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La islamofobia vs la crítica a Islam

14 Sep

En las elecciones nacionales de Suecia el domingo pasado, el partido ultra Demócratas Suecos sacó casi 20% de los votos, mientras en Alemania del éste se organizaron marchas de neonazis. Durante los últimos años se ha registrado un notable crecimiento de apoyo a los partidos xenófobos en Europa. El nuevo chivo expiatorio suelen ser los refugiados, y sobre todo refugiados de países musulmanes.

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Manifestación fascista en Alemania

Desde 11-S, la situación de la minoría musulmana en países de mayoría no-musulmán se ha convertido en un campo de minas. Mientras la mayoría de europeos, americanos y asiáticos orientales adoptan costumbres cada vez más liberales, individualistas e igualitarias, en muchas culturas musulmanas aún conservan las tradiciones patriarcales con una fuerte separación de sexos. Aprovechando este choque de costumbres, combinado con el auge de terrorismo islámico, los populistas han encontrado un chivo expiatorio ideal: un colectivo con valores opuestos a la tendencia laica, que además intente imponer lo suyo con la violencia. Por otro lado, los defensores de la democracia liberal tienden a proteger a la minorías musulmana a toda costa, descalificando a cualquier crítica a la comunidad musulmana como “Islamofobia”, a tal punto de justificar prácticas totalmente contrarias a los principios de igualdad.

La pregunta es: ¿qué es la diferencia entre hacer crítica a Islam, y la islamofobia?

En mi opinión, la crítica a Islam es una crítica hacia la ideología de Islam, o a la forma de practicar el islam. La islamofobia es el rechazo a cualquier persona de origen musulmán, da igual su forma de practicar la religión. La crítica a Islam se puede hacer tanto desde dentro de la comunidad islámica como desde fuera. Desde Marruecos hasta Indonesia, hay ciudadanos que luchan por la separación de religión con estado, por derechos de las mujeres y por la libertad sexual. Los críticos más feroces al régimen confesional iraní suelen ser iraníes en exilio, muchos de ellos creyentes de Alá pero radicalmente en contra de la imposición de la ley sharia.

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El burqa no es la tradición de ningún pueblo

Para mí, personalmente, hay ciertas costumbres de muchas culturas musulmanas que no estoy de acuerdo, sobre todo respecto a la relación entre hombres y mujeres. Pero dicho esto, no estoy de acuerdo con la separación de sexos bajo ningún pretexto: sea musulmán, cristiano o feminista. Tampoco estoy a favor de permitir el burqa en lugares públicos, no por su implicación religiosa, sino porque oculta la identidad de la persona lo lleva, igual que un tío encapuchado. Siempre mostraré mi rechazo a costumbres y valores que no estoy de acuerdo, pero jamás culparía a todos los musulmanes, porque sé que muchos musulmanes tampoco están de acuerdo con ellos y luchan para cambiarlos.

Los islamofóbos, por otro lado, difunde la propaganda para meter a todos los musulmanes en el mismo estereotipo negativo: machista, segregacionista, violento, terrorista, con las mujeres siempre vestidas bajo velos y burqas, y hostiles hacia las costumbres liberales y laicas. Tienden mezclar a posta conceptos tan distintos como árabe, musulmán, islamista, yihadista, como si todos se trataran de lo mismo, así extendiendo el odio no solo hacia personas que practican el Islam, sino a cualquiera con raíces familiares del Magreb y Oriente Medio, o cualquiera con un nombre como Mohammed, Rachid o Fátima. En Europa esta propaganda de odio ha sacado votos para los partidos ultraderechistas. En Myanmar ha provocado el genocidio de la minoría rohingya. En china, gracias al gobierno confundiendo a posta el independentismo de la minoría uigur con el terrorismo yihadista, la policía ha detenido a un millón de uigures para encarcelarlos  en “campos de reeducación“, sin ningún juicio o sentencia.

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Los uigures son una minoría musulmana en el oeste de China

Con la gran migración de musulmanes de África y Oriente Medio hacia Europa, el proceso de integración no va a ser un camino de rosas, pero desde mi punto de vista, estigmatizar a todos los musulmanes, o en extensión a todos los refugiados o inmigrantes, no solo no va a aportar ninguna solución, sino empeorar aún más la convivencia y provocar brechas más profundas entre comunidades. En Francia, casi todos los yihadistas que cometieron atentados durante los últimos años vinieron de familias laicas con costumbres europeas. Pero al sentirse excluidos de la sociedad después de haber hecho tal esfuerzo de asimilación, terminaron buscando su sentido de identidad en el Islam más radical para vengarse de la sociedad donde se crió pero nunca logró formar parte.

Si los europeos no quisiéramos perder nuestros valores laicos, igualitarios y liberales frente a la migración musulmana, lo más importante, desde mi punto de vista, sería fomentar la comunicación entre distintas comunidades, prevenir la formación de guetos, y demostrar que un musulmán que adopta los valores occidentales será totalmente aceptados en la sociedad como un europeo más, sin sufrir ningún tipo de estigma por su fé, sangre o apellido.

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Refugiados en Suecia

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La paradoja de la nueva izquierda y las políticas identitarias

26 Ene

Las políticas de izquierda surgieron en el siglo XIX, a raíz de la industrialización y la emergencia de la clase obrera. Durante esa época, las reivindicaciones eran sobre todo económicas, para conseguir mejores condiciones laborales y mayor redistribución de riqueza a través de movilizaciones colectivas. Aunque las organizaciones de izquierda ya se dividían entre distintas corrientes, las principales, como el socialismo, comunismo y anarquismo, reivindicaban la solidaridad internacional, en que obreros de distintas nacionalidades deberían unirse en la lucha de clases.

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Internacionalismo soviético

Nacionalismo vs socialismo a principios de siglo XX

Durante finales de siglo XIX y principios de XX, los sentimientos nacionalistas se extendieron por toda Europa. En imperios multiétnicos como el austro-húngaro, ruso y otomano, cada grupo étnico luchaba por su derecho de autogobierno, reivindicando la solidaridad entre personas que compartían el mismo idioma, religión y origen racial, excluyendo a los diferentes. En ciudades cosmopolitas como Viena, Budapest, Odessa y Constantinopla, el efecto de los nacionalismos era especialmente venenoso, ya que las distintas identidades culturales luchaban cada una por los suyos, tachando a los otros como rivales o enemigos, así creando enfrentamientos entre amigos y vecinos de toda la vida.

