La causa feminista más prioritaria, según mi opinión

4 Mar

Durante los últimos años el feminismo se ha vuelto a poner de moda. Sin embargo, el movimiento está tan dividida entre corrientes distintas que a parte de que todas pretenden conseguir la igualdad entre los sexos, la interpretación de la igualdad y las maneras de lograrlo pueden ser totalmente opuestas.

Temas como el acoso sexual, la cosificación de la mujer, la violencia de género, y el uso del lenguaje inclusivo dominan los debates de las redes sociales. Las últimas polémicas acerca de la prohibición de las azafatas de Fórmula 1 y el vestido de Jennifer Lawrence dejan en evidencia que algunas feministas opinan que cualquier vestimenta que sirve para complacer el deseo sexual masculino victimiza la mujer, a pesar de que la mujer lo ha puesto voluntariamente. Otras corrientes intentan conseguir el empoderamiento femenino a través de espacios no-mixtos: colegios femeninos, empresas femeninas, clubes sociales femeninos, servicios comerciales solo para mujeres etc., como si separando los sexos todas las injusticias se resolvieran solas. También hay corrientes que pretenden convertir hombres y mujeres en clones, que piensen, se comporten y se vistan de forma idéntica, negando la existencia de diferencias biológicas y calificando cualquier manifestación de masculinidad o feminidad como actitudes machistas.

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Como se viste cada mujer es una cuestión de preferencia personal. (Foto: Daniel Rodriguez Villa)

Desde mi punto de vista, cualquier movimiento que pretende defender los derechos de un colectivo, lo primero que tiene que hacer es reconocer la diversidad dentro de dicho colectivo, y centrar las reivindicaciones en causas que benefician a todos. Aplicando este criterio, las corrientes de feminismo que dictan a las mujeres cómo deben vestirse, qué hacen con su cuerpo, cómo relacionarse con hombres, cómo hacer el amor, cómo hablar o cómo bailar etc.,  no están luchando para el bien de todas las mujeres, sino imponiendo sus propios criterios en un colectivo diverso.

Según mi criterio, las causas que beneficiarán la vida a todas las mujeres incluyen a:

  1. Convertir el mundo en un lugar más seguro para ellas
  2. Luchar contra la discriminación sexual en el ámbito laboral

Para el primero, el plan de corto plazo es aportar más medios para prevenir agresiones sexuales y denunciar los sucesos; el plan de medio-largo plazo es educar en el respeto y la igualdad.

Para el segundo, antes de proponer medidas, es necesario investigar la verdadera causa detrás de la desigualdad en el mundo laboral.

A día de hoy, hombres y mujeres tienen los mismos derechos en la mayoría de los países democráticos, aunque en la vida real, la mayoría de los puestos de poder, tanto en el mundo empresarial como en la política, siguen siendo ocupados por hombres. Este desequilibrio de poder puede ser la principal causa de muchas formas de injusticias, desde el acoso sexual en el trabajo hasta la desigualdad salarial y la discriminación laboral. ¿Pero por qué tan pocas mujeres acceden a puestos de poder? Según varios estudios, uno de los principales obstáculos es la maternidad.

Tanto en Norteamérica como en Europa, durante los primeros años de la vida laboral, no se observa una notable diferencia entre el salario y promoción profesional entre hombres y mujeres. Pero desde el momento que una mujer tiene un hijo, su nivel de ingreso se estorba y su carrera profesional se estanca, mientras el salario y carrera profesional de un hombre no se ve afectado. 10 años después, la brecha se ha agrandado tanto que la mayoría de los puestos mejor remunerados son ocupados por hombres, o por mujeres sin hijos.

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Hombre profesional y mujer ama de casa

¿Por qué la maternidad es tan perjudicial para la carrera profesional de una mujer, pero no lo es tanto para la de un hombre?

Por un lado, las diferencias biológicas importan. Como la mujer es la que se queda embarazada, da a luz, amamanta y sufre mayores cambios hormonales, es lógico que siente un vínculo mucho más estrecho con el crío. Por otro lado, la cultural empresarial también tiene mucho la culpa. Hasta hace pocas generaciones, era solo el hombre que trabajaba mientras la mujer se quedaba en casa cuidando los hijos. Las empresas había orientado el horario laboral tomando en cuenta que los trabajadores ya tenían alguien en casa para ocuparse de los asuntos domésticos. Cuando la mujer se incorporó en el mercado laboral, las empresas aún mantienen esta misma política. Pero si tanto el marido como la mujer trabajan jornadas completas, ya no habrá quién se dedique al cuidado de los hijos como las madres de antes. Debido al instinto maternal, suele ser la mujer quien coge la excedencia laboral o reducción de jornada, sacrificando su carrera profesional. En resumen, la mujer se ha adaptado al mundo laboral, pero el mundo laboral no ha hecho el mínimo esfuerzo a adaptarse a la incorporación de la mujer.

No es de sorprender que ser una mujer moderna de éxito se ha convertido en una misión imposible. Por un lado tiene que ser una excelente profesional muy dedicada a su trabajo, por otro lado tiene que ser una madre perfecta. Y en una época donde la imagen importa cada vez más, también tiene que cuidarse la figura y vestirse a la moda para conservar la belleza y la feminidad.  Sin embargo, a los hombres, la sociedad les sigue exigiendo con el mismo canon de siempre: trabajar y llevar un sueldo a casa.

Así que, en mi opinión, una de las causas más importantes de la lucha feminista es revolucionar la cultura empresarial para que la maternidad no perjudique la carrera profesional de las mujeres.

¿Cómo se consigue eso? Flexibilizar los horarios, facilitar más medios de trabajar desde casa, y valorar los trabajadores por el resultado en vez de las horas de presencia. Cuando una pareja tiene un hijo, tanto él como ella tiene que coger una baja de paternidad/maternidad obligatoria de 9 meses, y posteriormente, una reducción de jornada obligatoria para ambos durante 5 años.

A día de hoy, la productividad económica tiene cada vez menos relación con las horas de presencia, y los empleados que trabajan más a gusto aportan más a la empresa. Varios estudios han demostrado que a medio-largo plazo, las empresas que respetan más las bajas de maternidad y paternidad rentan más que las que no. Lo mismo pasa con las que tienen más mujeres en puestos de dirección. Así que luchar por la igualdad de género en el ámbito profesional no es ninguna caridad, sino aprovechar de una gran fuente de talento que nuestra cultura empresarial ha ignorado.

Fuentes:

Paid parental leave is actually great for business

https://politica.elpais.com/politica/2018/03/02/actualidad/1520006491_549539.html

https://www.vox.com/2017/9/8/16268362/gender-wage-gap-explained

https://www.cnbc.com/2018/03/02/why-companies-with-female-managers-make-more-money.html

https://work.qz.com/1206224/what-women-give-up-in-salary-and-promotions-when-they-have-a-baby/

 

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La paradoja de la nueva izquierda y las políticas identitarias

26 Ene

Las políticas de izquierda surgieron en el siglo XIX, a raíz de la industrialización y la emergencia de la clase obrera. Durante esa época, las reivindicaciones eran sobre todo económicas, para conseguir mejores condiciones laborales y mayor redistribución de riqueza a través de movilizaciones colectivas. Aunque las organizaciones de izquierda ya se dividían entre distintas corrientes, las principales, como el socialismo, comunismo y anarquismo, reivindicaban la solidaridad internacional, en que obreros de distintas nacionalidades deberían unirse en la lucha de clases.

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Internacionalismo soviético

Nacionalismo vs socialismo a principios de siglo XX

Durante finales de siglo XIX y principios de XX, los sentimientos nacionalistas se extendieron por toda Europa. En imperios multiétnicos como el austro-húngaro, ruso y otomano, cada grupo étnico luchaba por su derecho de autogobierno, reivindicando la solidaridad entre personas que compartían el mismo idioma, religión y origen racial, excluyendo a los diferentes. En ciudades cosmopolitas como Viena, Budapest, Odessa y Constantinopla, el efecto de los nacionalismos era especialmente venenoso, ya que las distintas identidades culturales luchaban cada una por los suyos, tachando a los otros como rivales o enemigos, así creando enfrentamientos entre amigos y vecinos de toda la vida.

