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Los orígenes del populismo y sus peligros

6 Abr

Voy a empezar este artículo hablando de uno de los personajes históricos que más admiro: Tiberio Graco. Para conocer los detalles, podéis ver este video de un documental dramatizado de la BBC. Pero aquí cuento una versión muy resumida de su historia.

Antes de que Roma se convirtió en el imperio que todos conocemos, era una república gobernada por un senado, formado por 500 miembros de la élite social. Los ciudadanos de a pie podían participar en decisiones políticas a través de asambleas de la plebe, presididas por tribunos, pero el senado tenía el poder de vetar sus propuestas.

La mayoría de los ciudadanos romanos de la época (siglo V – II a.c.) eran campesinos propietarios de pequeñas granjas. Todos tenían el derecho de votar y la obligación de prestar servicio militar. Esta clase media de campesinos-soldados formaba la base de la sociedad republicana y la fuente de estabilidad social. Sin embargo, durante el siglo II a.c. la situación empezó a cambiar. La expansión colonial por nuevas tierras en Hispania, Galia y África hizo alargar las campañas militares. Los soldados, que antes pasaban solamente unos meses fuera de casa, ahora se ausentaban durante varios años, y muchos nunca volvieron.

Asamblea plebeya

Asamblea plebeya

Al estallar la tercera Guerra Púnica, muchas familias campesinas tenían todos los hombres de edad militar en el ejército. Con solo mujeres, niños y ancianos atendiendo el campo, muchas se arruinaron y tuvieron que vender su tierra a un precio muy barato a los especuladores. Los soldados, al volver de las campañas militares, descubrieron que sus granjas familiares habían desparecido. Sin hogar ni medios para ganarse la vida, acabaron en Roma malviviendo en la calle, formando una clase marginal cada vez más numerosa.

En la adquisición de tierras de campesinos arruinados, los especuladores habían encontrado un negocio cada vez más lucrativo. Cuanto más territorio conquistaban en el extranjero, más hombres podían llamar a filas, más familias se arruinarían y más tierras se podrían comprar a precio barato. En pocos años, el paisaje agrario había transformado de forma radical: las granjas familiares de toda la vida habían desparecido, sustituidas por grandes latifundios de terratenientes poderosos, trabajados por esclavos capturados de las conquistas extranjeras.

Algunos tribunos de la plebe habían exigido soluciones a esta creciente desigualdad, pero el senado, dominado por los lobbies de especuladores y terratenientes, ignoró las peticiones. A la mayoría de los tribunos les sobornaron, y a los más revolucionarios les destituyeron directamente, poniendo en su lugar a marionetas.

Barrio popular en la antigua Roma

Barrio popular en la antigua Roma

Tiberio Graco era el hijo de una familia acomodada, pero gracias a la educación de su madre, desde muy joven había poseído un fuerte sentido de justicia social. Regresó de la tercera Guerra Púnica como un héroe nacional por ser el primer soldado en escalar los muros durante el asedio de Cartago, y aprovechando su prestigio social, decidió dedicarse a la política presentándose como tribuno de la plebe.

En la asamblea de la plebe, Graco propuso una serie de reformas agrarias, subiendo impuestos a los ricos, persiguiendo el fraude fiscal y dando al estado el poder de apropiar terreno de latifundios que habían superado 125 hectárea, para redistribuirlo entre los más necesitados; también propuso un sistema rudimentario de la seguridad social para asegurar el bienestar básico de los ciudadanos con menos medios. Sus propuestas fueron bien recibidas por la plebe, pero no sentaron muy bien en el senado porque amenazaron los intereses de la élite.

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Gracias a su carisma, excelente poder oratorio y lenguaje callejero, logró ganar el corazón de las masas. Cuando el senado intentó vetar sus propuestas, Graco llamó a la desobedencia masiva en un acto parecido a una huelga general, con docenas de miles de seguidores tomando las calles, cerrando mercados, templos y paralizando toda la ciudad hasta que el senado aprobase sus propuestas. Era la primera vez que una ley se aprobó no por la votación en el senado, sino por la movilización de las masas. Era un acto anticonstitucional, pero la única manera de imponer la voluntad del pueblo.

