Archivo | enero, 2019

Comportamientos en las redes sociales que me preocupan

5 Ene

Desde que todos estamos en las redes sociales, he notado varios comportamientos que me inquietan. Aunque es cierto que Facebook, Twitter, Instagram y LinkedIn nos han ayudado muchísimo en conectarse con amigos y compartir ideas, también son capaces de convertirse en autopistas de desinformación, con el peligro de provocar malentendidos, divisiones y enfrentamientos inconciliables en la sociedad entre gente de distintos pensamientos, nacionalidades, grupos étnicos, religiones, sexos, clases sociales e identidades culturales. Aquí explico mi preocupación en varios puntos.

 

Punto uno, la gente se está volviendo cada vez más visceral.

Al ocurrir cualquier suceso desagradable, sea un atentado terrorista, un asesinato, una violación o la muerte de un perro, en los días siguientes las redes se inundarán de mensajes sensacionalistas que se vuelven virales, acompañados de comentarios cada vez más rabiosos. Es cierto que la prensa sensacionalista siempre ha existido, pero diferente al telediario y los periódicos en papel, estamos todo el día conectados a la red, así que no tenemos ni 5 minutos de descanso del constante bombardeo de frases e imágenes que estimulan los sentimientos más primarios. ¿Por qué me preocupa tanta visceralidad? Porque cuando la gente viviera bajo el estado permanente de indignación, se volvería muy manipulables. La rabia puede servir para reivindicar la existencia de un problema hasta ahora ignorado, pero casi nunca para impartir justicia o buscar soluciones. Y cuando se junta una masa rabiosa, lo único que busca es un chivo expiatorio para impartir venganza. Solo hace falta que algún listo señalara a ese chivo expiatorio, se provocaría un linchamiento.

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Punto dos, los mensajes que se vuelven virales suelen ser los más simplistas. 

Lo típico constituye de una frase acompañada por una imagen. Pero el mundo en lo que vivimos es tremendamente complejo, y cada conflicto suele tener varias causas y efectos donde intervienen varios actores. Cuando tu fuente principal de información es Twitter o Facebook, tu interpretación del mundo se volvería radicalmente binaria, dividida entre buenos buenísimos y malos malísimos, y cualquiera que no coincide con tu forma de pensar pertenecería automáticamente a los segundos. Como dijo el mismo Donald Trump que no es capaz de leer comunicados con más de 28 palabras, para un amplio porcentaje de internautas, cualquier artículo de opinión que trata de analizar un asunto con más profundidad que las 4 frases de un panfleto prefabricado es considerado demasiado complejo para la digestión mental. Cuando leo las típicas discusiones de Twitter en Facebook, más de la mitad de las veces los ofendidos ni siquiera han leído bien el texto que les ofende, o no han comprendido el contexto.

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Típico meme falso con mensaje simplista que se vuelve viral.

Punto tres, cualquier asunto trivial, o un suceso aislado, puede convertirse en la causa de un gran enfrentamiento.

Imagínate un país hipotético donde viven más de 50 millones de habitantes, dividida entre población A y B, que por razones históricos, tienen una desconfianza entre sí, aunque no llega a afectar la convivencia. Como en cualquier país con tantos millones, siempre habrá casos de robos, asesinatos y violaciones donde el agresor es de población A y la víctima es de población B, o viceversa, por pura probabilidad. Los grupos extremistas, para provocar un conflicto, tratan de mediatizar al máximo cada caso de esos crímenes (aunque no ocurren con tanta frecuencia), difundiendo la idea de que A es el eterno verdugo y B es la eterna víctima. Aprovechando la reacción visceral de los internautas, las redes sociales se han convertido en la herramienta ideal para conseguir ese fin, viralizando mensajes con textos e imágenes que despiertan la máxima indignación bajo mínima reflexión. Y cuando se mezclan casos reales con noticias falsas, se creará el ambiente de un polvorín a punto de estallar.

