La "jineología": el feminismo oriental y las monjas guerreras

17 Ene

Estoy leyendo el libro “Freedom Fighter” de Joanna Palani. Es la autobiografía de una chica danesa de origen kurdo-iraní que viajó al norte de Siria entre 2012 y 2015 en plena guerra civil para unirse con las milicias kurdas de Rojava en la lucha contra el Estado Islámico. El libro trata de varios asuntos, como el contraste cultural entre la sociedad occidental y el Oriente Medio, la historia del pueblo kurdo, la compleja situación geopolítica de la guerra civil en Siria, y la vida cotidiana de los combatientes en primera línea. Lo recomiendo para cualquiera interesado en la actualidad del Oriente Medio y sobre todo, la situación de las mujeres.

En otro post ya he hablado del estado de facto de Rojava. En resumen, es un territorio en el norte de Siria controlado por milicias de autodefensa kurda a raíz de la Primavera Árabe, que pretenden crear una sociedad democrática, laica, igualitaria y multiétnica en pleno Oriente Medio. Uno de los principales objetivos del estado es luchar contra la desigualdad de sexos y empoderar a las mujeres. Jugando un papel clave en el movimiento feminista están las “unidades de defensa femenina”, o YPJ. Son batallones de mujeres jóvenes que no solo reciben instrucción militar y acuden al campo de batalla para combatir en primera línea, sino también practican una clase de feminismo adaptado a la sociedad de Oriente Medio conocido como la jineología.

Según Palani, la jineología defiende que a pesar de los distintos roles biológicas entre los sexos, hombres y mujeres deben disfrutar de los mismos derechos, oportunidades y libertades. Y los asuntos que conciernen el cuerpo de la mujer, como los derechos reproductivos, la salud sexual y la libertad conyugal deben ser decididos solamente por mujeres. Por eso en Rojava todos los cargos políticos y administrativos están duplicados. Para cada alcalde hay una alcaldesa, para cada director hay una directora, para cada juez hay una jueza. Las milicias de YPJ se dedican a dar clases para alfabetizar a las mujeres, ayudarles conocer mejor a su propio cuerpo, enseñarles oficios y medidas para subsistir por su propia cuenta, y defenderse contra agresiones y acosos sexuales.

Pero la mayor distinción entre la jineología y el feminismo occidental está en la expresión de la sexualidad y la relación entre sexos opuestos. Básicamente, la liberación sexual o los derechos de LGTBI no figuran en su agenda. Las chicas alistadas en el YPJ tienen prohibidas mantener relaciones sexuales o sentimentales durante los años de servicio. Como parte de su uniforme también están las normas de no maquillarse, no depilarse, no enseñar demasiado carne y no llevar ropa ajustada. Cuando entrenan, trabajan o combaten en unidades mixtas, la interacción con los compañeros masculinos tiene que estar reducido a lo estrictamente funcional. Cualquier flirteo, o incluso un abrazo, una conversación más íntima o un contacto visual más prologado, se considera una infracción que puede ser sancionado por la administración. Fundamentalmente, son como monjas guerreras.

Desde el punto de vista occidental, tales normas pueden parecer extremadamente puritanas, pero tomando en cuenta la perspectiva cultural del Oriente Medio, tiene cierto sentido. Una de las mayores diferencias entre el Occidente y el Oriente Medio está en la segregación sexual. La sociedad europea, a pesar de ser tradicionalmente muy machista donde hombres y mujeres empeñaban roles distintos, en la vida cotidiana, los dos sexos se socializaban juntos y se mezclaban en las tabernas, los mercados, y las calles. Tanto entre la plebe como la aristocracia, se organizaban bailes y banquetes donde hombres y mujeres se divertían, flirteaban y buscaban parejas.

En la sociedad árabe, kurda y turca, sin embargo, aunque existe un sector de la burguesía urbana que practica costumbres tan libertarias como en Occidente, entre la mayoría de las clases populares, hombres y mujeres prácticamente viven en mundos distintos donde el contacto cotidiano es mínimo. En general, todos los espacios públicos están reservados para el sexo masculino. El único lugar de las mujeres está dentro de casa, y cuando salen, se tapan el pelo y cubren las piernas y brazos. La virginidad femenina en la noche de la boda es una cuestión de dignidad familiar, y una vez casada, una mujer ya no puede hablar con ningún hombre que no es su marido. Muchas actividades tan ordinarias para la mujer occidental, como bailar, practicar deporte, montar en bicicleta o tener amigos varones, son considerados tabúes para una mujer del Oriente Medio. Y en algunas regiones de Egipto y Kurdistán aún se practican la mutilación genital femenina para anular el deseo sexual de la mujer. La mayoría de chicos nunca han tenido ningún contacto con chicas que no sean de su familia, y cuando ven a una chica que no va tapada o que se socializa con chicos, interpretarían que esté sexualmente disponible, y una barra libre para el acoso.

La principal agenda de la jineología es construir una sociedad donde la mujer es respetada, y donde hombres y mujeres pueden convivir como compañeros de trabajo, de estudios, de combate, sin que la mujer sea vista como un objeto sexual. Dado el contexto social del Oriente Medio, la única manera de ponerlo en práctica es crear una sociedad femenina totalmente autónoma donde las mujeres estén capacitadas de sobrevivir sin depender de sus padres, hermanos o maridos, para que luego puedan relacionarse con hombres bajo igualdad de condiciones. Algunas feministas kurdas creen que la revolución sexual pueda venir una vez que hayan conseguido más igualdad de trato, pero la mayoría opinan que el libertinaje sexual del Occidente es otra manera más de esclavizar a la mujer, que le ha convertido en un objeto sexual, compitiendo entre sí para ver quién puede ganar más admiradores masculinos. Todas las actividades para reivindicar la sexualidad femenina en occidente, como el burlesque, twerking y shibari, escandalizarían a las activistas de la jineología.