Hasta el día de hoy, los historiadores aún discuten sobre las verdaderas intenciones de Graco. Algunos lo consideran un revolucionario idealista motivado por el compromiso social con los más desfavorecidos, otros lo descalifican como un oportunista que manipuló a las masas con discursos demagogos para conseguir el poder personal. La verdad nunca se pudo saber, porque dos años después de la aprobación de su reforma agraria, él murió asesinado por matones contratados por los terratenientes.

La muerte violenta de Tiberio Graco

La muerte violenta de Tiberio Graco

Tras su muerte, sus seguidores formaron un partido político, los populistas, que defendían los derechos del pueblo, frente a los optimates, que defendían los intereses de la élite senatorial. Aunque las reformas sociales de Graco eran totalmente legítimas, muchos de sus sucesores no tuvieron motivos tan legales. Aprovechando la rabia y la desesperación de la clase proletaria, hacían discursos incendiarios para provocar el odio hacia la élite senatorial, mientras elogiaban a los pobres con pan y circo. La lucha entre los partidos se convirtió en un juego de poder entre los que pretendían dominar la sociedad desde arriba con dinero y influencia, y los que pretendían dominar la sociedad desde abajo con la manipulación de las masas.

Tras varias décadas de revueltas populares, violencia callejera, golpes militares y guerras civiles, los populistas ganaron, e irónicamente, sus líderes se convirtieron primero en dictadores y luego en emperadores, acabando con el régimen republicano para siempre.

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

El ejemplo de Roma se ha repetido varias veces durante toda la historia. Durante los siglos XIX y XX, muchos políticos, entre ellos Napoleón, Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini Juan Perón, Hugo Chavez…, habían llegado al poder dominando la sociedad a través de la movilización de las masas. A día de hoy, el populismo está volviendo a ganar pulso en Europa y América, tanto los de izquierda como los de derecha.

Los populismos suelen ganar terreno cuando hay un sentido de indignación general entre los ciudadanos, que no sienten representados por ningún partido político tradicional. Igual que en la asamblea de Graco, es una manera de expresar el verdadero sentimiento del pueblo, muchas veces ignorado por la élite política. Aunque inicialmente las causas pueden ser totalmente legítimas, cuando se juntan cientos de miles de ciudadanos enfadados, podría convertirse en una masa fácilmente manipulable como los hinchas de un partido de futbol, que en vez de buscar soluciones, buscan un chivo expiatorio para linchar. Los políticos oportunistas aprovechan esta ocasión para prometer soluciones milagro a problemas complejos y señalar a un colectivo, normalmente uno fácilmente identificable, como el culpable de todo.

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de izquierda tienden a hacer discursos para provocar el odio hacia la elite socioeconómica; los populistas de derecha suelen despertar los sentimientos nacionalistas, promoviendo el orgullo patriota y echando la culpa de todos los males de la sociedad a extranjeros o minorías étnicas y religiosas. Pero ambos juegan con el lado sentimental, en vez de racional, de los ciudadanos, simplificando situaciones muy complejas en una lucha entre “ellos”, los malos, contra “nosotros”, los buenos.

Tradicionalmente, la comunidad judía en Europa y la diaspora china en Asia, por ser minorías étnicas económicamente destacadas, solían convertirse en el chivo expiatorio de todos los populismos. Por eso, a pesar de que Tiberio Graco siempre será uno de mis ídolos por su valentía, principios y compromiso social, tengo una fuerte desconfianza hacia su legado secundario, el populismo.

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

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El liberalismo: los inicios, la evolución y la corrupción

25 Feb

En España, el “liberalismo” a día de hoy es casi sinónimo al “conservadurismo” o “capitalismo extremo”. Sin embargo, en sus raíces, se trata de una filosofía que defiende unos principios bien distintos. En este artículo me gustaría hablar de la definición original del “liberalismo clásico”, y de cómo la palabra “liberal” ha ido distorsionando de significado a lo largo de los siglos, en distintos países.

