la guerra civil, la sociedad se fracturó entre la extrema derecha y la extrema izquierda y los liberales se quedaron olvidados, marginados y perseguidos, tanto por un bando como por otro.

Los liberales opusieron el comunismo por su filosofía colectivista

Los liberales opusieron el comunismo por su filosofía colectivista

A finales de siglo XX surgió una nueva corriente de liberalismo, que al contrario al liberalismo social del principio del siglo, ponía énfasis en la libertad económica. Los proponentes más radicales eran Margaret Thatcher del Reino Unido y Ronald Reagan de EEUU, que redujeron los impuestos y levantaron muchas regulaciones del estado con el fin de fomentar el consumo e incentivar las actividades económicas. Aquellos liberales, denominados “neoliberales”, defendían el desmantelamiento del estado de bienestar.

El Thatcherismo tenía como prioridad fomentar el consumo

El Thatcherismo tenía como prioridad estimular la economía a través del consumo

En España, la palabra “liberalismo” desapareció del vocabulario político después de la Guerra Civil y reapareció en los años 90 con el auge del neoliberalismo en el Reino Unido y EEUU. Entonces, la palabra se ha convertido en un eufemismo para las políticas de la derecha. Irónicamente, muchos de los políticos y medios que pretenden ser “liberales” son en realidad “conservadores”, ya que defienden la monarquía y la unidad de España por encima de la libertad de expresión de los ciudadanos, hacen apología de la dictadura franquista (un régimen totalmente contrario a cualquier clase de liberalismo) y justifican la explotación de trabajadores de las empresas multinacionales. La clase de libertad que reivindican con más fervor es la libertad económica de las grandes empresas, que en principio, va totalmente en contra de la filosofía de John Locke, que reivindicaba la libertad como una condición aplicable solamente para el individuo, nunca para un colectivo.

Sin embargo, en otros países siguen habiendo partidos liberales que defienden las causas originales, como lo del Reino Unido y Canadá. Aparte de estimular las actividades económicas, también defienden una sanidad y educación pública de calidad, la inmigración libre, la decriminalización de las drogas blandas, la regularización de la prostitución, el matrimonio gay, la igualdad de sexos, el derecho de las minorías étnicas/religiosas/lingüísticas, y todas clases de libertades individuales por lo tanto que no violan las libertades de los demás.

Ministros del Partido Liberal, Canadá

Ministros del Partido Liberal, Canadá

Las tácticas de guerras premodernas, y el legado de la pólvora.

27 Ene

Durante muchas guerras del siglo XX, las vidas humanas se desgataban como el papel higiénico. Los mandos militares mandaron a soldados fila tras fila para atacar a las trincheras enemigas, lanzándose al fuego de las metralletas y cayendo como moscas en misiones suicidas. Algunos ejércitos, como los soviéticos durante la batalla de Estalingrado o los comunistas durante la guerra civil china de 1949, emplearon a posta la táctica de desgaste: enviar el mayor número de soldados posibles para agotar la munición de los enemigos. La mayoría acabaron como sacrificios en el campo de batalla, coloquialmente referidos como “carne de cañón”.

Muertos alemanes en Estalingrado

Muertos alemanes en Estalingrado

Aquellos conflictos han proyectado una imagen tan horrorosa en la conciencia colectiva que mucha gente llega a pensar que las tácticas de guerra siempre han sido tan despiadada desde la historia más antigua, y que en cualquier conflicto armado, los primeros soldados que se lanzaban al enemigo eran siempre los menos preparados, más prescindibles, peor valorados, cuyo único propósito era servir como sacrificio.

En realidad, esta táctica de “desgaste” y la filosofía de “carne de cañón” era un invento relativamente reciente, en la época industrial cuando las armas de fuego ya habían sustituido 100% a las armas blancas. Antes, cuando luchaban con lanzas y espadas, arco y flecha, o arcabuces y cañones de corto alcance y baja precisión, la filosofía era bien distinta. Los soldados que luchaban en primera línea, en vez de ser los peor preparados y más prescindibles, solían ser la élite del cuerpo u oficiales jóvenes con ganas de demostrarse en el campo de batalla.