Joanna Palani, como mujer occidental, tiene muchos puntos que no concuerda con la jinealogía de YPJ, pero reconoce que comparado con la situación de la mujer en el resto de entornos del Oriente Medio, es sin duda la más empoderada. Las chicas de YPJ no tienen que llevar el velo, practicar la religión, ni depender de un guardián masculino. Tienen el mismo acceso a la educación que los varones. Si sufren abusos, tienen donde denunciar. Y en el campo de batalla, pueden llegar a ocupar puestos de mando que dan órdenes a miles de hombres. Durante una batalla crucial contra el Estado Islámico, Palani tuvo un pensamiento irónico sobre la oficial al mando, una joven de apenas 25 años: esta chica ya había matado a docenas de yihadistas, y también había visto morir docenas de hombres en combate bajo su mando, pero nunca había tenido novio.

En total, cada movimiento reivindicativo tiene que adaptarse a la sociedad donde pretende llevarse a cabo. En caso del feminismo, la versión occidental centrada en libertad sexual, si se instalase directamente en el Oriente Medio, tendría dificultad ganar adeptos, porque iría demasiado en contra de los valores y costumbres contemporáneas. En una sociedad sexualmente segregada, el feminismo también tendría que luchar para la igualdad en un entorno segregado antes de poder hablar de la liberación sexual. Sin embargo, esta filosofía no es aplicable para la sociedad occidental, porque supondría un paso atrás.

La guía estoica a la amistad y las relaciones humanas

26 Dic

Hace poco, una amiga me dijo que una de las cosas que más le hace sufrir es la decepción con las amistades. Al conocer a una persona nueva con la que se lleva bien, le hace ilusión que se convierta en una gran amistad. Sin embargo, muchas veces las cosas no suceden así, bien porque esa persona nunca toma la iniciativa para quedar, desaparece una vez que echa pareja, o suelta algún comentario hiriente.

Yo también estoy de acuerdo que las relaciones humanas son uno de los asuntos más difíciles de manejar en la vida, porque aunque podemos controlar lo que hacemos o decimos nosotros mismos, no podemos controlar lo que hacen o sienten los demás. La misma conversación que sucede entre dos personas, para una puede ser un momento de inspiración que le cambia la vida, para otra puede ser una charla insignificante. Como cada persona tiene sus propios miedos, complejos e inquietudes, solo ella misma puede conocer el verdadero motivo de sus acciones y decisiones, o cómo le afectan las palabras y acciones de otros.

Desde mi punto de vista, para no llevar grandes decepciones en las relaciones con las personas, la actitud ideal es aplicar la filosofía estoica.

Un introducción al estoicismo

El estoicismo es una escuela de filosofía fundada por el griego Zeno en el siglo III a.c., pero llegó al auge de su popularidad en el imperio romano durante los primeros dos siglos d.c. En resumen, se trata de la actitud de aceptar que el mundo es imperfecto, pero adaptar lo mejor posible a los principios de cada uno dentro de lo que permite la situación. Un estoico nunca intenta cambiar el mundo para construir una utopía, pero sí que moldea su propio comportamiento para que sea lo más fiel posible a sus ideales, y busca siempre la verdad en su forma más objetiva.

Por ejemplo, un estoico de la época romana podía empatizar con la injusticia que sufrían los esclavos. Pero viviendo en una sociedad cuya economía se fundaba sobre la esclavitud, luchar contra esa institución sería inútil. Para mantenerse fiel a sus principios, él trataría a los esclavos de forma más benévola posible, y apoyaría reformas políticas para garantizar los derechos mínimos para los esclavos.

Para un estudiante de Estoicismo, la primera norma es distinguir los elementos en la vida al que él tiene control, y los elementos que están fuera de su control, y tratar de hacer lo mejor posible los primeros y aprender a ignorar los efectos del segundo. Aplicando el principio al terreno de las amistades y relaciones humanas, he llegado a las siguientes pautas.

Pauta 1: Aceptar que existen todos tipos de relaciones

Los humanos somos un animal social. Necesitamos relacionarnos con los demás. Y entre dos personas se pueden establecer una gran variedad de relaciones, como relaciones de negocio, relaciones familiares, relaciones laborales y relaciones sociales. Entre relaciones sociales, también existen la diferencia entre conocidos, conocidos con los que compartimos una afición, amigos de confianza, amigos que no confiamos tanto, amigos con derecho de roce, y amigos de amigos etc.

Con cada persona que entra en tu vida, el tipo de relación que estableces es única. Algunas personas pueden convertirse en tus mejores amigos, otras solo en amigotes de copas; también hay personas con las que puedes pasar horas hablando de un tema de interes en comun, pero no te cuenta nada de su vida personal. Pero independiente del grado de cercanía o confianza, todos tipos de relaciones aportan algo a tu vida, por lo tanto que no sea tóxica (como las de envidia, dominación o manipulación), en cuyo caso hay que cortarla cuando antes.

Es normal que sintamos una gran decepción cuando damos toda nuestra confianza para ganar la amistad de alguien, pero no nos corresponde con lo mismo. Cuando sucede eso, hay que simplemente aceptar que esa persona no está dispuesta de establecer el tipo de la relación que queremos, pero eso no significa necesariamente el fin de la amistad, o que esa persona nos haya ofendido.

Pauta 2: Aceptar que todas las relaciones tienen fecha de caducidad

La vida misma es temporal, y también todas las relaciones. Hasta los matrimonios más duraderos terminan con la muerte de uno de los integrantes. Con las amistades pasan lo mismo. Algunas duran meses, otras décadas, pero todas llegan a su fin, bien por la muerte, por la mudanza a otra ciudad, por la dejadez, o simplemente porque cada uno ha evolucionado por caminos distintos y encuentran cada vez menos puntos en común. Pero lo importante no es que una amistad haya terminado, sino los buenos momentos que se habían compartido mientras duraba.

