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La teoría queer vs el feminismo

21 Ago

Durante los últimos años, la prensa en los países anglosajones han dado una cierta cobertura a un creciente choque entre los activistas transgénero con algunas corrientes del feminismo de género. Al principio, lo descalificaba como otro de los muchos conflictos que han surgido en las redes sociales por asuntos nimios, hasta que me topé con un par de artículos escritos por los periodistas españoles Ilya Topper y Alicia Díaz, que han explicado con claridad la verdadera causa: no es el rechazo de feministas hacia mujeres trans, sino hacia la teoría “queer”.

¿Qué es la teoría “queer”?

Es una teoría propuesta por la filósofa feminista estadounidense Judith Butler en los años 90, que pretende que el sexo de los humanos, ser hombre o mujer, sea un estado mental en vez de una realidad biológica; que uno se haga hombre no por tener pene y cromosoma XY, sino por sentirse hombre; una no se haga mujer por tener vagina y cromosoma XX, sino por sentirse mujer. Y entre hombre y mujer hay varias categorías intermedias, como mitad hombre mitad mujer, o 1/4 hombre 3/4 mujer. Cada género no se define por el estado biológico o hormonal, sino solamente por cómo se siente cada uno, que puede variar de día a día. Por supuesto, tampoco existe la homosexualidad o heterosexualidad, porque el sexo biológico, según esta teoría, no es nada más que una construcción social que carece de sentido real.

El activismo “queer” han cobrado fuerza durante los últimos años a raíz de la lucha LGTBI, especialmente acerca de los derechos de transexuales. Inicialmente se aliaron con el movimiento feminista, pero cada vez surgen más trifulcas. En el Reino Unido y EEUU ya forman grupos de presión política importantes ligados a partidos de izquierda. Proponen modificar las leyes para que cada uno pueda inscribirse en el sexo que quiera, sin aportar ninguna prueba o evaluación. Es decir, un hombre calvo y barbudo puede inscribirse como mujer si se siente femenino. Y si mañana volviese a sentirse hombre, podría volver a inscribirse como hombre. Para defender los derechos de los transexuales, proponen prohibir mencionar que exista cualquier diferencia biológica entre mujeres trans con las que nacen mujeres, hombres trans con los que nacen varones. Y cualquiera que lo hace pueda ser imputado por delitos de odio.

¿Por qué choca con algunas feministas?

Porque el feminismo combate la discriminación sexual, que desde la brecha salarial hasta la mutilación genital y el aborto selectivo, se ejerce contra las personas que nacen con cuerpo de mujer, no las que se sienten como mujeres. Si cualquier hombre pudiera declarase mujer basta con decir que se siente femenino, la lucha contra el sexismo ya se desvirtuaría del camino, y las políticas de género ya dejarían de tener ningún sentido.

¿Cuál es mi opinión acerca de este asunto? Tengo mis repuestas desde 2 perspectivas: la científica y la socio-política.

Desde la perspectiva científica

Estoy totalmente en desacuerdo con la teoría queer, porque las diferencias biológicas entre hombre y mujer, macho y hembra, son reales. Negarlo es como negar que la tierra es redonda. Y gusta o no, esas diferencias importan. Basta con que una mujer empieza a tener la regla a partir de la pubertad, sufre cambios hormonales durante el mes, puede quedarse embarazada al practicar el sexo, tiene útero para dar a luz y senos para amamantar, y la menopausia que le viene a partir de los 50, ya le hace vivir una relación con su cuerpo muy diferente a la de un hombre. Y no hay que olvidarse que como seres sexuales, el impulso de coqueteo está escrito en nuestro ADN. Los hombres heterosexuales y las mujeres lesbianas se sienten atraídos a personas con cuerpo de mujer, no a las que se sienten como mujeres. Por más que un hombre se siente femenino, su cuerpo nunca fabricaría óvulos, y tampoco se ligaría a una lesbiana.

La disforia de género es una realidad. Hay personas que nacen en el cuerpo de hombre pero se siente mujer, y viceversa, y sus vidas no deben ser nada fáciles. Estoy totalmente de acuerdo que tengan el derecho de vestirse como miembro del sexo opuesto, pedir que les traten como un miembro del sexo opuesto, operarse para convertirse al sexo opuesto y conseguir todos los derechos del sexo opuesto, pero lo que no se puede hacer es negar que para la inmensa mayoría de la humanidad, ser hombre o mujer sí que es una definición biológica.

Desde la perspectiva política

Al principio pensaba que las feministas exageraban, porque al fin y al cabo, las personas con disforia de género son una minoría demasiado pequeña. Sea 0,2% o 2% de la población total, no serían capaces de descarrilar la lucha contra la discriminación sexual y tampoco invalidarían las políticas de género. Por tras leer varias opiniones, me di cuenta de que lo que temen las feministas no son las mujeres trans, sino hombres que abusan de las leyes por sus propios intereses. Por ejemplo, en el caso de un marido que agrede a su mujer, basta con ir al registro y declararse mujer, el delito ya no se juzgará como violencia de género, y cualquier hombre, una vez declarado mujer, ya podría entrar gratuitamente en vestuarios femeninos.