John Locke, el fundador del liberalismo

John Locke, el fundador del liberalismo

En sus inicios, el liberalismo surgió durante los siglos XVII y XVIII. Muchos lo atribuyen al filósofo inglés John Locke (1632-1704). En aquella época, se trataba de una corriente política que oponía a la monarquía absoluta y el sistema feudal, luchando a favor de un estado laico y democrático, donde todos los individuos, independiente de su procedencia, edad, sexo, clase social o religión, disfrutaban los mismos derechos y las mismas libertades.

La filosofía central del liberalismo era que el individuo (en contraposición a la familia, pueblo o patria) formaba el pilar fundamental de la sociedad, y que cada uno era solamente responsable por sus propios actos. Bajo esos principios, lucharon contra la esclavitud, la aristocracia hereditaria, la religión del estado o cualquier persecución por motivos de raza, nacionalidad o religión. También reivindicaban la libertad económica, por lo tanto que los intereses de unos no perjudicaban los derechos básicos de otros, y que la propiedad privada siempre estuviera adquirida por el propio esfuerzo de cada individuo.

El liberalismo clásico jugó un papel importante en la revolución francesa, la revolución gloriosa y la guerra de independencia de EEUU, en una lucha de sustituir los privilegios hereditarios con un sistema de meritocracia.

Caricatura del siglo XVIII de la política británica: Conservadores vs Liberales

Caricatura del siglo XVIII de la política británica: Conservadores vs Liberales

Después de la revolución industrial, muchos liberales se concienciaron de la emergente desigualdad en las ciudades, dándose cuenta de que la libertad individual y la meritocracia sólo tenían sentido cuando se implantase en una sociedad donde había justicia social e igualdad de oportunidades. De ahí, surgió una nueva corriente de liberalismo social que aparte de defender la libertad individual, también reivindicaba el papel de estado de garantizar el bienestar básico de sus ciudadanos. Esos activistas fundaron los primeros sistemas de educación y sanidad pública, que se convirtieron en los pilares del estado de bienestar. La voz más destacada de esta corriente de liberalismo era el británico John Maynard Keynes.

John Maynard Keynes, el padre del liberalismo social

John Maynard Keynes, el padre del liberalismo social

Durante siglos, los liberales eran la principal facción política en contra de los conservadores, hasta que aparecieron los primeros sindicatos que formaron los partidos socialistas. A principio, los liberales y socialistas compartían muchas reivindicaciones, como el estado laico, la democracia representativa, la educación y sanidad pública, la legalización del divorcio, el derecho a aborto y la igualdad de sexos, pero la principal diferencia era que los socialistas nacieron a raíz de la negociación colectiva de trabajadores con el patronal a través de los sindicatos, algo que los liberales consideraron una supresión a la libertad individual.

En países como el Reino Unido surgió un sistema de 3 partidos: los conservadores de derecha, los liberales del centro, y los laboristas de la izquierda.

En el siglo XX, el socialismo sustituyó al liberalismo como la voz del pueblo

En el siglo XX, el socialismo sustituyó al liberalismo como la voz del pueblo

Durante el siglo XX, los dos enemigos principales del liberalismo eran el fascismo y el comunismo, porque ambos reivindicaban la importancia del colectivo (estado, partido, clase social, raza, religión o patria) sobre del individuo. Tanto el partido bolchevique de la URSS como el partido nazi alemán persiguieron a los liberales. En España, muchas reformas de la II república se basaban en principios liberales, sobre todo en el terreno de la educación, la política territorial, la expresión cultural y los derechos de la mujer, pero al estallar la guerra civil, la sociedad se fracturó entre la extrema derecha y la extrema izquierda y los liberales se quedaron olvidados, marginados y perseguidos, tanto por un bando como por otro.

