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El puritanismo sexual y sus distintas manifestaciones

25 Nov

El puritanismo era originalmente un movimiento religioso surgido durante el siglo XVII en Inglaterra, con el fin de “purificar” la iglesia anglicana de las prácticas católicas que había heredado. Inspirado en el calvinismo, los puritanos creían en el trabajo físico como la única manera digna de crear riqueza, la vida austera y la abstención de todos los vicios que corrompían el cuerpo y alma. Después de un breve periodo en poder después de la guerra civil inglesa (1642-1646), la mayoría de los puritanos fueron apartados de la iglesia anglicana después de la Restauración en 1660, aunque continuaron ejerciendo influencia entre la plebe hasta bien entrado en el siglo XIX. La filosofía puritana jugó un papel fundamental en el invento del capitalismo y la idiosincracia de los pioneros estadounidenses.

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Puritanos en EEUU

A partir del siglo XX, la palabra “puritano” llegó a convertirse en adjetivo, refiriéndose al exceso de moralidad sexual, como la censura al desnudo, el repudio hacia el deseo carnal y la abstención sexual hasta el matrimonio. En España, el puritanismo está comúnmente asociado a la iglesia católica, que durante siglos había ejercido un control rígido sobre la moralidad privada de los ciudadanos. Desde el punto de vista histórica, es algo irónico considerando que los puritanos originales eran radicalmente anti-católicos.

A día de hoy, la sociedad occidental está cada vez más liberal y tolerante acerca de la moralidad sexual, aunque en el siglo XXI siguen habiendo colectivos que intentan criminalizar el coqueteo, condenar las prácticas sexuales no convencionales, legislar las actividades sexuales consentidas, separar los sexos o censurar el arte o literatura, y los proponentes no solo proceden de los grupos religiosos (sea católico, protestante o musulmán), sino de cualquier ideología o movimiento que lleva su doctrina al extremo. En este artículo voy a hablar de las distintas manifestaciones de puritanismo en la sociedad contemporánea.

El puritanismo conservador

Al menos en España y Europa, la mayor fuerza que defiende una moralidad sexual más rígida sigue siendo los conservadores, que incluyen a algunas ramas de la iglesia católica como Opus Dei, la iglesia evangelista, musulmanes practicantes y defensores de valores tradicionales. Muchos aún creen que el único propósito del sexo es procrearse, que el deseo carnal es pecado, y para no despertar este vicio humano, las mujeres deben taparse o los sexos deben mantenerse separados. Por supuesto, también van en contra de la homosexualidad, el aborto o la educación sexual en los colegios.

Con el cambio de valores entre las nuevas generaciones, los conservadores son cada vez menos en cuestión de números, pero muchos ocupan puestos claves en la política y el mundo empresarial, y proponen leyes para defender su ideología bajo el disfraz de otras justificaciones. El típico ejemplo es recurrir al rendimiento escolar para justificar la separación de sexos en la educación, o a la libertad de elección para no dar educación sexual.

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Los fundadores de Opus Dei

El puritanismo marxista

En principio, el comunismo, como todas fuerzas de izquierda, iba en contra de la moralidad sexual de la burguesía, pero después de la revolución bolchevique en 1917, hubo un periodo de liberación sexual, durante que los rusos se volvieron tan promiscuos que nacieron muchos niños sin padre y se multiplicaron las denuncias por agresión sexual. Así que el partido comunista decidió imponer una nueva moralidad sexual, basada en la ideología igualitaria que hombres y mujeres sean camaradas de la revolución, que deben tratarse con amor fraternal de hermanos. El sexo solo se deben practicar con fines reproductivos para criar una nueva generación de trabajadores. Cualquier coqueteo o intento de marcar diferencias sexuales, como maquillarse, pintarse los labios, poner faldas cortas o ajustarse los pantalones, es repudiado como una práctica burgués y contrarrevolucionario.

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Alexandra Kollontai, la madre de la breve revolución sexual en Rusia

Esta moralidad, que se inventó en la época estalinista, fue copiada a mayor o menor grado por todos los régimenes comunistas, como la China de Mao, el Cuba de Castro y la Cambodia de Pol Pot, donde hombres y mujeres fueron obligados a vestirse con el mismo uniforme de trabajador marcando mínimas diferencias. Por supuesto, la homosexualidad no solo fue repudiada, sino criminalizada.