Los partidos de izquierda, sin embargo, opusieron ferozmente a todos los nacionalismos. Contrariando el típico discurso de que “los otros nos quitan el trabajo”, los sindicatos reivindicaron que obreros de todas las culturas, colores y lenguas tenían mucho más necesidades en común que las diferencias en idiosincracia. Gracias a este efecto integrador, ciudades industriales como Londres, Glasgow, París, Barcelona y Marsella eran capaces de absorber millones de trabajadores de un crisol de culturas y nacionalidades sin sufrir grandes brotes de xenofobia o conflictos interétnicos.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, casi todos los nacionalismos eran de derechas. Tanto para los marxistas como para los sociodemócratas, identidades como la nacionalidad, la lengua, la religión o la raza no eran nada más que divisiones artificiales que la burguesía había inventado para mantener la clase trabajadora dividida.

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La “épica eslava” de Alfons Mucha representa el nacionalismo eslavo

La izquierda cultural posterior de los 60

Sin embargo, durante los años 60 surgió un cambio de rumbo debido a 3 factores.

Primero, en los países occidentales, tras el establecimiento del estado de bienestar después de la Segunda Guerra Mundial, la vida de los obreros se volvió cada vez más acomodada, pero la distribución de riqueza solía llegar solamente a manos de hombres blancos, heterosexuales que no pertenecía a una minoría étnica. Segundo, la generación criada en la posguerra empezó a cuestionar los valores tradicionales como la familia, la patria, la moralidad sexual y los papeles de género, revolucionando la sociedad con la música rock y el amor libre. Tercero, muchas colonias de los imperios europeos en Asia y África lucharon por la independencia, visibilizando las injusticias que habían sufrido durante generaciones a manos del hombre blanco.

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Mayo 68, París

De ahí surgió una nueva izquierda, más cultural que económica, cuya agenda ya no se centraba en la lucha de clases, sino en la emancipación de la mujer, la libertad sexual, la decriminalización de las drogas, la independencia de los pueblos colonizados, la autodeterminación de las minorías culturales, y la erradicación de prejuicios como el racismo, el machismo y la homofobia. Los nacionalismos ya dejaban de ser mal vistos, por lo tanto que reivindicasen la identidad de los colectivos reprimidos. Los protagonistas de esta nueva izquierda ya dejaba de ser los obreros de la fábrica, sino estudiantes y profesores de la universidad.

Los valores de la vieja y nueva izquierda diferían tanto que según relata la autora francesa Virginie Despentes, a pesar de que sus padres y abuelos eran anarquistas y comunistas de toda la vida, se escandalizaron cuando ella se hizo punki.

En la mayoría de los países europeos, los partidos socialistas trataron de integrar a tanto la vieja como la nueva izquierda, pero en EEUU, donde nunca hubo un movimiento socialista muy destacado, el Partido Demócrata abandonó en total la lucha de clases, sustituyéndola con la lucha de las identidades reprimidas.

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Argelinos durante la guerra de independencia

La izquierda cultural y las políticas de identidad en EEUU

Al llegar al siglo XXI, la izquierda cultural en EEUU se radicalizó.

Los activistas en el ámbito universitario dividen el mundo entre dos grupos: los privilegiados y los reprimidos. Los primeros consisten de gente de raza blanca, varones y heterosexuales. Los segundos consisten de gente no-blanca, mujeres, y minorías sexuales. Todas las movilizaciones se organizan alrededor del concepto de identidad: a favor de las mujeres, de los afroamericanos, de la gente no-blanca, de los gays, de los pueblos indígenas, de los dreamers o de los sin-papeles.

Como la constitución estadounidense prohibe hacer leyes que discriminan a ciudadanos por raza y género, los militantes de izquierda tratan de hacer propaganda para crear concienciación de la discriminación cotidiana que sufre miembros de las “identidades reprimidas” y señalar a los culpables para avergonzarlos en público. En el ámbito cultural, tratan de censurar o condenar cualquier película, serie, canción, libro o discurso que puede ofender la sensibilidad de dichos colectivos. En medios progresistas como HuffPost y AJ++, una de las frases más repetidas es white privilege, en referencia a la ventaja social que disfrutan los blancos a la hora de conseguir empleo, alquilar vivienda o recibir un trato más justo por la policía.

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Estudiantes norteamericanos

Paradójicamente, contrario a pioneros de derechos civiles como Martin Luther King que luchaba por la integración racial, la nueva izquierda estadounidense favorece la creación de “espacios seguros” para mujeres y minorías étnicas o sexuales en universidades y empresas, donde miembros de aquellos grupos puedan sentirse seguros sin ser molestados. Ya se están poniendo de moda servicios, negocios, empresas o centros de coworking solo para mujeres, y en los casos más extremos, para mujeres de color. El intercambio cultural también se ha convertido en pecado, ya que cuando una persona blanca adopta un vestimenta, estilo de música o gastronomía de origen no-europeo, le acusan de “apropiación cultural“.

Mientras tanto, ¿qué pasa con la lucha de clases? Los blancos pobres, a pesar de todas las dificultades socioeconómicas que sufren, sienten totalmente ignorados por las políticas identitarias de la nueva izquierda. Me puedo imaginar la rabia que siente un minero desempleado de Pensilvania, padre divorciado con 3 hijos, al escuchar una feminista de una universidad de Ivy League decir qué él es parte de la clase privilegiada por ser blanco, varón y heterosexual.

¿Qué haría en respuesta? votar a un demagogo como Donald Trump.

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No todos los blancos son privilegiados

Mi opinión personal

Aunque estoy de contra de cualquier forma de represión, injusticia y discriminación por motivo de género, etnia y sexualidad, en mi opinión, hacer políticas de identidad es totalmente contraproducente para la justicia social. Porque cuando un grupo se cierra para defender su identidad recriminando a otros, provocaría la misma reacción en el bando contrario.

En Viena a principios de siglo XX, la comunidad alemana era el primero en reivindicarse como los auténticos vieneses. En respuesta, la comunidad checa también hizo lo mismo, seguida por la húngara y la italiana, hasta que la convivencia en la ciudad se fracturó en una guerra de identidades enfrentadas, que al final, abrió las puertas a la dominación nazi. En EEUU pasa algo parecido. Las políticas identitarias a favor de las minorías étnicas han provocado el sentimiento identitario de los blancos, encabezado por el Alt Right. En España, el independentismo militante de los catalanes durante el proces en 2017 también ha despertado el nacionalismo español más rancio, que hace pocos años estaba totalmente estigmatizado.

Por un lado, estoy totalmente a favor de mantener escuelas e instituciones culturales que protegen la lengua e idiosincracia de las minorías culturales, tanto como declarar su lengua como co-oficial en la región donde forman la mayoría. Pero otra cosa totalmente diferente es crear divisiones políticas explotando esta diferencia, señalando una identidad cultural como el eterno verdugo y otra como la eterna víctima.