Aparte de tener fecha de caducidad, las amistades también pueden alejarse o enfriarse con el paso de tiempo, a veces porque ya no coinciden en una actividad en común (como pasa con compañeros de trabajo o estudios), tienen distintas prioridades (como criar una familia), o cambian de estilo de vida (como dedicarse a un deporte o hobby que le absorbe). Pero en la mayoría de los casos, el alejamiento no tiene ningún motivo personal.

A veces, un amigo que llevaba mucho tiempo sin dar señales de vida vuelve a aparecer en el momento menos esperado. Salvo si te ha cometido una gran traición, no hay ningún motivo de guardar rencor. La relación entre dos personas cambia porque la situación de las personas cambian. Las personas también evolucionan. Y es parte de la vida.

Pauta 3: Aceptar que todo el mundo tiene defectos

No hay nadie perfecto, y no hay dos personas que coinciden en todos los gustos, sensibilidades y sentido de humor. Como cada uno es de su padre y su madre, al relacionarse con alguien durante un cierto tiempo, siempre llegará un momento en que dice algo, o hace algo, que te molesta. Pero por lo tanto que no ha tenido intención de hacerte daño, engañarte para sacar beneficio o abusar de ti, no debe ser ningún motivo para cortar la amistad, o de coger manía a esta persona, porque todo el mundo tiene sus inseguridades, debilidades y prejuicios, y nadie es sabia ni divina a la hora de interpretar las sensibilidades de otros.

Es cierto que cuando un amigo hace algo que te molesta, hay que decirlo para que no te lo vuelva a repetir. Pero lo que no puedes exigir es que cambie su personalidad. Una persona tacaña nunca se va a volver generosa, y una persona precavida nunca va a volverse atrevida. En este asunto, hay que aceptar simplemente que tanto como todo el mundo tiene virtudes, también tiene defectos, porque lo que nos hace humanos es la imperfección. Para convivir con los defectos de los amigos, la mejor táctica es hacer que te perjudique lo menos posible. Por ejemplo, al quedar con un amigo que siempre llega tarde, también llegas más tarde a la cita. Al quedar con alguien malqueda, siempre haces un plan B.

Pauta 4: Dar todo lo que puedes, sin importar el resultado

Lo que distingue un estoico de un derrotista es que a pesar de aceptar las imperfecciones del mundo, adapta sus propios comportamientos para que cumplieran lo mejor que pueda con sus principios. Al aplicarlo al terreno de relaciones personales, se traduce a hacer el mayor esfuerzo en mantener relaciones sanas con la gente de su entorno, pero si las cosas no salieran como desea, aceptarlas como tal.

Para alguien que quiere vivir en un mundo más solidario, lo que haría es ayudar cuando pueda a otros, independiente de si le devolviera el favor. Pero el momento que alguien abusa de su generosidad, le pondría freno. Sin embargo, el abuso de algunas personas no le hace perder la confianza y generosidad con otras.

Para alguien que quiere hacer amigos nuevos, lo que haría es tratar de conocer a personas nuevas, y con las que se congenia bien, tomar la iniciativa de quedar con ellas para conocerlas mejor; pero si el otro no mostrase el mismo interés, tampoco guardar rencor. Si no tuviera la suerte de entablar amistades de confianza, disfrutaría de las conversaciones y risas con los amigotes y conocidos.

Para alguien que desea que las amistades duren, trataría de no perder contacto con los amigos de siempre, aunque cada uno ya ha emprendido su propio camino, y no tomar como una ofensa personal cuando le dicen algo que no le agrada. Pero si los amigos le dan largas, sabe aceptar que todas relaciones tienen su fecha de caducidad, o etapas de distanciamiento.

En total, la filosofía se resume como tender siempre la mano. Si los otros la cogen, pues genial, pero si no, tampoco pasa nada.

La idealización de la feminidad y el machismo

23 Nov

Siempre me he considerado un hombre en el espectro extremo de la heterosexualidad. No me refiero en el sentido de ser un macho alfa o tipo duro, sino en que siempre he adorado las mujeres, y no solo en el sentido sexual, sino también en el personal.

Lo que más adoro de la feminidad, a parte de la belleza y la voluptuosidad, es la sensibilidad, la ternura y la fuerza interior. Cuando ando por la calle y voy en el transporte público, me encanta observar a las mujeres, fijándome en su apariencia física, su forma de vestir y el lenguaje corporal. Y al ver una de aspecto agradecido y actitud simpática, se alegra mi día. Uno de mis mayores placeres es compartir momentos de intimidad con una fémina agradable, como un baile en pareja con buena compenetración, una conversación de confianza, un abrazo cálido, una mirada de complicidad y una sonrisa llena de afecto. Durante toda mi vida, las mujeres de mi alrededor me han cuidado y protegido, aunque en muchos casos, soy más mayor, más fuerte y más grande que ellas. Así no me sorprende que la gran mayoría de emprendedores sociales, voluntarios de ONG y activistas para crear lazos comunitarios son mujeres. Y en cualquier lugar donde veo mucha presencia femenina, me siento más seguro.

Por otro lado, como tengo una visión algo idealizada del sexo femenino, a la hora de crear personajes ficticios en mis novelas, me cuesta muchísimo inventar personajes femeninos malvados. Aunque he conocido a mujeres duras, valientes, fuertes y también a mujeres superficiales, egoístas, narcisistas e interesadas, cada vez que invento un villano femenino que ejerce el poder sin escrúpulos a través de amenazas, extorsiones, torturas y asesinatos a sangre fría, me resulta inverosímil, porque según mi percepción, esas cualidades no encajan en la feminidad. Me puedo imaginar una sicaria capaz de pegar un tiro a un desconocido por dinero, pero me cuesta imaginarla pegar un tiro a su mejor amigo por un “asunto de negocios”, aunque me parecería totalmente normal si lo hiciera un hombre.