Los partidos de izquierda, sin embargo, opusieron ferozmente a todos los nacionalismos. Contrariando el típico discurso de que “los otros nos quitan el trabajo”, los sindicatos reivindicaron que obreros de todas las culturas, colores y lenguas tenían mucho más necesidades en común que las diferencias en idiosincracia. Gracias a este efecto integrador, ciudades industriales como Londres, Glasgow, París, Barcelona y Marsella eran capaces de absorber millones de trabajadores de un crisol de culturas y nacionalidades sin sufrir grandes brotes de xenofobia o conflictos interétnicos.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, casi todos los nacionalismos eran de derechas. Tanto para los marxistas como para los sociodemócratas, identidades como la nacionalidad, la lengua, la religión o la raza no eran nada más que divisiones artificiales que la burguesía había inventado para mantener la clase trabajadora dividida.

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La “épica eslava” de Alfons Mucha representa el nacionalismo eslavo

La izquierda cultural posterior de los 60

Sin embargo, durante los años 60 surgió un cambio de rumbo debido a 3 factores.

Primero, en los países occidentales, tras el establecimiento del estado de bienestar después de la Segunda Guerra Mundial, la vida de los obreros se volvió cada vez más acomodada, pero la distribución de riqueza solía llegar solamente a manos de hombres blancos, heterosexuales que no pertenecía a una minoría étnica. Segundo, la generación criada en la posguerra empezó a cuestionar los valores tradicionales como la familia, la patria, la moralidad sexual y los papeles de género, revolucionando la sociedad con la música rock y el amor libre. Tercero, muchas colonias de los imperios europeos en Asia y África lucharon por la independencia, visibilizando las injusticias que habían sufrido durante generaciones a manos del hombre blanco.

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Mayo 68, París

De ahí surgió una nueva izquierda, más cultural que económica, cuya agenda ya no se centraba en la lucha de clases, sino en la emancipación de la mujer, la libertad sexual, la decriminalización de las drogas, la independencia de los pueblos colonizados, la autodeterminación de las minorías culturales, y la erradicación de prejuicios como el racismo, el machismo y la homofobia. Los nacionalismos ya dejaban de ser mal vistos, por lo tanto que reivindicasen la identidad de los colectivos reprimidos. Los protagonistas de esta nueva izquierda ya dejaba de ser los obreros de la fábrica, sino estudiantes y profesores de la universidad.

Los valores de la vieja y nueva izquierda diferían tanto que según relata la autora francesa Virginie Despentes, a pesar de que sus padres y abuelos eran anarquistas y comunistas de toda la vida, se escandalizaron cuando ella se hizo punki.

En la mayoría de los países europeos, los partidos socialistas trataron de integrar a tanto la vieja como la nueva izquierda, pero en EEUU, donde nunca hubo un movimiento socialista muy destacado, el Partido Demócrata abandonó en total la lucha de clases, sustituyéndola con la lucha de las identidades reprimidas.

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Argelinos durante la guerra de independencia

La izquierda cultural y las políticas de identidad en EEUU

Al llegar al siglo XXI, la izquierda cultural en EEUU se radicalizó.

Los activistas en el ámbito universitario dividen el mundo entre dos grupos: los privilegiados y los reprimidos. Los primeros consisten de gente de raza blanca, varones y heterosexuales. Los segundos consisten de gente no-blanca, mujeres, y minorías sexuales. Todas las movilizaciones se organizan alrededor del concepto de identidad: a favor de las mujeres, de los afroamericanos, de la gente no-blanca, de los gays, de los pueblos indígenas, de los dreamers o de los sin-papeles.

Como la constitución estadounidense prohibe hacer leyes que discriminan a ciudadanos por raza y género, los militantes de izquierda tratan de hacer propaganda para crear concienciación de la discriminación cotidiana que sufre miembros de las “identidades reprimidas” y señalar a los culpables para avergonzarlos en público. En el ámbito cultural, tratan de censurar o condenar cualquier película, serie, canción, libro o discurso que puede ofender la sensibilidad de dichos colectivos. En medios progresistas como HuffPost y AJ++, una de las frases más repetidas es white privilege, en referencia a la ventaja social que disfrutan los blancos a la hora de conseguir empleo, alquilar vivienda o recibir un trato más justo por la policía.

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Estudiantes norteamericanos

Paradójicamente, contrario a pioneros de derechos civiles como Martin Luther King que luchaba por la integración racial, la nueva izquierda estadounidense favorece la creación de “espacios seguros” para mujeres y minorías étnicas o sexuales en universidades y empresas, donde miembros de aquellos grupos puedan sentirse seguros sin ser molestados. Ya se están poniendo de moda servicios, negocios, empresas o centros de coworking solo para mujeres, y en los casos más extremos, para mujeres de color. El intercambio cultural también se ha convertido en pecado, ya que cuando una persona blanca adopta un vestimenta, estilo de música o gastronomía de origen no-europeo, le acusan de “apropiación cultural“.

Mientras tanto, ¿qué pasa con la lucha de clases? Los blancos pobres, a pesar de todas las dificultades socioeconómicas que sufren, sienten totalmente ignorados por las políticas identitarias de la nueva izquierda. Me puedo imaginar la rabia que siente un minero desempleado de Pensilvania, padre divorciado con 3 hijos, al escuchar una feminista de una universidad de Ivy League decir qué él es parte de la clase privilegiada por ser blanco, varón y heterosexual.

¿Qué haría en respuesta? votar a un demagogo como Donald Trump.

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No todos los blancos son privilegiados

Mi opinión personal

Aunque estoy de contra de cualquier forma de represión, injusticia y discriminación por motivo de género, etnia y sexualidad, en mi opinión, hacer políticas de identidad es totalmente contraproducente para la justicia social. Porque cuando un grupo se cierra para defender su identidad recriminando a otros, provocaría la misma reacción en el bando contrario.

En Viena a principios de siglo XX, la comunidad alemana era el primero en reivindicarse como los auténticos vieneses. En respuesta, la comunidad checa también hizo lo mismo, seguida por la húngara y la italiana, hasta que la convivencia en la ciudad se fracturó en una guerra de identidades enfrentadas, que al final, abrió las puertas a la dominación nazi. En EEUU pasa algo parecido. Las políticas identitarias a favor de las minorías étnicas han provocado el sentimiento identitario de los blancos, encabezado por el Alt Right. En España, el independentismo militante de los catalanes durante el proces en 2017 también ha despertado el nacionalismo español más rancio, que hace pocos años estaba totalmente estigmatizado.

Por un lado, estoy totalmente a favor de mantener escuelas e instituciones culturales que protegen la lengua e idiosincracia de las minorías culturales, tanto como declarar su lengua como co-oficial en la región donde forman la mayoría. Pero otra cosa totalmente diferente es crear divisiones políticas explotando esta diferencia, señalando una identidad cultural como el eterno verdugo y otra como la eterna víctima.

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En mi ámbito personal, siempre he tenido amigos de diversos orígenes, clases sociales, nacionalidades y de ambos sexos. Nunca se me había planteado quién perteneciera a un grupo privilegiado y quién perteneciera a un grupo reprimido, porque todos compartimos la misma humanidad. Y si los medios se dedican a bombardearnos con propaganda día y noche para dividirnos por esas categorías, el trato cotidiano resultaría incómodo. A veces he pensado, con tantas amigas muy cercanas que he tenido durante toda la vida, ¿cuántas realmente me han percibido como miembro de una casta represora por ser hombre y heterosexual?

Es evidente que en EEUU la nueva izquierda ya ha perdido totalmente el apoyo de la clase obrera. Los blancos sienten ignorados. Para los negros de barrios deprimidos, la agenda cultural es demasiado alejado de los asuntos de su vida cotidiana para sentirse representados. Los activistas más militantes suelen tener un alto nivel de estudios, que irónicamente, proceden en su mayoría de familias blancas y adineradas.