Ojalá que esas situaciones hipotéticas nunca sucedan y todo no sea nada más que una paranoia, pero en mi opinión, para facilitar el cambio de sexo en el registro oficial, o para introducir nuevas categorías a parte de hombre/mujer, se necesita un consenso científico, sino biológico, al menos psicológico, sobre los parámetros que clasifican cada categoría, porque al fin y al cabo, un organismo público debería recoger datos de hechos cuantificables, no de sentimientos subjetivos. Y la disforia de género es un asunto personal demasiado serio para tratarlo con tanta banalidad.

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Ser pobre vs ser esclavo

20 Ago

A día de hoy, en la sociedad occidental, como todo el mundo tiene los mismos derechos, los únicos factores que define la jerarquía de cada individuo en la sociedad son el dinero y los estudios. Quizás el primero es más determinante que el segundo. Pero hace no muchos siglos, antes de haber consolidado las instituciones democráticas, en la mayoría de las sociedades había jerarquías determinadas por la sangre o el nacimiento, como por ejemplo, entre la nobleza y la plebe, y entre hombres libres y esclavos. Un tema que siempre me ha dado curiosidad es entre los estratos más bajos de la sociedad, ¿cómo se comparaba la vida de un hombre libre con poco dinero con la de un esclavo?

Hace poco, leí un libro llamado “The Invisible Romans” del historiador Robert Knapp, dedicado a investigar la vida de las clases populares en el imperio romano. En este post quiero hablar de una comparación entre ser pobre y ser esclavo en la Antigua Roma, de modo muy resumido. Primero, conviene aclarar que la esclavitud ha variado enormemente de una civilización a otra, una época a otra. Aquí solo hablo de la esclavitud en el mundo greco-romano, que sería muy distinta al tipo de esclavitud que se practicaba en las civilizaciones islámicas, o en América en los siglos recientes.

Los proletarios

En el censo romano, el proletariado (capite censi) se refería a los ciudadanos romanos y personas libres que no tenían ninguna propiedad o ingreso estable, que durante el alto imperio, constituía entre 50 y 60% de la población total. En las ciudades, vivían hacinados en los bloques de infraviviendas conocidos como insulae, y se buscaban la vida haciendo recados para algún rico a cambio de dinero y comida. En el campo, solían subsistir como campesinos arrendatarios de algún terrateniente, o jornaleros errantes en busca de trabajo donde había. La mayoría no tenía ningún tipo de formación, oficio o habilidad.

Su estatus como personas libres les concedía el derecho de montar negocios, comprar propiedad, hacer un testamento, casarse y divorciarse, y la libertad de vivir, viajar, trabajar donde querían y asociarse con quién querían. Si sufrieran un crimen o injusticia, podían denunciarlo a las autoridades. Los que padecían la ciudadanía romana también podían votar y presentarse como candidatos políticos. Pero dado que su principal preocupación era no morirse de hambre, aquellos privilegios les hubieran importado poco.

Los esclavos

Los esclavos en el mundo greco-romano no tenían estatus como personas, sino parte de la propiedad de su amo. La mayoría venían de prisioneros de guerra, de criminales condenados o hijos indeseados de gente pobre que les había vendido a la esclavitud. Los hijos de esclavos también eran esclavos. En el alto imperio, quizás formaban entre 15-20% de la población total.

Un esclavo podía realizar diversas clases de tareas, desde picar en una mina hasta gestionar las cuentas de un negocio multimillonario. Dependiendo de su grado de formación y la generosidad de su amo, podía llevar una vida relativamente acomodada o extremadamente precaria. Más probable, el encargado de una hacienda, la concubina preferida de un rico comerciante, o el tutor de los hijos de un ecuestre hubieran llevado una vida bastante más lujosa que la mayoría de ciudadanos romanos, pero no dejaban de ser prisioneros de sus amos, que vivían bajo el constante miedo de ser azoteados, violados, vendidos o asesinados por esos últimos con total impunidad.

Proletario vs Esclavo

A pesar de que los dos ocupaban los estratos más bajos de la sociedad, su psique, sus preocupaciones y su visión hacia la vida eran bien distintas. Para los proletarios, era una lucha constante de supervivencia. Para los esclavos, era la constante disposición al capricho (y abusos) de sus amos.

Los esclavos tenían la fama de ser extremadamente promiscuos sin ningún tabú sexual. No es de sorprender, considerando que como no tenían ningún derecho de rechazar los avances sexuales de sus amos, desde muy jóvenes, habían interiorizado como modo de supervivencia el intercambio de favores sexuales con tratos favorables. Aunque no podían casarse legalmente, la mayoría formaron lazos de unión con otros esclavos, criando familias en cautividad. Su mayor miedo era ser vendido, porque no solo significaba la pérdida del entorno familiar, sino también la separación indefinida con sus seres más queridos.

Los proletarios, sin embargo, trataban de mantener buenas relaciones con sus familiares, amigos y conocidos, de cuya ayuda dependía su supervivencia. Su mayor miedo era adquirir la reputación de vago, mentiroso y traidor, porque al perder el apoyo de la comunidad, podía suponer una sentencia de muerte. Por eso, los proletarios solían seguir un código moral más conservador.