Tras reflexionarme, me he dado cuenta de esta idealización de la feminidad no deja de ser un prejuicio de género, porque a lo largo de la historia, mujeres crueles, maquiavélicas, frías, que tramaban y mataban a sangre fría sin ningún tipo de escrúpulos sí que habían existido, aunque con menor frecuencia que los hombres. Pero el hecho de que ha habido menos “mujeres malas” que “hombres malos” no significa que la maldad no existe en las mujeres, y al pensar así, estaría negando la humanidad al sexo femenino. Porque la agresividad, la codicia, la envidia, el egoísmo y las ansias del poder y dominación son impulsos que viven dentro de todos seres humanos, que son por naturaleza, imperfectos.

A día de hoy, algunas corrientes de feminismo que idealizan las cualidades femeninas y demonizan las masculinas también están en riesgo de caer en la misma trampa, que en el fondo, no es más que otra forma de machismo.

El trabajo sexual: ¿regulación o abolición?

24 Oct

Cuando hablan del trabajo sexual, existe un eterno debate acerca de hay que prohibirlo o regularizarlo. En este artículo voy a aportar dos puntos de vista, el primero para analizar los posibles efectos de la legalización total de la prostitución en la sociedad, el segundo para contemplar la viabilidad de su abolición desde el punto de vista práctico, ignorando la ideología.

Antes de todo, quiero aclarar que aquí solo tratamos del trabajo sexual autónomo, que no incluye a la trata de blancas o ningún tipo de esclavitud sexual, porque en eso todo el mundo estamos de acuerdo de que es un delito grave que debe ser perseguido con todo el peso de la ley.

La prostitución vs la liberación sexual

(La opinión original está expresado en este artículo de Ilya Topper)

¿Por qué la gente paga para tener sexo? Hay una multitud de motivos, pero una de las principales es porque tenerlo gratis es imposible.

Antes de los años 60 del siglo pasado, la actitud sexual en la sociedad occidental era muy distinta que la de ahora. El sexo era considerado una necesidad y placer para el hombre, pero un sacrificio o explotación para la mujer. A las chicas les educaban desde pequeñas que el sexo era sucio y peligroso y había que protegerse contra la seducción de un hombre a toda costa, hasta que conociese a un caballero con intenciones serias que le pidiera matrimonio. A los chicos no les cohibían expresar su sexualidad, pero para persuadir a una chica a hacerlo con él, la tenía que ofrecer algo a cambio. Por la vía oficial se llamaba matrimonio, en que él y ella firmaran un contrato en el que él la ofreciera la estabilidad financiera a cambio de su constante disponibilidad sexual. Por la vía clandestina se llamaba prostitución, en que él la pagaba en efectivo para echar un polvo.

En aquella época, pagar (o cobrar) por sexo era mucho más normalizado que ahora, porque si uno no estaba casado o en una relación estable, follar gratis era una misión posible. Era muy común que los chicos tenían su primera experiencia sexual con prostitutas. Hasta algunos padres, cuando sus hijos cumplían los dieciséis años, los llevaban a un burdel para “convertirlos en hombres”. Por otro lado, las chicas, para proteger su reputación, evitaban tener relaciones sexuales o las llevaban a escondidas hasta el día de matrimonio. Y tenían que fingir que no les interesaba el sexo porque de otras maneras las tachaban de putas.

Entonces en los años 60 estalló la revolución sexual. Una de las principales reivindicaciones era que la mujer también tenía deseos eróticos igual que el hombre. Y las relaciones sexuales, en vez de ser un intercambio de intereses económicos de ella por la gratificación física de él, era un placer mutuo y necesidad fisiológica para ambos sexos. Poco a poco, la moralidad sexual rígida de generaciones anteriores se iba desintegrando y tanto ellos como ellas se enrollaban y se acostaban con quien querían, sin nada que esconder. Entonces, follar gratis se convirtió en la norma en vez de la excepción.

¿Y cuál es la consecuencia? La tasa de prostitución descendió de forma brusca en los países sexualmente más liberados. A día de hoy, cuando más conservadora es una sociedad, mayor porcentaje de hombres compran el sexo, y mayor porcentaje de mujeres se casan por el dinero.

¿Y cuál es el peligro si legalizamos por completo la prostitución?

Como es un negocio que prospera en sociedades mojigatas, siendo legal, los empresarios que se dedican a ello podrían formar un lobby, que a través de los medios de comunicación y las influencias políticas, fomentan una moralidad sexual conservadora en la sociedad. Porque cuando más difícil es follar gratis, más lucrativo se vuelve el negocio del sexo. Puede sonar paradójico, pero la legalización total de la prostitución podría crear una sociedad más puritana, porque habrá más intereses económicos para que fuera así.

La viabilidad de la abolición

Vale, si legalizar la prostitución podría fomentar una sociedad más mojigata, ¿la solución sería prohibirla?

Desde el punto de vista práctico, ya hay muchas mujeres (y algunos hombres) que se dedican a ello. Si lo prohibiera por ley, ellas no cambiarían de vida, sino que lo ejercerían en la clandestinidad, que sería mucho más peligroso porque no habría ninguna protección contra la explotación o los abusos.

Hablando en general, sea por cuestiones culturales o hormonales, a pesar de la revolución sexual, los hombres siguen teniendo un impulso sexual más fuerte que las mujeres, y las mujeres siguen siendo más selectivas a la hora de practicar el sexo. Por lo tanto que existe este equilibrio de oferta y demanda, habrá gente que hace negocio con ello. Y si es algo que va a suceder sí o sí, el mejor remedio es asegurar que las mujeres que se dedican a esta actividad disfrutan de la máxima protección legal. Y la única forma de conseguirlo es a través de la regularización.

