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Black Country – de la revolución industrial al cinturón de óxido

18 Jul

Durante los últimos tiempos se han hablado mucho de la masificación turística en los destinos populares. Este verano, sin embargo, hemos ido a visitar una zona poco concurrida por turistas en mi Reino Unido natal: el Black Country, y dedico este artículo para hablar del pasado y presente de esta región en el centro de Inglaterra que jugó un papel clave en la revolución industrial.

El “Black Country” (país negro) se refiere a los condados entre las ciudades de Birmingham y Wolverhampton, en el oeste de las tierras centrales (Midlands) en Inglaterra. Desde el siglo XVI ya era una región donde abundaban minas de hierro y carbón, aunque la mayoría de los pueblos eran de carácter rural, donde los habitantes complementaban el cultivo de cereales con el oficio de herrero, fabricando clavos, espadas y armaduras.

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Durante el siglo XVIII, dos sucesos cambiaron la historia de la región para siempre: la construcción de una red de canales que conectan las tierras centrales con Londres, y el invento de la máquina de vapor que desencadenó la revolución industrial.

El “Black Country”, por su riqueza en minerales como hierro, carbón y caliza, se convirtió en el mayor productor de acero y hierro, especializando en anclajes y cadenas para la industria marítima. El paisaje se transformó de forma radical, de pueblos rurales con huertos, prados, vacas y cisnes a una extensa área de minas, talleres y fábricas con humo saliendo de las chimeneas. Ya no se encontraba campo abierto entre un pueblo y otro, sino todos los condados entre Wolverhampton y Birmingham se unieron unos a otros para convertirse en un gigantesco polígono industrial. El apodo de “Black Country” se ganó en el siglo XIX por el alto nivel de contaminación. El humo negro que salía de las chimeneas tapaba el sol a todas horas. El traqueteo de cadenas y máquinas pesadas ahogaban al canto de aves. Hasta el agua de los canales salían negros, donde no se encontraba ni un pez.

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A pesar de que la industria pesada fue el factor principal que elevó el Reino Unido a la primera potencia mundial durante el siglo XIX, las condiciones de vida de los obreros eran más bien duras. En los talleres de cadenas de siglo XIX trabajaban 56 horas a la semana y solo cobraban si lograban producir la cantidad pedida en el tiempo acordado. No existía baja de maternidad y muchas mujeres trabajaban con el bebé en una cesta colgada del techo del taller. Sus hijos pequeños las ayudaban en las tareas, y los niños mayores de 12 ya tenían edad para picar en las minas o mover ladrillos. Los peores trabajos estaban en las minas, donde miles de trabajadores murieron en caídas, explosiones y accidentes laborales. La alta temperatura, humedad y aire contaminada bajo tierra dañaron los ojos de muchos trabajadores, que perdieron la vista. Se estimaba que la edad media en que murieron los mineros era 37.

Para transportar las minería de las minas a fábricas, se usaban la extensa red de canales, algunos al aire libre, otros en túneles para atravesar los montes. Para conducir las barcas por los túneles, la técnica era “legging” (patear), donde los conductores se tumbaban en un tablón con los pies fuera de la barca, y pisaban en las paredes del túnel para empujar la barca hacia delante. A veces, un pateador podía llevar varias barcas conectadas con cadenas. La leyenda local decía que el pateador más longevo empezó a trabajar en los canales a los 14 años y se jubiló a los 87. ¡Y varias veces él sólo había llevado una flota de 3 barcas cargadas de caliza atravesando 3 kilómetros de túneles en un tiempo de 4 horas!

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Dos conductores practicando “legging”

Pero precisamente por la industrialización y las pésimas condiciones laborales, el Black Country se convirtió en uno de los focos más importantes de actividad sindical. Desde mediados de siglo XIX hasta principios de siglo XX, los trabajadores protagonizaron una serie de huelgas que lograron aumentar los salarios, reducir las jornadas y mejorar las condiciones de trabajo para la salud. La ciudad de Birmingham, por su punto estratégico y diversos sectores industriales, se convirtió en una de la segunda ciudad más grande en Inglaterra y una de las más prósperas.

A partir de la Primera Guerra Mundial, la producción de carbón sufrió un declive en demanda. Las minas empezaron a cerrar, y con ello poco a poco todas las fábricas y talleres de Black Country. Las chimeneas que antaño teñían el cielo de negro ya dejaban de echar humo. Los aguas volvían a ser transparentes y los peces y aves volvieron a los ríos y canales.