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El genocidio de la minoría rohingya en Myanmar fue alimentado por la propaganda de odio en Facebook

Punto cuatro, todo el mundo se queja mucho, pero a nadie le interesa buscar soluciones.

Me he dado cuenta de que muchos internautas comparten casi siempre los mismos mensajes de indignación: que los políticos les roben, la sociedad les discriminen, el sistema les reprime, les maten, o lo que sea, pero cuando otros hablan de propuestas para resolver dichos problemas, no les interesa saberlas, o con actitud cínica, atacan a las personas que proponen soluciones, se burlan de ellos por “buenistas” o ingenuos, o les rebaten con argumentos emocionales como “¿qué sabes de nuestros problemas si no los has sufrido con tus privilegios?”. Al final, lo único que crea es una cultura en que cada uno se envuelve en su victimismo, y lo peor de todo, es mentalidad altamente contagiosa.

Punto cinco, los hechos ya no importan.

Ya ha ocurrido muchas veces que un bulo ha sido desmentido una vez tras otra por fuentes oficiales, pero la gente que quiere creerlo lo seguirá compartiendo. Con el colapso de la confianza ciudadana en las instituciones oficiales tras la crisis financiera de 2008, cualquier información que sale de un organismo gubernamental, institución académica o medio de comunicación respetable es descalificada como “demagogia” del establecimiento, que según la ideología de cada grupo, represente los intereses de la élite económica global, de la conspiración judeo-masónica, de los marxistas de la ONU, de los pijos-progres, o del heteropatriarcado. En cambio, las únicas “verdades” en las que creen proceden de los panfletos de propaganda de su tribu ideológica. Antes, gente de ideologías distintas discutían sus opiniones sobre los mismos hechos. Con las redes sociales, gente de ideologías distintas creen en distintos hechos, como creyentes de distintas religiones.

 

Punto seis, la voz de los expertos ha sido sustituida por la de militantes ideológicos.

Recuerdo que durante décadas pasadas, al ocurrir cualquier suceso que preocupa a la ciudadanía, los medios solían entrevistar algún experto del tema, normalmente alguien con estudios especializados que llevaba años trabajando en el campo, sea el medio ambiente, la economía, el derecho, la criminología, la pedagogía, o la psicología etc., para aportar una explicación científica, técnica y políticamente neutral. Aunque ahora esos expertos siguen expresando sus opiniones, nadie les escucha, porque con tanta información saturando las redes, la gente prefiere escuchar las voces que confirman sus ideas y prejuicios. Como dijo Umberto Eco: “el internet ha elevado la voz del tonto del pueblo al mismo nivel que la de un premio Nobel”. Pero me temo que el peor caso no ocurre con el tonto del pueblo, sino con los militantes ideológicos, porque esos últimos tienen una agenda de provocar la indignación de las masas para fabricar opinión y buscar un chivo expiatorio. Y lamentablemente, ahora son ellos cuyas voces que más se escuchan por ser las más viscerales.

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Llevando los seis puntos al extremo, he imaginado un escenario hipotético de un colapso del orden de la democracia liberal y el estado de derecho en lo que llevamos tantas décadas viviendo. Ocurriría con los siguientes pasos.

  1. Ocurre el brote de una enfermedad desconocida, letal y contagiosa, aunque si siguieran las pautas de la Organización Mundial de Salud, podría contenerlo hasta que invente una vacuna.
  2. Las primeras muertes provocan un estado de pánico en las redes sociales, con gente compartiendo mensajes cada vez más alarmistas, mezclando información real con noticias falsas.
  3. Cada grupo ideológico aprovecha el pánico colectivo y el dolor de los familiares de las víctimas para difundir su agenda, echando la culpa a sus adversarios políticos. Los grupos antisistemas atribuyen el brote a una conspiración entre los gobiernos y la élite económica, llamando a la desobediencia masiva a las pautas del OMS.
  4. Con tanta información contradictoria corriendo por la red, la gente no sabe cómo reaccionar. Mucho saltan la cuarentena, facilitando el contagio.
  5. La histeria masiva, junto a casos reales de enfermedad que se extienden sin control, provoca grandes estallidos entre la población, a tal punto que las autoridades son incapaces de contener. De ahí, llega al colapso total del sistema.