Habrá gente que dirá: el hecho de que los hombres tienen un impulso sexual más fuerte no justifican la compra de sexo, ¿por qué no satisfacen su impulso masturbándose? Tienen razón. Pero la sociedad nunca funciona como debe, sino como es. Independiente de si es justificable o no, siempre hay gente que busca la salida fácil. Igual que la gente que toma drogas. Podrías argumentar que uno debe canalizar el estrés, la ansiedad y la tristeza practicando deporte o meditación. Pero en realidad, siempre habrá alguien que prefiere tomar una pastilla o meterse una ralla si eso le da el efecto más rápido y con menos esfuerzo.

Los abolicionistas asumen que todas las trabajadoras sexuales son víctimas de explotación que deben ser rescatadas. La realidad es mucho más compleja. Y lo que los medios no cuentan es que las prostitutas autónomas suelen ser las más activistas en la lucha contra la trata. Hay miles de trabajadoras sexuales que enorgullecen de su profesión y no la dejarían aunque les ofreciesen otras salidas, pero protestan por la falta de protección legal. Por eso han formado asociaciones como el Colectivo Hetaira, que se dedican a defender los derechos de las prostitutas. En el Reino Unido, miles de trabajadoras sexuales están uniéndose por primera vez para fundar un sindicato.

¿Abolición o regularización?

Desde mi punto de vista, lo mejor es el camino intermedio: la regularización sin normalización. ¿Pero cómo lo consigue? Sería un largo debate, pero de todos modos, cualquier decisión que se toma al respecto, lo más importante es tomar en cuenta la opinión de las propias prostitutas, que serán las más afectadas.

Rojava, la revolución más necesaria en el Oriente Medio

16 Oct

Durante los últimos días, los medios han hablado de la invasión del ejército turco al norte de Siria y la posible respuesta del gobierno sirio para enviar tropas a la frontera. Para la mayoría de los occidentales no es ninguna noticia, porque Turquía ya lleva décadas en un conflicto armado con la minoría kurda. Pero lo que pocos medios mencionan es que desde 2014, el norte de Siria ha sido gobernado por un de facto estado conocido como la Administración Autónoma del Norte y Éste de Siria, o Rojava, que hasta el día de hoy, es el primer estado del Oriente Medio con una constitución laica basada en el socialismo libertario, y uno de los mayores verdugos contra el Estado Islámico y cualquier tipo de fundamentalismo islámico.

Los orígenes, el kurdistán sirio

La mayoría de las fronteras entre países de Oriente Medio son resultado de la partición del antiguo territorio del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial, y reflejan más los intereses geopolíticos de Francia y Reino Unido que las identidades históricas de la región. Todos los estados: Irak, Siria, Jordania, Líbano etc tienen una multitud de grupos étnicos y religiosos dentro de sus fronteras, y uno de la etnias principales, los kurdos, se quedaron sin propio estado, con su territorio dividido entre 4 países: el éste de Turquía, el norte de Siria e Irak, y el oeste de Irán.

Tanto en Turquía como en Siria e Irak, los turcos y árabes que forman la etnia mayoritaria intentaron aniquilar la identidad cultural kurda. Por eso, durante el siglo XX surgieron varios movimientos de independentismo kurdo, algunos de los cuales armados. El grupo más conocido es el Partido de Trabajadores de Kurdistán de Turquía, conocido como el PKK, que aparte de luchar por la autonomía kurda, también apuesta por construir un estado socialista inspirado en ideologías marxistas y anarquistas.

La fundación del estado y la guerra con el Estado Islámico

Cuando estalló la rebelión en Siria en 2012, para enfrentarse a una multitud de rebeldes armados, el gobierno de Asad retiró las tropas de la frontera norte. La región, de mayoría kurda, cayó bajo control de las milicias locales, muchas de ellas se habían formado bajo la supervisión del PKK de Turquía. En 2014, redactaron una constitución para fundar un estado nuevo. Desde entonces, la región ha ejercido una independencia total en prácticamente todos los sentidos, aunque ningún país del mundo lo reconoce como un estado soberano.

La constitución se basa en el laicismo, el federalismo, la libertad religiosa y la democracia directa. Todas las leyes de origen islámico fueron derogadas y sustituidas por el código civil. Todas las religiones son toleradas por lo tanto que no se metan en política. Y en cada comunidad se organizan asambleas ciudadanas para facilitar la participación directa. La economía se basa en la agricultura y también en la venta de petróleo procedente de los pozos bajo su control.

Pero poco después de proclamar la independencia, Rojava tuvo que enfrentarse con un enemigo que amenazaba con su existencia: el autodeterminado Estado Islámico, cuyo territorio se situaba justo entre el suyo y el resto de Siria (fragmentado entre el gobierno de Asad y varios grupos de rebeldes). De 2014 a 2018, las milicias de Rojava era la única fuerza que combatían activamente contra los yihadistas. No solo defendieron con éxito su propio territorio, sino también liberaron varias ciudades de las manos del Estado Islámico, incorporándolas en su propio territorio.

La revolución de igualdad y pluralidad

Pero lo que más diferencia Rojava del resto de los territorios rebeldes de la guerra civil en Siria es la revolución social que lleva a cabo.

Una de sus principales agendas es terminar en la desigualdad entre hombres y mujeres. Por un lado, introdujeron la escolarización obligatoria para niños y niñas, prohibieron el matrimonio concertado, el casamiento de menores, y persiguieron la violencia de género y la mutilación genital. Por otro lado, duplicaron todos los cargos políticos para que en cada puesto hayan un hombre y una mujer. Cada ciudad tiene un alcalde y alcaldesa, cada cantón tiene un gobernador y gobernadora, y en todos los niveles del gobierno hay el mismo número de diputados y diputadas.

Tanto hombres como mujeres tienen la obligación de realizar el servicio militar. El ejército está formado por las milicias YPG (unidades de defensa del pueblo), integradas por ambos sexos, y YPJ (unidades de defensa femenina), integradas solo por mujeres. Muchas antiguas esclavas sexuales del Estado Islámico se unieron al YPJ tras ser liberadas. Las milicianas de Rojava jugaron un papel crucial en la guerra contra el Estado Islámico porque según los yihadistas, si los matase una mujer, no iría al paraíso.