Ninguna fuente histórica había hablado de la relación entre proletarios y esclavos. Por la calle, habría sido difícil distinguir los dos, porque ambos procedían de grupos étnicos igual de diversos, y no había ningún código de vestimenta que diferenciaba unos de otros. Probablemente, habían frecuentado las mismas tavernas y celebrado las mismas fiestas durante su tiempo de ocio. ¿Compartían un sentido de solidaridad entre sí, o se miraban con recelo mutuo? ¿Tenían los proletarios un sentido de superioridad por su estatus de hombres libres? ¿Miraron con desprecio los esclavos refinados a los proletarios por su pobreza e incultura?

En muchos talleres y granjas, esclavos y proletarios trabajaron codo a codo: los primeros como propiedad del negocio como los burros y caballos, los segundos como trabajadores contratados con sueldos de miseria. En algunas ocasiones, esclavos daban órdenes a proletarios, como en las muelles o en una obra de construcción, donde el capataz solía ser un esclavo de confianza, mientras muchos estibadores y albañiles eran temporeros contratados. En aquellas situaciones, ¿los esclavos abusaron el poco poder que tenían sobre los hombres libres?

Si tuvieras la opción, ¿elegirías a ser un esclavo o un proletario?

Mis ilustradores favoritos que representan la prehistoria

23 Jul

La prehistoria humana es un periodo muy largo, desde la aparición de los primeros homínidos hace 3 millones de años hasta las civilizaciones sumerias y egipcias hace poco más de 5000. Durante ese tiempo tan extenso, varias especies de homínidos habían surgido y extinguido, la agricultura y pastoreo habían sustituido la caza y recolección, las primeras ciudades se habían levantado y caído, y el hierro había sustituido bronce y el bronce había sustituido la piedra como el material preferido para fabricar herramientas.

Sin embargo, debido al retrato en los medios populares, existe un duradero mito de que antes de la civilización egipcia, todos los humanos eran trogloditas vestidos con un simple taparrabos que no se arreglaban ni se aseaban. En este post quiero presentar algunos ilustradores que retratan la prehistoria de una forma más acorde a los hallazgos arqueológicos e investigaciones científicas, aunque siempre echando un poco de su propia imaginación.

Paleontologists and their prehistoric pets

El primero que quiero presentar es el artista anónimo pelycosaur24. También tiene una página de Facebook. Su estilo se asemeja algo a dibujos animados, pero retrata ejemplares de seres humanos con su aspecto físico y vestimenta, en cada etapa de la prehistoria con un detalle bastante vivo.

Europa paleolítico
Europeos paleolíticos
El neolítico en el Oriente Medio
Los alpes durante la edad de cobre

Libor Balak – Antropark

El segundo ilustrador que quiero presentar es el checo Libor Balak, en cuya página web se encuentra una amplia colección de sus ilustraciones y textos.

Sus ilustraciones retratan con precisión la vida cotidiana durante cada etapa de la prehistoria, prestando atención en la vestimenta, las herramientas y la vivienda. Ha intentado hasta reproducir el peinado de las mujeres basado en los patrones en las estatuas de diosas. Lamentablemente, no he encontrado ilustraciones más recientes de 2014. A partir de ese año, a través del análisis genética han hecho grandes descubrimientos acerca del aspecto físico de los europeos paleolíticos, que no se parecían tanto a los europeos actuales, fruto de una mezcla entre 3 poblaciones de distintas características raciales en los últimos 5000 años.

Cosiendo ropa y bolsas en el paleolítico
La vida en una aldea mesolítica
Traje de la edad de hielo
El peinado paleolítico
Estatua vs realidad

Kathryn Killackey

Kathryn Killackey es la ilustradora oficial para retratar la vida cotidiana en el asentamiento neolítico Catalhoyuk: una urbe de hasta 10,000 habitantes poblada desde hace 9000 hasta hace 7700 años. La vida de los habitantes de dicha ciudad nos podría resultar más familiar, porque ya subsistían del cultivo de cereales y la cría de cabras y ovejas como en cualquier aldea en la historia reciente, excepto que aún no había divisiones de trabajo y todo el mundo era agricultor y a la vez artesano y comerciante.

Aquí son unos ejemplos de sus obras.

Tom Bjorklund

Pero entre todos los ilustradores, mi favorito es el islandés Tom Björklund, que retrata homínidos y humanos en cada etapa de la prehistoria con la fisonomía que corresponde al resultado de las investigaciones científicas (que por cierto, va variando con nuevas interpretaciones). Pero lo que más me gusta de él es el realismo de sus dibujos y el rostro y la expresión de los protagonistas, que parecen personas reales que puedes encontrar por la calle.

neandertales

Nadie sabe con certeza cómo era el aspecto físico exacto de nuestros ancestros durante el paleolítico y neolítico y tampoco de cómo se vestían o se peinaban. Pero dado que desde hace más de 100.000 años, nuestra especie, Homo Sapiens Sapiens, ya había desarrollado una capacidad intelectual y comunicativa igual que la que tenemos ahora, podemos imaginar que se cuidaban su aspecto físico con peinados, afeites, joyas, y estilos particulares de ropa y calzada para marcar su identidad, igual que ahora. Y la expresión de afecto entre seres queridos, sea una pareja de amantes o entre padres e hijos, era también muy parecida a la de ahora.