Los liberales opusieron el comunismo por su filosofía colectivista

Los liberales opusieron el comunismo por su filosofía colectivista

A finales de siglo XX surgió una nueva corriente de liberalismo, que al contrario al liberalismo social del principio del siglo, ponía énfasis en la libertad económica. Los proponentes más radicales eran Margaret Thatcher del Reino Unido y Ronald Reagan de EEUU, que redujeron los impuestos y levantaron muchas regulaciones del estado con el fin de fomentar el consumo e incentivar las actividades económicas. Aquellos liberales, denominados “neoliberales”, defendían el desmantelamiento del estado de bienestar.

El Thatcherismo tenía como prioridad fomentar el consumo

El Thatcherismo tenía como prioridad estimular la economía a través del consumo

En España, la palabra “liberalismo” desapareció del vocabulario político después de la Guerra Civil y reapareció en los años 90 con el auge del neoliberalismo en el Reino Unido y EEUU. Entonces, la palabra se ha convertido en un eufemismo para las políticas de la derecha. Irónicamente, muchos de los políticos y medios que pretenden ser “liberales” son en realidad “conservadores”, ya que defienden la monarquía y la unidad de España por encima de la libertad de expresión de los ciudadanos, hacen apología de la dictadura franquista (un régimen totalmente contrario a cualquier clase de liberalismo) y justifican la explotación de trabajadores de las empresas multinacionales. La clase de libertad que reivindican con más fervor es la libertad económica de las grandes empresas, que en principio, va totalmente en contra de la filosofía de John Locke, que reivindicaba la libertad como una condición aplicable solamente para el individuo, nunca para un colectivo.

Sin embargo, en otros países siguen habiendo partidos liberales que defienden las causas originales, como lo del Reino Unido y Canadá. Aparte de estimular las actividades económicas, también defienden una sanidad y educación pública de calidad, la inmigración libre, la decriminalización de las drogas blandas, la regularización de la prostitución, el matrimonio gay, la igualdad de sexos, el derecho de las minorías étnicas/religiosas/lingüísticas, y todas clases de libertades individuales por lo tanto que no violan las libertades de los demás.

Ministros del Partido Liberal, Canadá

Ministros del Partido Liberal, Canadá

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Las ideologías políticas – más compleja que izquierda-derecha

7 Jun

Durante el último siglo, la división política en la mayoría de los países democráticos ha sido por el eje de izquierda-derecha. La izquierda generalmente ha sido asociado a lo económicamente proteccionista y socialmente liberal mientras la derecha la sido asociado generalmente a lo económicamente liberal y socialmente conservador.

En la época pos-industrial, creo que esta vieja clasificación de ideologías políticas ya se ha quedado algo obsoleto, porque dentro de lo que llamamos “izquierda” y “derecha” existe varias corrientes distintas, casi tan distanciadas unas a otras que pueden pertenecer a partidos opuestos.

Dicen a partir de la revolución francesa de 1968, nació una nueva corriente de "izquierda" - los progresistas.

Dicen a partir de la revolución francesa de 1968, nació una nueva corriente de “izquierda” – los progresistas.

 

En mi opinión, he identificado las siguientes ramas ideológicas:

1. Los conservadores “clásicos”

Estos incluyen a la gente moralmente conservador; gente que defiende a las tradiciones, a las viejas normas sociales y a la clásica identidad de su nación. Suelen ser muy patriotas, que toman el orgullo y la integridad de su país como algo personal. En España, Francia y EEUU, suelen oponer todo lo que puede provocar un cambio en las viejas normas sociales, como el matrimonio gay, el aborto, el separatismo regional y la sociedad multicultural. Económicamente, suelen ser bastante proteccionistas hacía todo lo que es “nacional”: empresas nacionales, productos nacionales, y los puestos de trabajo para “nacionales” primero. Por eso, suelen pronunciarse en contra de la globalización económica y el capitalismo mundial, excepto cuando su país es el principal benefactor.