Pero a pesar de las políticas de igualdad de género, mucha gente preguntaría: ¿Rojava se convertiría en otro Israel? un estado que protege los derechos humanos de los suyos (kurdos), pero ignora los de otras etnias (como árabes).

Al menos hasta el día de hoy, no tiene pinta de serlo, porque desde el principio, aunque kurdos forman la mayoría de su territorio, siempre han convivido con otras minorías como árabes, asirios, armenios y turcomanos. Y al conquistar más territorio antes ocupado por el Estado Islámico, incorporó aún más ciudadanos de origen árabe y yazidi. La constitución de 2014 concedió los mismos derechos a todos los habitantes, independiente de origen, y cada nacionalidad tiene su propio representante en el gobierno central. Niños de cada etnia puede estudiar en su propia lengua en la educación primaria, pero todos los colegios secundarios son bilingues en kurdo y árabe.

La situación actual

De 2014 a 2019, fuerzas occidentales y los gobiernos de Siria e Irak contaron con el apoyo de las milicias de Rojava para luchar contra el Estado Islámico. Ahora, con la destrucción de ese último, Rojava ya no sirve de ningún interés. Y desde el punto de vista de los países vecinos, la existencia de este estado clandestino no favorece a nadie.

El primer país en atacarlo es Turquía, bajo el miedo de que la minoría kurda dentro de su frontera se uniera a él. El presidente de EEUU Donald Trump, en vez de mediar el conflicto, retiró las tropas estadounidenses de la frontera para dar luz verde a la invasión turca. Por ahora, el gobierno de Asad y Rusia han prometido proteger la frontera, pero viendo el percance, hay que ser muy optimista para pensar que la independencia de Rojava pueda durar una década más.

Por supuesto, Rojava no es ninguna utopia. Hay muchos periodistas que lo han criticado por abusos de derechos humanos a los prisioneros de guerra, por la falta de libertad de prensa, y por la discriminación contra no kurdos. Pero en mi opinión, es un experimento muy pionero en el Oriente Medio porque trata de construir un país donde hombres y mujeres viven en igualdad de condiciones, y todas las nacionalidades, lenguas, religiones y razas tienen cabidas en la misma sociedad. Si el experimento tuviera éxito, podría exportarse al resto del Oriente Medio, que es justo la revolución más necesaria.

QAMISHLI, SYRIA – NOVEMBER 12: Students sing the Rojava anthem at a public elementary school on November 12, 2015 in Qamishli, Rojava, Syria. With the fall of the Syrian regime and successes against ISIS in the predominantly Kurdish Rojava region of northern Syria, schools have begun teaching in Kurdish as the primary language, along with Arabic and English. The autonomous regional government, based on a local communal system, promotes gender equality and equal public education for girls and boys. (Photo by John Moore/Getty Images)

Fuentes:

http://theconversation.com/new-education-system-was-central-to-the-kurds-rojava-revolution-in-northern-syria-now-its-under-attack-125153

https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2019/05/23/the-kurds-are-creating-a-state-of-their-own-in-northern-syria

Las fantasías humanas y las posibilidades de su realización

9 Oct

Desde la antiguedad, los seres humanos han fantaseado con algunos temas existenciales, como la inmortalidad, la vida después de la muerte, el viaje en el tiempo, la separación del cuerpo y mente, y la creación de una humanidad artificial. A veces he pensado que durante los últimos años, con todos los avances tecnológicos, ¿estamos más cerca de convertir algunas de ellas en realidad?

Al menos por los conocimientos científicos actuales, la vida después de la muerte sigue siendo una incógnita, el viaje en el tiempo viola las leyes más fundamentales de la física (salvo si uno consigue viajar más rápido que la velocidad de la luz). Pero vamos a examinar las posibilidades reales de acercarnos a la inmortalidad, la separación de la mente del cuerpo y la creación de una humanidad artificial.

La inmortalidad

Desde la antigüedad, la fantasía de la inmortalidad ha estado presente en muchas culturas. Los dioses griegos son el ejemplo más claro. El primer emperador chino, tras unificar el imperio, envió una flota de 500 jóvenes a explorar los mares para buscar una medicina para detener el envejecimiento. Pero a pesar de toda la obsesión, murió a los 47 años por envenenamiento de mercurio.

Durante el siglo XX, la media esperanza de vida a nivel mundial había aumentado de 30 años a 70, pero se debía principalmente a reducir la mortalidad infantil. A partir del siglo XXI, el número de ancianos mayores de 80 no deja de aumentar, pero en la mayoría de los casos gracias a los medicamentos y cirugías que les mantienen con vida, a pesar de sufrir enfermedades crónicas. Muchos preguntarían: ¿qué sentido tiene vivir más de 100 años si pasas la mitad de tu vida como un anciano? El gran reto ya no es añadir años a la vida, sino en extender los años de juventud.

La noticia prometedora es que durante los últimos 20 años, las investigaciones científicas han hecho grandes avances en encontrar soluciones para retrasar, detener, e incluso invertir, el proceso de envejecimiento. Por un lado, han identificado interruptores genéticos que al desactivarlos, ralentizaría el ritmo de envejecimiento. Por otro lado, el estudio de los telomeros y las células madres han descifrado muchos mecanismos de la regeneración de células. Tengo confianza que dentro de pocas décadas, tendremos en nuestras manos medicamentos para alargar la vida y sobre todo, los años de juventud. Quizás no alcanzaremos la inmortalidad, pero sí lograremos extender la vida por 50 años más.