Podría servir como el guión de una película. Solo espero que en la vida real nunca llegue a ocurrir.

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Wonder Woman, feminismo y bondage

3 Ene

Durante el viaje en barco sin internet, sin la distracción de las redes sociales, he tenido mucho tiempo para leer. Entre los libros leídos, estaba este ensayo del crítico de cómic Noah Berlatsky sobre los mensajes subliminales de la primera versión de Wonder Woman publicada entre los años 1941 y 1948.

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Wonder Woman es la primera superhéroe femenino, creada por el profesor de psicología William Marston en plena Segunda Guerra Mundial. En sus inicios, se distingue del resto de los superhéroes, Superman, Batman y Spiderman, en que a parte de repartir justicia dando golpes y patadas, Wonder Woman posee una personalidad afectuosa, protectora, maternal, con un sentido de humor irónico. Lucha contra la maldad ejerciendo un poder transformador, convirtiendo villanos sin escrúpulos en seres dóciles y obedientes. Otro fenómeno recurrente es el bondage. En casi todos los tebeos, Wonder Woman pasa al menos un par de viñetas atada de pies y manos. A veces la liberan, otras veces se libera sola. Su arma principal es el lazo mágico, que cuando ata a una persona, le obliga a decir la verdad. Los orígenes de esta superheroina se ubican en la Isla del Paraíso, una colonia formada solamente por mujeres que logran procrearse sin practicar sexo con hombres, sino construyendo estatuas de niñas y dándolas vida. Todas las mujeres de dicha isla entrenan para ser guerreras amazonas, pero en vez de matar al enemigo, su protocolo es capturarlo, dominarlo y transformarlo en seres pacíficos a través de procesos mágicos. Para mantenerse bien entrenadas para el combate, las amazonas pasan el día atando unas a otras. Aunque dicha sociedad no es nada igualitaria y tiene claras jerarquías, la relación entre superior y subordinada se basa en el cuidado mutuo y la sumisión amorosa, nunca en la dominación a través del miedo, que según el profesor Marston, sucedan como norma en el mundo de los hombres.

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Procreación en la Isla de Paraiso

Esta primera versión de Wonder Woman era sin duda, transgresora para la época, reflejando tanto la ideología y como el fetichismo sexual de su creador. Mientras casi todos los superhéroes fueron creados por hijos de inmigrantes judíos de la clase obrera, William Marston era un norteamericano blanco de la alta burguesía. Al dar clases en una universidad femenina, estaba convencido de que la inteligencia de la mujer era superior a la del hombre, porque a parte de tener las mismas capacidades intelectuales, también proseara un mayor grado de sensibilidad, y tratara de resolver conflictos a través de medios no violentos. La sociedad amazona en la Isla de Paraíso refleja la visión utópica de Marston, un mundo gobernado por valores femeninos. Los rituales de atarse unas a otras se inspiraron en las novatadas que se practicaban en las residencias estudiantiles femeninas, también en la propia sexualidad de Marston, que era un miembro activo de la comunidad BDSM.

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Liberándose de cadenas

A pesar de que el Wonder Woman de Marston está llena de imágenes de mujeres atadas o atando a otras, el trasfondo es bien distinto a lo de las “damas en peligro” de la cultura popular contemporánea, porque una “dama en peligro” espera a un héroe para rescatarla, pero Wonder Woman y sus compañeras tratan de liberarse ellas mismas, y a veces se dejan atar para dominar a otros, produciendo situaciones paradójicas en que la mujer atada es la que tiene su captor bajo control. Las ataduras, para Marston, representan el sometiendo de la mujer en la sociedad, que ellas tienen que desatarse para estar verdaderamente libres. También reivindicaba que la superioridad de la mujer frente al hombre se atribuyera a su capacidad de dejarse dominar, porque los hombres, con su tendencia de no dejarse dominar y abusar al dominado, provocaran conflictos, guerras y regímenes autoritarios.