El libro 1984 de George Orwell hace un buen resumen de este puritanismo de corte comunista.

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En la China comunista, hombres y mujeres se vestían igual

El puritanismo feminista

Como el puritanismo conservador tiende a reprimir la sexualidad femenina, muchas feministas, como Victoria WoodhullEmma Goldman, lucharon a favor de levantar los tabúes sexuales y por la libertad de las mujeres a vivir su sexualidad en pleno, reivindicando hasta el amor libre. Sin embargo, a partir de los años 70, surgieron corrientes de feminismo que retratan a la sexualidad masculina como violenta por naturaleza y una amenaza para las mujeres, y que bajo la sociedad patriarcal, muchas mujeres hayan sido “lavado de cerebro” desde pequeña para desear complacer la sexualidad del hombre. Esas feministas, como las estadounidenses Andrea Dworkin, Susan Griffin o la española Ana de Miguel, tienden a oponer radicalmente la pornografía, la prostitución autónoma,  el BDSM consentido, o cualquier representación erótica del cuerpo femenino, incluso cuando lo ejercen de forma voluntaria. Algunas más radicales llegan a insinuar que maquillarse, depilarse, ponerse ropa sexy o cualquier gesto de coqueteo sean sinónimos a la sumisión al patriarcado, y que la separación de sexos sea la medida ideal para proteger las mujeres de la violencia sexual.

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El bondage consentido. ¿Empoderamiento o sumisión?

A día de hoy, aún se libran una batalla entre feministas liberales, que defienden la libertad de las mujeres de vivir su sexualidad del modo que quiera por lo tanto que sale de su propia voluntad, y feministas radicales, que tratan de definir un canon correcto de comportamiento sexual para ser buena feminista.

El puritanismo “género neutral”

En total, el colectivo LGBTIQ es el menos puritano de todo, porque casi todas las corrientes de puritanismo les persiguen. Sin embargo, durante los últimos años, cuando se ha abierto un debate público en países anglosajones sobre la identidad de género y el sexo biológico, una cierta corriente de puritanismo ha surgido entre algunos activistas más agresivos.

Como todas las sociedades humanas clasifican los individuos por el género binario de hombre/mujer, las personas no-binarias a menudo tienen dificultades de integrarse. Por eso, algunos activistas trans proponen crear una sociedad “género-neutral“, alegando que categorías como “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “homosexual” sean construcciones abstractas que carezcan de significado real, y la “feminidad” y “masculinidad” sean conceptos arcaicos que deben ser eliminados. Puede sonar utópico, pero para realmente llevase a cabo la construcción de una sociedad así, la única manera sería a través de la imposición de un nueva forma de puritanismo.

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Al fin y al cabo, los humanos somos seres sexuales. La mayoría de los individuos se sienten atraídos solamente (o predominante) a uno de los sexos, por las características de ese sexo. La masculinidad y feminidad no son nada más que maneras de marcar las características de un sexo u otro, a través del peinado, vestimenta, comportamientos o actitudes. Una cosa es construir una sociedad donde el género no sea motivo de sufrir violencia o discriminación, o una sociedad inclusiva a géneros no-binarios, otra cosa es construir una sociedad donde el género se elimina de la expresión individual, porque eso implica convertir los humanos en seres asexuados, que va totalmente en contra de nuestra naturaleza biológica.

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El puritanismo políticamente correcto

Englobando a todo, está el puritanismo políticamente correcto.

Desde que todos estamos en redes sociales, cualquier comentario, opinión, imagen o video puede ofender las sensibilidades de algún colectivo. Para evitar linchamientos, muchos autores, artistas, creadores de contenido autocensura sus obras para no incluir contenido que puede ser tomados como ofensa. Como consecuencia, muchos libros, revistas, canciones y obras de arte que dejaron de escandalizar en los años 90 ahora han vuelto ha levantar polémicas.

Como bien dicho la dibujante de comic María Llovet en una entrevista: “Hay mojigatería por todos lados disfrazados de progresismo”.