Los tercios españoles

Los tercios españoles

Antes de la pólvora

En las películas de Hollywood, las batallas pre-modernas suelen ser retratadas como una masa desordenada de combates individuales, cada uno terminando en la muerte de uno de los participantes, con los dos ejércitos penetrándose unos a otros sin ninguna unidad o formación. Pero según manuales militares y descripciones contemporáneas, las guerras con espadas, lanzas y flechas era un asunto muy organizado, donde mantener la cohesión de unidades era un factor clave en el desenlace de la batalla.

En ejércitos más organizados como los griegos, romanos, persas y chinos, la formación se desplegaba en cuadros y filas para facilitar el relevo de tropas. Entre tribus más primitivas como los celtas, germanos, vikingos y hunos, los guerreros formaban “nubes”, pero cada soldado siempre luchaba como parte de una unidad, protegido por la izquierda, derecha y espalda por sus compañeros. Era importante esta sensación de seguridad, porque una vez perdida, cada hombre se encontraría solo frente al caos y la reacción más común era huir.

Muchos conflictos armados empezaron con un intercambio de misiles, con los arqueros lanzando flechas y las tropas ligeras tirando venablos hacia las filas enemigas. Si ningún bando se diera a la fuga, los dos ejércitos se acercarían para una lucha cuerpo-a-cuerpo. En este momento, se cerrarían las filas y los guerreros más valientes y adiestrados se pondrían delante. Sugería un intenso choque de espadas y lanzas que no solía durar más de 90 segundos, porque el peso de la armadura y el estrés psicológico agotarían a los combatientes de ambos lados. Los dos ejércitos volverían a retrocederse unos pocos pasos a una distancia segura para tomar aliento, hacer relevos, curar a los heridos y prepararse para el siguiente asalto.

Muchas batallas empezaron con un intercambio de misiles

Muchas batallas empezaron con un intercambio de misiles

El factor psicológico

La experiencia de combate cuerpo-a-cuerpo debía de ser altamente estresante y aterradora. La mayoría de las batallas se perdían cuando la formación de un ejército se desintegraba y todo se degeneraba en una huida desbandada. Era entonces cuando sucedía la mayor parte de la matanza, porque con tu espalda al enemigo, no podías hacer nada para defenderte. La tasa de baja entre vencedores y perdedores solía ser muy destacada, a veces con los primeros perdiendo muy pocos hombres y los segundos perdiendo más de la mitad de sus efectivos.

Las fugas solían empezar con los hombres en las últimas filas, los que estaban más lejos del peligro, que cuando vieron a sus compañeros caer como moscas, perdieron sus nervios y abandonaron las filas. Los que estaban colocados delante de ellos, al darse cuenta de que ya no había nadie protegiéndoles las espaldas, también se unirían a la huida, hasta que toda la formación se deshiciese.

Huyendo del campo de batalla

Huyendo del campo de batalla

Muchos estrategas militares comentaron que la sensación de pánico era tan contagiosa en el campo de batalla que una vez que empezase la fuga, no habría nada que podía detenerlo, y por eso, aconsejaron colocar a los luchadores más fuertes y valientes en primera fila y los veteranos más tranquilos en las últimas, porque eran los menos susceptibles al pánico y fuga.

Por supuesto, colocar a la tropa de menos calidad en la primera línea, como hacían las tácticas del siglo XX, no supondría ninguna ventaja. Las espadas y lanzas del enemigo no se desgataban por matar a unos hombres más, y el moral del todo el ejército se desmoronaría cuando muchos soldados caían durante el primero choque, que en el peor de los casos, podría provocar una fuga masiva.

Formación militar bizantina del siglo X

Formación militar bizantina del siglo X

El efecto de las armas industriales

Los grandes avances en las armas de fuego durante el siglo XIX provocaron varios cambios en las estrategias militares, una de las más importantes era la degradación del estatus del soldado.