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En mi ámbito personal, siempre he tenido amigos de diversos orígenes, clases sociales, nacionalidades y de ambos sexos. Nunca se me había planteado quién perteneciera a un grupo privilegiado y quién perteneciera a un grupo reprimido, porque todos compartimos la misma humanidad. Y si los medios se dedican a bombardearnos con propaganda día y noche para dividirnos por esas categorías, el trato cotidiano resultaría incómodo. A veces he pensado, con tantas amigas muy cercanas que he tenido durante toda la vida, ¿cuántas realmente me han percibido como miembro de una casta represora por ser hombre y heterosexual?

Es evidente que en EEUU la nueva izquierda ya ha perdido totalmente el apoyo de la clase obrera. Los blancos sienten ignorados. Para los negros de barrios deprimidos, la agenda cultural es demasiado alejado de los asuntos de su vida cotidiana para sentirse representados. Los activistas más militantes suelen tener un alto nivel de estudios, que irónicamente, proceden en su mayoría de familias blancas y adineradas.

Si algún día la izquierda quisiera volver a ser el partido de las masas, tendría que dejar la lucha de identidades para enfocarse en asuntos más prácticos que afectan la vida de todos los ciudadanos, como mejorar la educación y sanidad pública, luchar contra la precariedad laboral, crear barrios con mejor infraestructura y proteger el medio ambiente.

De skinheads y cosacos

5 Nov

Los skinheads

Para la mayoría de la gente, la palabra skinhead es sinónimo a neonazi, miembro de una banda de matones que pegan palizas a inmigrantes, minorías étnicas, homosexuales e izquierdistas. Sin embargo, si estudias la historia de este movimiento, te sorprenderá que los orígenes de la movida no tenía nada que ver con ideologías políticas de la extrema derecha, más bien todo lo contrario.

En resumen, la moda de skinhead nació en Londres a finales de los años 60, importada por inmigrantes afrocarribeños que llegaron en masa para buscarse la vida en las fábricas y los muelles, conocida como la generación Windrush. Muchos de ellos se concentraron en los barriadas obreras en el sur y éste de Londres, compartiendo vecindario con familias inglesas de clase humilde.

Los jóvenes jamaicanos trajeron consigo la moda de los rude boys de Kingston, un estilo mezclando la elegancia clásica con la rudeza callejera, caracterizado con el pelo corto, cara afeitada, camisa con cuello, tirantes, pantalones de cintura alta y botas. Frecuentando los mismos bares y discotecas, muchos ingleses blancos de origen humilde también adoptaron la misma estética como una seña identidad propia de la clase obrera, formando un contraste radical al pelo largo del movimiento hippie, dominante entre las clases medias.

Rude boys jamaicanos

Rude boys jamaicanos

Los primeros garitos de skinheads surgieron en los barrios de Brixton, Clapham y otros barrios en el sur de Londres, donde jóvenes blancos y negros bailaron a música de reggae, R & B y rocksteady importados desde el Caribe. De estos mismos garitos surgió un nuevo género de música: skinhead reggae, también conocido como el ska. Durante la mayor parte de los años 60 y principios de 70, la cultura skinhead era un movimiento multirracial. Desde sus raíces en Londres se extendió a otras ciudades industriales del norte. En aquella época, ya tenía la fama de gamberros ya que muchos skinheads estaban asociados a los ultras de futbol que participaban en reyertas callejeras durante derbys. Sin embargo, carecían de ideología política.

Skinheads londinenses, 1960

Skinheads londinenses, 1960

El gran cambio sucedió a finales de los años 70, cuando la inmigración masiva de indios y paquistaníes, la llegada de refugiados hindúes expulsados de las ex colonias africanas, la recesión económica y una elevada tasa de desempleo provocaron un aumento de sentimientos xenófobos. Se fundó un partido político de corte fascista llamado British National Party, que reivindicaba la expulsión de todos los inmigrantes y el retorno a una Inglaterra de blancos anglosajones de pura cepa. El partido reclutó sus miembros principalmente entre ultras de futbol y jóvenes desempleados de barrios deprimidos, muchos de los cuales eran skinheads.

Poco a poco, el movimiento de extrema derecha se apropió del movimiento skinhead, a tal punto de regentar discotecas de música skinhead donde solo dejaba entrar gente afiliada al partido. Sin embargo, no todos los skinheads se dejaron seducir por el movimiento fascista. Hasta el día de hoy, sigue habiendo colectivos de skinheads que celebran las raíces originales del movimiento: la fusión de la cultura afrocaribeña con la de la clase obrera londinense, que a finales de los años 80 formaron una asociación conocida como SHARP (Skinheads against racial prejuidice). Empero, en la mente popular, la asociación de la estética skinhead con la ideología fascista ya está establecida. Y la reacción instintiva de cualquiera, al ver un grupo de skinheads en una calle desolada por la noche, es cambiar de acera.

Reunión de la primera generación de skinheads

Reunión de la primera generación de skinheads

Los cosacos

Otro grupo demográfico que a día de hoy está asociado a la extrema derecha son los cosacos. Son comunidades paramilitares que residen en la estepa rusa entre los ríos Dnieper, Don y Volga. Tienen la reputación de ultranacionalistas rusos o ucranianos que defienden la autoridad imperialista y el sometimiento de las minorías étnicas. En su vida cotidiana, reivindican los papeles tradicionales de género y la obediencia absoluta a la autoridad patriarcal. En la guerra civil actual en Ucrania, muchos de los combatientes en ambos bandos pretenden ser cosacos, que luchan para defender la supremacía de una nación sobre la otra.

Combatientes cosacos en la guerra civil de Ucrania

Combatientes cosacos en la guerra civil de Ucrania

¿Pero de dónde vienen los cosacos? La respuesta se remonta al siglo XIV, cuando Rusia aun formaba parte del imperio mongol-tártaro.

Un siglo después de la épica conquista de Gengis Khan, el imperio más grande del mundo estaba a punto de desintegrarse. La disciplina de hierro que ejercían los jefes militares mongoles sobre sus subordinados se desmoronó. Muchos soldados desertaron, terminando en tierra de nadie en la estepa rusa al norte del Mar Negro, donde formaron pandillas que vivían de la caza, la pesca y el bandidaje. Aquellos bandoleros de origen mongol, túrquico y circasiano eran conocidos como cosacos, que en la lengua turca significaba “hombre libre” o “filibustero”.

Cosaco, siglo XVI

Cosaco, siglo XVI

Cuando Rusia se consolidó como la fuerza dominante de Europa del éste en el siglo XV, la estepa al norte del Mar Negro se convirtió en una zona fronteriza entre los imperios ruso, otomano y varios kanatos tártaros. Muchos siervos rusos, hartos de la explotación de los latifundistas y la represión de los señoritos, huyeron a la estepa, donde se unieron con los fugitivos de las naciones turco-mongoles. El mestizaje de las dos poblaciones crearon una nueva identidad híbrida: una sociedad de campesinos guerreros que hablaban la lengua rusa y practicaban el cristianismo ortodoxo, pero en vestimenta, equitación, tácticas militares y costumbres cotidianas, heredaron tradiciones de Asia Central.

