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El perfil sociológico del gángster norteamericano

26 Jun

Uno de los prototipos de personaje histórico más retratado en el cine comercial estadounidense, a parte de los cowboys del Oeste, es el gángster durante los violentos años 20 y 30. En muchas películas, el típico gángster norteamericano es retratado como un tipo que se vestía de forma elegante, de naturaleza violenta y carácter asertivo, pero poseía ciertos principios y valores, que por regla general, nunca traicionaba a sus amigos ni hacía daño a mujeres, niños y personas inocentes. A pesar de ganarse la vida apretando el gatillo, solo ejercía la violencia cuando era estrictamente necesario, y siempre contra quién se lo merecía.

A veces me pregunto: ¿esos “bandidos caballerosos” con la ética de Robin Hood existieron de verdad? En este post, voy a analizar un poco el perfil sociológico del “típico” gángster estadounidense de la época de la ley seca.

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Cuando oímos la palabra “gángster” solemos asociarlo a un miembro del crimen organizado. En EEUU, el crimen organizado no apareció de día a mañana, sino evolucionó poco a poco desde un modo de delincuencia mucho más crudo: la banda callejera. Desde el siglo XIX, en muchas ciudades americanas como Nueva York, Chicago y Boston, la presencia de bandas callejeras ya era conocida. En ciertos barrios neoyorquinos como Five Points y Hell’s Kitchen, algunos visitantes contemporáneos, como Davy Crockett y Charles Dickens, ya comentaban de fenómenos como docenas de jóvenes armados con machetes, navajas y palos que se enfrentaron en plena calle para resolver sus diferencias del modo más salvaje.

¿Por qué surgieron las bandas callejeras? Durante el siglo XIX, en la mayoría de las ciudades la ley y orden no funcionaban de forma tan eficaz como ahora. Los cuerpos de policía constaban de pocos efectivos y carecían de recursos para atender a las necesidades de los cientos de miles de habitantes de las ciudades industrializadas, cuya población no dejaba de aumentar por la llegada sin cesar de inmigrantes. Una gran parte de las ciudades carecían de las infraestructuras más básicas como alcantarillas y agua corriente. Derrumbes de edificios, incendios y brotes de enfermedades contagiosas eran ocurrencias cotidianas. Las comunidades inmigrantes, por la barrera cultural y lingüística y los abusos que sufrían a manos de las autoridades, confiaban aún menos en las fuerzas de orden. La gran mayoría de los problemas, desde pequeñas deudas hasta robos y violaciones, se resolvían por cuenta propia a través de amenazas y venganzas. Las bandas callejeras, en cierto modo, surgieron como meros agentes para resolver las disputas entre vecinos en los barrios marginales abandonados por las autoridades.

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Pandillero neoyorquino, siglo XIX (De James Brown)

La gran mayoría de las bandas callejeras se organizaban por barrio y por origen étnico. A principios de siglo XX, en Nueva York las más conocidas eran el Eastman Gang, de origen judío, y el Five Points Gang, de origen italiano. La mayoría de los pandilleros no eran nada elegantes ni sofisticados, sino chavales de aspecto huraño que pasaban todo el día en la calle, en las tabernas y en los prostíbulos más sórdidos, siempre con una navaja en la mano dispuestos a usarla contra cualquiera que les faltaba respeto. Su principal actividad era extorsionar comercios, controlar apuestas, hacer de proxeneta a las prostitutas y pelearse con miembros de bandas rivales, pero su influencia raras veces excedía a las pocas manzanas que constituían su barrio. A pesar de todos los golpes que daban y los sectores de la economía negra que controlaban a nivel local, pocos llegaron a ser ricos. Hasta los líderes de las bandas no ganaban ni un ingreso medio.

Todo cambió en 1921, cuando el gobierno federal estadounidense puso en marcha la ley seca. Como el contrabando de licor era un negocio tan lucrativo, muchos pandilleros empezaron a dedicarse a ello. De día a mañana, Los que antes eran chulo-putas de barrios bajos se volvieron ricos. Los que antes peleaban con navajas ahora disponían de pistolas y armas automáticas. Otros delincuentes también se aprovecharon del boom del mercado negro, algunos asaltando a los camiones de contrabando, otros secuestrando a los traficantes ricos pidiendo rescates astronómicos. La violencia se escaló tanto en frecuencia como en intensidad, con noticias de tiroteos, asesinatos, atracos y secuestros llenando las portadas de la prensa sensacionalista. Para marcar el nuevo estatus socioeconómico que disfrutaban, los pandilleros ya no se vestían como rufianes del barrio bajero, sino con trajes hechos a medida y camisas de seda. Se alojaban en hoteles de lujo y frecuentaban restaurantes y casinos de mayor estatus, haciéndose pasar por hombres de negocio de clase alta. De ahí, el pandillero se convirtió en el “gángster”.