Durante siglos anteriores, luchar con espada y lanza era una habilidad no tan fácilmente adquirida, y para manejarlo con soltura necesitaba años de instrucción y entrenamiento. Salvo en pueblos guerreros como los vikingos, mongoles o cosacos, los soldados capaces de luchar cuerpo-a-cuerpo era un recurso valioso que no se podía prescindir a la ligera.

Luchar con arma blanca necesitaba años de instrucción y entrenamiento

Luchar con arma blanca necesitaba años de instrucción y entrenamiento

A finales del siglo XIX, con los avances en las armas de fuego, la única habilidad necesaria para ser soldado era apretar el gatillo de un rifle. Cualquier hombre, mujer, anciano o niño, al recibir tres semanas de instrucción, ya podía acudir al campo de batalla. El soldado se convirtió en un recurso abundante y prescindible, igual que los obreros de la fábrica. Si hoy perdiera 10.000 efectivos, mañana podría llamar a filas otros 10.000.

Por otro lado, un único hombre armado con un arma potente ya era capaz de matar a miles con un apretón de gatillo. Distinta a la situación en los siglos anteriores, los mandos militares podían detener a la fuga bastaba con colocar a un soldado en la última línea armada con una metralleta, para pegar un tiro a todos los que se daban la vuelta. La supervivencia de un soldado ya dependía cada vez menos de su oficio, sino de la suerte aleatoria de que una bala o bomba enemiga no le diese, que dependía mucho más de la decisión estratégica de su mando que de su propia destreza con el arma.

Fue en el siglo XIX cuando surgió el reclutamiento masivo y con ello, las tácticas de “desgaste humana”, que tanto se ha quedado impreso en la conciencia humana.

Las trincheras de la Primera Guerra Mundial

Las trincheras de la Primera Guerra Mundial

La sociedad inglesa en los años 1970

30 Jun

Tuve una conversación con mis padres hace unas semanas de cómo ha cambiado Inglaterra durante los últimos décadas, y las diferencias han sido tan marcadas que he decidido escribir un post dedicado a ello.

A principio de los años 70, mis padres llegaron al Reino Unido como una joven pareja. En esa década, la sociedad británica ya había vivido importantes cambios en respecto a los años pos-guerra: los Beatles ya aparecieron y se separaron, los festivales de rock ya llenaban estadios, Inglaterra ya había ganado el mundial de fútbol en 1966, la revolución sexual ya estaba en pleno auge, la inmigración masiva de indios, paquistaníes y caribeños ya había empezado, ya se veían chicos con pelo largo, rapado o rastas, chicas con minifalda y vaqueros ceñidos por la calle de todos los barrios…, pero en otros aspectos, seguía siendo una sociedad bastante tradicional.

Los 70 era la época dorada de rock. Black Sabbath

Los 70 era la época dorada de rock. Black Sabbath

 Los trabajadores industriales, el “council housing” y la regulación económica

En 1970, el motor de la economía británica seguía siendo la industria de producción. Todo el norte y parte medio de Inglaterra, junto a la ciudad escocesa de Glasgow, era el centro industrial, lleno de fábricas y minas. La mayoría de los trabajadores industriales de base cobraban un salario modesto, pero con un puesto de empleo muy estable. Muchas familias ya llevaban varias generaciones trabajando en las mismas fábricas de acero, minas de carbón o astilleros y vivían en comunidades muy unidas donde todo el mundo se conocía.

Ilustración de ciudad industrial, por la artista Vicky Mount

Ilustración de ciudad industrial, por la artista Vicky Mount

El estado cuidaba del bienestar de los trabajadores alquilándoles viviendas de “protección oficial” a un precio asequible, conocido como council houses. En 1970, más o menos 1/3 de británicos vivían en casas alquiladas del estado. Aparte de aportar viviendas, el gobierno también ofrecía ayudas especiales para pensionistas, madres solteras, familias numerosas y hogares de bajo ingreso.