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El perfil sociológico del gángster norteamericano

26 Jun

Uno de los prototipos de personaje histórico más retratado en el cine comercial estadounidense, a parte de los cowboys del Oeste, es el gángster durante los violentos años 20 y 30. En muchas películas, el típico gángster norteamericano es retratado como un tipo que se vestía de forma elegante, de naturaleza violenta y carácter asertivo, pero poseía ciertos principios y valores, que por regla general, nunca traicionaba a sus amigos ni hacía daño a mujeres, niños y personas inocentes. A pesar de ganarse la vida apretando el gatillo, solo ejercía la violencia cuando era estrictamente necesario, y siempre contra quién se lo merecía.

A veces me pregunto: ¿esos “bandidos caballerosos” con la ética de Robin Hood existieron de verdad? En este post, voy a analizar un poco el perfil sociológico del “típico” gángster estadounidense de la época de la ley seca.

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Cuando oímos la palabra “gángster” solemos asociarlo a un miembro del crimen organizado. En EEUU, el crimen organizado no apareció de día a mañana, sino evolucionó poco a poco desde un modo de delincuencia mucho más crudo: la banda callejera. Desde el siglo XIX, en muchas ciudades americanas como Nueva York, Chicago y Boston, la presencia de bandas callejeras ya era conocida. En ciertos barrios neoyorquinos como Five Points y Hell’s Kitchen, algunos visitantes contemporáneos, como Davy Crockett y Charles Dickens, ya comentaban de fenómenos como docenas de jóvenes armados con machetes, navajas y palos que se enfrentaron en plena calle para resolver sus diferencias del modo más salvaje.

¿Por qué surgieron las bandas callejeras? Durante el siglo XIX, en la mayoría de las ciudades la ley y orden no funcionaban de forma tan eficaz como ahora. Los cuerpos de policía constaban de pocos efectivos y carecían de recursos para atender a las necesidades de los cientos de miles de habitantes de las ciudades industrializadas, cuya población no dejaba de aumentar por la llegada sin cesar de inmigrantes. Una gran parte de las ciudades carecían de las infraestructuras más básicas como alcantarillas y agua corriente. Derrumbes de edificios, incendios y brotes de enfermedades contagiosas eran ocurrencias cotidianas. Las comunidades inmigrantes, por la barrera cultural y lingüística y los abusos que sufrían a manos de las autoridades, confiaban aún menos en las fuerzas de orden. La gran mayoría de los problemas, desde pequeñas deudas hasta robos y violaciones, se resolvían por cuenta propia a través de amenazas y venganzas. Las bandas callejeras, en cierto modo, surgieron como meros agentes para resolver las disputas entre vecinos en los barrios marginales abandonados por las autoridades.

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Pandillero neoyorquino, siglo XIX (De James Brown)

La gran mayoría de las bandas callejeras se organizaban por barrio y por origen étnico. A principios de siglo XX, en Nueva York las más conocidas eran el Eastman Gang, de origen judío, y el Five Points Gang, de origen italiano. La mayoría de los pandilleros no eran nada elegantes ni sofisticados, sino chavales de aspecto huraño que pasaban todo el día en la calle, en las tabernas y en los prostíbulos más sórdidos, siempre con una navaja en la mano dispuestos a usarla contra cualquiera que les faltaba respeto. Su principal actividad era extorsionar comercios, controlar apuestas, hacer de proxeneta a las prostitutas y pelearse con miembros de bandas rivales, pero su influencia raras veces excedía a las pocas manzanas que constituían su barrio. A pesar de todos los golpes que daban y los sectores de la economía negra que controlaban a nivel local, pocos llegaron a ser ricos. Hasta los líderes de las bandas no ganaban ni un ingreso medio.

Todo cambió en 1921, cuando el gobierno federal estadounidense puso en marcha la ley seca. Como el contrabando de licor era un negocio tan lucrativo, muchos pandilleros empezaron a dedicarse a ello. De día a mañana, Los que antes eran chulo-putas de barrios bajos se volvieron ricos. Los que antes peleaban con navajas ahora disponían de pistolas y armas automáticas. Otros delincuentes también se aprovecharon del boom del mercado negro, algunos asaltando a los camiones de contrabando, otros secuestrando a los traficantes ricos pidiendo rescates astronómicos. La violencia se escaló tanto en frecuencia como en intensidad, con noticias de tiroteos, asesinatos, atracos y secuestros llenando las portadas de la prensa sensacionalista. Para marcar el nuevo estatus socioeconómico que disfrutaban, los pandilleros ya no se vestían como rufianes del barrio bajero, sino con trajes hechos a medida y camisas de seda. Se alojaban en hoteles de lujo y frecuentaban restaurantes y casinos de mayor estatus, haciéndose pasar por hombres de negocio de clase alta. De ahí, el pandillero se convirtió en el “gángster”.