Se organizaron en varios huestes, cada uno gobernado por un sistema democrático donde un escuadrón (sotnia) de diez guerreros elegían a un mando, cada diez de esos mandos elegían a un mando de cien hombres, cada diez mandos de cien hombres elegían a un mando de mil hombres… hasta llegar a un jefe de los jefes conocido como el ataman. Todas las tierras que cultivaban y el botín de guerra se repartían entre los miembros del hueste.

Cosacos ucranianos

Cosacos ucranianos

Durante los siglos XVI y XVII, cada hueste cosaco era prácticamente un estado independiente que no se sometía a ningún poder imperial. Atacaban a caravanas comerciales de todos los países y saqueaban a latifundios tanto en territorio ruso como en el otomano o polaco. Su espíritu bélico y aventurero les convirtió en pioneros para colonizar las tierras salvajes más al Oriente, formando nuevos huestes en Siberia y Asia Central. Sin que ellos lo supieran, se habían convertido en la vanguardia de la expansión rusa en Asia.

Familia cosaca siberiana en vestimenta tradicional

Familia cosaca siberiana en vestimenta tradicional

Por los constantes hostigamientos a la frontera y por dar cobijo a fugitivos y campesinos huidos, varios emperadores rusos iniciaron campañas militares para aniquilar a los cosacos, pero la simpatía de las clases populares hacia aquellos guerreros libres solo salió reforzada. Durante los siglos XVII y XVIII, dos de las mayores rebeliones de campesinos contra la monarquía fueron liderados por cosacos, la de Stenka Razin en 1670 y la de Yemalián Pugachov en 1775. Ambas terminaron en fracaso con los líderes torturados y ejecutados. Pero los emperadores rusos habían aprendido una lección importante: en vez de hacer la guerra contra ellos, era más eficaz sobornarlos para convertirlos en sus propios matones.

La película "De fuego y espada" retrata una rebelión cosaca del siglo XVII.

La película “De fuego y espada” retrata una rebelión cosaca del siglo XVII.

Desde los tiempos de Pedro el Grande (1682-1725), el imperio ruso empezó a ofrecer tratos a los atamanes cosacos, convirtiéndoles en milicias fronterizas contra la invasión turca a cambio de privilegios fiscales. En los tiempos de Catalina la Grande (1762-1796), casi todos los huestes cosacos habían perdido su independencia. Sin embargo, los cosacos, a diferencia a la mayoría de campesinos rusos, cultivaban cada familia su propia parcela sin ser siervo de nadie, y seguían disfrutando de su sistema democrático a la hora de elegir a sus oficiales. Todos aquellos privilegios vinieron a cambio de 20 años de servicio militar bajo las órdenes de la monarquía rusa. Pero más importante de todo, prohibieron la acogida de fugitivos o siervos huidos. A partir de ahí, los cosacos se convirtieron en una casta militar apartada del campesinado ruso; una sociedad cerrada, endogamica con poca simpatía hacia las clases populares.

Veteranos cosacos, siglo XIX

Veteranos cosacos, siglo XIX

Durante el siglo XIX y XX, los emperadores rusos emplearon los cosacos como una fuerza de choque para reprimir manifestaciones obreras y someter rebeliones de pueblos indígenas. En ojos de muchas minorías étnicas, se convirtió en sinónimo a la represión imperialista. Por los violentos pogromos que ejecutaron contra los judíos, los cosacos ganaron la reputación de antisemitas radicales y verdugos de la iglesia ortodoxa.

Al estallar la revolución de 1917, algunos cosacos se unieron a los bolcheviques, pero la mayoría de los atamánes apoyaron a los imperialistas. Al consolidar la URSS, con el fin de castigar a esta población reaccionaria, el gobierno estalinista desmanteló la mayoría de los huestes cosacos, deportando sus miembros a tierras lejanas y repoblando su territorio con colonos procedentes de otras regiones. Docenas de miles se exiliaron a Francia, China, Alemania y EEUU. Entonces. La identidad cosaca se quedó aniquilada en un “genocidio cultural”.

Cosacos como represores

Cosacos como represores

Cuando el URSS se desintegró en 1991, muchos descendientes de cosacos regresaron a sus antiguos huestes. Reconstruyeron sus comunidades y reeligieron atamánes acorde con las antiguas tradiciones. Sin embargo, después de 60 años de exilio y represión, el espíritu de “hombres libres de la estepa” se ha perdido, y lo que más definen a los cosacos actuales es su fuerte patriotismo hacia la nación rusa (o ucraniana), su rechazo radical hacia las políticas de izquierda y un sentimiento de recelo hacia las minorías étnicas, sobre todo los judíos y los musulmanes de Cáucaso.

Desde el punto de vista histórico, es algo irónico, considerando que en sus orígenes, los cosacos eran amantes de libertad, rebeldes contra el sistema y una sociedad abierta que acogían a todos los elementos repudiados de cualquier nación. Ni siquiera se consideraban rusos.

Los cosacos actuales mantienen su arraigada tradición bélica

Los cosacos actuales mantienen su arraigada tradición bélica

Tanto los skinheads como los cosacos representan ejemplos que cualquier movimiento social, independiente de sus raíces, se puede tergiversarse a tal punto para convertirse en algo totalmente contrario a su espíritu inicial.

El nuevo afán de censurar y segregar

5 May

Hay una tendencia que gana cada vez más impulso en el mundo anglosajón, que es el afán de censurar y segregar.

Empiezo con un ejemplo. Hace poco leí un artículo que en los servicios de taxis y de compartir coches como Uber, algunas mujeres han sufrido acoso o han sentido miedo por las insinuaciones de algunos conductores masculinos. Por eso, un empresario ha montado un servicio de taxis sólo para mujeres con conductoras femeninas. De primeras, esta medida puede parecer que tenga sentido, pero examinando la situación más al fondo, me hago la pregunta: ¿cada vez que alguien ha tenido una mala experiencia con personas de un cierto colectivo, la solución es segregarlo de ellos?

Acerca del acoso sexual en los taxis y transporte público, la medida más sensata, en mi opinión, es hacer un control más exhaustivo a los conductores y facilitar más medidas de denunciar, porque en el fondo, los que tienen que cambiar el comportamiento deben ser los conductores, no las pasajeras.