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La banda callejera “Five Points gang”, formada por pandilleros italianos

Pero la verdadera transformación de “banda callejera” a “crimen organizado” sucedió en 1931, cuando un grupo de gángsteres liderado por Lucky Luciano y Meyer Lansky, tras llegar a la cima del mundo de la hampa, decidieron formar un pacto de colaboración entre todas las bandas de Nueva York, conocido como la “comisión del crimen“. A partir de ahí, todas las bandas tenían que respetar el territorio de otras y la violencia entre bandas fue estrictamente prohibida bajo la pena de muerte. En respuesta a cualquier delito cometido por un miembro de la comisión, todos los gángsteres tenían la obligación de colaborarse entre sí para ocultar pruebas, mentir en el juicio, sobornar a policías, fiscales y jueces, y amenazar, o matar, a testigos. Entonces, el contrabando de licor, la prostitución, el juego, la extorsión, la venta de drogas y los atracos armados se convirtieron en actividades económicas de una empresa multinacional con sus propias normas de conducta, estrategias empresariales y jerarquía de mando.

A pesar de que la ley seca fue revocada en 1933, el crimen organizado ya había acumulado tanto poder que a parte de dominar a los bajos fondos, también controlaba a muchos negocios legítimos e influenciaba al sistema judicial y la política. Desde los años 30 hasta finales de 60, la mayoría de sus crímenes se quedaron impunes. Los perpetradores raras veces fueron detenidos, imputados y casi nunca condenados. Muchos de los pandilleros de los años 20 habían muerto jóvenes con un tiro en la nuca, pero otros amasaron auténticas fortunas. Los más listos abandonaron la vida de crimen y invirtieron la capital en negocios legítimos, transformándose en empresarios respetables en los años 50 y 60. Efectivamente, habían conseguido el “sueño americano”.

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Meyer Lansky, uno de los fundadores de la “comisión de crimen”

Ahora, vamos a llegar al punto clave: ¿cómo era el típico gángster norteamericano de los años 20?

El típico gángster era un joven procedente de un gueto de inmigración. Algunos habían nacido en Irlanda, Italia, Rusia, el imperio otomano o austrohúngaro, otros habían nacido en EEUU de padres que habían emigrado de esas tierras, pero en la mayoría de los casos, EEUU era el país donde habían pasado su infancia y también donde habían iniciado su carrera criminal. Así que efectivamente, el “gángster americano” era un producto del nuevo mundo, independiente de su origen étnico.

Todos, sin excepción, habían pasado la adolescencia viviendo de la hampa en los bajos fondos, robando carteras, timando a forasteros, atracando a transeúntes, vendiendo drogas, amenazando a morosos o dando palizas por la calle. Cuando entró en vigor la ley seca en 1921, la gran mayoría de los gángsteres eran muy jóvenes. Lucky Luciano tenía apenas 24 años, Meyer Lansky 19, Bugsy Seigal 16 y Al Capone 22, pero todos ya gozaban de una reputación temerosa en los barrios donde residían. Contraria a la idea de muchas películas que era la ley seca que “volvió delincuentes” a hombres normales, eran más bien delincuentes curtidos que aprovecharon la ley seca para hacerse ricos. De hecho, antes de 1921, muchos de los futuros gángsteres ya habían sido detenido por docenas de delitos desde robo con violencia hasta agresiones sexuales. Básicamente, no era gente con la que preferirías pasar una tarde tomando cañas.

¿Entre ellos había ladrones honrados como en las películas? En mi opinión, si lo hubiera, el porcentaje no sería mayor que entre los delincuentes de hoy en día o entre los presos de cualquier cárcel, porque al fin y al cabo, se trababa de gente acostumbrada de vivir de la estafa, de la coacción y de la violencia. La única diferencia fue que debido a las peculiares circunstancias históricas, se hicieron ricos.