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¿Era Marston feminista? Según la definición del feminismo, podía serlo, o todo lo contrario. Por cierto, él no creía en la igualdad de género, sino en la superioridad del género femenino. En la vida real, estuvo casado con dos mujeres a la vez, Elisabeth Holloway y Olive Byrne, y los tres vivían en un trio feliz. Tuvo hijos con ambas y tras su muerte por cáncer en 1947, sus dos esposas convivieron durante 40 años más hasta el fallecimiento de Olive en 1985. Aunque de primeras podía sonar como un típico macho alfa que tratara a las mujeres como objetos, su comportamiento no podía ser más lejos. En los años 30 y 40, era uno de los pocos hombres que valoraban el talento y el trabajo de las mujeres y las recomendó para puestos de responsabilidad. Tuvo un gran número de amigas. Con algunas mantuvo relaciones eróticas, con otras la amistad era estrictamente platónica, pero trató a todas con el máximo respeto. Sus dos esposas, junto a varias amigas (especialmente Joye Murchison), participaron activamente en el guión de Wonder Woman y los personajes. Una buena película sobre la biografía de Marston se llama “Professor Marston and the Wonder Women”, que salió en 2017.

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Sin embargo, a pesar de que esta primera versión de Wonder Woman tuvo gran éxito en la venta de tebeos, convirtiéndose en un gran ídolo tanto para niños como niñas, no fue bien recibido por ciertos sectores de la sociedad. Las imágenes frecuentes de cuerpos femeninos atados levantaron sospechas de un fetichismo sexual oculto, dado que el público del cómic eran  supuestamente niños. Algunas feministas también lo interpretaron como apología de violencia de género. Tanto sectores conservadores de la iglesia como asociaciones de mujeres manifestaron por la censura del tebeo. Tras su muerte en 1948, Wonder Woman se dejó de publicar. Y la super-heroína estaba dada por muerta hasta que la resucitaron en los años 70.

Pero al resucitarse con otros autores y dibujantes, la nueva Wonder Woman había perdido todo el espíritu transgresor de los años de Marston. En algunos tebeos, era compañera de Batman o Superman, en otros, era una dama en peligro esperando ser rescatada, pero en la mayoría de las interpretaciones, no tiene nada que la distingue de otros superhéroes en espíritu y alma, porque su única forma de luchar contra el mal es dar golpes y patadas para derrotar, o matar, a los malos.

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¿La liberación sexual ha sido un fracaso?

3 Ene

Una de las conversaciones que más me ha marcado durante mi viaje a Irán en 2017 fue con una chica iraní que trabajaba en un mausoleo, acerca de por qué las mujeres de ahí tienen que ir tan tapadas. Me dijo que era para proteger a la mujer contra violaciones y acoso, porque por naturaleza, la sexualidad del hombre es agresiva e impulsiva, y las mujeres tienen que cubrir las partes de su cuerpo que más despierta ese instinto salvaje.

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¿El hiyab es para proteger las mujeres contra agresiones sexuales?

Pocos meses después, en EEUU estalló #MeToo, con miles de mujeres de todas profesiones y clases sociales denunciando por Twitter sobre el acoso sufrido por parte de hombres famosos que hasta entonces, habían mantenido la fachada de gente respetable y padres de familia ejemplares. Acto seguido, mujeres por todo el mundo rompieron en tabú de hablar de los abusos y acosos que habían sufrido a manos de hombres, tanto en el entorno de familia y amigos como por desconocidos por la calle. En un ambiente de indignación masiva, ya hay ciertos grupos que han propuesto la creación de grupos, espacios y asociaciones exclusivamente femeninos donde las mujeres pueden sentirse más seguras, protegidas de la agresividad masculina, como clubes deportivas, empresas, espacios de coworking, servicios de compartir coche, complejos vacacionales y agencias de viaje etc.