El país negro ya dejó de ser negro. Pero el nombre ya está puesto.

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La época contemporáneo y el Black Country Museum

Desde los años 50, el Black Country se ha convertido en parte del “cinturón de óxido”, una antigua región industrial caída en decadencia, y una de las zonas con la tasa más alta de desempleo. A día de hoy, el paisaje consiste en pueblos residenciales intercalados por almacenes y polígonos industriales, ya que algunas industrias fabricando tubería y cadenas aún están en operación. Muchas casas están pegadas a carreteras anchas con estrechas aceras que no invitan a pasear, correr ni montar bici. Los negocios más típicos eran los de comida rápida para llevar. El único entretenimiento está en los pubs. Durante nuestro viaje nos alojamos en un hotel que no es nada turístico. Se usan para celebrar eventos y bodas. Cuando preguntamos los recepcionistas sobre la geografía local, nos contestaron con cara de no tener ni idea. Una nos dijo que de Birmingham ciudad lo único que conocía bien eran los pubs.

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La época de mayor declive industrial de la posguerra coincidió con una gran oleada de migración procedente de países de Commonwealth. Junto a Birmingham, la región sufrió varios disturbios raciales durante los años 60 y 70. A día de hoy, muchos residentes trazan sus antepasados a Jamaica, Pakistan y Bangladesh, y entre la generación joven se ve un gran número de mestizos y mulatos, reflejando varias generaciones de mestizaje entre la población autóctona con la inmigración extranjera, sobre todo la de Caribe.

Las porciones que sirven en los pubs son gigantescas y por la calle se ve mucha gente obesa, sobre todo entre jóvenes y niños. Mirando a nuestro alrededor, éramos siempre los más esbeltos, y no somos exactamente gente de complexión delgada. Sin embargo, la mayoría de los lugareños fueron muy amables y nos trataron muy bien.

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La mayor atracción en la zona es sin duda el Black Country Museum, que fue el propósito principal de nuestro viaje. Se trata de una sección del pueblo de Dudley conservado en el tiempo como un museo folclórico para reproducir la vida en la época de mayor esplendor industrial a principios de siglo XX. Los voluntarios (y muchos visitantes) van vestidos de época y hacen demostraciones de cómo extraían carbón de las minas de bombas de vapor, cómo forjaban herramientas de hierro en los hornos, y de cómo era la vida cotidiana para una típica familia obrera que se dedicaba al carbón, acero o el transporte de minería por los canales.

Termino este artículo con algunas fotos que hemos sacado durante nuestra visita.

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BCM mina

BCM casa

BCM incinerador

Tienda BCM

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Hipótesis futuristas que probablemente no sucederán

24 Abr

Estamos en un punto clave de la historia humana. Es lo que opinan muchos expertos de ciencia y tecnología, entre ellos Bill Gates, Elon Musk, Yuval Noah Harari y Stephen Hawking.

Las tecnologías que revolucionarán el mundo durante los próximos 50 años serán en el campo de la inteligencia artificial y en la ingeniería genética. Por un lado, los robots serán capaces de realizar una gran cantidad de tareas, desde conducir coches y construir casas hasta llevar las cuentas de un negocio y ejecutar cirugías cardiacas; por otro lado, la programación genética permitirá a los humanos eliminar enfermedades hereditarias, extender la juventud, agudizar los sentidos, mejorar la destreza física y alzar el coeficiente intelectual.

Hay muchas hipótesis de cómo será en mundo a mediados y finales del siglo XXI. Algunos opinan que todos seremos cyborgs medio-máquinas medio-humanos que vivirán 200 años, otros imaginan un mundo en que la conciencia humana se podrá descargar en una nube informática como si fuera una aplicación de software; otros prevén un mundo distópico en que toda la humanidad vivirá sometida a la tiranía de unos algoritmos que se reescriben solos. En mi opinión, no creo que nadie pueda ser tan arrogante para pretender que sepa con seguridad lo que sucederá en el futuro, pero en este artículo me gustaría hablar de algunos hipótesis que probablemente NO se cumplirán, y dar mis explicaciones.