Gracias al trabajo de esos ilustradores, hemos podido tener una visión de nuestros antepasados, incluso de otras especies como neandertales, de una forma más cercana. A pesar de la gran diferencia en el uso de recursos, la tecnología y el estilo de vida, los seres humanos siempre han sufrido las mismas emociones, dilemas e inquietudes.

Del hambre a la obesidad

18 Jul

Durante los últimos meses he topado con varios artículos que hablan de los problemas de alimentación de la población mundial. Básicamente, en medio siglo, hemos pasado de tener miles de millones de hambrientos a miles de millones de obesos. ¿Por qué es tan difícil llegar a un equilibrio?

En este artículo voy a hacer un resumen de los principales retos de la dieta y salud durante cada fase de la historia humana.

Fase I: el cazador-recolector

Durante cientos de miles de años, los humanos habían vivido como cazadores-recolectores. Para entender su modo de vida, se puede tomar como referencia los cazadores-recolectores que han sobrevivido hasta la actualidad, como los pueblos hazda y los bosquimanos de África. En general, se alimentan de lo que les da la tierra: fruta de bosque, tubérculos, cereales salvajes, frutos secos, pescado y animales pequeños. Cada día tienen que realizar 2 horas de ejercicios de moderada y alta intensidad: caminar y correr en terreno duro, trepar rocas y árboles, excavar el suelo etc para llenar el estómago. En general, los individuos gozan de buena salud hasta edades muy avanzadas. Es cierto que por la falta de medicina moderna y servicios de emergencia, mucha gente muere a edades muy jóvenes de infecciones, diarrea y enfermedades curables, pero entre los que llegan a los 70, casi nadie padece cáncer, diabetes, hipertensión o ninguna de las enfermedades típicas del primer mundo. A grandes rasgos, el ser humano ha evolucionado para adaptarse a este modo de vida.

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Los cazadores-recolectores pasan todo el día andando

Fase II: el agricultor

Desde hace 8000 años hasta principios de siglo XX, la mayoría de las personas habían ganado la vida como agricultores. En general, aunque el cultivo de campo puede sostener poblaciones mucho más grandes que la caza y recolección, la calidad de vida de cada individuo había empeorado. Remover la tierra, plantar semillas, regar y cosechar requerían un esfuerzo físico intenso, pero la dieta del agricultor era mucho más monótono. Gracias a la desigualdad social, la mayoría de los campesinos solo se alimentaban de cereales y legumbres y los ganaderos de lácteos. La carne y verduras eran para ocasiones muy especiales. Los problemas de salud se multiplicaron, provocados por las bajas calorías, la carencia de proteínas y vitaminas, y los parásitos y las epidemias causadas por las precarias condiciones higiénicas de las ciudades y aldeas.

La mayoría de las personas eran delgadas por la malnutrición y los únicos gordos eran los ricos. Quizás durante esa época, la media esperanza de vida humana era la más corta, debida a una alta tasa de mortalidad infantil y juvenil.

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Refugiados sirios trabajando en la cosecha. Foto: JOHN STANMEYER

Fase III: el trabajador industrial

En las fábricas del siglo XIX y XX, el trabajo requería un esfuerzo físico tan extenuante como las tareas de un agricultor. Los obreros trabajaban hasta 80 horas a la semana, manteniéndose de pie cargando con peso de un sitio a otro. Según datos de Human Energy Requirements: A Manual for Planners and Nutricionists, de W.P.T. James y E.C. Schofield, así son las calorías gastadas por hora de los distintos oficios:

  • Cargar un camión: 435,9.
  • Minería de carbón: 425,3.
  • Trabajo con la azada: 347,3.
  • Jardinería: 322,7.
  • Trabajo doméstico: 196,5.
  • Trabajo en línea de montaje de coches: 176,5.
  • De pie, trabajo ligero (como atender en una tienda): 140.
  • Usar teclado sentado: 96,9.

Pero en comparación con sus antepasados agricultores, el trabajador industrial, por vivir en ciudades, tenía acceso a mayor cantidad de alimentos y servicios médicos. A medida que luchaban por sus derechos, las condiciones laborales se iban mejorando hasta conseguir una semana laboral de 40 horas. La mortalidad infantil se reducía y la esperanza de vida aumentaba. Pero el mayor reto seguía siendo que las calorías que ingerían no compensaban las que gastaban con el duro trabajo físico, y las condiciones insalubres de las ciudades industriales.

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Fase IV: el oficinista

En las economías desarrolladas, 80% de puestos de trabajo requieren sentarse en una oficina delante de un ordenador durante 8 horas al día. A la par que el trabajo se ha vuelto sedentario, el coche ha sustituido las piernas y la bicicleta como el modo de transporte más común, el ascensor ha sustituido las escaleras, y la escasez de alimentos ha sido sustituido por el exceso de comida basura. Se disparó la epidemia de obesidad y todas las enfermedades relacionadas como los cánceres, el diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Aunque vivimos más años que nunca gracias a los avances en la medicina, gozamos de un peor estado de salud en comparación con los cazadores-recolectores.