Sin embargo, muchos de los council houses eran pequeños y las familias eran más numerosas, así que muchos trabajadores, sobre todo los hombres, pasaban el mayor parte de su tiempo libre en los bares del barrio, porque era el único lugar donde tenía un sitio para sentarse.

Los sindicatos defendían los derechos de los trabajadores y tenían un peso importante político. Cuando convocaban una huelga, no había nadie que acudía al puesto de trabajo.

A mediados de los 70, cuando muchas industrias de producción ya no resultaban rentables, los sindicatos convocaron huelgas tras huelgas para evitar el despido. Cada semana sólo trabajaban 3 días y muchas casas se quedaron sin luz ni gas.

La circulación de dinero también estaba sujeta a un estricto control estatal. Cuando salías fuera del país, tenías que avisar a la hacienda la cantidad de libras que llevarías fuera.

Council housing, Leeds

Council housing, Leeds

El sistema educativo

Durante los años 70, la gran mayoría de los británicos dejaban los estudios a los 16 años, cuando acababan la educación obligatoria. Sólo una minoría, menos de 5%, estudiaba carreras. Sin embargo, la educación era totalmente gratis hasta la universidad. Entonces, ¿por qué tan poca gente estudiaba?

Los hijos de clase alta solían estudiar en centros privados, donde desde pequeño les preparaban para estudiar carreras universitarias, pero estos colegios eran tan caros que sólo 5% de la población podía pagarlos. Los hijos de familias de clase media y obrera iban a colegios públicos, donde al terminar la educación primaria, les sometía a un examen nacional, llamado 11+, para dividirlos en 2 grupos. Los 15% que sacaban las mejores notas estudiarían en colegios secundarios académicos, llamados grammar school; el resto de los alumnos estudiarían en colegios secundarios de oficios, llamados secondary modern. Sólo los alumnos de grammar school tenían la oportunidad de estudiar una carrera, porque en los secondary moderno ni siquiera les enseñaban ciencias, letras y matemáticas más allá del nivel básico. Así que a los 11 años, el futuro profesional de cada niño ya estaba decidido con un único examen.

Alumnas secundarias, 1972

Alumnas secundarias, 1972

Por supuesto, los niños que aprobaban solían venir de familias que daban importancia a los estudios académicos, que generalmente eran de clase media. La inmensa mayoría de obreros opinaban que si había trabajo en la fábrica, ¿por qué estudia una carrera?

Pero una vez que un joven conseguía una plaza en una universidad, el estado no sólo pagaba todos sus estudios, sino también sus gastos de vivir. Así que, la mayoría de los estudiantes universitarios ya estaban económicamente independientes de los padres.

La gran mayoría de aulas secundarias eran separadas por sexo. En universidades de élite como Cambridge y Oxford, los colleges también estaban divididos entre masculinos y femeninos. En 1970, en la universidad de Cambridge había 27 colleges masculinos, 3 femeninos y sólo uno mixto. Esta división institucional ya limitaba el número de alumnas a poco más de 10%.

Estudiantes de la universidad de Cambridge, 1977

Estudiantes de la universidad de Cambridge, 1977

La vida cotidiana

La típica familia inglesa de clase media llevaba una vida muy sencilla. Un típico día empezaba con un desayuno con cereales y una comida y cena que consistía de puré de patatas, guisantes, zanahoria, carne picada y salchichas que tenían más cereales que carne. Según mis padres, mucha gente sólo comía fruta una vez a la semana. Por eso, la mayoría de los ingleses de esa época eran muy delgados.

Para mucha gente, lo que le faltaba de calorías lo compensaba con cerveza. Muchos quioscos y tiendas de alimentación tenían un grifo desde donde uno podía echarse una pinta de cerveza de barril. No había mucho control de edad y muchos adolescentes de 14 años ya bebían pintas igual que sus padres.

Newcastle, 1972

Newcastle, 1972

Casi todas las tiendas cerraban a las 17:30 por la tarde y todo el día el domingo. Para una típica familia de clase media, ir al restaurante era un lujo sólo se permitía como mucho una vez al mes.