Acoso en el transporte público

Acoso en el transporte público

Lo de establecer un servicio de transporte sólo para mujeres me parece una solución tan absurda como peligrosa. No hay que olvidar que muchas formas de opresión hacia las mujeres han empezado con la excusa de protegerlas, como los padres que dejan salir de noche a sus hijos pero no a las hijas, o los régimenes islamistas que prohíben a mujeres y hombres socializar juntos para prevenir violaciones. En el peor de los casos, cuando los espacios seguros para mujeres en el transporte se convierten en norma, algunos hombres puedan interpretar que cualquier mujer que se encuentra fuera de ese espacio como una “barra libre”. Tantas décadas de lucha para la inclusión de la mujer en todas las esferas públicas se habría ido al garete.

"Espacios seguros" existen a costa de libertad de expresión.

“Espacios seguros” existen a costa de libertad de expresión.

Eso es sólo uno de los ejemplos de la tendencia de segregar y censurar. En las universidades de países anglosajones, muchos estudiantes también están creando “espacios seguros”, para proteger a los más sensibles de opiniones hirientes.

Esta tendencia empezó en los años 90, con el movimiento de la cultura “políticamente correcta”. Originalmente, tenía la intención de crear conciencia que ciertas palabras, comportamientos y expresiones puedan resultar hirientes a determinadas personas o colectivos, sobre todo los tradicionalmente discriminados. Pero con el transcurso de los años, el afán de no ofender se ha convertido en una caza de brujas. Ya no hace falta hacer una afirmación abiertamente racista, sexista, homófobo o despectiva para que te crucifiquen, basta con una frase sacada fuera de contexto de un discurso neutral o un comentario irónico tomado al pie de la letra, ya era suficiente para que te acusen de “herir sensibilidades” y te excluyan de de los “espacios seguros”.

El año pasado, la feminista Germaine Greer fue declarada “persona no-grata” en la universidad de Cardiff solo porque dijo en 2009 que las transexuales no se les podían considerar mujeres. La universidad de Warwick ha cancelado una charla de la activista laica iraní Maryam Namazie porque su dura critica hacia Islam podría “ofender sensibilidades religiosas”. En una universidad en Pensilvania, un grupo de estudiantes presionaron que una residencia estudiantil cambiase de nombre porque se llamaba “Lynch”, que les recordaba la palabra “linchar”.  En 2012, un grupo feminista en España protestó contra el estreno de la obra de teatro Don Juan Tenorio porque el protagonista era machista y misógino. Hace poco, en la universidad de Ottawa se ha cancelado clases de yoga porque algunos estudiantes sentían que representara la apropiación del “hombre blanco” de la cultura de un “pueblo explotado por el colonialismo”.

¿Es Maryam Mamazie islamofoba?

¿Es Maryam Mamazie islamofoba?

Debido a la globalización, inmigración y la conexión al Internet, vivimos en un mundo hiperconectado donde tenemos cada vez más contacto con personas de otro países, culturas, religiones, orientaciones sexuales, ideologías y orígenes sociales. Por supuesto, ofender las sensibilidades de alguien ajeno a nuestro entorno es mucho más fácil que a personas parecidas a nosotros. ¿Pero bajo esas circunstancias, censurar y segregar a todo lo que nos incomode los oídos realmente mejoraría la convivencia? En mi opinión, conseguiría justo el efecto contrario, porque prohibir la expresión de ciertos sentimientos no los hacen desaparecer, sino que los dejan embotellados sin vía de escape, hasta que un día se exploten en forma de violencia física o votos a partidos extremistas.

En mi vida cotidiana, casi todos los días escucho o leo algún comentario que no me hace nada de gracia, sea un chiste de mal gusto o un comentario despectivo hacia un colectivo entero, pero jamás he pensado en hacer una ley para prohibirlos, porque mientras que esas palabras me resultan ofensivos, muchas expresiones mías también puedan ofender o escandalizar a muchos. Al fin y al cabo, la sociedad humana es una convivencia de muchas costumbres e ideas distintas y no todo te tiene que gustar. Yo tengo que tolerar a otros, pero otros también tienen que aguantar a mí.

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Algunos políticos, como Donald Trump o Nigel Farrage, me espantan con casi todas las palabras que salen de sus bocas, pero tampoco creo que censurarles sea la manera más adecuada para luchar contra lo que representan. En 2015, miles de británicos firmaron una petición para prohibir la entrada de Donald Trump al país, ¿pero eso va a hacer que millones de estadounidenses dejen de votarlo? En vez de prohibir que haga discursos xenófobos, ¿por qué no organizan un debate abierto para tumbar cada uno de sus propagandas demagógicas con argumentos lógicos y cifras reales, para dejarlo en ridículo?

Acerca de obras como Don Juan Tenorio, la interpretación es totalmente subjetiva. El protagonista puede ser misógino, ¿pero eso implica que la obra hace apología a esas ideas? Con esta filosofía, ¿vamos a prohibir todas las novelas, obras o películas en que sale algún personaje misógino, racista, homófobo o con cualquier idea que no conforma con los valores de la sociedad moderna?

Si la única medida que adoptan los autodeterminados progresistas en combatir la discriminación es censurar y segregar, vamos a crear una sociedad mundial de guetos donde cada uno acabará solamente rodeados de los suyos, y la convivencia entre personas de distintos orígenes, sexos, culturas, ideologías o creencias se volverá cada vez más incómoda por la paranoia de no ofender.

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La esclavitud – definición y legado

7 Dic

La semana pasada me enteré por primera vez de que el 2 de Diciembre era el día de la “abolición de la esclavitud”. En mi opinión, ha sido uno de los acontecimientos más importantes en la historia humana y también uno de los más infravalorados. A día de hoy, para la mayoría de la gente de países occidentales, la esclavitud ya parece algo lejana, sin embargo, era una institución que había existido durante miles de años y en todas las civilizaciones, que sólo fue ilegalizada a nivel mundial a partir del siglo XX. Por otro lado, la palabra “esclavo” ha sido banalizado en la lengua cotidiana a tal punto que mucha gente ya se ha olvidado de su significado original.

Con este artículo me gustaría aclarar unos conceptos sobre la esclavitud que mucha gente confunde.

Esclavos griegos trabajando en una mina

Esclavos griegos trabajando en una mina

Un esclavo no es cualquier trabajador precario

A día de hoy, mucha gente compara la precariedad laboral con la esclavitud, que en realidad, son dos fenómenos bien distintos. Un esclavo no es sólo un trabajador explotado, sino una persona cautiva que carece de los derechos y libertades más fundamentales, que no tiene control sobre ningún aspecto de su propia vida.

Aunque físicamente son humanos, legalmente tienen el mismo estatus que mercancía, que pueden ser comprados, vendidos, físicamente agredidos, sexualmente violados, asesinados, según el capricho de sus amos. En muchas civilizaciones, esclavos y hombres libres trabajaban juntos en el mismo taller, pero cuando el hombre libre cometía un error lo peor que le podía pasar era el despido, mientras un esclavo podía enfrentarse a castigos físicos, la venta a otro amo o incluso la muerte.