Por supuesto, con tratamientos efectivos contra el envejecimiento, surgirían nuevas dilemas éticas: ¿será un derecho de toda la ciudadanía, o se venderá en el mercado para quién lo puede pagar? ¿Estaríamos preparados para vivir en una sociedad en que algunas personas podrían vivir hasta los 150 años mientras otras solo hasta los 80, con la especie humana dividida en varias subespecies biológicamente distintas por la capacidad económica que tienen?

Consideramos el mejor de los casos, que toda la humanidad consigue actualizarse a una versión mejorada. La organización de la vida actual, como los años de estudios, de trabajo y de jubilación, se tendrían que replantear. Se me ocurre que una vida de 150 años podría organizarse en varios ciclos formados por 20 años de trabajo y 10 de jubilación, y durante la década de jubilación temporal, uno podría ampliar sus estudios, aprender un nuevo oficio, o criar una familia sin tener que preocuparse de la reconciliación laboral. ¿Suena bien, no?

La separación del cuerpo y mente

La separación entre cuerpo y mente se ha manifestado en varias religiones en la forma del alma y la reincarnación, y también en la literatura de ciencia ficción como Ghost In the Shell, Altered Carbon y Black Mirror. La idea central es que la identidad de cada individuo no reside en su cuerpo físico, sino en la mente, y si lograse extraer la mente del cuerpo, la persona podría continuar viviendo en el mundo de los espíritus, en el ciberespacio, o en otro cuerpo humano, después de la muerte.

Con la tecnología actual, la extracción de la mente del cuerpo aún pertenece al terreno de la ciencia ficción, pero algunos emprendedores, como Elon Musk, están invirtiendo millones de dólares construir una interfaz entre el cerebro humano y el internet. El primer objetivo es facilitar la mente dar órdenes de búsqueda en internet solo con un pensamiento, y recibe la respuesta descargada directamente en las neuronas. El siguiente paso será guardar y compartir pensamientos y recuerdos en la nube. Y el último objetivo será subir toda la conciencia de una persona a la red y crear varias copias de ella, que se puede descargar en distintos dispositivos.

Partiendo de la hipótesis de que un día lograran conseguir el primer objetivo, en mi opinión, el único colectivo que se beneficia de ello son personas que sufren algún tipo de discapacidad. Un parapléjico podrá enviar señales de su cerebro a sus músculos a través de conexiones digitales. Una persona con un brazo o pierna biónico podría moverlo solo con sus pensamientos como si fuera una extremidad natural. Pero para una persona normal, no veo ninguna ventaja que supone realizar una búsqueda con su pensamiento sobre teclearlo en el buscador de Google por una simple razón: podemos controlar lo que decimos y escribimos, pero no podemos controlar tanto lo que pensamos, porque la mente es muy traicionera.

El segundo objetivo, desde mi punto de vista, ya es terreno peligroso porque supone la invasión de una de las últimas barreras de la intimidad, el pensamiento privado. Si creas una copia de tus recuerdos, pensamientos y sentimientos en la red, ¿qué pasaría si alguien lo hackea y te amenaza con desvelar tus fantasías más oscuras a tus vecinos, socios y tus compañeros de trabajo? ¿O lo que piensa de verdad de tu jefe o un cliente importante?

Para lograr el tercer objetivo ya lo veo muy complicado, porque una cosa son los recuerdos o pensamientos de un individuo, otra cosa es su personalidad y conciencia. Y la ciencia ya ha demostrado que la mente y el cuerpo son dos entidades inseparables. La forma en que pensamos, sentimos y percibimos el entorno no solo depende de la actividad neuronal, sino también de las hormonas que segregan nuestros órganos y la bacteria intestinal. Sin aquellas reacciones químicas, es imposible que la mente funcione a 100%.

Pero partiendo de la hipótesis de que un día consiguieran los tres objetivos, sería una acción extremadamente cruel descargar la conciencia humana en una máquina, porque la mente humana necesita un cuerpo carnal para expresarse y comunicar con los demás. Imagínate vivir en una situación en que tu mente funciona a 100%, pero no tienes ojos para ver, boca para hablar, brazos y piernas para moverte y la piel para sentir el tacto, la vida debería ser el peor de los infiernos. Legalmente seguro que estaría prohibido.

La creación de una humanidad artificial

La fantasía de crear una humanidad artificial se ha manifestado en leyendas como el Golem, en la literatura de terror como Frankenstein, y en todas las novelas y películas de ciencia ficción donde salen robots y androides. La inquietud siempre es la misma: que el ser artificialmente creado llega a ser más fuerte e inteligente que su creador y lo domina.

A día de hoy, mucha gente compara el desarrollo de la inteligencia artificial con la creación de una humanidad artificial. Desde mi punto de vista, esta comparación es errónea, porque la inteligencia artificial funciona por un principio totalmente distinto a lo del cerebro humano: en la detección de patrones a base de analizar una cantidad colosal de ejemplos. Puede ser capaz de ganar al campeón mundial en una partida de ajedrez, pero necesita ver miles de ejemplos para poder distinguir un perro de un coche. Mientras un niño de 3 años ya es capaz de identificar un perro basta con haber visto uno.

Por eso, creo que todavía no estamos ni cerca de crear una humanidad artificial. Y lo único que estamos consiguiendo es crear máquinas cada vez más potentes que sirven como herramientas para resolver problemas prácticos. Por eso no me preocupo tanto que nos dominen los robots como en las películas de Terminator, sino en el mal uso de la inteligencia artificial de algunas personas para amasar demasiado poder y dinero, o para sembrar caos, manipular y dominar a otros seres humanos.

¿Ya vivimos en una fantasía del pasado?

A veces también me he planteado que quizás ya vivimos en una fantasía de gente que había vivido siglos atrás porque nuestro modo de vida, para muchas generaciones pasadas, ya parecería un sueño hecho realidad.

Imagínate que hasta hace poco, 3 de cada 5 niños nacidos no llegaban a la pubertad, la mitad de adultos morían antes de cumplir los 50, y las mujeres no conocían ningún método anticonceptivo efectivo. Vivir en un mundo en que uno puede decidir cuándo tiene hijos, cuantos tiene, y que todos pueden llegar a la edad adulta, ya parecería un cuento de hadas.