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Hipótesis 1: todo el mundo se quedará en su casa y nunca saldrá

Una de las tecnologías que más ha cambiado la vida cotidiana es el internet. A través de él, podemos hacer compras, hablar con gente en el otro lado del mundo, leer artículos de prensa, escribir, dibujar, ver películas, trabajar etc. Hay gente que opina que en el futuro, ya no hace falta que existan tiendas, oficinas o lugares de reunión, porque todas las gestiones o quedadas se podrán hacer a través de internet, sin que nadie salga de su casa. Por supuesto, los únicos edificios que existirán serán viviendas.

Aunque la tecnología probablemente sí que tiene la capacidad de anular cualquier necesidad del ser humano de salir de su casa, no creo que esta hipótesis se haga realidad, porque va en contra de una de las necesidades humanas más básicos: el contacto físico con otros. Hablar con un amigo por Skype no provoca la misma sensación de quedar con él en un bar para tomar una caña. Cuando trabajas físicamente cerca de un compañero, establecerás una confianza mucho más estrecha que si solo lo conoces a través de la pantalla. La calle, los parques, las plazas, los centros comerciales y todos los lugares públicos no solo sirven para hacer compras y recados, sino también para encontrarse con otros seres humanos, tanto conocidos como desconocidos.

Si realmente llegase el momento en que todas las tiendas se cerrasen, seguro que los locales se reinventarán para otros usos públicos, porque los seres humanos necesitamos un lugar donde personas desconocidas puedan reunirse de forma espontánea.

Hipótesis 2: la separación de la mente del cuerpo

Muchas novelas o películas de ciencia ficción, entre ellos “Ghost in the Shell”, retrata un mundo futurista en que se puede trasladar la mente humana de un cuerpo a otro. Por supuesto, la identidad de cada persona ya no se definirá por su cuerpo físico, sino por su conciencia. De hecho, habrá personas que dispondrán de varios cuerpos con distintas características físicas, y cada uno se usará para motivos distintos.

Aunque si la tecnología lo permitiera, creo que sólo será la opción de una minoría de la minoría de personas, probablemente los que tienen algún defecto o discapacidad física en su cuerpo natal. Porque por instinto humano, el cuerpo físico forma una parte integral del sentido de identidad de cada persona. A pesar de que mucha gente hace cirugía estética para cambiar de aspecto, no creo que a nadie le gustaría cambiar su cuerpo entero por el cuerpo de otro por lo deseable que sean los rasgos, porque este nuevo cuerpo ya chocará con su sentido de “yo”.

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Escena de “Ghost in the Shell”

Hipótesis 3: un mundo donde el género es totalmente fluido

Una extensión del hipótesis 2 es que como el cuerpo humano no es nada más que una “cáscara” que envuelve el alma, en el futuro, toda la gente ya será libre de género: cambiándose entre hombre y mujer según en cuerpo en que se introduce la conciencia.

En mi opinión, es muy poco probable que suceda porque según los últimos estudios, el cerebro sí que tiene sexo, y la identidad de género parece innata que permanezca constante durante el resto de la vida. Como evidencia, los transexuales son precisamente gente cuyo cerebro pertenece al sexo opuesto de su cuerpo. Sufren muchos conflictos psicológicos desde la infancia y cuando puedan, se operan para cambiar su sexo corporal para que coincida con lo de la mente.

Si tan complicada es la situación cuando el género del cerebro no coincide con lo de cuerpo, por lo más que la tecnología lo permite, no creo que a la mayoría de la gente le haga gracia la idea de cambiar el sexo de su cuerpo constantemente de un día a otro por capricho.

Hipótesis 4: la gente usará su mente para mover objetos y conversar

Últimamente hay mucha investigación para descifrar los mensajes que llevan en las ondas cerebrales y los utilizan para ejecutar órdenes. Hay gente que opina que si esta tecnología avanzase en el futuro, todo el mundo podría hablar con otros sin abrir la boca o mover objetos sin usar un músculo.

No creo que nunca sea una situación normalizada por dos cuestiones muy sencillas. Primero, la mayoría de los seres humanos no somos capaces de controlar nuestros pensamientos. Mientras que escribo estas palabras, una docena de ideas están pasando por mi cabeza. Si tuviera que “escribir” solo con pensamientos sin mover ni un dedo, ¿cómo controlaría cual de los pensamientos salga en esta página? Segundo, mover el cuerpo es una sensación que da gusto a los seres humanos, porque nos hace sentir en control de nuestro cuerpo.