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La banda callejera “Five Points gang”, formada por pandilleros italianos

Pero la verdadera transformación de “banda callejera” a “crimen organizado” sucedió en 1931, cuando un grupo de gángsteres liderado por Lucky Luciano y Meyer Lansky, tras llegar a la cima del mundo de la hampa, decidieron formar un pacto de colaboración entre todas las bandas de Nueva York, conocido como la “comisión del crimen“. A partir de ahí, todas las bandas tenían que respetar el territorio de otras y la violencia entre bandas fue estrictamente prohibida bajo la pena de muerte. En respuesta a cualquier delito cometido por un miembro de la comisión, todos los gángsteres tenían la obligación de colaborarse entre sí para ocultar pruebas, mentir en el juicio, sobornar a policías, fiscales y jueces, y amenazar, o matar, a testigos. Entonces, el contrabando de licor, la prostitución, el juego, la extorsión, la venta de drogas y los atracos armados se convirtieron en actividades económicas de una empresa multinacional con sus propias normas de conducta, estrategias empresariales y jerarquía de mando.

A pesar de que la ley seca fue revocada en 1933, el crimen organizado ya había acumulado tanto poder que a parte de dominar a los bajos fondos, también controlaba a muchos negocios legítimos e influenciaba al sistema judicial y la política. Desde los años 30 hasta finales de 60, la mayoría de sus crímenes se quedaron impunes. Los perpetradores raras veces fueron detenidos, imputados y casi nunca condenados. Muchos de los pandilleros de los años 20 habían muerto jóvenes con un tiro en la nuca, pero otros amasaron auténticas fortunas. Los más listos abandonaron la vida de crimen y invirtieron la capital en negocios legítimos, transformándose en empresarios respetables en los años 50 y 60. Efectivamente, habían conseguido el “sueño americano”.

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Meyer Lansky, uno de los fundadores de la “comisión de crimen”

Ahora, vamos a llegar al punto clave: ¿cómo era el típico gángster norteamericano de los años 20?

El típico gángster era un joven procedente de un gueto de inmigración. Algunos habían nacido en Irlanda, Italia, Rusia, el imperio otomano o austrohúngaro, otros habían nacido en EEUU de padres que habían emigrado de esas tierras, pero en la mayoría de los casos, EEUU era el país donde habían pasado su infancia y también donde habían iniciado su carrera criminal. Así que efectivamente, el “gángster americano” era un producto del nuevo mundo, independiente de su origen étnico.

Todos, sin excepción, habían pasado la adolescencia viviendo de la hampa en los bajos fondos, robando carteras, timando a forasteros, atracando a transeúntes, vendiendo drogas, amenazando a morosos o dando palizas por la calle. Cuando entró en vigor la ley seca en 1921, la gran mayoría de los gángsteres eran muy jóvenes. Lucky Luciano tenía apenas 24 años, Meyer Lansky 19, Bugsy Seigal 16 y Al Capone 22, pero todos ya gozaban de una reputación temerosa en los barrios donde residían. Contraria a la idea de muchas películas que era la ley seca que “volvió delincuentes” a hombres normales, eran más bien delincuentes curtidos que aprovecharon la ley seca para hacerse ricos. De hecho, antes de 1921, muchos de los futuros gángsteres ya habían sido detenido por docenas de delitos desde robo con violencia hasta agresiones sexuales. Básicamente, no era gente con la que preferirías pasar una tarde tomando cañas.

¿Entre ellos había ladrones honrados como en las películas? En mi opinión, si lo hubiera, el porcentaje no sería mayor que entre los delincuentes de hoy en día o entre los presos de cualquier cárcel, porque al fin y al cabo, se trababa de gente acostumbrada de vivir de la estafa, de la coacción y de la violencia. La única diferencia fue que debido a las peculiares circunstancias históricas, se hicieron ricos.

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Los bajos fondos…

Entonces, ¿por qué hay tanto culto en Hollywood hacia el gángster americano?