La teoría queer vs el feminismo

21 Ago

Durante los últimos años, la prensa en los países anglosajones han dado una cierta cobertura a un creciente choque entre los activistas transgénero con algunas corrientes del feminismo de género. Al principio, lo descalificaba como otro de los muchos conflictos que han surgido en las redes sociales por asuntos nimios, hasta que me topé con un par de artículos escritos por los periodistas españoles Ilya Topper y Alicia Díaz, que han explicado con claridad la verdadera causa: no es el rechazo de feministas hacia mujeres trans, sino hacia la teoría “queer”.

¿Qué es la teoría “queer”?

Es una teoría propuesta por la filósofa feminista estadounidense Judith Butler en los años 90, que pretende que el sexo de los humanos, ser hombre o mujer, sea un estado mental en vez de una realidad biológica; que uno se haga hombre no por tener pene y cromosoma XY, sino por sentirse hombre; una no se haga mujer por tener vagina y cromosoma XX, sino por sentirse mujer. Y entre hombre y mujer hay varias categorías intermedias, como mitad hombre mitad mujer, o 1/4 hombre 3/4 mujer. Cada género no se define por el estado biológico o hormonal, sino solamente por cómo se siente cada uno, que puede variar de día a día. Por supuesto, tampoco existe la homosexualidad o heterosexualidad, porque el sexo biológico, según esta teoría, no es nada más que una construcción social que carece de sentido real.

El activismo “queer” han cobrado fuerza durante los últimos años a raíz de la lucha LGTBI, especialmente acerca de los derechos de transexuales. Inicialmente se aliaron con el movimiento feminista, pero cada vez surgen más trifulcas. En el Reino Unido y EEUU ya forman grupos de presión política importantes ligados a partidos de izquierda. Proponen modificar las leyes para que cada uno pueda inscribirse en el sexo que quiera, sin aportar ninguna prueba o evaluación. Es decir, un hombre calvo y barbudo puede inscribirse como mujer si se siente femenino. Y si mañana volviese a sentirse hombre, podría volver a inscribirse como hombre. Para defender los derechos de los transexuales, proponen prohibir mencionar que exista cualquier diferencia biológica entre mujeres trans con las que nacen mujeres, hombres trans con los que nacen varones. Y cualquiera que lo hace pueda ser imputado por delitos de odio.

¿Por qué choca con algunas feministas?

Porque el feminismo combate la discriminación sexual, que desde la brecha salarial hasta la mutilación genital y el aborto selectivo, se ejerce contra las personas que nacen con cuerpo de mujer, no las que se sienten como mujeres. Si cualquier hombre pudiera declarase mujer basta con decir que se siente femenino, la lucha contra el sexismo ya se desvirtuaría del camino, y las políticas de género ya dejarían de tener ningún sentido.

¿Cuál es mi opinión acerca de este asunto? Tengo mis repuestas desde 2 perspectivas: la científica y la socio-política.

Desde la perspectiva científica

Estoy totalmente en desacuerdo con la teoría queer, porque las diferencias biológicas entre hombre y mujer, macho y hembra, son reales. Negarlo es como negar que la tierra es redonda. Y gusta o no, esas diferencias importan. Basta con que una mujer empieza a tener la regla a partir de la pubertad, sufre cambios hormonales durante el mes, puede quedarse embarazada al practicar el sexo, tiene útero para dar a luz y senos para amamantar, y la menopausia que le viene a partir de los 50, ya le hace vivir una relación con su cuerpo muy diferente a la de un hombre. Y no hay que olvidarse que como seres sexuales, el impulso de coqueteo está escrito en nuestro ADN. Los hombres heterosexuales y las mujeres lesbianas se sienten atraídos a personas con cuerpo de mujer, no a las que se sienten como mujeres. Por más que un hombre se siente femenino, su cuerpo nunca fabricaría óvulos, y tampoco se ligaría a una lesbiana.

La disforia de género es una realidad. Hay personas que nacen en el cuerpo de hombre pero se siente mujer, y viceversa, y sus vidas no deben ser nada fáciles. Estoy totalmente de acuerdo que tengan el derecho de vestirse como miembro del sexo opuesto, pedir que les traten como un miembro del sexo opuesto, operarse para convertirse al sexo opuesto y conseguir todos los derechos del sexo opuesto, pero lo que no se puede hacer es negar que para la inmensa mayoría de la humanidad, ser hombre o mujer sí que es una definición biológica.

Desde la perspectiva política

Al principio pensaba que las feministas exageraban, porque al fin y al cabo, las personas con disforia de género son una minoría demasiado pequeña. Sea 0,2% o 2% de la población total, no serían capaces de descarrilar la lucha contra la discriminación sexual y tampoco invalidarían las políticas de género. Por tras leer varias opiniones, me di cuenta de que lo que temen las feministas no son las mujeres trans, sino hombres que abusan de las leyes por sus propios intereses. Por ejemplo, en el caso de un marido que agrede a su mujer, basta con ir al registro y declararse mujer, el delito ya no se juzgará como violencia de género, y cualquier hombre, una vez declarado mujer, ya podría entrar gratuitamente en vestuarios femeninos.

Ojalá que esas situaciones hipotéticas nunca sucedan y todo no sea nada más que una paranoia, pero en mi opinión, para facilitar el cambio de sexo en el registro oficial, o para introducir nuevas categorías a parte de hombre/mujer, se necesita un consenso científico, sino biológico, al menos psicológico, sobre los parámetros que clasifican cada categoría, porque al fin y al cabo, un organismo público debería recoger datos de hechos cuantificables, no de sentimientos subjetivos. Y la disforia de género es un asunto personal demasiado serio para tratarlo con tanta banalidad.