Sin embargo, esta tecnología sí que hará la vida mucho más fácil para los parapléjicos, que creo que es el propósito original de la investigación.

Escena de Ex Machina

Hipótesis 5: toda nuestra vida será dirigida por un algoritmo

Con el desarrollo de la inteligencia artificial, hay mucha gente que visualiza un futuro en que todas las gestiones de nuestra sociedad, desde la dirección de empresas, las compras y ventas, hasta el sistema judicial y la recaudación de impuestos, serán dirigidas por programas de algoritmo sin ninguna intervención humana. En la vida cotidiana, tampoco hará falta que tomemos ninguna decisión, porque un algoritmo lo hará todo por nosotros.
Yo tampoco veo muy factible este mundo, porque los seres humanos necesitamos sentir tener control en nuestra vida. Nos gusta tomar decisiones, resolver problemas y enfrentarnos a retos, tanto físicos como intelectuales. Los algoritmos nos podrán asistir en tomar decisiones, pero no las tomarán para nosotros. Acerca de organismos como empresas, instituciones y estados, no hay duda que los algoritmos harán un porcentaje cada vez más grande del trabajo, pero siempre habrá algunos humanos controlando, o al menos vigilando, los procesos más claves. Porque al fin y al cabo, necesitamos sentir que seremos nosotros, los humanos, que tengamos la última palabra.

Hipótesis 6: la fusión del hombre con la máquina

Otra hipótesis muy popular es que en el futuro todos tendríamos integrado desde el nacimiento componentes no-orgánicos en nuestro cuerpo, que nos ayudarán a agudizar los sentidos, fortalecer los músculos  y aumentar la capacidad intelectual. Es decir, todos seremos seres biónicos.

Esta realidad todavía no la veo muy probable en el futuro previsto porque la mayoría de la gente rechazará la idea de introducir componentes no-organicos en la profundidad de su cuerpo, aunque le dará poderes especiales. Lo que sí que veo más factible es cuando las personas envejecen, irán sustituyendo un órgano real con otro biomecánica, hasta que no les quedará ni un órgano original de su cuerpo salvo su mente.

Hablando de actualizaciones en el cuerpo humano, veo más futuro en la edición genética. Con activar y desactivar ciertos genes, se eliminan enfermedades, regeneran células dañadas y se extienden la juventud. Pero el cuerpo humano permanecerán como una entidad 100% orgánica, compuesta por los mismas órganos con los que ha nacido.

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Escena de la novela gráfica “Metal Made Flesh”

Hipótesis 7: las diferencias culturales entre naciones y pueblos desaparecerán

Si la tendencia de la globalización continua, acelerada por el Internet, hay gente que opina que dentro de 2 o 3 generaciones, todos los pueblos y países de todos los continentes pertenecerán a la misma cultura global. Por supuesto, ya no existirán diferencias entre ingleses, alemanes, rusos, egipcios, keniatas, senegaleses, indios, chinos, vietnamitas y peruanos. Todos hablaremos el mismo idioma, escucharemos la misma música, comeremos la misma comida y sentiremos como parte de la misma identidad mundial.

No hay duda que la diferencia cultural entre países se ha reducido durante los últimos años, pero creo que el día cuando realmente llegasemos a la situación que ya no se distingue entre China, Francia y Kenia, nuevas diferencias culturales se inventarán. Porque por naturaleza, los seres humanos necesitan crear grupos identitarios para distinguir entre “los nuestros” y “los otros”. Y la forma más directa de marcar esta diferencia es a través de la idiosincrasia, como la forma de vestir, el idioma/acento, el aspecto físico, la religión, la gastronomía, la música que escucha o el modo de vida que lleva.  Quizás en un mundo futurista, las diferencias culturales ya no dependerán tanto de la geografía, sino más de ideología o identificación voluntaria de cada uno.

En mi opinión…

A pesar de que la cultura, la tecnología y la educación pueden modificar ciertos comportamientos, hay determinados instintos humanos que son productos de millones de años de evolución, que se pueden canalizar, pero no eliminar, como el sentido de “yo” ligado tanto a la mente como al cuerpo, la pertenencia a un colectivo, la necesidad de sentir en control de nuestro destino, la cercanía física con otros seres humanos, la propiedad personal, y la alegría de disfrutar de una conversación, de la buena música, del ejercicio físico y del sexo.