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La dificultad de llegar a un equilibrio es porque cambios en un entorno siempre vienen acompañados por cambios en otros. Cuando todo el mundo iba andando a trabajo, el trabajo era más físico y la comida era baja en calorías, así todo el mundo estaba siempre al borde del hambre. Pero una vez que la comida se ha vuelto abundante, el trabajo también se ha vuelto menos físico y la gente ya no tiene que dar ni un paso para desplazarse. Antes, un cazador-recolector, agricultor o trabajador industrial podía mantenerse en forma llevando su vida normal, ahora un típico oficinista se ve obligado a hacer deporte para quemar el exceso de calorías que ingiere. Y contraria a la situación de las sociedades agrícolas, la obesidad se manifiesta más entre las clases humildes, porque los ricos disponen de más tiempo, infraestructura y recursos para practicar deporte.

En mi opinión, igual que los trabajadores industriales habían luchado por la semana de 40 horas, la jubilación a los 65 y mejores condiciones de seguridad en las fábricas, en el futuro, los oficinistas tendrán que luchar por el derecho de disponer de al menos una hora al día para realizar ejercicio físico, y el acceso a alimentos de calidad a precio asequible.

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El tiempo de realizar ejercicio debe convertirse en un derecho básico.

La obesidad informativa

Cambiando de tema, se me ocurre que hay otro fenómeno que ha seguido un camino paralelo a lo de la alimentación: la información. Igual que con la industrialización la escasez de alimentos ha sido sustituido por la abundancia de comida basura, con el internet y las redes sociales: la escasez de información ha sido sustituido por la abundancia de información basura.

¿Qué se califica como información basura? Son todas las discusiones que surgen de ofensas absurdas, las polémicas levantadas por asuntos nimios, los bulos, los memes alarmistas y victimistas, los titulares incendiaros que provocan la lucha entre sexos, razas y colores, las noticias sensacionalistas que tienen una mínima repercusión en la mayor parte de la sociedad etc.. Porque como la comida basura, te capta la atención, te provoca, te engancha y una vez que te metes en ella, te quedas atrapado en sus polémicas aunque al fin y al cabo, no te aportan más conocimiento ni más conciencia. Tampoco mejoran tus relaciones sociales o tu bienestar psicológico. 

Igual que es necesario cuidar la alimentación para mantenerse en forma, también es necesario hacer dieta informativa para serenar la mente e informarse solo de los asuntos realmente importantes, filtrando el ruido.

Fuentes:

https://elpais.com/elpais/2019/07/15/planeta_futuro/1563179033_926942.html

Trabajo obeso: las calorías que consumía un trabajador del siglo XIX y uno actual

https://www.newscientist.com/article/mg24232340-300-how-many-steps-a-day-do-you-really-need-spoiler-it-isnt-10000/

https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/aug/15/age-of-obesity-shaming-overweight-people

Comportamientos en las redes sociales que me preocupan

5 Ene

Desde que todos estamos en las redes sociales, he notado varios comportamientos que me inquietan. Aunque es cierto que Facebook, Twitter, Instagram y LinkedIn nos han ayudado muchísimo en conectarse con amigos y compartir ideas, también son capaces de convertirse en autopistas de desinformación, con el peligro de provocar malentendidos, divisiones y enfrentamientos inconciliables en la sociedad entre gente de distintos pensamientos, nacionalidades, grupos étnicos, religiones, sexos, clases sociales e identidades culturales. Aquí explico mi preocupación en varios puntos.

 

Punto uno, la gente se está volviendo cada vez más visceral.

Al ocurrir cualquier suceso desagradable, sea un atentado terrorista, un asesinato, una violación o la muerte de un perro, en los días siguientes las redes se inundarán de mensajes sensacionalistas que se vuelven virales, acompañados de comentarios cada vez más rabiosos. Es cierto que la prensa sensacionalista siempre ha existido, pero diferente al telediario y los periódicos en papel, estamos todo el día conectados a la red, así que no tenemos ni 5 minutos de descanso del constante bombardeo de frases e imágenes que estimulan los sentimientos más primarios. ¿Por qué me preocupa tanta visceralidad? Porque cuando la gente viviera bajo el estado permanente de indignación, se volvería muy manipulables. La rabia puede servir para reivindicar la existencia de un problema hasta ahora ignorado, pero casi nunca para impartir justicia o buscar soluciones. Y cuando se junta una masa rabiosa, lo único que busca es un chivo expiatorio para impartir venganza. Solo hace falta que algún listo señalara a ese chivo expiatorio, se provocaría un linchamiento.

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Punto dos, los mensajes que se vuelven virales suelen ser los más simplistas. 

Lo típico constituye de una frase acompañada por una imagen. Pero el mundo en lo que vivimos es tremendamente complejo, y cada conflicto suele tener varias causas y efectos donde intervienen varios actores. Cuando tu fuente principal de información es Twitter o Facebook, tu interpretación del mundo se volvería radicalmente binaria, dividida entre buenos buenísimos y malos malísimos, y cualquiera que no coincide con tu forma de pensar pertenecería automáticamente a los segundos. Como dijo el mismo Donald Trump que no es capaz de leer comunicados con más de 28 palabras, para un amplio porcentaje de internautas, cualquier artículo de opinión que trata de analizar un asunto con más profundidad que las 4 frases de un panfleto prefabricado es considerado demasiado complejo para la digestión mental. Cuando leo las típicas discusiones de Twitter en Facebook, más de la mitad de las veces los ofendidos ni siquiera han leído bien el texto que les ofende, o no han comprendido el contexto.