Mucha gente ya tenía coche pero como mucho uno por familia. Casi todos los que vivían a una distancia razonable de su trabajo se desplazaban en bici o andando.

Poquísima gente iba de vacaciones al extranjero. Lo típico que hacía era ir a una zona costera de Inglaterra, como Brighton o Southend, para pasar las vacaciones de verano. No era difícil encontrar a británicos que nunca habían salido de su país.

Amigas, 1978

Amigas, 1978

Los valores sociales

En la gran mayoría de familias, era el hombre que trabajaba y la mujer que cuidaba la casa y los niños. Aunque había algunas fábricas que contrataban sobre todo a mujeres, solían ser chicas antes de casarse. Las pocas parejas en que ambos trabajaban eran consideradas familias de “alto ingreso” que podían permitirse lujos especiales. En la vida pública, la mayoría de la gente que daba la cara eran hombres. Hasta en la televisión había pocas mujeres presentadoras. En la BBC sólo había una reportera en 1970: Angela Rippon.

La vida social también estaba muy dividida por sexo, sobre todo entre la clase obrera, donde los hombres socializaban con hombres y las mujeres con mujeres. Se veían poquísimos grupos de amigos mixtos, salvo se trataban de varias parejas.

La homosexualidad ya era legalizada en 1970, pero aún estaba muy mal visto. La mayoría de los gays no salían del armario y muchos se casaron y tuvieron hijos, aunque vivían su verdadera sexualidad a escondidas en lugares secretos de encuentro.

Angela Rippon, 1977

Angela Rippon, 1977

La inmigración y la multiculturalidad

En las décadas de los 60 y 70, el Reino Unido recibió 3 importantes oleadas de inmigración: de las antiguas colonias de Caribe, de India y Paquistán, y de las antiguas colonias de África (sobre todo la minoría india).

Los afro-caribeños se dispersaron en los barrios obreros, conviviendo con los ingleses nativos. Por la cercanía cultural, los jóvenes se integraron rápidamente en la sociedad obrera inglesa y gracias a su aportación, se fundaron nuevas tribus urbanas como los rudeboys, los mods y los skinheads.

Rude boys, 1977

Rude boys, 1977

La inmigración india y paquistaní, tanto desde Asia como África, asentaron más en barrios concentrados, formando comunidades propias. Debido a diferencias culturales más pronunciadas, su presencia en la sociedad británica no fue tan bien recibidas y en varias ciudades hubo oleadas de violencia racista conocida como Paki-bashing, es decir, “a la caza de paquistaníes”.

Sin embargo, como muchos inmigrantes indios poseían un nivel de estudios más alto, sus hijos rápidamente se convirtieron en los alumnos más destacados del colegio. Muchos ingleses también apreciaban la ética de trabajo de los indios, que eran los únicos que abrían sus tiendas por las noches y durante los fines de semanas.

ilustración del barrio londinense Brick Lane, por Danny Jones

ilustración del barrio londinense Brick Lane, por Danny Jones

Los cambios que vinieron después…

Desde mediados de los años 70 hasta los 80, vino una oleada de importantes cambios.

Primero, bajo la presión de los sindicatos, a partir de 1973, el sistema educativo ya no segregaba alumnos a partir de los 11 años ni por nivel académico ni por sexo, dándoles a todos la misma educación académica básica hasta los 16 años.

Después, en los 80 vino Thatcher, que cerró las industrias no-rentables, disolvió a los sindicatos y vendió los council houses a compradores privados. Algunos de los obreros se reciclaron de oficio y ascendieron a la clase media, otros se hundieron y se convirtieron en una clase marginal que vivía exclusivamente de las ayudas del estado. Se salvó quién podía, y el estrecho tejido social que unía las comunidades de clase obrera se rompió para siempre.

La venta de council housing

La venta de council housing

Durante los 90, la economía británica ya se había deshecho de su pasado de producción industrial y se ha re-orientado al sector tecnológico, financiero y de servicios. Cada vez más jóvenes estudiaban carreras, pero el gobierno ya no tenía recursos para pagar sus estudios. En los 90 quitaron las becas de gastos de vivir, en el año 2000 empezaron a hacerles pagar las matrículas. Muchos estudiantes, al terminar la carrera, se encontraron endeudados hasta el cuello.