Si algún día la izquierda quisiera volver a ser el partido de las masas, tendría que dejar la lucha de identidades para enfocarse en asuntos más prácticos que afectan la vida de todos los ciudadanos, como mejorar la educación y sanidad pública, luchar contra la precariedad laboral, crear barrios con mejor infraestructura y proteger el medio ambiente.

Cómo ser un tipo duro, según mi criterio

17 Ene

Durante los últimos años, en las sociedades occidentales se ha premiado cada vez más la fragilidad, la delicadeza y la susceptibilidad extrema. En las universidades norteamericanas, muchas movilizaciones se han hecho para reivindicar el derecho de no sentirse ofendido, así censurando cualquier opinión o expresión artística que puede ofender los sentimientos de otros.

A día de hoy, cuando uno dice que adora a “tipos duros”, es casi sinónimo a ser retrógrado, machista y la falta de sensibilidad. Sin embargo, tengo que reconocer que durante toda la vida, he admirado a hombres y mujeres fuertes y luchadores, todo lo opuesto a los “copos de nieve” que se han puesto de moda ahora. Pero según mi criterio, ser un tipo duro no tiene nada que ver con pelear, chulear y ser un malote, sino con tener resiliencia, la capacidad de superación, y poca susceptibilidad.

En este artículo me gustaría hablar de las cualidades de “tipos duros” que más admiro, aunque tengo que reconocer que muchas no las tengo, o la situación no me ha puesto a prueba.

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La dureza física

La dureza física, en mi opinión, significa tener la capacidad de realizar trabajos físicamente extenuantes, de practicar deportes con un gran desgaste físico, y de adaptarse a condiciones climáticas extremas o condiciones de vida rudas.

Con los avances tecnológicos, cada vez estamos más adaptados a la vida acomodada y menos gente posee la dureza física de nuestros antepasados. Pero por esta misma razón, admiro a la gente capaz de pasar horas cortando leña con una hacha, de cavar una fosa con un palo, de correr un maratón de montaña, de aguantar 12 asaltos en un combate de boxeo, de nadar en un río helado, o de andar durante horas y días bajo la nieve o lluvia con la temperatura bajo cero.

Cuando veo reportajes o documentales de pueblos que llevan la vida tradicional, como pastores mongoles, cazadores bosquimanos o cargadores manuales en los puertos de países subdesarrollados, veo una fuerza, resistencia y disciplina física que los ciudadanos del Primer Mundo ya hemos perdido.

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Pastores kazajos

El optimismo y la resiliencia mental

Otro rasgo de dureza está en la capacidad afrontar a situaciones adversas y no salir hundido ni amargado. Con adversidades me refiero a cualquier situación difícil desde pasar un largo periodo de desempleo, aguantar un jefe tirano y compañeros trepas, hasta sufrir abusos sexuales, persecución política, discriminación racial o sobrevivir guerras y hambrunas.

Una persona dura, en vez de quejarse de la mala suerte o lo injusto que le trate la sociedad, se concentraría en buscar la solución para salir de la adversidad. Y si la solución no está en sus manos, aprendería a sobrellevar la situación lo mejor que pueda, para que le perjudique lo menos posible. Si sufriera una injusticia, no tardaría en denunciarla en voz alta, pero una vez hecha, se deshace del papel de la víctima cuando antes. Nunca echa la culpa de su fracaso a personas ajenas, a la sociedad o a las desgracias del pasado, porque confía que ella misma es la dueña de su propio destino.

Y en mi opinión, las personas más duras del todo, son las que una vez superada las adversidades, tratan de ayudar a otros que pasan por las mismas dificultades, o luchan para que otros no sufran la misma injusticia.

Veo esta dureza en los veteranos de guerra que han podido volver a adaptarse a la vida civil sin guardar odio o rencor a las nacionalidades contra que luchaban, o supervivientes de abusos sexuales que tras superar la trauma, aún son capaces de amar y confiar en otras personas.

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Muchas milicianas kurdas habían sufrido abusos sexuales bajo el Estado Islámico

La poca susceptibilidad

A los tipos y tipas duras no les suelen afectar los comentarios de los demás. Y si algo les ha sentado mal, aprenden a pasar página. Si tienen una opinión, saben defenderla con hechos y argumentos, y nunca se sienten agredidos cuando otros cuestionan sus creencias. Ya aceptan que en el mundo conviven todas clases de opiniones, ideas y valores y aunque algunos les pueden resultar repugnantes, nunca manifiestan a favor de la censura, porque saben que todo el mundo tiene el mismo derecho de expresar sus opiniones.

No se escandalizan con escenas macabras, chistes de mal gusto, palabras agresivas o comportamientos burros. Las desgracias que se cuentan en los telediarios tampoco les generan miedo ni les causan alarma, porque saben que si se convierten en noticias, siempre se tratan de excepciones, en vez de la norma.

Lealtad a sus principios

Una persona dura se mantiene fiel a sus principios. Aunque puede cambiar de opinión sobre determinados asuntos al adquirir nuevos conocimientos y vivencias, nunca pierde los valores fundamentales. Por ejemplo, para alguien que defiende la libertad de expresión, defendería tanto la libertad propia como la de sus adversarios políticos. Sobre determinados asuntos como las noticias falsas, la pseudociencia o los discursos de odio, puede revisar algunos matices, pero nunca se mostraría a favor de régimenes totalitarios que encarcelan, censuran o acosan a voces disidentes.

Se mantiene siempre fiel a lo que considera correcto aunque no está de moda. Un ejemplo era el escritor Albert Camus. Aunque toda su vida había luchado por los derechos de los obreros, los colectivos desfavorecidos y los pueblos colonizados, era un feroz opositor al comunismo soviético por su carácter autoritario. Y durante la guerra de Argelia, era el único que propuso una solución federal concediendo la ciudadanía francesa a los musulmanes argelinos, en vez de la independencia total de la colonia. Ambas posturas iban en contra de la corriente dominante de la izquierda francesa y por eso los intelectuales franceses le marginaron. Pero a pesar de eso, él se mantuvo fiel a sus convicciones hasta la muerte.

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Albert Camus

La valentía de explorar lo desconocido

La última cualidad de un tipo duro es la valentía de salir de su zona de comfort, explorando mundos desconocidos sin miedo.

Si a un tipo duro le llama la atención visitar un país, hacer un viaje, cambiar de profesión, practicar un nuevo deporte o mudarse a vivir a otra ciudad durante una temporada, se echa por delante, y nunca aborta su plan porque otra gente le advierte sobre los peligros, porque sabe que tomar riesgos forma parte de la vida. Si alguna de esas aventuras no le ha salido bien, no se arrepiente de la decisión porque sabe que equivocarse forma parte de la vida.

Cuando visita a un país exótico, se mete de lleno en la cultura local, adaptando a las costumbres sin quejarse de que las cosas no son tan cómodas o familiares como en casa. Toma las precauciones necesarias al explorar lugares remotos, pero nunca anda con miedo.

La sexualidad masculina, el acoso, y la educación del respeto

28 Oct

Acoso

Durante mi viaje a Irán, tuve una conservación muy interesante con una chica que trabajaba en un mausoleo religioso. A pesar de su joven edad, era profundamente creyente y llevaba todo el cabello, cuello y brazos cubiertos por un chador. Cuando cogimos un poco de confianza, le hice la pregunta que me intrigaba: ¿por qué iba tan tapada? ¿porque lo decía el Corán o por las tradiciones de su pueblo? ¿Y qué pensaba de las chicas que llevaba el pelo a descubierto? Me contestó que Dios creó la mujer más sensible y al hombre más vicioso, para protegerse de las miradas lujuriosas del hombre y de los acosos verbales y físicos, la mujer tenía que cubrirse las partes más sensuales para no despertar los instintos más primitivos del hombre.

Durante los últimos años, en muchos países occidentales, para que las mujeres se sientan más seguras y cómodas, algunas feministas también han creado servicios, espacios y eventos solo para mujeres, como transporte, escuelas, gimnasios y conciertos. He pensado, ¿su excusa para separar a los sexos no es la misma a la de la iraní religiosa?