Las ideas de la derecha de La Falange se distancia bastante de la derecha neo-liberal

Las ideas de la derecha de La Falange se distancia bastante de la derecha neo-liberal

2. Los capitalistas liberales

Estos son los seguidores de la ideología de Thatcher, que creen que una economía de mercado libre sin ningún tipo de intervención estatal es la clave del bienestar del país. Suelen pronunciarse a favor de la privatización de todo lo que es público, dejando la sanidad, la educación y todo el sistema de transporte en manos de grandes empresas, a cambio de que los ciudadanos paguen menos impuestos para disfrutar de un mayor poder adquisitivo. Moralmente son muy diversos, desde gente muy conservadora hasta gente bastante abierta y cosmopolita, pero en general, son partidarios de una sociedad capitalista, globalizada, consumista, donde la libertad de cada uno para gastar el dinero como quiera se quede encima del resto de los derechos humanos.

Thatcher, el icono del liberalismo económico

Thatcher, el icono del liberalismo económico

3. Los “sociodemócratas” y “socioliberales”. 

Este grupo de gente cree en la economía de mercado libre, pero al mismo tiempo también cree que el estado debería garantizar los derechos mínimos de sus ciudadanos, como un sistema de educación, sanidad y transporte público de calidad, una pensión de jubilación y beneficios sociales para los desempleados. Moralmente también son muy diversos, pero generalmente son más moderados en temas de religión, cultura e identidad nacional.

4. Los “socialistas clásicos”

Estos son los herederos de las luchas sindicales del principio de siglo XX, que identifican a los empresarios como explotadores de la clase trabajadora, y que la única forma en que las clases desfavorecidas puedan hacerse frente a los grande poderes económicos es a través de la asociación sindical y la huelga. A parte de reivindicar un sistema de sanidad, educación y transporte público de calidad, también albergan por la nacionalización de todas las industrias estratégicas, tanto como la banca. Por eso, se pronuncian a favor de un estado fuertemente intervencionista que pone el bienestar de los trabajadores por encima del crecimiento económico. Moralmente son muy diversos, desde bastante conservadores a muy abiertos, pero valoran los derechos más que la libertad.

El socialismo clásico nació en la lucha obrera durante la industrialización.

El socialismo clásico nació en la lucha obrera durante la industrialización.

5. Los “progresistas”

Es un movimiento relativamente nuevo que nació a partir de los años 60. Luchan por la protección de los derechos de las minorías étnicas, culturales y sexuales y la igualdad de sexos, tanto como la conservación del medio ambiente y un trato digno a los animales. Se distinguen de la “izquierda clásica” en que valoran fuertemente la libertad individual, como la libertad de movimiento, de aborto y de llevar un estilo de vida alternativa sin sufrir persecución ni acoso. Moralmente, muchos son partidarios del amor libre, la legalización de las drogas blandas, la inmigración libre, la sociedad multicultural, la agricultura ecológica, y el uso de bicicleta en lugar de vehículos de motor.

EQUO, el partido "progresista" actual en España, hizo la campaña electoral en bicicleta.

EQUO, el partido “progresista” actual en España, hizo la campaña electoral en bicicleta.

En general, la gente cuyas ideas caen en 1 y 2 suelen votar partidos de derecha a pesar de que sean ideas bastante opuestas, mientras gente de 4 y 5 suelen votar la izquierda, y los de 3 están divididos entre el centro-derecha y el centro-izquierda, dependiendo de la situación económica y las políticas que proponen.

Yo, personalmente, diría que:

* 4 es el opuesto de 2

* 5 es el opuesto de 1

* Pero 1 y 4 pueden ser compatibles, y algunos régimenes políticos, como lo de Juan Perón en Argentina y muchos populismos latinoamericanos, son precisamente una mezcla entre estas 2 ideologías.

* En España, el PP representa una mezcla de 1, 2 (y algo de 3), PSOE representa 3. Entre los otros partidos, IU y Podemos representan una mezcla de 4, 5; Equo representa una mezcla de 3, 5

* En EEUU, donde nunca hubo un movimiento socialista obrero tan fuerte como en Europa, 3 y 4 prácticamente no existen. Por las políticas actuales, el Partido Republicano representa una mezcla entre 1 y 2, mientras el Partido Demócrata representa una mezcla de 2 y 5.