Desde entonces, en la sociedad británica se ha producido una rápida americanización: cada vez más consumista, más individualista, más hedonista pero a la vez más libre, más dinámica, más diversa, más tolerante y más flexible.

Comparando la época actual con los años 70, yo diría que entonces, la sociedad era más proteccionista, más intervencionista pero a la vez más rígida, más clasista y con menos movilidad social, donde a cada uno le enseñaba desde pequeño su lugar en una sociedad fuertemente jerarquizada. Sin embargo, el estado no dejaba a nadie a su suerte, sino aseguraba que todo el mundo tenía un puesto de trabajo y una casa donde vivir.

Huelga de mineros, 1978

Huelga de mineros, 1978

La historia de los irlandeses y la diáspora

26 Jun

En este artículo quiero hablar de una de las nacionalidades que más han emigrado a países extranjeros durante el último par de siglos: los irlandeses.

En la actualidad, la población de Irlanda es de unos 6.3 millones (4.5 millones en la República de Irlanda y 1.8 millones en Irlanda del Norte), pero más de 100 millones de personas del mundo pretenden tener algún antepasado irlandés. Sólo en EEUU hay 33 millones de descendientes de irlandeses, la mayoría concentrados en ciudades del nordeste. Muchos festivales típicamente norteamericanos, como el Halloween y el Día de San Patricio, llegaron a EEUU a través de la inmigración irlandesa.

¿Por qué salieron tantos fuera? Para averiguar las razones, vamos a hacer un resumen de la historia de Irlanda desde el principio.

Una fiesta de origen irlandesa: Halloween

Una fiesta de origen irlandesa: Halloween

La Irlanda Gaélica

Irlanda es uno de los pocos países de Europa que nunca fue conquistado por los romanos. Antes del siglo X d.c., la mayoría de la población era de lengua y cultura celta, conocida como gaélicos, que vivían en sociedades campesinas-guerreras en aldeas pequeñas, dedicándose al cultivo de trigo y la cría de ganado. A partir del siglo V d.c., los gaélicos se convirtieron poco a poco a Cristianismo, aunque seguían manteniendo muchas supersticiones y prácticas paganas.

Entre los siglos X y XII, la isla primero fue invadida por los vikingos luego por los anglo-normandos, que la incorporó en el Reino de Inglaterra. Los invasores construyeron ciudades en las zonas costeras desde donde comerciaron y hicieron tratados políticos con la población nativa del interior, pero no ejercieron un verdadero control sobre la isla, donde el poder seguían en manos de los reyes celtas.

Soldados irlandeses gaélicos

Soldados irlandeses gaélicos

La colonización inglesa

El destino de los irlandeses cambió para siempre en el siglo XVI, cuando el rey de Inglaterra, Enrique VIII, dio la espalda a la Iglesia Católica y fundó su propia religión protestante: el anglicanismo. Como mandato de esta nueva religión, intentó imponerla en todo el territorio bajo su reinado. Sin embargo, los irlandeses nativos negaron a convertirse y preferían mantenerse fiel a la Iglesia Católica de Roma, así que Enrique VIII decidió castigar a esta población desobediente.

Retrato de las costumbres de un jeque irlandés, 1500

Retrato de las costumbres de un jeque irlandés, 1500

El ejército inglés invadió Irlanda, seguido por miles de colonos de Inglaterra y Escocia para ocupar terrenos, expulsando los nativos de su tierras familiares. En el año 1600, Irlanda se había convertido en un país formado por grandes terrenos llamados plantaciones, cuyos propietarios eran colonos de la Gran Bretaña de religión protestante, cuyos siervos eran nativos irlandeses de lengua gaélica y religión católica. Las dos clases no sólo estaban separadas por diferencias económicas, sino también por lengua, religión y origen étnico.