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Típico meme falso con mensaje simplista que se vuelve viral.

Punto tres, cualquier asunto trivial, o un suceso aislado, puede convertirse en la causa de un gran enfrentamiento.

Imagínate un país hipotético donde viven más de 50 millones de habitantes, dividida entre población A y B, que por razones históricos, tienen una desconfianza entre sí, aunque no llega a afectar la convivencia. Como en cualquier país con tantos millones, siempre habrá casos de robos, asesinatos y violaciones donde el agresor es de población A y la víctima es de población B, o viceversa, por pura probabilidad. Los grupos extremistas, para provocar un conflicto, tratan de mediatizar al máximo cada caso de esos crímenes (aunque no ocurren con tanta frecuencia), difundiendo la idea de que A es el eterno verdugo y B es la eterna víctima. Aprovechando la reacción visceral de los internautas, las redes sociales se han convertido en la herramienta ideal para conseguir ese fin, viralizando mensajes con textos e imágenes que despiertan la máxima indignación bajo mínima reflexión. Y cuando se mezclan casos reales con noticias falsas, se creará el ambiente de un polvorín a punto de estallar.

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El genocidio de la minoría rohingya en Myanmar fue alimentado por la propaganda de odio en Facebook

Punto cuatro, todo el mundo se queja mucho, pero a nadie le interesa buscar soluciones.

Me he dado cuenta de que muchos internautas comparten casi siempre los mismos mensajes de indignación: que los políticos les roben, la sociedad les discriminen, el sistema les reprime, les maten, o lo que sea, pero cuando otros hablan de propuestas para resolver dichos problemas, no les interesa saberlas, o con actitud cínica, atacan a las personas que proponen soluciones, se burlan de ellos por “buenistas” o ingenuos, o les rebaten con argumentos emocionales como “¿qué sabes de nuestros problemas si no los has sufrido con tus privilegios?”. Al final, lo único que crea es una cultura en que cada uno se envuelve en su victimismo, y lo peor de todo, es mentalidad altamente contagiosa.

Punto cinco, los hechos ya no importan.

Ya ha ocurrido muchas veces que un bulo ha sido desmentido una vez tras otra por fuentes oficiales, pero la gente que quiere creerlo lo seguirá compartiendo. Con el colapso de la confianza ciudadana en las instituciones oficiales tras la crisis financiera de 2008, cualquier información que sale de un organismo gubernamental, institución académica o medio de comunicación respetable es descalificada como “demagogia” del establecimiento, que según la ideología de cada grupo, represente los intereses de la élite económica global, de la conspiración judeo-masónica, de los marxistas de la ONU, de los pijos-progres, o del heteropatriarcado. En cambio, las únicas “verdades” en las que creen proceden de los panfletos de propaganda de su tribu ideológica. Antes, gente de ideologías distintas discutían sus opiniones sobre los mismos hechos. Con las redes sociales, gente de ideologías distintas creen en distintos hechos, como creyentes de distintas religiones.

 

Punto seis, la voz de los expertos ha sido sustituida por la de militantes ideológicos.

Recuerdo que durante décadas pasadas, al ocurrir cualquier suceso que preocupa a la ciudadanía, los medios solían entrevistar algún experto del tema, normalmente alguien con estudios especializados que llevaba años trabajando en el campo, sea el medio ambiente, la economía, el derecho, la criminología, la pedagogía, o la psicología etc., para aportar una explicación científica, técnica y políticamente neutral. Aunque ahora esos expertos siguen expresando sus opiniones, nadie les escucha, porque con tanta información saturando las redes, la gente prefiere escuchar las voces que confirman sus ideas y prejuicios. Como dijo Umberto Eco: “el internet ha elevado la voz del tonto del pueblo al mismo nivel que la de un premio Nobel”. Pero me temo que el peor caso no ocurre con el tonto del pueblo, sino con los militantes ideológicos, porque esos últimos tienen una agenda de provocar la indignación de las masas para fabricar opinión y buscar un chivo expiatorio. Y lamentablemente, ahora son ellos cuyas voces que más se escuchan por ser las más viscerales.

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Llevando los seis puntos al extremo, he imaginado un escenario hipotético de un colapso del orden de la democracia liberal y el estado de derecho en lo que llevamos tantas décadas viviendo. Ocurriría con los siguientes pasos.

  1. Ocurre el brote de una enfermedad desconocida, letal y contagiosa, aunque si siguieran las pautas de la Organización Mundial de Salud, podría contenerlo hasta que invente una vacuna.
  2. Las primeras muertes provocan un estado de pánico en las redes sociales, con gente compartiendo mensajes cada vez más alarmistas, mezclando información real con noticias falsas.
  3. Cada grupo ideológico aprovecha el pánico colectivo y el dolor de los familiares de las víctimas para difundir su agenda, echando la culpa a sus adversarios políticos. Los grupos antisistemas atribuyen el brote a una conspiración entre los gobiernos y la élite económica, llamando a la desobediencia masiva a las pautas del OMS.
  4. Con tanta información contradictoria corriendo por la red, la gente no sabe cómo reaccionar. Mucho saltan la cuarentena, facilitando el contagio.
  5. La histeria masiva, junto a casos reales de enfermedad que se extienden sin control, provoca grandes estallidos entre la población, a tal punto que las autoridades son incapaces de contener. De ahí, llega al colapso total del sistema.