En mi opinión, representaba la visión más extrema del sueño americano, en que cualquier persona, por lo humilde que fueran sus raíces, podría llegar a la cúspide de la sociedad si tuviera dinero, aunque lo hubiera conseguido a través de robos, contrabando y asesinatos. No hay que olvidar que los gángsteres eran en su mayoría hijos de inmigrantes, de grupos étnicos que en la época que vivían, no eran bien aceptados en la sociedad norteamericana. A pesar de que muchos habían vivido casi toda la vida en EEUU, no solían ser percibidos como “verdaderos americanos” por su apellido, religión o rasgos. Los partidos conservadores de la época usaban la alarma social hacia el gansterismo como excusa para defender sus políticas xenófobas y antisemitas, retratando los gángsteres como una corrupción extranjera a los valores estadounidenses. Por eso, el gángster americano también representaba el triunfo de los marginados, rechazados y discriminados, que habían logrado el respeto en la sociedad a través de la violencia, que probablemente, para las circunstancias en que se criaron, era la única medida que disponían para perseguir el sueño americano.

El feminismo – un movimiento de múltiples corrientes

10 May

Hace poco, en la página de la organización focusonwomen, me topé con esta imagen.

Hiyab, niqab o maquillaje... todos ellos esconden tu propia identidad. La artista Boushra Almutawakel trabaja el feminismo islámico desde las artes plásticas

Hiyab, niqab o maquillaje… todos ellos esconden tu propia identidad. La artista Boushra Almutawakel trabaja el feminismo islámico desde las artes plásticas

Es la propaganda difundida por un grupo de feministas islámicas, que comparan el uso del velo en la sociedad islámica con el uso de maquillaje en las demás culturas, porque ambos “tapan” la verdadera identidad de la mujer.

Estar o no estar de acuerdo con el mensaje, me ha dado por pensar que el “feminismo” es una de las ideologías más diversas y desunidas, con varias ramas que defienden a posturas casi opuestas, y curiosamente, los seguidores de cada corriente a menudo tachan a otras de “machista”.

En su significado original, el “feminismo” es un movimiento que lucha para conseguir la igualdad de hombres y mujeres, y técnicamente, cualquiera que defiende la igualdad de sexos puede considerarse “feminista”. Así que, salvo los grupos más radicales, prefiero decir “los” feministas en vez de “las” feministas, porque uno no tiene que ser mujer para ser feminista.

En general, todos los feministas reivindican ciertas causas en común: como la igualdad de salarios, el acceso al aborto y la lucha en contra de la violencia de género, pero acerca de temas como la interpretación de la feminidad, la relación con los hombres y las maneras para conseguir la igualdad, hay diferencias substanciales. Sacando mis propias conclusiones en lo que he encontrado en debates y foros de discusión, creo que clasificado por ideología, el feminismo se puede dividir en 3 corrientes: la de “equidad”, la de “género” y la “separatista”.

La estadounidense Christina Hoff Sommers se declara una feminista de "equidad"

La estadounidense Christina Hoff Sommers se declara una feminista de “equidad”

El feminismo de “equidad” es la corriente más antigua, que lucha por la igualdad de sexos en el terreno de derechos y obligaciones. Eran ellos que consiguieron el voto femenino, la admisión de chicas en universidades y escuelas masculinas y la integración de la mujer en el mercado laboral. A día de hoy, luchan principalmente contra cualquier discriminación, segregación o violencia por razones de sexo, pero otro lado, sí que aceptan que existen diferencias innatas tanto físicas como psicológicas entre hombres y mujeres, y que por naturaleza, las mujeres puedan tener mayor inclinación hacia ciertas profesiones y los hombres en otras; lo importante es que cuando una mujer elige trabajar en una profesión dominada por hombres, no sufre discriminación por su sexo.