Sublevaciones de irlandeses católicos contra colonos protestantes

Sublevaciones de irlandeses católicos contra colonos protestantes

La religión católica fue prohibida, los monjes fueron encarcelados y las iglesias, monasterios y conventos fueron clausurados y convertidos en tabernas y mercados. Sin embargo, los irlandeses gaélicos seguían practicando su religión ancestral, pero a escondidas. De hecho, muchas tabernas eran “tapaderas” de centros de culto, donde al pedir una cerveza, el cura-disfrazado-de-camarero te daba una bendición.

Por supuesto, hubo varias sublevaciones contra la colonización inglesa, pero todas acabaron en fracaso. La represalia más sangrienta ocurrió de 1649-1653 bajo el puritano Oliver Cromwell, que en su campaña de castigo diezmó a la población irlandesa a la mitad entre guerras, masacres, hambrunas y enfermedades.

Masacre de Cromwell contra los rebeldes irlandeses

Masacre de Cromwell contra los rebeldes irlandeses

La Gran Hambruna

A mediados de siglo XIX, Irlanda ya llevaba varios siglos bajo el sistema colonial, con la élite socioeconómico dominada por protestantes de ascendencia británica (conocido también como West Brits, británicos del Oeste) y la población gaélica-católica ocupaba el estrato social más bajo. La mayoría de los campesinos se dedicaban al cultivo de patatas, cuya mayor parte de cosecha fue retenida por los terratenientes y exportada a la Gran Bretaña.

En 1845, hubo un brote de potato blight, una epidemia de patatas que causó devastación al cultivo por toda Europa. La cosecha descendió por 1/3 en Irlanda, pero aún era suficiente para abastecer de sobra a toda la población de la isla. Sin embargo, los terratenientes continuaron exportando la misma cantidad de patatas, dejando a los campesinos pasar hambre. Para asegurar que ningún campesino irlandés “robaba” las patatas para exportar, el gobierno británico aumentó un 50% el número de tropas destinadas en la isla para detener a los “ladrones”.

Mural retratando la Gran Hambruna

Mural retratando la Gran Hambruna

Los campesinos empezaron a morirse de hambre, otros de enfermedades causadas por la malnutrición. Aunque al principio, un Primer Ministro británico, Robert Peel, tomó medidas para socorrer a los muertos de hambre comprando cereales de EEUU, la mayoría del parlamento británico se opuso a la idea, justificándose con el pretexto de que “una vez que da a comer gratis a los irlandeses, nunca se pondrían a trabajar”.

Para asegurar que los hambrientos “ganaran” a su pan merecido, las autoridades británicas establecieron programas de “trabajos por alimentos”, mandando a los solicitantes a construir muros o cavar diques antes de darles comida. Debido a la precariedad de las condiciones laborales, miles de irlandeses murieron de exhausto y enfermedades. 

Se estima que entre 1845 y 1852, la población de Irlanda descendió de 8 millones a 4 millones. 2 millones perecieron de hambre y epidemias, otros 2 millones emigraron, sobre todo al otro lado del Atlántico.

Monumento de la hambruna, Dublin

Monumento de la hambruna, Dublin

La gran diáspora irlandesa

Los irlandeses que decidieron emigrar en vez de pasar hambre también se pusieron en grandes riesgos sus vidas. Con cierto parecido a las pateras africanas del siglo XXI, los irlandeses escaparon de la isla en buques denominados “barcos ataúdes”, donde los traficantes humanos de la época hacinaron a la mayor cantidad de pasajeros en un barco para hacer la travesía Atlántico, proveyéndoles la mínima cantidad de agua y comida. Los emigrantes pasaron varias semanas hacinados como ovejas en un camión. Muchos murieron de enfermedades y algunos estadísticas estiman que sólo un 70% de los que zarparon llegaron finalmente a América. Otros buques, por el exceso de peso, se hundieron antes de salir del puerto.