No tengo ni idea de en qué tipo de sociedad vivirán nuestros descendientes a finales del siglo XXI, pero estoy seguro que será en una en que las necesidades básicas emocionales de los seres humanos seguirán siendo las mismas de siempre.

Conceptos modernos que surgieron a raíz de la revolución industrial

18 Jul

Si un campesino romano de la provincia en Galia se hubiera quedado dormido en el tiempo de Cristo y se despertó 1780 años después en la víspera de la revolución francesa, se encontraría en un mundo donde la gente hablaba un idioma incomprensible y se vestía con una moda extraña, pero en general, las condiciones de vida, los medios de subsistencia, la tecnología cotidiana y la vida social le resultarían bastante familiares. Pero si un campesino francés de 1780 se hubiera quedado dormido y se despertó en el año 2015, se encontraría en un mundo tan ajeno a lo suyo que probablemente se volvería loco.

Durante milenios, la vida de campesinos había cambiado poco

Durante milenios, la vida de campesinos había cambiado poco

¿Por qué para la vida de un campesino medio, en los últimos 200 años había sucedido más cambios que en los últimos 2000 años anteriores? Uno de los mayores factores es la industrialización.

Cuando oímos la expresión “revolución industrial”, la idea que suele venir a la mente son fábricas con chimeneas, trenes, ferrocarriles y barcos de vapor, pero en realidad, los cambios no sólo han sucedido en el ámbito tecnológico, sino también en la mentalidad popular, ya que muchos conceptos que tenemos ahora sólo han existido durante los últimos 200 años, a causa de la industrialización. En este artículo quiero hablar de cinco de ellas.

Ciudad industrial

Ciudad industrial

La fusión entre la ciencia y tecnología

Estamos acostumbrados de escuchar las palabras “ciencia” y “tecnología” siempre juntas. Es verdad que a día de hoy cualquier avance en ciencia, sea en el ámbito de física, química o biología, siempre trae consigo avances tecnológicos que benefician nuestra calidad de vida. Por eso los gobiernos y empresas inviertan tanto en la investigación científica.

Sin embargo, este fenómeno es relativamente reciente. Antes de la revolución industrial, los instigadores de la mayoría de los avances tecnológicos no eran los científicos, sino los artesanos. Los barcos del siglo XVIII podían viajar mucho más lejos, más rápido y llevar más tripulantes que los del siglo X, pero la evolución fue fruto de un largo proceso de prueba y error por parte de los constructores de barcos, no porque algún científico había realizado una investigación con el propósito para crear un modelo más avanzado. Lo mismo sucedió con la agricultura, los carros de caballo, las armas, la medicina y las técnicas de construcción.

Produciendo acero en China, 1600s.

Produciendo acero en China, 1600s.

La idea de que “el futuro va a ser mejor”

Muchas veces se oyen padres decir a sus hijos frases como: “cuando seáis mayores, los coches ya se conducirán solos”. Todos tenemos la idea de que la constante innovación tecnológica va a producir mayores avances en la calidad de vida para las futuras generaciones, y de ahí surgió el género de ciencia ficción.

Sin embargo, este concepto también es relativamente reciente, que refleja una realidad que más o menos ha sido vigente desde el siglo XIX. Pero antes de la revolución industrial, la gente solía imaginar un futuro idéntico al presente, porque la tecnología y la sociedad cambiaba tan lento que nadie se daba cuenta. Por ejemplo, los autores de ciencia ficción durante los años 50 imaginaban a sus nietos viviendo en colonias espaciales y caminando sobre agua, pero en 1500, hasta las mentes más creativas imaginaban a sus tataranietos viviendo una vida con poca diferencia que la suya.

El "futuro" imaginado durante 1900

El “futuro” imaginado durante 1900

 La “propiedad intelectual” se convierte en un concepto universal

Durante siglos y milenios, algunos inventos, como el papel y la tinta, se atribuían a algún nombre, otros, como la brújula y la técnica de producir acero, se perdieron en el tiempo, pero pocos inventores exigieron un porcentaje de la renta de quién utilizaba su invento con fines comerciales. En muchas culturas la idea podría resultar hasta ridícula. Aunque algún concepto primitivo de patente había existido desde la antigua Grecia, su aplicación era muy limitado.