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Los bajos fondos…

Entonces, ¿por qué hay tanto culto en Hollywood hacia el gángster americano?

En mi opinión, representaba la visión más extrema del sueño americano, en que cualquier persona, por lo humilde que fueran sus raíces, podría llegar a la cúspide de la sociedad si tuviera dinero, aunque lo hubiera conseguido a través de robos, contrabando y asesinatos. No hay que olvidar que los gángsteres eran en su mayoría hijos de inmigrantes, de grupos étnicos que en la época que vivían, no eran bien aceptados en la sociedad norteamericana. A pesar de que muchos habían vivido casi toda la vida en EEUU, no solían ser percibidos como “verdaderos americanos” por su apellido, religión o rasgos. Los partidos conservadores de la época usaban la alarma social hacia el gansterismo como excusa para defender sus políticas xenófobas y antisemitas, retratando los gángsteres como una corrupción extranjera a los valores estadounidenses. Por eso, el gángster americano también representaba el triunfo de los marginados, rechazados y discriminados, que habían logrado el respeto en la sociedad a través de la violencia, que probablemente, para las circunstancias en que se criaron, era la única medida que disponían para perseguir el sueño americano.

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La definición de las personas mediocres

1 Dic

Para mí, las personas mediocres no tienen por qué ser personas malas, sino personas que no tienen nada que aportar. De hecho, todos tenemos algo de mediocridad (yo mismo sobre todo). ¿Pero qué es una persona mediocre? Así daría yo la definición:

  • Anda persiguiendo las tendencias. Si montar en bici está de moda, monta en bici, si hacer yoga está de moda, practica yoga, pero lo hace sólo para seguir la corriente y para parecer guay delante los demás. Pero el momento en que esta actividad deja de estar de moda, ya la abandona.
  • Es consumista y materialista. Su valoración de sí mismo y de los demás se basa principalmente en la cantidad de material que posee. Su mayor sueño es vivir en una casa grande, conducir un coche caro y vestirse de la última moda.
  • Da mayor importancia a su aspecto físico que la salud. Si hace deporte, es para adelgazar o marcar músculos, nunca para mejorar la salud física o el bienestar psicológico.
  • Admira a todo lo que vienen de los países ricos, pero es xenófobo hacia las personas y culturas de países pobres. Es capaz de menospreciar la gastronomía etíope y senegalesa por ser “cutre”, pero devora con gusto las hamburguesas de MacDonalds.
  • Anda buscando soluciones milagro. Si quisiera perder peso o ganar dinero, buscaría los esquemas de máximo efecto con mínimo esfuerzo, incluso cuando los efectos nocivos a la salud o los riesgos de estafa son muy elevados.
  • Le encanta la prensa sensacionalista. Cuanto más morboso, más escandaloso y más alarmista mejor. Al ver el telediario, se emociona hasta llorar o enfadarse al ver una noticia, pero nunca analiza las causas o los efectos, y todavía menos cuestiona los efectos de la manipulación.
  • Cree en cualquier bulo que circula por las redes sociales y lo va difundiendo a todos sus contactos, sobre todo cuando tiene un mensaje escandaloso.
  • Elige para su círculo social a personas del mismo sexo, misma edad, misma orientación sexual y misma situación de pareja, aunque no comparten ningún valor o interés en común.
  • Si es heterosexual, la única razón en que se arrima a una persona del sexo opuesto es para enrollarse. Nunca mantendría amistades del sexo opuesto.
  • Tiene envidia a los que tienen éxito y busca cualquier excusa para atacarles. Si no en el ámbito profesional, en el ámbito personal.
  • Piensa que el bienestar de la sociedad, o de cualquier colectivo, es responsabilidad de los demás y sobre todo de las autoridades. Es capaz de tirar basura en un parque y luego quejarse de los servicios de limpieza.
  • Sólo se preocupa de una injusticia cuando el afectado es él mismo. Cuando lo pasa a otra gente, busca cualquier excusa para no involucrarse.
  • Es reivindicativo sólo para sus propios derechos, aunque cuando pisan a los derechos de los demás, pero en este caso, siempre se justifica.
  • Critica a otras personas por hacer las mismas cosas que hace él, cuando a él le molesta.
  • Echa la culpa de todos sus fracasos y todas las situaciones adversas que sufre, a los del lado. Nunca asume responsabilidad de nada.