El interior de un "barco ataúd"

El interior de un “barco ataúd”

Los afortunados que lograron desembarcarse en EEUU se encontraron en una sociedad donde ya no eran siervos de nadie y al menos bajo la ley, tenían los mismos derechos que cualquier ciudadano americano. Por primera vez, podían tratar con un inglés de tú a tú porque ambos eran inmigrantes en un país nuevo.

Era en EEUU donde muchos emigrantes irlandeses disfrutaron por primera vez el derecho de voto y empezaron a desarrollar la conciencia política. Formaron sindicatos y partidos políticos que presionaron al gobierno a cuidar el bienestar del pueblo, algo que no disfrutaban en la Irlanda nativa. Gracias a la influencia de los emigrantes irlandeses que regresaron a Irlanda años después, se empezaron a plantar las semillas de la revolución entre los campesinos irlandeses, que eventualmente llevó a su independencia del Reino Unido en 1922.

Se busca empleado, irlandeses abstenerse.

Se busca empleado, irlandeses abstenerse.

Sin embargo, la integración de irlandeses en EEUU tampoco fue todo un camino de rosas. Por ser pobres, analfabetos, católicos devotos y llegando en grandes oleadas, la inmigración irlandesa fue percibida por muchos norteamericanos como una auténtica plaga y una amenaza para la identidad nacional. En la vida cotidiana, sufrían el estigma de ser vagos, sucios, violentos, machistas y susceptibles a alcoholismo. Muchas ofertas de empleo colgaron carteles que decían “No Irish need apply” (irlandeses abstenerse) y los barrios donde concentraban la inmigración irlandesa solían ser sinónimo a la decadencia urbana, la marginalidad y la delincuencia.

Sin embargo, a través de duro trabajo, algunos lograron escapar de la pobreza y formar una parte integral de la burguesía norteamericana, una oportunidad totalmente inexistente en la Irlanda natal.

Caricatura retratando los inmigrantes irlandeses como violentos y conflictivos

Caricatura retratando los inmigrantes irlandeses como violentos y conflictivos

La diaspora contínua en el siglo XX

A pesar de que Irlanda se independizó en 1922, durante la mayor parte de siglo XX, era uno de los países más pobres de Europa con una de las tasas de natalidad más altas.

Irónicamente, la Iglesia Católica, después de tantos siglos en la clandestinidad, se convirtió en el símbolo de la identidad nacional en la Irlanda independiente. Los perseguidos pasaron rápidamente a ser los perseguidores. Durante la mayor parte de siglo XX, los curas católicos controlaron todos los aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos irlandeses. La contracepción era ilegal hasta 1980, el divorcio hasta 1995, la homosexualidad hasta 1993 y el aborto sigue siendo ilegal.

Manifestación a favor de derecho de aborto, Dublin

Manifestación a favor de derecho de aborto, Dublin

Debido a la escasez de trabajo, los irlandeses seguían emigrando a América, Europa y Australia a lo largo del siglo XX. El último éxodo sucedió en la década de los 1980, cuando la isla perdió 25% de su población debido a la emigración.

Durante el boom económico de los años 2000, el flujo migratorio se invirtió, y por primera vez ha habido más inmigrantes entrando que saliendo, pero después del pinchazo de la burbuja en 2009, el futuro aún es incierto.

La comunidad irlandesa ha dominado algunas profesiones en Nueva York durante un siglo, como la policía

La comunidad irlandesa ha dominado algunas profesiones en Nueva York durante un siglo, como la policía

A día de hoy, los descendientes de la diáspora irlandesa se encuentran en todos continentes, pero quizás la comunidad que mas influencia tiene es la irlandesa-americana en ciudades como Nueva York y Boston, donde muchos aún residen en barrios concentrados donde celebran la herencia cultural de sus antepasados. En Nueva York ya es conocido que la comunidad irlandesa sigue dominando ciertos sectores, como el cuerpo de policía y los bomberos, pero quizás lo más destacado es que entre los 10 últimos presidentes estadounidenses, 4 han sido de ascendencia irlandesa.

El presidente Kennedy representa el triunfo de los irlandeses en Norteamérica

El presidente Kennedy representa el triunfo de los irlandeses en Norteamérica