Trabajadores industriales en EEUU. La situación no era comparable con la esclavitud

Trabajadores industriales en EEUU. La situación no era comparable con la esclavitud

La esclavitud existía en todas las civilizaciones antes del siglo XX

La trata de seres humanos ha existido desde los inicios de civilización y en todos los continentes. La gran la mayoría de los esclavos venía de prisioneros de guerra, criminales condenados o hijos de familias muy pobres que les habían vendido a la esclavitud para pagar deudas. Sin embargo, el papel de la esclavitud en la economía variaba de país a país, época a época. En la Roma imperial, la esclavitud era el motor de la economía y durante el siglo I d.c., probablemente una de cada cuatro personas en Italia era esclavo. En China y el antiguo Egipto, los esclavos raras veces superaron a 3% de la población y la mayoría eran sirvientes domésticos de familias adineradas.

Esclavas en el Magreb

Esclavas en el Magreb

El papel de los esclavos variaba entre civilizaciones

En América colonial, la gran mayoría de esclavos trabajaban en las plantaciones, otros en el servicio doméstico, pero en general, pocos realizaban trabajos intelectuales.

En el Imperio Romano un esclavo podía realizar cualquier trabajo desde limpiador de letrinas hasta contable, profesor de gramática o gestor de fincas, pero les tenía prohibido alistarse en el ejército o participar en política.

En las civilizaciones islámicas, los esclavos realizaban todas las profesiones en todos los estratos sociales. Los mamelucos de Egipto y los jenízaros eran cuerpos militares formados por esclavos, que se convirtieron en fuerzas de élite. Por supuesto, un esclavo podía llegar hasta ser un general que mandaba sobre docenas de miles de hombres, aunque seguía siendo esclavo porque legalmente era propiedad de un amo.

Los mamelucos de Egipto eran un cuerpo militar formado por esclavos

Los mamelucos de Egipto eran un cuerpo militar formado por esclavos

Los esclavos no tenían por qué ser pobres

Lo que diferencia un esclavo de un hombre libre no es el dinero que tiene, sino la falta de libertad y derechos. En la antigua Roma, la mayoría de los ciudadanos romanos eran de la clase proletaria que vivía a nivel de subsistencia, mientras algunos esclavos de amos generosos podían llevar vidas bastante acomodadas. Pero un ciudadano podía relacionarse, hacer negocio, viajar, casarse, divorciarse, votar y participar en la vida pública sin pedir permiso a nadie, mientras un esclavo siempre lo hacía a las órdenes de su amo. Un ciudadano podía denunciar un delito. Un esclavo no tenía ninguna protección legal contra los abusos de su amo.

En la antigua Roma, muchos tutores eran esclavos griegos.

En la antigua Roma, muchos tutores eran esclavos griegos.

El origen de la esclavitud no tenía que ver con el racismo

Como la mayoría de los esclavos en América eran negros, mucha gente confunde la causa con el efecto, creyendo que los africanos fueron esclavizados por europeos por tener la piel negra.

En realidad, la esclavitud había existido en Europa mucho antes del siglo XVI y los esclavos venían de todos colores, lenguas, nacionalidades y religiones. Sin embargo, la África subsahariana, debida a las frecuentes guerras entre tribus, fue un gran mercado de esclavos, que primero aprovecharon los árabes, luego los europeos.

Esclavos en Zanzibar

Esclavos en Zanzibar

Después de la colonización de América y el aumento de la demanda de mano de obra esclava para trabajar en las plantaciones, los tratantes europeos compraron millones de esclavos en los puertos africanos y les enviaron a América porque era el mercado más barato. Entre los siglos XVII y XVIII, muchas poblaciones africanas atacaron a sus vecinos sólo para capturar prisioneros para venderles a los tratantes europeos, alimentando un negocio cada vez más lucrativo. En África occidental, varios imperios, como el Yoruba, Kong y Dahomey hicieron grandes fortunas con la trata de esclavos. Se estima que unos 12 millones de esclavos africanos fueron transportados a América entre los siglos XVI y XIX, de los cuales 2.4 millones murieron en el camino.

Por otro lado, no todos los africanos que vivían en Europa entre los siglos XVI y XVIII eran esclavos. Muchos llegaron como mercenarios, músicos, mercaderes o embajadores, algunos hasta llegaron a integrarse en la alta sociedad europea. Pero debido a la frecuente asociación entre el color de la piel y la esclavitud, se generó un profundo estigma. Es decir, el racismo es el legado de la esclavitud, no al revés.

No todos los africanos en Europa eran esclavos

No todos los africanos en Europa eran esclavos

La esclavitud fue abolida a nivel mundial gracias al Imperio Británico

Uno de los primeros países importantes en prohibir la esclavitud fue China, que lo hizo en 1723 bajo las órdenes del emperador Yongzhen. Pero el país que realmente impuso la revolución abolicionista a nivel mundial fue el Reino Unido, que lo prohibió a principios del siglo XIX en todas las colonias británicas. En las décadas siguientes, la prohibición se impuso al resto del mundo a través de la presión diplomática del imperio británico, y de patrullas de la marina británica interceptando y registrando barcos sospechosos de transportar esclavos. La mayoría de los países americanos liberaron a los esclavos a la larga del siglo XIX, aunque la práctica seguía existiendo a nivel doméstico en el Oriente Medio y África hasta bien entrada el siglo XX.

Esclava atada, Túnez, 1900

Esclava atada, Túnez, 1900

La esclavitud todavía existe

Aunque la esclavitud es considerada un delito internacional, sigue existiendo. En Europa, está estimada que 1.5 de cada 1000 personas vive en esclavitud, en Asia y America Latina unos 3 de cada 1000, y en África 4 de cada 1000. ¿De dónde vienen los esclavos ahora? Un gran porcentaje son inmigrantes ilegales que viven en la clandestinidad o personas que viven en la extrema pobreza en comunidades vulnerables sin ninguna protección legal, que fueron secuestrados por bandas criminales y obligadas a realizar trabajos contra su voluntad sin ningún lugar para reclamarse.

Un típico ejemplo son las víctimas de trata de blancas, mujeres de países subdesarrollados que contestan a una oferta de trabajo en el primer mundo, pero una vez llegadas a destino, fueron recluidas en un burdel y obligadas a recibir clientes. Otro ejemplo son los “esclavos del mar” en Asia, inmigrantes camboyanos y birmanos que secuestrados en Tailandia y obligados a trabajar en los barcos de pesquero.

Esclavos modernos

Esclavos modernos

El legado de la esclavitud

Después de la abolición de  la esclavitud, los descendientes de esclavos siguen sufriendo discriminación a pesar de disfrutar legalmente los mismos derechos que el resto de la población. En EEUU el apartheid duró hasta los años 1960. En América Latina, el concepto de que cuánto más clara la piel más alto el estatus social está estrechamente vinculado al legado de la esclavitud.