Podría servir como el guión de una película. Solo espero que en la vida real nunca llegue a ocurrir.

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Wonder Woman, feminismo y bondage

3 Ene

Durante el viaje en barco sin internet, sin la distracción de las redes sociales, he tenido mucho tiempo para leer. Entre los libros leídos, estaba este ensayo del crítico de cómic Noah Berlatsky sobre los mensajes subliminales de la primera versión de Wonder Woman publicada entre los años 1941 y 1948.

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Wonder Woman es la primera superhéroe femenino, creada por el profesor de psicología William Marston en plena Segunda Guerra Mundial. En sus inicios, se distingue del resto de los superhéroes, Superman, Batman y Spiderman, en que a parte de repartir justicia dando golpes y patadas, Wonder Woman posee una personalidad afectuosa, protectora, maternal, con un sentido de humor irónico. Lucha contra la maldad ejerciendo un poder transformador, convirtiendo villanos sin escrúpulos en seres dóciles y obedientes. Otro fenómeno recurrente es el bondage. En casi todos los tebeos, Wonder Woman pasa al menos un par de viñetas atada de pies y manos. A veces la liberan, otras veces se libera sola. Su arma principal es el lazo mágico, que cuando ata a una persona, le obliga a decir la verdad. Los orígenes de esta superheroina se ubican en la Isla del Paraíso, una colonia formada solamente por mujeres que logran procrearse sin practicar sexo con hombres, sino construyendo estatuas de niñas y dándolas vida. Todas las mujeres de dicha isla entrenan para ser guerreras amazonas, pero en vez de matar al enemigo, su protocolo es capturarlo, dominarlo y transformarlo en seres pacíficos a través de procesos mágicos. Para mantenerse bien entrenadas para el combate, las amazonas pasan el día atando unas a otras. Aunque dicha sociedad no es nada igualitaria y tiene claras jerarquías, la relación entre superior y subordinada se basa en el cuidado mutuo y la sumisión amorosa, nunca en la dominación a través del miedo, que según el profesor Marston, sucedan como norma en el mundo de los hombres.

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Procreación en la Isla de Paraiso

Esta primera versión de Wonder Woman era sin duda, transgresora para la época, reflejando tanto la ideología y como el fetichismo sexual de su creador. Mientras casi todos los superhéroes fueron creados por hijos de inmigrantes judíos de la clase obrera, William Marston era un norteamericano blanco de la alta burguesía. Al dar clases en una universidad femenina, estaba convencido de que la inteligencia de la mujer era superior a la del hombre, porque a parte de tener las mismas capacidades intelectuales, también proseara un mayor grado de sensibilidad, y tratara de resolver conflictos a través de medios no violentos. La sociedad amazona en la Isla de Paraíso refleja la visión utópica de Marston, un mundo gobernado por valores femeninos. Los rituales de atarse unas a otras se inspiraron en las novatadas que se practicaban en las residencias estudiantiles femeninas, también en la propia sexualidad de Marston, que era un miembro activo de la comunidad BDSM.

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Liberándose de cadenas

A pesar de que el Wonder Woman de Marston está llena de imágenes de mujeres atadas o atando a otras, el trasfondo es bien distinto a lo de las “damas en peligro” de la cultura popular contemporánea, porque una “dama en peligro” espera a un héroe para rescatarla, pero Wonder Woman y sus compañeras tratan de liberarse ellas mismas, y a veces se dejan atar para dominar a otros, produciendo situaciones paradójicas en que la mujer atada es la que tiene su captor bajo control. Las ataduras, para Marston, representan el sometiendo de la mujer en la sociedad, que ellas tienen que desatarse para estar verdaderamente libres. También reivindicaba que la superioridad de la mujer frente al hombre se atribuyera a su capacidad de dejarse dominar, porque los hombres, con su tendencia de no dejarse dominar y abusar al dominado, provocaran conflictos, guerras y regímenes autoritarios.

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¿Era Marston feminista? Según la definición del feminismo, podía serlo, o todo lo contrario. Por cierto, él no creía en la igualdad de género, sino en la superioridad del género femenino. En la vida real, estuvo casado con dos mujeres a la vez, Elisabeth Holloway y Olive Byrne, y los tres vivían en un trio feliz. Tuvo hijos con ambas y tras su muerte por cáncer en 1947, sus dos esposas convivieron durante 40 años más hasta el fallecimiento de Olive en 1985. Aunque de primeras podía sonar como un típico macho alfa que tratara a las mujeres como objetos, su comportamiento no podía ser más lejos. En los años 30 y 40, era uno de los pocos hombres que valoraban el talento y el trabajo de las mujeres y las recomendó para puestos de responsabilidad. Tuvo un gran número de amigas. Con algunas mantuvo relaciones eróticas, con otras la amistad era estrictamente platónica, pero trató a todas con el máximo respeto. Sus dos esposas, junto a varias amigas (especialmente Joye Murchison), participaron activamente en el guión de Wonder Woman y los personajes. Una buena película sobre la biografía de Marston se llama “Professor Marston and the Wonder Women”, que salió en 2017.