¿Te consideras una persona mediocre?

El urbanismo expansivo y la ciudad dormitorio

14 Dic

El otro día, The Economist publicó este extenso artículo dedicado a los “suburbs”: sus orígenes como una idea al principio del siglo XX, su puesta en práctica de forma masiva en EEUU en los años posguerra y la extensión de este modelo de urbanismo a los países en desarrollo en el siglo XXI, con ejemplos en India, EEUU y Reino Unido.

Un “suburb” no es lo mismo que un “suburbio” en español. Se refiere a barrios situados en la periferia de las ciudades que sirven de carácter estrictamente residencial. Tampoco es un “barrio periférico” ni un “pueblo cerca de la ciudad”, porque estos últimos suelen tener su propio eje comercial con tiendas, bares, restaurantes y espacios públicos donde los vecinos trabajan, hacen las compras, socializan y salen a divertirse. Un “suburb”, sin embargo, solo consta de casas residenciales con un mínimo de comercios o espacios públicos. La mayoría de los residentes trabajan, socializan y se divierten en otras partes de la ciudad y solo vuelven ahí para dormir, o al menos eso era la idea original. En castellano, quizás la palabra más adecuada es “ciudad dormitorio”.

Los "barrios periféricos" se diferencia a los "suburbs" en que tienen calles comerciales.

Los “barrios periféricos” se diferencia a los “suburbs” en que tienen calles comerciales.

Las “ciudades dormitorio” se han popularizado en varios países durante distintas épocas. Durante los años 50, en EEUU empezaron a construir urbanizaciones de chalets en la periferia de las grandes ciudades para alojar a las familias de clase media. En Francia también hicieron lo mismo, pero en vez de construir chalets, levantaron bloques de hormigón para alojar a las familias humildes en “poblaciones nuevas” a 30 kilómetros de la ciudad. Pero a pesar de que el experimento tuvo un contexto muy distinto en EEUU y en Francia, los “barrios dormitorio” compartían ciertas características: que eran grandes de extensión llenas de casas idénticas donde no había tiendas, parques, plazas o ningún lugar que servía de centro de vida comunitaria.

Debido a su uniformidad y sus gigantes extensiones, aquellas poblaciones solían estar muy alejadas de la ciudad o cualquier punto de referencia, donde era difícil depender del transporte público para desplazarse. En EEUU, la clase media cogía el coche a todos lugares hasta para comprar el pan. En Francia, los obreros cogían trenes y autobuses que les llevaban a la fábrica donde trabajaban, pero eran las únicas vías de comunicación que les conectaban con el resto del mundo. Si los residentes quisieran ir al centro de la ciudad para dar una vuelta, el viaje podría tardar hasta 2 horas, si no dispusieran de vehículo propio.

Barrio dormitorio en Los Ángeles

Barrio dormitorio en Los Ángeles

De los años 60-90, este modelo de urbanismo se extendió a todos los países desarrollados. A la par que la gente se desplazaba a vivir en ciudades dormitorio, muchas empresas también se desplazaban a los “parques empresariales”y muchas tiendas a los “centros comerciales” en las afueras de la ciudad . Debido a las grandes distancias que separaban un lugar y otro, todo el mundo se movía en coche y nadie andaba por la calle. El transporte público se quedó abandonado y cualquiera que no dispusiera de coche era como si no tuviera pies. En casos extremos, produjo el efecto de la “ciudad donut”, como Los Ángeles, Denver y Houston durante los años 80: ciudades llenas en la periferia pero vacías y abandonadas en el centro.

Con toda la actividad trasladada a la periferia, muchas partes del centro de Los Angeles se quedaron abandonados.

Con toda la actividad trasladada a la periferia, muchas partes del centro de Los Angeles se quedaron abandonados.

Pero a partir del siglo XXI, muchos sociológos han empezado a cuestionar este modelo de urbanismo por los varios problemas que se habían enfrentado.

Primero, es la cuestión medioambiental. En una ciudad donde todo el mundo depende del coche para ir a cualquier sitio, sobre todo cuando muchos coches sólo tienen un ocupante, se produce mucho más contaminación.