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En los países musulmanes, algunos opinan que la mujer se tapa para “protegerse del acoso”.

El acoso sexual es un hecho

Tenemos que reconocer un hecho: durante toda la historia, las mujeres han sufrido acoso  y abusos sexuales, tanto en el trabajo, en la calle como en cualquier ámbito público. Lamentablemente, muchos hombres abusan de su poder para pedir favores sexuales, o hacen sentir incómodas a las mujeres para satisfacer su impulso sexual. Pero hasta ahora, en la mayoría de las culturas, las medidas tomadas para proteger a las mujeres caen en las siguientes 3 categorías:

1) obligarlas a taparse para no despertar deseos

2) segregar los sexos para crear un espacio “seguro”

3) Que la mujer siempre esté acompañada por una figura masculina, sea su padre, hermano o marido, que la protege de las agresiones.

Todas las medidas no han conseguido nada más que aumentar la desigualdad y desconfianza entre hombres y mujeres porque todas parten de un principio común: el hombre es acosador en su naturaleza y no va a cambiar, y la que tiene que modificar su comportamiento es la mujer.

Este año, creo que uno de los mayores logros es que en Francia ha aprobado por primera vez una ley que castiga con multas a los que abordan a las mujeres de modo agresivo por la calle. En Hollywood, tras el escándalo del productor Harvey Weinstein, las mujeres ya no guardan silencio y salen a denunciar sus agresores. Por primera vez, el dedo está señalando al acosador y no a la víctima: es él que tiene que cambiar.

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¿Cuestión de sexualidad o educación?

En mi opinión, la causa de agresiones sexuales no es que el hombre sea por naturaleza más agresivo, vicioso y salido que la mujer, sino la falta de respeto a voluntades ajenas. Y que hasta hace muy poco, la sociedad lo ha consentido.

Tanto hombres y mujeres somos seres sexuales con deseos, impulsos y fantasías. En mi caso personal, reconozco que tengo una sexualidad muy agresiva. Cualquier imagen de una figura femenina sugerente me puede despertar deseos muy salvajes. Pero jamás en mi vida he metido mano a una desconocida o dirigido una palabra sobre su físico, tampoco se me he planteado imponer mis impulsos sexuales a nadie por la fuerza, por una simple cuestión de respeto. No solo hacia la mujer, sino hacia cualquier ser humano.

Durante tantas décadas, siglos y milenios, bajo la excusa de que “los hombres son así”, la sociedad no ha condenado con suficiente rigor el acoso sexual y el sistema judicial tampoco, así los agresores se han quedado con total impunidad, sobre todo cuando pertenecen a una jerarquía social más alta. Pero por esta misma razón, creo que con sanciones legales, educación y concienciación, sí que podemos evolucionar como sociedad. Y el primer paso es dejar de estigmatizar a las víctimas.

Me niego a creer el determinismo que por la culpa de instinto, no podamos modificar nuestros comportamientos. Según hallazgos arqueológicos, entre los siglos XI y XVI, Londres, e Inglaterra en general, era una sociedad muy violenta, donde 25% de jóvenes morían por homicidio, una tasa varias veces mayor que los países más violentos del mundo actual. Pero durante los últimos siglos, el nivel de violencia cotidiana ha registrado un notable descenso en casi todos los países. La gente ya no se mata por una jarra de cerveza o se reta a un duelo porque el otro le ha faltado respeto. Si hubiéremos conseguido dominar tanto nuestros impulsos violentos, ¿por qué no podemos hacerlo con otros?

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 ¿La próxima revolución sexual?

Con la revolución sexual de los 60, la sociedad occidental ya ha deshechado una importante parte de la herencia patriarcado. Según dice mi padre, durante su juventud, si un chico violara a una chica durante una cita, no era considerada ni siquiera delito porque todo el mundo diría: si ella saliese con él a una cita, era lo que se esperaba.

Por supuesto, no podemos negar que en algunos sentidos hemos avanzado a pasos agigantados, pero todavía nos quedan muchos deberes por hacer para conseguir una sociedad con plena equidad y libertad sexual. En mi opinión, medidas como negar la diferencia biológica entre hombres y mujeres, demonizar la sexualidad masculina, censurar la violencia sexual en el arte y literatura, o separar los sexos solo conseguirían el efecto contrario porque reprimen los instintos más básicos y fomentan la desconfianza. Lo ideal, sería celebrar la sexualidad pero educar en el respeto, para construir una sociedad donde todos los individuos puedan desahogarse de sus impulsos sexuales, por lo pervertidos que sean, pero siempre con otros adultos consentidos, o en el peor de los casos, solo.

Crónicas persas II – la sociedad iraní

25 Sep

En la segunda parte de las crónicas persas, voy a hablar de lo que más me llama la atención del viaje a Irán: la sociedad iraní. En este artículo no pretendo dar lecciones sobre la historia y actualidad de Irán, sino contar mis impresiones y reflexiones de lo que he visto con mis ojos durante el viaje, o leído en libros sobre la sociedad iraní contemporánea.

Irán no es un país árabe

Muchos occidentales, hasta profesionales de periodismo, llaman erróneamente Irán  un “país árabe”, por su religión musulmana y ubicación en el Oriente Medio.

En realidad, la definición de “árabe” no tiene que ver con la religión musulmana, sino con hablar un idioma derivada de árabe clásico. No todos los árabes son musulmanes, y solo 20% de los musulmanes del mundo son árabes. Hace 4 años escribí este artículo para aclarar las definiciones.

En caso de Irán, es un país multiétnico cuya lengua franca es farsi, un idioma indoeuropeo que no tiene parentesco con árabe. El nombre Irán literalmente significa “el país de los arios” ya que los iraníes consideran su tierra como el hogar ancestral de todos los pueblos indoeuropeos, que incluyen a la mayoría de las nacionalidades de Europa, India y partes de Asia Central. Aunque a día de hoy, la mayoría de los antropólogos y arqueólogos especulan que el hogar de los proto-indoeuropeos se sitúen en las estepas al norte del Mar Caspio, los iraníes siguen considerándose la cuna de todas las civilizaciones tanto occidentales como orientales.

La familia indoeuropea

Irán es un país plural

Persia es el nombre antiguo de Irán. Era una de las civilizaciones más antiguas y el primero en construir un imperio colonial con territorios en 3 continentes, con docenas de nacionalidades bajo su reinado.

A día de hoy, Irán sigue siendo un país multiétnico en que la etnia mayoritaria es la persa, que forma poco más de 60% de la población. El resto consiste de minorías étnicas como azeríes (16%), kurdos (10%), armenios y turcomanos, la mayoría residiendo en provincias fronterizas donde se hablan sus idiomas propios.

Mapa de grupos étnicos.

La etnia persa tampoco es una raza homogénea. Los del norte pueden tener tez blanca, pelo castaño y ojos azules. Los del sur pueden tener la piel tan morena como indios. Por haber absorbido numerosas invasiones de Asia central, ojos rasgados y pómulos sobresalientes también son bastante comunes. Pero distinto a EEUU  donde las identidades sociales se han construido por el color de la piel, en Irán, persas de todos colores se consideran parte del mismo grupo étnico.

Persas del sur

Durante los últimos 20 años, Irán ha recibido una gran oleada migratoria procedente de Afganistán e Irak. En algunas provincias, los inmigrantes ya ocupan la mayoría de los trabajos manuales como peones de campo y obreros de construcción.

Según la versión oficial iraní, no existe el racismo; todos los grupos étnicos conviven pacíficamente sin ninguna tensión, tampoco hay algún colectivo especialmente marginado. Sin embargo, eso también lo decían de la URSS y Yugoslavia antes de la caída del comunismo.