Me ha hecho reflexionar: durante los primeros 40 años de mi vida, he visto la sociedad occidental levantar casi todas las barreras entre los dos sexos. Durante mi infancia en los 80, muchos colegios en el Reino Unido y España aún estaban separados por sexo, futbol era un deporte de chicos y netball un deporte de chicas, muchas profesiones solo reclutaban un sexo y lo ponían en el anuncio, y la mayoría de los bares de barrios obreros era dominio masculino donde las mujeres solo entraban acompañadas de su pareja.  Por supuesto, un hombre, como un ser físicamente más fuerte, tenía la obligación de proteger a las mujeres contra depredadores sexuales. En una cita, la tenía que recoger en su casa, pagarla la cena y la copa y acompañarla hasta su puerta. Poco a poco, todas esas barreras se habían ido levantando y los roles tradicionales masculinos y femeninos se habían difuminado. En el año 2015, si alguien dijera a una chica que no podía salir sola por la noche porque la pudieran violar, le tacharía de tener la mente anticuada, sino abiertamente machista.

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Tradicionalmente, muchos bares eran espacios masculinos

Según parece, tras #MeToo, la vieja tendencia de segregarse se está volviendo. No sé si se trata de un brote temporal, o una tendencia permanente. A veces me imagino si dentro de 30 años, la gente mirará a nuestro tiempo para pensar que 1960-2020 fuera la época de una liberación sexual que había fracasado, porque al conceder tanta libertad a los dos sexos a mezclarse, algunos hombres habían aprovechado este libertinaje para abusar sexualmente de las mujeres. Quizás entonces, ya no serán los hombres que controlen la libertad sexual de las mujeres, sino otras mujeres, que mantengan cualquier interacción entre los dos sexos estrechamente vigilado, y cualquier actividad sexual legislada para asegurar que no sucedan abusos.

Desde mi punto de vista, si nuestro objetivo es crear una sociedad más igualitaria, segregar los sexos o legislar la actividad sexual privada para proteger a la mujer es contraproducente, porque crea un espacio seguro dónde una vez que sale de él, los peligros del mundo siguen ahí. Además, fabrica una desconfianza entre hombres y mujeres que aumenta los malentendidos y perjudica las relaciones sanas. Lo que ha demostrado #MeToo es que muchas mujeres que han sido abusadas sexualmente no han tenido donde denunciarlo, y muchas más han sentido inseguras o acosadas por la actitud y comportamiento de algunos hombres. Desde mi punto de vista, lo que tenemos que hacer como sociedad, es abordar esos problemas para crear un ambiente más sano de convivencia entre los sexos.

¿Cómo lo conseguimos? En mi próximo artículo hablaré de algunas propuestas.

5 propuestas en contra de agresiones y acoso sexual callejero

3 Ene

Durante el último año, muchas mujeres han expresado su indignación por el acoso e inseguridad que llevan años aguantando. Con mi formación de ingeniero, creo que para cada problema hay que buscar una solución, por eso llevo tiempo pensando en medidas prácticas para prevenir agresiones y acoso callejero. Aquí presento algunas ideas.

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Todo el mundo habla de la educación en el respeto y la igualdad. Estoy de acuerdo que eso es fundamental y aun falta mucho trabajo. Sin embargo, tarda tiempo en dar fruto (una generación o más) y con todo el éxito que puede concienciar una sociedad, siempre habrá algún enfermo mental que no controla sus impulsos. Igual que en todas las sociedades hay pederastas y asesinos en serie, también habrá depredadores sexuales en serie. En un país de tantos millones de habitantes, basta con que uno de cada 10,000 es un tarado, ya tendremos cientos de depredadores sexuales sueltos capaces de cometer docenas de delitos cada año.