Otro legado psicológico en sociedades esclavistas es el menosprecio hacia el trabajo. Tanto los amos como los ex-esclavos tienden a marcar la superioridad de su estatus social por no realizar las mismas actividades que los esclavos, que es trabajar. No sorprende que los países y regiones en América que presenciaron más crecimiento económico durante el siglo XX son justo los lugares que habían recibido grandes oleadas de inmigración después de la abolición de esclavitud, que importaron otra ética de trabajo.

El etnocentrismo, nacionalismo, racismo, fascismo y el clasismo internacional

22 Abr

A día de hoy, mucha gente utiliza las palabras racista, xenófobo, homófobo y fascista como si fueran sinónimos. Es cierto que tienen ciertos parecidos y áreas donde se solapan, pero estrictamente hablando el significado no es el mismo. Con este artículo me gustaría hacer una aclaración y hablar de un fenómeno emergente, que yo llamaría el “clasismo internacional”.

Xenofobia

Se refiere a un sentimiento muy general: el miedo y rechazo hacia los de afuera. La definición de “gente de afuera” es totalmente subjetiva. Para algunos puede referirse a cualquiera que viene de otro pueblo a solamente 20km, para otros puede referirse a gente de otras provincias, países o continentes. Pero un xenófobo es alguien que rechaza a otro sólo por el hecho de ser de un origen distinto. En el sentido más amplio también puede incluir al odio hacia miembros de otros grupos étnicos aunque sean del mismo pueblo, por ejemplo, el recelo que siente un iraquí de origen árabe hacia un compatriota de origen kurdo.

Manifestación xenófoba, Singapur

Manifestación xenófoba, Singapur

Homofobia

Se refiere al miedo o rechazo hacia los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. El miedo puede tener varios niveles, desde pensar que no deben existir hasta opinar que no merecen tener los mismos derechos a formar una familia. No todos los homófobos son necesariamente xenófobos, tampoco todos los xenófobos son necesariamente homófobos, aunque muchas mentes cerradas suelen padecer ambos sentimientos porque se tratan del “miedo a lo desconocido”.

Manifestación a favor de matrimonio gay

Manifestación a favor de matrimonio gay

Etnocentrismo

Es una palabra poco usada pero de muy común manifestación. Se refiere a la idea de que los de tu propio país, propio pueblo, propia cultura y propios valores son los mejores y el resto son todos inferiores. Desde la antigüedad casi todas las culturas han sido más o menos etnocentristas, pero uno de los ejemplos mejor documentados eran los griegos.

A pesar de que Grecia estaba dividida entre varios ciudades estados, todos hablaban el mismo idioma y creían descender de ancestros comunes, formando un concepto de “unidad étnica”. Según varios escritos contemporáneos, muchos griegos se consideraban los únicos con una verdadera cultura y todos los demás eran “bárbaros incivilizados” que carecían de moralidad. En muchos estados, el matrimonio mixto entre griegos y no-griegos estaba muy mal visto y a los hijos se les negaba la ciudadanía. Cuando Alejandro Magno fomentó el mestizaje en las tierras conquistadas, muchos contemporáneos lo miraron con desdén y lo consideraron un traidor de su patria.

En países donde conviven varias etnias, el etnocentrismo llevado al extremo puede acabar en el odio interétnico, como en el caso de la antigua Yugoslavia, Irak, Afganistán, Kenia y muchas repúblicas ex-soviéticas.

La política de mestizaje de Alejandro Magno no sentó bien a muchos compatriotas suyos

La política de mestizaje de Alejandro Magno no sentó bien a muchos compatriotas suyos

Nacionalismo

Es una palabra inventada en el siglo XIX. La idea surgió en una época cuando en muchos imperios como el otomano, austriaco y ruso, convivían pueblos de distintas culturas, religiones, lenguas y fisionomías, que no tenían nada en común salvo vivir bajo el mismo monarca; por otro lado, también había poblaciones culturalmente homogéneas que vivían bajo distintos estados, como en Italia y Alemania.  Se hizo popular la ideología de que poblaciones con la misma herencia cultural y ancestral debían auto-determinarse en “estado-naciones”, para conservar sus tradiciones y evitar conflictos de convivencia con otros pueblos.

Entre finales del siglo XIX y principios de siglo XX, bajo la bandera del nacionalismo, se desintegraron muchos imperios multiétnicos mientras se forjaron otros estados culturalmente homogéneos. A día de hoy, el nacionalismo tiene varias clases. En el extremo más tolerante, el nacionalismo catalán y vasco sólo pretenden gozar de mayor grado de independencia y conservar su idioma, sin discriminar a sus ciudadanos por su origen étnico; en el extremo más discriminatorio, el nacionalismo en muchos países de Europa del Éste reivindican la expulsión de todas las personas de otras lenguas, religiones, culturas y ascendencia.

La distribución de grupos étnicos en Europa del este no coincide con las fronteras nacionales

La distribución de grupos étnicos en Europa del este no coincide con las fronteras nacionales

Racismo

Desde la antigüedad, cualquier viajero se ha podido dar cuenta de que los seres humanos varían físicamente según lugar un otro: que un europeo del norte no se parece a un europeo de sur, que un nativo de los Balcanes no se parece a un egipcio… Sin embargo, es a partir de finales del siglo XVIII cuando surge la palabra “raza” en la clasificación de los seres humanos, coincidiendo con una época en que casi todo los países del mundo se dividían en dos categorías: los colonizadores, la mayoría de origen europeo, y los colonizados, la mayoría de piel más oscura.

Para justificar la dominación europea sobre el resto de mundo, se hicieron populares las teorías seudocientíficas de que los seres humanos descendían de tres o cuatro razas de orígenes distintos y, que se diferenciaban entre ellas no sólo en fisionomía sino también en inteligencia y habilidades innatas, por una causa totalmente biológica. Por supuesto, la supremacía europea era considerada la consecuencia natural de la inteligencia superior de la “raza blanca”. Se asociaban determinados rasgos físicos, como el pelo rubio, facciones europeas y ojos azules, con poseer mayor capacidad intelectual.

El racismo científico era muy popular a principios de siglo XX

El racismo científico era muy popular a principios de siglo XX

Fascismo

El fascismo es una ideología muy concreta, inventada por Benito Mussolini en Italia a principios de siglo XX y tuvo repercusiones en otros países, como el falangismo en España y el nazismo en Alemania.

La ideología fascista es una combinación de nacionalismo, populismo, socialismo y autoritarismo con un culto hacía un pasado glorioso de la nación. Reivindica la solidaridad entre miembros de la misma nación, postula la exclusión de los extranjeros, las minorías étnicas y las sexuales, bajo un gobierno autoritario que garantiza el bienestar del pueblo y protege las tradiciones sagradas.