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Sin embargo, a pesar de que esta primera versión de Wonder Woman tuvo gran éxito en la venta de tebeos, convirtiéndose en un gran ídolo tanto para niños como niñas, no fue bien recibido por ciertos sectores de la sociedad. Las imágenes frecuentes de cuerpos femeninos atados levantaron sospechas de un fetichismo sexual oculto, dado que el público del cómic eran  supuestamente niños. Algunas feministas también lo interpretaron como apología de violencia de género. Tanto sectores conservadores de la iglesia como asociaciones de mujeres manifestaron por la censura del tebeo. Tras su muerte en 1948, Wonder Woman se dejó de publicar. Y la super-heroína estaba dada por muerta hasta que la resucitaron en los años 70.

Pero al resucitarse con otros autores y dibujantes, la nueva Wonder Woman había perdido todo el espíritu transgresor de los años de Marston. En algunos tebeos, era compañera de Batman o Superman, en otros, era una dama en peligro esperando ser rescatada, pero en la mayoría de las interpretaciones, no tiene nada que la distingue de otros superhéroes en espíritu y alma, porque su única forma de luchar contra el mal es dar golpes y patadas para derrotar, o matar, a los malos.

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¿La liberación sexual ha sido un fracaso?

3 Ene

Una de las conversaciones que más me ha marcado durante mi viaje a Irán en 2017 fue con una chica iraní que trabajaba en un mausoleo, acerca de por qué las mujeres de ahí tienen que ir tan tapadas. Me dijo que era para proteger a la mujer contra violaciones y acoso, porque por naturaleza, la sexualidad del hombre es agresiva e impulsiva, y las mujeres tienen que cubrir las partes de su cuerpo que más despierta ese instinto salvaje.

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¿El hiyab es para proteger las mujeres contra agresiones sexuales?

Pocos meses después, en EEUU estalló #MeToo, con miles de mujeres de todas profesiones y clases sociales denunciando por Twitter sobre el acoso sufrido por parte de hombres famosos que hasta entonces, habían mantenido la fachada de gente respetable y padres de familia ejemplares. Acto seguido, mujeres por todo el mundo rompieron en tabú de hablar de los abusos y acosos que habían sufrido a manos de hombres, tanto en el entorno de familia y amigos como por desconocidos por la calle. En un ambiente de indignación masiva, ya hay ciertos grupos que han propuesto la creación de grupos, espacios y asociaciones exclusivamente femeninos donde las mujeres pueden sentirse más seguras, protegidas de la agresividad masculina, como clubes deportivas, empresas, espacios de coworking, servicios de compartir coche, complejos vacacionales y agencias de viaje etc.

Me ha hecho reflexionar: durante los primeros 40 años de mi vida, he visto la sociedad occidental levantar casi todas las barreras entre los dos sexos. Durante mi infancia en los 80, muchos colegios en el Reino Unido y España aún estaban separados por sexo, futbol era un deporte de chicos y netball un deporte de chicas, muchas profesiones solo reclutaban un sexo y lo ponían en el anuncio, y la mayoría de los bares de barrios obreros era dominio masculino donde las mujeres solo entraban acompañadas de su pareja.  Por supuesto, un hombre, como un ser físicamente más fuerte, tenía la obligación de proteger a las mujeres contra depredadores sexuales. En una cita, la tenía que recoger en su casa, pagarla la cena y la copa y acompañarla hasta su puerta. Poco a poco, todas esas barreras se habían ido levantando y los roles tradicionales masculinos y femeninos se habían difuminado. En el año 2015, si alguien dijera a una chica que no podía salir sola por la noche porque la pudieran violar, le tacharía de tener la mente anticuada, sino abiertamente machista.

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Tradicionalmente, muchos bares eran espacios masculinos

Según parece, tras #MeToo, la vieja tendencia de segregarse se está volviendo. No sé si se trata de un brote temporal, o una tendencia permanente. A veces me imagino si dentro de 30 años, la gente mirará a nuestro tiempo para pensar que 1960-2020 fuera la época de una liberación sexual que había fracasado, porque al conceder tanta libertad a los dos sexos a mezclarse, algunos hombres habían aprovechado este libertinaje para abusar sexualmente de las mujeres. Quizás entonces, ya no serán los hombres que controlen la libertad sexual de las mujeres, sino otras mujeres, que mantengan cualquier interacción entre los dos sexos estrechamente vigilado, y cualquier actividad sexual legislada para asegurar que no sucedan abusos.

Desde mi punto de vista, si nuestro objetivo es crear una sociedad más igualitaria, segregar los sexos o legislar la actividad sexual privada para proteger a la mujer es contraproducente, porque crea un espacio seguro dónde una vez que sale de él, los peligros del mundo siguen ahí. Además, fabrica una desconfianza entre hombres y mujeres que aumenta los malentendidos y perjudica las relaciones sanas. Lo que ha demostrado #MeToo es que muchas mujeres que han sido abusadas sexualmente no han tenido donde denunciarlo, y muchas más han sentido inseguras o acosadas por la actitud y comportamiento de algunos hombres. Desde mi punto de vista, lo que tenemos que hacer como sociedad, es abordar esos problemas para crear un ambiente más sano de convivencia entre los sexos.

¿Cómo lo conseguimos? En mi próximo artículo hablaré de algunas propuestas.