Pero después de la época industrial, como muchos nuevos inventos resultaron tan económicamente rentables, los inventores empezaron a exigir un porcentaje de la renta como reconocimiento de su contribución intelectual. Desde ahí, los estados empezaron a escribieron miles de leyes para proteger los derechos de autor. En otras palabras, ser “inventor” se ha convertido en un negocio en si mismo. A día de hoy, ya damos por sentado que quién inventa debe recibir la compensación económica merecida, aunque hasta qué punto sigue siendo un debate muy polémico.

Si Leonardo da Vinci hubiera patentado sus inventos...

Si Leonardo da Vinci hubiera patentado sus inventos…

El tiempo es una entidad absoluta y cuantificable

Ahora solemos medir el tiempo hasta el minuto y segundo. Tanto en el ámbito laboral como social, cuando dices a las 18:15 significa a esta hora exacta, y 18:15 se refiere al mismo momento en Madrid, Barcelona, París, Berlín, o cualquier lugar dentro de la misma franja horaria.

Antes de la revolución industrial, el tiempo era solamente una aproximación y se medía según los acontecimientos que sucedían. Por ejemplo, un carro que llevaba pasajeros de Barcelona a Zaragoza no tenía una hora fija de salida, sino salía cuando todos los asientos estaban ocupados. Tampoco existía el sentido de “horario laboral” y “horario de ocio”. Durante la época de siembra los campesinos pasaban todas las horas de luz sembrando y durante la época de cosecha pasaban todas las horas de luz cosechando. Los artesanos, cuando tenían encargos, se dedicaban todo su tiempo libre para realizarlos y solo paraban cuando los hubiesen acabado. Las fiestas se terminaban cuando la gente se cansaba de comer, beber, festejar y bailar. Algunas podían durar horas, otras varios días.

Incluso cuando muchos pueblos tenían instalados relojes mecánicos, la hora de cada lugar no solían coincidirse. Mientras que el reloj del ayuntamiento de Madrid apuntaba a 10:00, lo de Toledo podía estar apuntando a las 10:20 y lo de Gijón a las 9:30. La unificación de horarios se llevó a cabo después de haber construido ferrocarriles que unificaban a todas las poblaciones importantes.

El tiempo de cada pueblo se unificó con la llegada de los trenes

El tiempo de cada pueblo se unificó con la llegada de los trenes

La austeridad ya deja de ser una virtud

Desde la edad de hierro hasta el siglo XVIII, los medios de producción, tanto en la agricultura como en la industria, cambiaron poco. El valor total de la economía mundial solo dependía de un factor: la población. Es decir, la renta per capita había permanecido constante durante siglos y milenios. Después de la revolución industrial, con las constantes innovaciones tecnológicas, la productividad por trabajador empezó a crecer de modo constante. Se estima que a finales de siglo XX, la renta per capita a nivel mundial era 4 veces mayor que en 1900.

Si la economía preindustrial fuera comparable con un pastel de tamaño fijo, no sería de sorprender que la austeridad era considerado una virtud en casi todas las culturas y religiones, porque la única manera de hacerse rico era hacer pobre a otros; si cada uno consumía menos, todos tendrían un trozo del pastel. Esta moralidad, sin embargo, ya no es aplicable a la economía posindustrial, donde el motor del crecimiento económico es precisamente el consumismo. Cuánto más compras, más estimulas la economía y más dinero facturan las empresas para financiar proyectos de innovación tecnológica que a su vez generarían más necesidades de consumo. En otras palabras, el tamaño del pastel crece a medida con la cantidad de consumo.

No sabemos hasta qué punto este ciclo de constante crecimiento sea sostenible por temas de medio ambiente, pero hasta el día de hoy, el consumismo obligatorio sigue muy vigente y no tiene pinta de cambiar en el futuro previsto, salvo si produce alguna catástrofe ecológica.

La austeridad era una virtud en todas las culturas preindustriales

La austeridad era una virtud en todas las culturas preindustriales

Otros cambios en la sociedad

A parte de los cinco mencionados, la revolución industrial también trajo consigo otros cambios tanto en la política como la sociedad, como el concepto del estado-nación, la imposición del individualismo sobre el comunitarismo, la seguridad social, las fronteras y ciudadanía como conceptos absolutos, la decadencia de los caciques locales…., pero la causa-efecto es menos directo y quizás algún día dedicaré otro post para hablar sobre ello.