Muchos trabajadores manuales son inmigrantes

Irán es un estado confesional de Islam chiíta

La mayoría de los iraníes son musulmanes chiítas. Esos son musulmanes que creen que el heredero legítimo de Mahoma son los 12 imanes, encabezado por su yerno Alí. Fuera de Irán, la gran mayoría de los musulmanes son suníes, que creen que los herederos legítimos son los 4 califas que sucedieron a Mahoma después de su muerte.

Históricamente, los chiítas se han enorgullecido de su interpretación más flexible e inclusiva de Islam comparada con la suní. Sin embargo, el caso de Irán actual es una paradoja.

Suníes (verde claro) vs Chiítas (verde oscuro)

Desde 1979, el país está gobernado por un régimen teocrático, que ha impuesto leyes sharia en el código civil y penal. Las mujeres llevan el velo no porque forma parte de las costumbres del pueblo, sino porque las leyes lo obligan, y si no lo hicieran, las podrían multar. Del mismo modo, no está permitido llevar pantalones cortos o enseñar la parte superior de los brazos. Todos los colegios son separados por sexo. Hasta en las universidades muchas clases son segregadas, o con los hombres sentados en un lado y las mujeres en otro. El alcohol está prohibido, el baile también, tanto como las redes sociales como Facebook, Instagram y Youtube. La policía moral patrulla las calles, y al ver cualquier acto subversivo como una mujer sin velo o una pareja dándose un beso, les podría poner una multa, y en caso de reincidentes, llevarlos a la cárcel.

Ayatolá Jomeini, el fundador de la república islámica

Pero no siempre ha sido así…

Antes de 1979, sin embargo, la sociedad iraní era bien distinta.

El país estuvo gobernado por varias dinastías sucesivas de monarcas. Bajo el rey Reza Shah (1925-40), el clero fue marginado, la religión fue apartada de la educación, y tanto el velo femenino como el vestimenta tradicional masculina fueron ilegalizados. Su política abrió una profunda brecha entre la clase media urbana, que abrazaba con hedonismo a las costumbres occidentales, y la población campesina y obrera, que agarraba aún más fuerte a las tradiciones.

El último rey, Mohammad Reza Pahleví (1940-79), relajó las restricciones pero las semillas de descontento ya estaban sembradas. En aquella época, la vida en la capital Teherán podía confundirse fácilmente con París, Berlín o Londres, donde los bares y discotecas abrían hasta tarde, las chicas vestían de minifaldas y los chicos con pelo largo y camisas de roqueros. Salvo las mujeres conservadoras que se vestían  con el chador, casi nadie llevaba el velo. Pero cuando el descontento de la masa hizo estallar una revolución en 1979, todo cambió para siempre.

Estudiantes en Teherán, 1970s

La mujer iraní moderna

Algo que me llamó mucho la atención sobre la sociedad iraní contemporánea, es el papel de la mujer.

Por un lado, están las leyes que obligan a las mujeres a cubrirse y a separar a los sexos en todos eventos oficiales. Por otro lado, en la vida cotidiana, las mujeres parecen totalmente integradas en la sociedad. Distinto a otros países musulmanes como los países del golfo, Egipto y Turquía, en Irán los hombres y mujeres comen, socializan y se divierten juntos. Por la calle las mujeres caminan con la cabeza en alto, hablan con voz firme, sostienen la mirada, y no se muestran ninguna timidez en entablar conversación con extraños. A pesar de las leyes que prohiben darse besos o cogerse de la mano en público, muchas parejas dan paseos románticos por los parques. Entre chavales jóvenes, se ven pandillas mixtas de chicos y chicas. Y las adolescentes iraníes son tan aficionadas de sacarse “selfies” como las de cualquier otro país.

Según estadísticas oficiales, ya hay más chicas que chicos en la universidad y la edad de matrimonio se hace cada vez mayor. Durante los últimos años, muchas mujeres profesionales eligen no casarse o tener hijos. La fertilidad media se solo 1,5 hijos por mujer, muy parecido a la tasa en países europeos.

Las mujeres iraníes están muy visibles en todos los ámbitos

El vestimenta femenina como manifestación ideológica

Con el estricto código de vestimenta impuesto por el gobierno, muchas mujeres utilizan pequeñas variaciones para reivindicar su postura ideológica. Las más conservadoras llevan el chador, una prenda que cubre a todo el pelo, el cuello, los hombros y llega hasta debajo de las rodillas.

Varias mujeres vestidas del chador

Las creyentes tradicionales llevan el hiyab, un velo que cubre el pelo y los hombros, y lo suelen combinar con pantalones y faldas anchas.

El velo tradicional

Las más progresistas llevan el hiyab muy atrás, destapando la mayor parte de su pelo. Para algunas, el pañuelo es tan pequeño que parece un accesorio de moda. Aunque todas tienen que llevar una camisa o prenda que cubre la cintura, las caderas y el culo, algunas chicas la llevan abierta, abrochando solo un botón para mostrar las mallas o vaqueros ajustados que llevan debajo. Es una manera indirecta de protestar contra el código de vestimenta, para decir que si no las hubieran obligado a cubrirse, no lo harían.

En cada población, la cantidad de mujeres que llevan el chador, el velo o el pañuelo pequeño es un buen indicador de si el ambiente es más conservador o liberal.

Chicas modernas

Entonces ¿Por qué la revolución?

Si Irán antes de 1979 era una sociedad tan laica y abierta, ¿por qué tantos jóvenes rebeldes hicieron la revolución para separar los sexos y obligar a todas mujeres a ponerse el velo?

La realidad era mucho más compleja. Bajo el último rey, no había democracia ni libertad de expresión. La diferencia entre ricos y pobres era abismal. Todo el dinero que daba el petróleo solo beneficiaba a una pequeña minoría de costumbres occidentales que hacía negocio con las multinacionales. Los jóvenes hicieron la revolución no para imponer la religión, sino para implantar un sistema democrático, acabar con los privilegios de la élite y luchar contra la pobreza.

Manifestantes contra el rey, 1978

Una vez expulsado el rey, celebraron un referéndum para decidir la nueva constitución entre seguir con el antiguo régimen o una república islámica, y ganó con mayoría absoluta la segunda opción. ¿Por qué? Porque la gente no sabía lo que significaba, y había un sentimiento general que el antiguo rey había dado la espalda a las tradiciones de pueblo para vender el país al Occidente, así que en la nueva constitución se debiera tomar en cuenta cuestiones tan populistas como conservar la identidad nacional.

Durante los primeros 2 años después de la revolución, los bares seguían abiertos, los hombres y las mujeres seguían vistiéndose igual que antes y se relacionaban con la misma libertad, con la ventaja añadida de celebrar elecciones democráticas. Pero poco a poco, los ayatolás introdujeron cada vez más leyes religiosas. En 1981 impusieron el velo, prohibieron el alcohol y aprovechando la guerra con Irak, cerraron las fronteras e introdujeron recortes drásticos de libertad, aplicando la pena de muerte a cualquier disidente. Entre los fusilados figuraron muchos revolucionarios de 1979.

Mujeres protestando el hijab obligatorio

Los “milenios” iraníes

Toda la generación de milenios en Irán había nacido después de la revolución y el régimen actual es el único que ha conocido. A pesar de todas las restricciones legales, muchos buscan mil maneras de burlarse de ellas. Aunque Facebook e Instagram están capados, todo el mundo descarga programas anti filtros parar crear cuentas, subir fotos, y cotillear sobre lo que sucede en el mundo. En el ámbito privado, se organizan fiestas en casa donde las mujeres se quitan el velo, bailan, beben alcohol y hacen todo lo que el régimen prohíbe. Según dicen, las iraníes son una de las nacionalidades que más cirugía estética realizan y a día de hoy, se ha puesto muy de moda lucir tatuajes.

A pesar de la supuesta enemistad con EEUU, muchos iraníes desean llevar el estilo de vida americana de consumismo material, viviendo en chalets en urbanizaciones cerradas y realizando las compras en centros comerciales. Algunos barrios periféricos de Teherán parecen importaciones de Los Ángeles.

Jóvenes iraníes

¿El futuro el régimen?