Para empezar, creo esencial aportar a las mujeres medios que para protegerse contra agresiones y acoso. En los años 70, muchas chicas llevaban silbatos o alarmas de violación que emitían un sonido fuerte para espantar al violador y llamar atención a los transeúntes, y creo que siguen siendo herramientas muy útiles, el único problema es el tiempo que tarda en activar la alarma.

Muchas veces, he pensado que todo el mundo tiene un teléfono móvil que conoce su ubicación, sus gustos y le conecta con los amigos, ¿por qué no puede hacer una aplicación para prevenir agresiones sexuales? Una idea que he pensado es una aplicación donde cada mujer, cuando se siente insegura caminando por una calle desierta por la noche, puede activarla, que avisa su ubicación a sus amigos y familiares. Cuando siente que alguien le está siguiendo, podría activar el nivel 2 de la alarma, que enviará un aviso a todos los usuarios de la aplicación que se encuentran por la zona, que asomarán la cabeza o saldrán a la calle para ver lo que sucede, así disuadiendo al agresor. El nivel 3 de alarma se activa cuando alguien realmente la agarra o la aborda de forma agresiva, y la señal se enviará directamente a la policía tanto como a todos los usuarios que se encuentran cerca, además emitirá un sonido para que el agresor se entere. Por supuesto, la alarma 3 debe ser de activación fácil, porque cuando alguien te ataca, normalmente es por sorpresa.

 

Castigar el acoso callejero con multas tampoco me parece mala idea. Lamentablemente, algunos hombres, para divertirse, gritan obscenidades a las mujeres por la calle o las meten mano, que hacen las mujeres sentirse muy incómodas. A esas alturas, creo que la educación hará poco efecto porque quién no quiere hacer caso a algo no lo hará, y el único modo de prevenirlo es con multas, igual que para los que saltan semáforos, fuman en espacios cerrados y tiran basura a la calle. Lo difícil sería demostrar los hechos e identificar los culpables para presentar la denuncia. De nuevo, creo que las aplicaciones de móvil pueden ayudar. Algunas ciudades en India y América Latina ya tienen cuerpos de policía especializados en luchar contra el acoso sexual. Ojalá que no sea necesario en Europa, aunque no lo descarto. 

 

Uno de los mayores obstáculos para denunciar agresiones sexuales es el mismo proceso de la denuncia. Para una experiencia ya traumática, la víctima tiene que relatar con detalle todo lo sufrido delante de desconocidos, que para muchas, sería tan traumática como otra violación. He pensado que en vez de hacer la denuncia en presencia personal, lo podría hacerlo a través de un formulario electrónico capaz de recoger y compilar la mayor cantidad de datos sobre la agresión sufrida. Y a la hora de entrevistar a la víctima, también lo podrían hacer de forma no presencial a través de otro formulario. Así el proceso de la denuncia será menos invasor a la intimidad. Por supuesto, en el juicio, algunas preguntas serán prohibidas de hacer, como la ropa que llevaba la víctima o si estaba ebria.

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Por último, como en cualquier sociedad siempre habrá tarados, para los agresores sexuales que tienen alta probabilidad de reincidir, hay que tenerlos fichados para toda la vida. Después de haber cumplido la condena, llevarán siempre un chip que identifica su ubicación cuando vuelve a la comunidad, para que la policía siempre los tendrán ubicados.

Lo que no tengo propuestas es contra las agresiones y abusos sexuales que ocurren en la intimidad, porque muchos sucesos ocurren sin testigos. Sin embargo, basta con hacer la calles abiertas un lugar más seguro para la mujer, ya habremos conseguido un gran logro. Si alguien tiene mejores ideas para aportar, me gustaría conocerlas, y si conocéis a emprendedores dispuestos a llevarlos a cabo, más todavía.