Segundo, es el estilo de vida sedentaria. Debido a que la gente coge el coche a cualquier lugar, no tiene ocasión para andar. Además, muchas ciudades dormitorio ni siquiera tienen lugares, como parques, donde la gente puede practicar deporte. En EEUU, la tasa de obesidad aumentó más justo durante las décadas de “suburbanización”.

Tercero, es el abandono de los espacios públicos. Cuando todo el mundo pasa todo el día metido en casa, dentro de un centro comercial o un parque empresarial, las calles se quedan totalmente desiertas. Y cuando los vecinos no toman la calle, los elementos conflictos lo hacen. Lo que acaba produciendo son 2 mundos separados por una linea muy fina: los muros de la casa o la urbanización: dentro es todo familiar y cómodo, pero fuera es un mundo desconocido, hostil y peligroso.

El Ensanche de Vallecas es una ciudad dormitoria en las afueras de Madrid

El Ensanche de Vallecas es una ciudad dormitoria en las afueras de Madrid

Cuarto, el aislamiento. Donde nadie anda por la calle ni sale a comprar al mismo panadero, carnicería o frutería como hacen en los barrios tradicionales, se pierde el sentido de comunidad. Es común que la gente puede llevar años y décadas viviendo en una ciudad dormitoria, pero no conoce a ninguno de sus vecinos.

Quinto, la segregación social. La gente suele congregarse a vivir con los de un nivel socioeconómico parecido, pero cuando las extensiones son muy grandes, los barrios ricos suelen estar tan alejados de los barrios de clase media o pobres que los residentes no tienen ni siquiera la oportunidad de verse, es decir, la separación es más absoluta. Eso produce una situación en que la gente de distintas clases sociales crecieran en ámbitos totalmente segregados que hace pocos favores para la cohesión social.

Sexto, la marginación de los pobres. En áreas urbanas de grandes extensiones, los barrios pobres suelen estar más alejados de los centros de trabajo o de estudios, y el factor de la distancia ya basta para aislarles y marginarles aún más. Imagínate el hijo de una familia humilde que estudia en la universidad y no dispone de propio coche. Si el campus está 70km de su casa y no hay transporte público, el chaval tiene mucho más probabilidad de abandonar los estudios el hijo de una familia acomodada.

Los "banlieues" de Francia son ciudades dormitorias para las clases humildes.

Los “banlieues” de Francia son ciudades dormitorio para las clases humildes.

En ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Londres, ya han tomado medidas para devolver la vida a los antiguos barrios. Entre la generación nacida en EEUU a partir de los 80, muchos están hartos del mundo estéril, mecánico e inhumano de la vida entre las ciudades dormitorio, centros comerciales y parques empresariales y la tendencia actual es repoblar los barrios antiguos de las ciudades donde hay peatones, transporte público y comercios del barrio.

Sin embargo, en los países emergentes, la tendencia es justo al revés. En China, India, México, Brasil y Rusia se está poniendo de moda la tendencia estadounidense de los años 50, donde vivir en una urbanización de chalets alejada de la ciudad es un simbolo de estatus social. La extensión de ciudades como Pekin, Delhi, Moscú, Sao Paolo y México D.F. crece cada vez más, engullendo todo el espacio verde que les separaban de los pueblos del alrededor.

Rivas Vaciamadrid es uno de los municipios que más ha crecido en Madrid

Rivas Vaciamadrid es uno de los municipios que más ha crecido en Madrid

En España, durante los últimos 20 años la gente joven también se desplaza cada vez más a las ciudades dormitorio. Han copiado tanto el modelo estadounidense de construir urbanizaciones de chalets para las clases más acomodadas como el modelo francés de bloques de hormigón en los PAUs en las afueras de las grandes urbes. En la comunidad de Madrid, los pueblos que más han crecido son Rivas Vaciamadrid y Valdemoro, y casi todas las zonas nuevas constan de ciudades dormitorias para trabajadores que se desplazan a la ciudad para trabajar y realizan sus compras en centros comerciales, donde el uso de coche es obligatorio.

Todavía es pronto para saber qué efecto sociológico tendrá este modelo de urbanismo. Sólo cuando la generación nacida y criada en las ciudades dormitorio lleguen a la madurez, podremos ver si también se enfrentarán a los mismos problemas que había sucedido en EEUU y Francia.

Mapa de la distribución de los "nuevos barrios" de Madrid.

Mapa de la distribución de los “nuevos barrios” de Madrid.