Si la mayoría de la gente joven ya pasara por alto las normas religiosas impuestas por los ayatolás, ¿cuánto tiempo podría durar el régimen? Y si un día cayera, ¿qué pasaría con el país?

En mi opinión, puede que un amplio porcentaje de jóvenes de grandes ciudades deseen disfrutar de las mismas libertades que en el Occidente, pero también habrá un amplio porcentaje de la población que defiende el retorno a la línea dura del ayatolá Jomeini. Basta con el hecho de que el populista radical Mahmud Ahmadineyad ganó las elecciones en 2005 y 2009, es evidente que entre iraníes hay tantos conservadores como progresistas. De hecho, algunos iraníes lo describen como el “Donald Trump versión persa”.

¿El “Donald Trump” iraní?

Lo que me intriga saber es debajo de la manta de control ejercido por el régimen confesional, ¿qué divisiones culturales e ideológicas realmente existen en la sociedad iraní? ¿cómo se llevan entre ellos? Si el régimen actual desapareciera, ¿serían capaces de reconciliarse, convivir en paz sin recurrir a venganzas y revanchismos?

Lo que yo deseo, es que el país sufra una transición hacia la modernidad tan pacífica como la transición de España hacia la democracia después de la muerte de Franco, porque un día en el futuro no tan lejano, deseo regresar al país para conocer más a esta cultura tan fascinante y gente tan hospitalaria.

Crónicas persas I – notas de un viaje

22 Sep

Durante la primera quincena de septiembre, fui de viaje a uno de los países que más me ha fascinado durante los últimos 10 años: Irán. Con este post pretendo presentar un resumen de los apuntes que había ido realizando durante el viaje, sobre mis impresiones de este gran país con historia milenaria. Lo que no pretendo hacer es hablar de los monumentos y sus historias, ya que esos ya figuran en cualquier guía turística.

Aeropuerto de Teherán

Cogimos un vuelo de Madrid a Roma, y de Roma a Teherán, la capital iraní. La mayoría de los pasajeros eran iraníes. Al embarcar en Roma, todas las mujeres iban vestidas iguales a las europeas: vaqueros, shorts, camisetas, con el cabello al descubierto. Al aterrizar el avión en Teherán, la azafata hizo un anuncio de que habíamos llegado a un país de constitución islámica y habrá que respetar el código de vestimenta. De repente, todas se habían puesto un pañuelo en la cabeza, cubriendo el torso con camisas de manga larga que llegaban hasta los muslos, para no marcar la figura femenina.

Al pasar por el control de pasaporte, el agente miró con lupa a mi pasaporte, como si desconfiase del visado que tanto me había costado conseguir. Frunciendo el ceño, me preguntó: “¿Qué hace un chino con un pasaporte británico?”

Tras recoger la maleta, nos recogió una furgoneta organizada por la agencia Oriente Viajes, que nos llevó al hotel en la zona central de la ciudad. El viaje tardó más de una hora. A pesar de que era la 1:00 de la madrugada, las carreteras estaban llenas de vehículos. La extensión de la ciudad me parecía colosal, con barrios residenciales de chalets y edificios de 2-3 plantas que extendían hasta el horizonte.

Teherán de noche

Teherán: la ciudad

El día siguiente conocimos a Saíd, nuestro guía de viaje, en el comedor el hotel. Nos llevó a un tour de la capital, visitando primero un palacio de la dinastía Qajar (1785-1925), luego a un museo de la historia persa. Viven más de 9 millones de personas en esta ciudad y 17 millones en los alrededores. Debido a la gran extensión y un sistema de transporte público insuficiente, la mayoría de la población se desplaza en coche o moto. Las calles están siempre petadas y no exactamente agradables para peatones. Al cruzar en un paso peatonal, los coches no frenan aunque el semáforo está en verde. La única manera de cruzar es juntarse en un grupo, mirando fijamente a los conductores a los ojos para reivindicar tu presencia.

El guía nos contó que el último rey, Mohammad Reza Pahleví, en un intento de modernizar la ciudad, destruyó todo el casco antiguo en los años 50 para construir avenidas anchas del estilo occidental. A día de hoy, no existe un único centro urbano, sino varios focos de calles comerciales separados por docenas de kilómetros de barrios residenciales. En cierto modo me recuerda Los Ángeles. Me imaginé que vivir ahí debía de ser una pesadilla, teniendo que comer horas de atasco para ir y volver de trabajo todos los días. Y encontrar un parking debería ser una misión imposible.

Por la noche cenamos en un modesto restaurante cerca de nuestro hotel y salimos a dar un paseo. Era una zona comercial de tiendas, restaurantes fast food, cines, teatros y puestos callejeros. Había gente por todos lados: hombres, mujeres, niños y ancianos. En comparación con los españoles, la gente hablaba mucho más bajo con gestos refinados. Como los únicos extranjeros, llamábamos atención. Mucha gente nos miraba. Y cuando nuestras miradas se cruzaban, nos sonreía. A pesar de todo el caos, el ruido y la contaminación, al menos la gente parecía agradable y acogedora.

Kerman – el sur

Tras pasar un día en Teherán, el día siguiente cogimos un vuelo por la mañana para la ciudad Kerman, situada en el sur. Es una población de 300.000 habitantes, pero como una típica ciudad persa, el tamaño es extenso, probablemente más grande que Madrid capital (con una población de 3.5 millones). Visitamos el zoco de esta ciudad antigua, paseando por los puestos que venden fruta, alimentos y productos artesanos. Distinto a Marruecos, Egipto y Turquía, en Kerman no se regatea nada. Cada producto se vende a un precio fijo tanto para gente local como para turistas. En comparación con la capital, se ve una gran cantidad de mujeres vestidas de chador de color negro, iniciando que la sociedad debe de ser bastante conservadora.

Artesanos en el bazar de Kerman

En una mezquita situada al lado del zoco, nuestro guía nos explicó la diferencia fundamental entre musulmanes suníes y chiítas. Los primeros creen que los sucesores legítimos de Mahoma son los 4 califas que lo sucedieron después de su muerte. Los segundos creen que los 12 imanes encabezados por Ali, el yerno de Mahoma. Para los suníes los lugares sagrados son las mezquitas. Para los chiítas son los mausoleos de sacerdotes y sabios. En Irán la mayoría son chiítas. Pero casi todo el resto de los países musulmanes (salvo Irak) tienen mayoría suní. Los suníes no consideran a los chiítas como musulmanes, y para los yihadistas, son el archienemigo.

Nos alojamos en un hotel de lujo en las afueras de la ciudad. Por la noche, en el jardín trasero había montado un escenario donde tocaron varios músicos, algunos de música clásica persa, otros del pop contemporáneo. Pero nos sorprendió que todo el público permanecía quieto delante del escenario disfrutando de la música. Nadie bailaba. Más tarde el guía nos contó que gracias a la ley islámica que llevaba gobernando este país desde 1979, estaba prohibido bailar.

Mezquita de Kerman

Yazd – el último bastión de Zoroastrismo

Después de pasar un par de noches en Kerman, continuamos el viaje a Yazd, una ciudad de 300.000 habitantes hogar de la última comunidad zoroastriana en Irán.

¿Qué es el Zoroastrismo? Es la religión de los persas anterior a la conversión a Islam, que rendía culto al sol y al fuego. Durante un milenio, era la religión del estado del imperio más grande y poderoso del mundo. Visitamos un antiguo cementerio zoroastriano y uno de los últimos templos que todavía quedan en pie. En el altar del templo hay un fuego, que según dicen, lleva 2000 años encendido. A día de hoy solo 100.000 iraníes practican esta religión, pero muchos la adoran como parte de su herencia histórica, de parte de su orgulloso pasado imperial.

Cementerio zoroastriano

La gente de esta ciudad, igual que la de Kerman, es muy sociable. Muchos se acercaron a nosotros para sacarse fotos con nosotros como si fuéramos estrellas de cine. Me imaginé que podía ser que con tanta represión moral dentro del país, la gente trataba de relacionarse con extranjeros como una vía de escape. Pero lo que más me impresionó fue que nadie nos pidió nada a cambio. Se acercaron a nosotros solo para conocernos, para practicar inglés con nosotros, o para hacernos sentir bienvenidos.