En 30 años, la profesión médica que evolucionado de un sector de mayoría masculina a mayoría femenina, sin cuotas de discriminación positiva

En 30 años, la profesión médica que evolucionado de un sector de mayoría masculina a mayoría femenina, sin cuotas de discriminación positiva

El feminismo de “género” es una corriente que niega la existencia de diferencias innatas en aptitud ni en psicología entre hombres y mujeres, y que todos los papeles de “género” es producto de la sociedad patriarcal, que oprime sistemáticamente a la mujer. Así que para conseguir una sociedad igualitaria, la igualdad de derechos no es suficiente, sino habrá falta “forzar” cambios sociales para erradicar las diferencias sexuales. Alegan que la principal razón de que hay pocas mujeres que trabajan de ingenieras, informáticos, científicas, policías, bomberas o militares es por el machismo institucional en estas profesiones, y para eliminarlo, habrá que imponer cuotas de discriminación positiva, o tomar iniciativas especiales orientada a mujeres para que un mayor número entren en estos ámbitos.

Solo un 30% de programadores son mujeres, pero según encuestas, la informática es uno de los sectores con menos machismo

Solo un 20% de programadores son mujeres, pero según varios estudios, la informática es uno de los sectores con menos machismo

La discriminación positiva es el principal terreno donde los feministas de “equidad” los de “género” se chocan, porque los primeros, como defensores de igualdad en derechos, la ven como una medida que viola los principios más básicos de igualdad, y en el peor de los casos, un paternalismo humillante. Los segundos, sin embargo, defienden que es la única manera de eliminar los papeles tradicionales de género.

El “feminismo separatista” representa la ideología que pretende excluir a los hombres, alegando que las mujeres tienen que ayudarse entre sí antes que a los hombres. Están a favor de crear espacios e instituciones solo para mujeres, como colegios femeninos, empresas que contratan solamente (o contratan con preferencia) a mujeres, u organizaciones que ayudan solamente a mujeres. Las más radicales reivindican la superioridad de la mujer frente al hombre, culpando a la masculinidad como fuente de todos los males de la sociedad.

Esta corriente choca tanto con el feminismo de equidad como lo de género por estar partidaria a la segregación sexual. Muchos les llaman “hembristas” en tono despectivo. Sin embargo, ellas mismas no se consideran así sino “verdaderas feministas”, y en inglés la palabra “hembrista” todavía no tiene traducción.

Mucha gente confunde el "feminismo" con el "hembrismo", que pretende la exclusion de hombres

Mucha gente confunde el “feminismo” con el “hembrismo”, que pretende la exclusion de hombres

Hace poco leí los comentarios de un debate online sobre una medida propuesta en Islandia para prohibir toda forma de prostitución y de pornografía online, fue donde me di cuenta de que acerca de asuntos más personales, el feminismo también se puede dividir entre una corriente más autoritaria y otra más libertina.

Los feministas “autoritarios” en general consideran que ciertos negocios, comportamientos y vestimenta son degradantes para la mujer y deben estar prohibidos, por ejemplo, el uso del velo islámico, la prostitución, la pornografía y hasta la práctica de bondage y dominación en los juegos sexuales de pareja.

Los feministas “libertinos” consideran que cada mujer tiene derecho de hacer lo que quiere con su cuerpo, y que nada es degradante ni humillante si ella lo ha elegido por su propia voluntad.

Muchos feministas están en contra de la pornografía, pero no a la "erótica". ¿Pero cómo y quién define la diferencia?

Muchos feministas están en contra de la pornografía, pero no a la “erótica”. ¿Pero cómo y quién define la diferencia?

Las dos posturas chocan sobre todo en el asunto de la prostitución, donde los “autoritarios” presionan por prohibirlo y los “libertinos “apuestan por su regularización legal. Los primeros insisten que “ninguna mujer ejercería la prostitución por su propia voluntad”, los segundos dicen que “¿Quién eres tú para decidir sobre el cuerpo de otras personas?”

Durante los últimos años, también ha aparecido el “feminismo islámico”. Suena curioso, porque desde el punto de vista occidental, ser musulmana parece ser totalmente contraria a ser feminista. Sin embargo, ellas defienden la “igualdad de sexos” desde dentro de las normas de la sociedad islámica. Curiosamente, muchas alegan que la sociedad occidental es “machista” porque convierte la mujer en un objeto de deseo sexual del hombre.

Al final, para conseguir el mismo fin, salen docenas de propuestas, y por naturaleza, cada uno piensa que la suya es la única que tiene razón.

Cada vez hay más chicas jóvenes que practican boxeo. En general, pocas se han quejado del machismo

Cada vez hay más chicas jóvenes que practican boxeo. En general, pocas se han quejado del machismo