También me he dado cuenta de la diversidad racial en este país. En Teherán la mayoría de la población tiene pelo moreno y piel clara. Muchos se parecen bastante a los españoles. En el sur mucha gente tiene la piel tan morena como indios o paquistaníes, otros tienen rasgos mulatos. La forma de vestir también difiere. Según nuestro guía Saíd, cada región tiene su propio estilo.

Templo zoroastriano

Shiraz – el metropolis del sur

Desde Yazd viajamos a Shiraz. Es una de las ciudades más importantes del sur de Irán. Solo por ver el aspecto de la gente por la calle, se ve que es una ciudad bastante liberal. Las mujeres se visten de más colores. Muchas llevan el pañuelo muy atrás destapando la mayor parte de su pelo. Muchos hombres llevan barbas de hipster y cejas depiladas.

Barbería en Shiraz

Nuestro hotel se situó al lado de un gran parque. Por la noche se llenó de gente, de familias enteras haciendo picnic, paseando, y disfrutando una noche de verano sentada en el césped y los bancos. Algunos montaron hasta tiendas de campaña, transformando el parque en un gran camping. Nuestro guía nos explicó que dormir en tiendas de campaña era una práctica muy común para iraníes que viajaban de turismo a otras ciudades, para ahorrarse el dinero que se gastase en un hotel.

Shiraz de noche

Como el alcohol está prohibido, los jóvenes se congregan en las plazas, aceras y parques para hacer “heladón” en vez de “botellón”, comer helados. A ratos llegué a sospechar que los helados podían llevar ciertas sustancias químicas. Por cierto, en este país se come una cantidad enorme de dulces. No sé cómo será la tasa de diabetes.

Nos impresionó la generosidad de la gente. Muchos lugareños nos ofrecieron compartir su comida, tanto hombres como mujeres, niños como adultos, jóvenes como maduros.

El bazar de Shiraz

Pero una de las mayores atracciones de Shiraz se sitúa a unos 50km de la ciudad: las ruinas de Persépolis, la antigua ciudad ceremonial construida por Ciro el Grande, el fundador del gran imperio aqueménido. Según leyendas, Ciro no solo era un conquistador, sino también era un gobernador con gran sabiduría. Abolió la esclavitud, ilegalizó la discriminación racial y concedió la igualdad de derechos a todos los grupos étnicos bajo el reinado del imperio. Al construir Persépolis, estableció un sistema rudimentario de seguridad social para gestionar las necesidades de los obreros, ¡incluido 4 meses de baja de maternidad cobrando el salario completo!

Persépolis

El desierto

De Kerman a Yazd, de Yazd a Shiraz, y de Shiraz a Isfahán, atravesamos kilómetros y kilómetros de montañas áridas y desiertos. El paisaje, en general, era bastante monótono e inhospitable. De vez en cuando, parábamos a algún caravansarai o algún pueblo para estirar las piernas.

Desierto

Pero el lugar más característica que hicimos una parada fue el pueblo abandonado de Izadkhast. Construido durante la época sasánida en el siglo III a.c., fue hogar de unas 1000 personas hasta principios de siglo XX, cuando una inundación destruyó las viviendas. A día de hoy, es un patrimonio de UNESCO. 

Izadkhast

Isfahán – la ciudad de “Prince of Persia”

Nuestro último destino, antes del regreso a Teherán, fue Isfahán, la tercera ciudad más grande de Irán.

En esta ciudad se nota bastante más la confluencia de turistas: con grupos de franceses, alemanes y coreanos del sur siguiendo sus guías por todos los monumentos históricos. También se nota que los autóctonos de esta ciudad son menos inocentes. Es el único lugar donde la gente se nos había acercado para vendernos algo, o donde en puestos de artesanía vendían el mismo producto más caro a los extranjeros que a los iraníes. El turismo, a pesar de toda riqueza que genera, también corrompe a la sociedad.

El legado multicultural de esta ciudad se refleja en a gran comunidad armenia. Tras la revolución islámica de 1979, es unas de las pocas minorías cristianas que permanecen en el país. A día de hoy, el barrio armenio es un centro de vida nocturno, repleto de restaurantes, cafeterías y comercios que abren hasta tarde.

Iglesia armenia

La mayor atracción de la ciudad es la gran plaza de Naghsh-i Jahan situado el casco antiguo. Después de Tiananmen en Pekín, es la segunda plaza más grande del mundo. A parte de su arquitectura grandiosa, también es el lugar donde los vendedores exhiben sus productos, los amigos se reunen, los niños juegan a la pelota, las familias hacen picnic y los amantes pasan una tarde romántica sentados en el banco. El ambiente es siempre festivo, incluso en días que no son de fiesta.

Niños jugando en la plaza

De vuelta a Teherán

En el camino de vuelta de Isfahan a Teherán, paramos en las ciudades de Kashan y Qom para visitar un par de mausoleos.

Al llegar a la capital, tuvimos toda la tarde libre antes de coger el vuelo de vuelta por la madrugada. Matamos el tiempo paseando por el parque de Laleh. Probablemente debido a su cercanía a la Universidad de Teherán, el parque estaba lleno de gente joven. Vimos fenómenos no tan convencionales en Irán, como una chica que iba sin velo,  un hombre en pantalones cortos y un grupo de chicos y chicas jugando voleibol juntos. Esta escena, aunque forma parte de la vida cotidiana en el occidente, en Irán es casi un milagro. Se nota que entre la generación joven, al menos los que viven en la capital, la mentalidad está cambiando.

Partido de voleibol

En retrospecto…

En total, el viaje a Irán ha merecido mucho la pena. Con una herencia histórica tan rica y gente tan hospitalaria, creo que su “mala fama” en la prensa internacional es el único factor que le ha prevenido convertirse en uno de los destinos turísticos más populares del mundo.

En cierto modo, puede que hayamos visitado Irán en una época muy clave. Si el país empezase a abrirse al mundo, quizás dentro de 10 años todas las ciudades que habíamos visitado se habrían transformado en parques temáticos turísticos, igual que Venecia. Si el régimen islámico cayese de forma brusca provocando un gran enfrentamiento social, puede que la seguridad y estabilidad que se disfrutan hoy ya se pierdan para siempre.

¿Cuál de los dos será más probable de suceder? Depende de la evolución de la sociedad iraní. Eso un tema tan complejo como interesante que dedicaré mi próximo post a hablar de ello.

El ciberterrorismo: un arma de división masiva

24 Ago

Tras los atentados en Barcelona el jueves, 17 de Agosto, en los periódicos, revistas y blogs se han publicado docenas de artículos analizando la causa y el impacto de esta barbaridad, pero ninguno me ha impresionado más que este, titulado “ISIS: manipulación y post-terrorismo en la era de las redes sociales“, por su análisis de la estrategia de DAESH de provocar la caída de la civilización occidental no por las personas que mata en los atentados, sino por las broncas que se montan en las redes sociales después. Como el artículo es bastante largo, dedico este post para hacerlo un resumen, añadiendo algunas opiniones mías.

Detención de los terroristas

¿Qué es DAESH?

DAESH, ISIS, ISIL o el Estado Islámico, es un país/milicia/grupo terrorista formado por musulmanes suníes, que reivindica la interpretación más estricta del Corán. Sus orígenes se remontan a los años posteriores a la invasión estadounidense de Irak en 2003, durante la guerra sectaria entre suníes y chiítas.

Su motivación principal es el odio hacia todo lo que es diferente a ellos, que incluyen a musulmanes chiítas (su archienemigo), kurdos (de todas religiones), infieles, y musulmanes suníes que no practican el Islam como ellos mandan. Su visión del mundo es muy binario: eres uno de ellos, o eres el enemigo que debe ser aniquilado.

A pesar de autoproclamarse como el defensor de musulmanes suníes reprimidos por chiítas o poderes occidentales, el porcentaje de musulmanes suníes que simpatiza con su causa es relativamente bajo. Según una encuesta realizada en 2015, varia desde 21% en Siria hasta 2% en Egipto. A pesar de ocupar un territorio entre Irak y Siria, muchos de sus integrantes son extranjeros procedentes de todo el mundo, desde bosnios y tunecinos hasta chechenos y afganos.

¿Cuáles son los valores del occidente?

En general, lo que llamamos “occidente” se refiere una civilización plural formada por varios estados, culturas, nacionalidades, etnias, religiones, ideologías y formas de vida que se rigen por unos valores en común: el respeto a los derechos humanos, la separación de la religión del estado, la igualdad de géneros, etnias y credos, la libertad individual, y el equilibro entre el estado de bienestar y la economía de mercado libre.

Pero precisamente debido a esta libertad y pluralidad que tanto apreciamos, los occidentales estamos siempre discutiendo unos con otros por cuestiones de ideología política, sentido de identidad nacional, desigualdad económica o discriminación étnica/sexual. Pero distinto a los países en dictadura y guerra civil, preferimos resolver nuestras diferencias a través de negociaciones, pactos y reformas legales, en vez de con bombas, tiroteos y hostias. Al menos en teoría.

La pluralidad es una identidad integral del occidente

La formación de guetos en las redes sociales

Las redes sociales han aportado una herramienta donde cualquiera puede opinar sobre cualquier tema con cualquier persona en cualquier parte del mundo. Es un lugar donde todo el mundo puede hacerse pasar por experto en cualquier tema.

Debido a su carácter instantáneo, la mayoría de las discusiones políticas se convierten en un duelo de reacciones viscerales. Todas las ideologías, sean de izquierdas o derechas, catalanista y españolista, feminista o machista, liberal o conservador, vegana o carnívora, se comportan como identidades sectarias y blindadas, incapaces de escuchar ninguna opinión que no conforma con su doctrina, con el único argumento de “si no piensas como yo, eres un imbécil”.

Como todas las discusiones políticas acaban en descalificaciones e insultos, la reacción de mucha gente es bloquear a todos los que opinan distinto. Con esta tendencia, se han creado burbujas ideológicas, cámaras de eco y universos digitales paralelos, donde todo el mundo solo escuchan opiniones afines a las suyas, dándole una falsa sensación de seguridad.

Un típico ejemplo es la elección de Trump. Hasta el día después de las elecciones, muchos votantes demócratas lo veían como nada más que un payaso que nunca llegaría a ser presidente. ¿Por qué? Porque ellos mismos habían bloqueado a todas las cuentas que se pronunciaban a favor de él.

A todo eso hay que añadir los miles de bulos que circulan por las redes. No importa que algo sea cierto o no si confirma mi manera de pensar. Si no te gustan los refugiados, creerás en cualquier “noticia” que los retratan como criminales. Si eres republicano, creerás en cualquier cuento en contra de la monarquía. Y si tu burbuja es muy cerrada, puede que ni siquiera te enteres de que esos hechos sean falsos.

Así es como internet consigue crear realidades personalizadas que nada tienen que ver con la realidad objetiva.

Las redes como arma de manipulación

No ha tardado mucho tiempo para que algunos “listos” empiezan a aprovechar el borreguismo digital para provocar inestabilidad en la sociedad occidental.

El caso más conocido es la interferencia de Rusia en las elecciones en EEUU, Francia y Holanda a través de hackers políticos. Esos hackers no son los típicos nerds que pasan el día encerrado en el cuarto de la casa de sus padres, sino dueños de webs de nula fiabilidad que publican historias manipuladas o totalmente falsas a cambio de ingresos publicitarios, y cuentas falsas de twitter que publican opiniones incendiarias que la gente retuitea y da a like porque sienten lo mismo, pero no se atreven a expresarlo.

La intención de Rusia es fomentar el nacionalismo, racismo y xenofobia en Europa y EEUU para que gobiernen candidatos autoritarios y extremistas. ¿Por qué? Porque así el occidente, esta sociedad plural pero unida, se divide, se pelea y se debilita. Y mientras tanto, Rusia puede expandir su poder de influencia en los territorios de disputa.

El objetivo de DAESH es parecido.

Un típico hacker político no tiene el perfil de Lisbeth Salander

DAESH y el “yihad digital”

En The management of savagery (La gestión del salvajismo), la guía de cómo construir tu propio califato, el ideólogo y estratega del DAESH, Abu Bakr Naji, describe la necesidad de manipular a Occidente para cometer lo que él llama una “aniquilación cultural.”

¿Cual es la estrategia? A través de los atentados, provocar una ruptura en la sociedad occidental aprovechando la división de las identidades existentes para que unas echen la culpa a otras, hasta el fracaso total de la convivencia. Las primeras víctimas serán los musulmanes que residen en el occidente, lo que ellos llaman “la extinción de la zona gris“.

Con los atentados dirigidos a matar personas inocentes, DAESH pretende provocar un rechazo general a los musulmanes, haciendo que la gente meta a todos los musulmanes, tanto los nacidos en Europa como los que llegaron como inmigrantes o refugiados, en el mismo saco con los terroristas. Y cuando más discriminación sufren, más musulmanes estarán dispuestos de unirse a la causa del Estado Islámico.

Propaganda DAESH

Algunas estimaciones dicen que DAESH controla 70.000 cuentas de Twitter y Facebook. Algunas sirven para difundir su propaganda, otras para difundir bulos incendiarios y reclutar soldados. ¿Pero qué es lo que atraen a jóvenes musulmanes europeos a la causa yihadista, sobre todo es para inmolarse?

Su principal objetivo son chavales de familias musulmanas que no se sienten aceptados en el occidente, para ofrecerles consuelo y una promesa de gloria.

Imagínate un hijo de magrebíes nacido en Francia y Bélgica, que a pesar de todo el esfuerzo de su familia de adoptar costumbres europeas, les siguen tratando como forasteros. DAESH ha capitalizado en sus frustraciones para ofrecerles un sentido de identidad firme y una oportunidad de convertirse en mártir. Otra clase de reclutas son ex-convictos. DAESH les ofrece una oportunidad para limpiar sus pecados si se inmolan en un atentado.

Propaganda Daesh

Sabe hablar la lengua de los jóvenes. En sus páginas web hay videos musicales, referencias a videojuegos y películas de acción, mezclados con su propia propaganda ideológica. El religioso fanático ya no se representa como un hombre barbudo rodeado de cabras que vive en cuevas, sino con un joven de aspecto “guay” con cuenta de Instagram, que sale de fiesta y se saca “selfies”.

Y no, no hace falta haber leído el Corán o saber nada de la doctrina de Islam. La filosofía de DAESH is extremadamente simplista. Si uno cumple con determinados comportamientos, será uno de ellos, si no, será un infiel. El mundo es blanco y negro, cero o uno, sin zonas grises.

Solo mueres una vez

La trampa de DAESH

Si el objetivo de los atentados fuera para sembrar odio y división en la sociedad occidental, aquellos que después del atentado de Barcelona habían echado la culpa a Ada Colao por no haber puesto borlados, aquellos que habían montado la polémica con el uso de la lengua catalana en la declaración de la Generalitat, aquellos que habían acusado sus adversarios políticos de apología de terrorismo, aquellos que habían difundido bulos sobre el apoyo de los musulmanes españoles al atentado, y aquellos que habían vomitado discursos de odio contra todos los “moros”… habrían caída exactamente en la trampa del grupo terrorista.

Uno de los valores más fundamentales del Occidente es que cada uno es solamente responsable por sus propios actos y que nadie puede ser premiado o castigado por el hecho de pertenecer a un colectivo. Así que, si no sabes la diferencia entre ser árabe, musulmán, islamista y yihadista y además te da igual porque para ti son “la misma mierda”, en el fondo, tu forma de pensar ya es más parecida a la de DAESH que a los valores occidentales.

Y eso es precisamente lo que pretende conseguir el Estado Islámico cuando se refiere a la “aniquilación cultural” del occidente.