Contrario a lo que cree mucha gente, el fascismo nunca ha sido una lucha de ricos contra pobres, sino más bien un movimiento revolucionario que pretende sustituir la “lucha de clases” entre obrero y empresario por una “lucha horizontal” entre los de dentro y los de fuera.

Tanto en Alemania como en Italia, durante los años 20 y 30, el fascismo tuvo más repercusión entre las clases populares, muchas veces en los mismos barrios donde predominaban comunistas y anarquistas.

Italia fascista

Italia fascista

La situación actual

En mi opinión, la diferencia fundamental entre los términos mencionados es que la xenofobia y homofobia tratan sobre sentimientos, el etnocentrismo trata sobre una creencia, el racismo trata sobre una teoría científica (o seudocientífica) y, el nacionalismo y fascismo tratan sobre ideologías políticas.

Los sentimientos, desde luego, son muy cambiables porque cada persona, según las nuevas experiencias y conocimientos que adquiere, puede cambiar su formar de pensar o sentir sobre ciertos colectivos. Un buen ejemplo es la creciente aceptación de los gays en la sociedad occidental durante los últimos 10 años. Según una encuesta en el año 2000, un 70% de estadounidenses estaban en contra del matrimonio homosexual y la adopción de niños, mientras que en 2010, disminuyó a un 40%, demostrando así, que en una cuestión de 10 años mucha gente había cambiado de opinión.

El racismo científico del principio del siglo XX ya ha perdido seguidores, no sólo en el terreno político, sino también porque la mayoría de las teorías, de que la humanidad se dividiera en razas biológicas, han sido derrumbadas por el estudio del ADN humano.

El fascismo también ha perdido su popularidad. A pesar de que algunos partidos populistas como FN en Francia o UKIP en el Reino Unido juegan con los sentimientos populistas de “ellos contra nosotros”, siempre respetan a las instituciones democráticas, y eso en sí mismo, ya es muy contrario a las ideas de Mussolini.

El nacionalismo y el etnocentrismo tienden a popularizarse y apagarse según la situación económica. Cuánto más dificultades atraviesa una sociedad, más gente se suma a la idea de que “los nuestros, primero”.

No todos los nacionalismos son xenófobos, pero muchas veces van de la mano

No todos los nacionalismos son xenófobos, pero muchas veces van de la mano

Clasismo Internacional

En un mundo cada vez más globalizado donde todos los pueblos del mundo se parecen cada vez más culturalmente pero son económicamente desiguales, veo que está surgiendo una nueva forma de política identitaria que yo llamaría el “clasismo internacional”.

Se trata de que las identidades colectivas ya no se forma en base a la similitud cultural, el color de la piel o los rasgos externos, ni de idiomas ni religiones, sino del nivel económico del país de donde procede cada uno. Los ciudadanos de los países más ricos se convertirían en miembros de una “nueva aristocracia mundial”, los ciudadanos de países emergentes se convertirían en la nueva “clase media mundial” y los de los más pobres se convertirían en el nuevo “proletariado mundial”. La solidaridad podría extenderse entre distintos países, naciones, etnias o continentes, pero siempre entre nacionalidades de la misma categoría económica.

Por ejemplo, los europeos se lamentan durante semanas cuando se estrella un avión cargado de “gente como ellos” en pleno vuelo, pero no se inmutan cuando vuelcan un barco en el que viajan 700 refugiados procedentes de los países más pobres.

Igual que en la época feudal, los miembros de la nueva aristocracia mundial se creen con más derechos que los miembros de la clase media y del proletariado. Piensan que sus vidas valgan más; que ellos puedan viajar a y vivir en los países de otros cuando quieran, pero que otros no puedan hacer lo mismo en el suyo. E igual que antes, los miembros de la clases humildes intentan imitar las maneras y el estilo de vida de la aristocracia y consideran todo lo suyo propio como inferior y retrasado.

Mapa mundial según índice de desarrollo humano

Mapa mundial según índice de desarrollo humano

 

Mapa mundial de amor, de intolerancia y los tópicos europeos

26 May

Hace poco, en The Washington Post ha publicado varios estudios interesantes comparando tendencias sociales entre distintos países.

Mapa mundial del amor

Mapa mundial del amor

El primero es el mapa mundial del amor.

http://www.washingtonpost.com/blogs/worldviews/wp/2013/02/14/a-color-coded-map-of-the-countries-where-people-feel-the-most-and-least-loved/

Los resultados vinieron de una encuesta realizada entre muchos países preguntando a la gente si sintiera “amada”. Por supuesto, el significado de la palabra puede ser una cuestión muy subjetiva: para algunos es sinónimo al sexo, para otros incluyen también el amor de la familia, los amigos y la pareja sentimental.

Los resultados son sorprendentes, ya que los países donde la gente más se siente amada son Paraguay, las Filipinas y Hungría. En general, las nacionalidades americanas sienten más amadas que la gente de otros continentes, y los que se sienten menos amadas son los que viven en países ex soviéticas, sobre todo Mongolia, Asia Central y el Cáucaso. En Europa, los españoles, italianos y griegos son los que más amor sienten, acorde con el tópico latino.

Filipinos: ¿la nacionalidad más amorosa?

Filipinos: ¿la nacionalidad más amorosa?

Lo que me resulta más raro es que Hungría ha sacado una nota tan alta, considerando que es el país con la mayor tasa de suicidio del mundo. También es sorprendente que Japón, como el país con el mayor porcentaje de solteros sin pareja, ha sacado una nota mejor que muchos países europeos. Los franceses, con su fama de románticos y cariñosos, han sacado la misma nota que los chinos, con su fama de pragmáticos y secos. Los indios, a pesar de su tradición de matrimonios concertados, sienten tanto amor como muchas nacionalidades europeas, cuyas parejas se forman por selección libre.

En Kazakhstan, como en muchos estados ex soviéticos, poca gente siente amada

En Kazakhstan, como en muchos estados ex soviéticos, poca gente siente amada

Eso demuestra que la cantidad de amor que siente los individuos en una sociedad parece ser independiente del nivel de su desarrollo económico, de sus costumbres matrimoniales, del tamaño de la familia, de su porcentaje de solterones o de su nivel de libertad individual. La única conclusión que se puede sacar es que ciertos legados de la Unión Soviética parecen matar la pasión y el efecto entre personas. Sería interesante investigar cual serán.

Mala mundial de intolerancia racial

Mala mundial de intolerancia racial

El segundo es el mapa mundial del intolerancia racial.

http://www.washingtonpost.com/blogs/worldviews/wp/2013/05/15/a-fascinating-map-of-the-worlds-most-and-least-racially-tolerant-countries/

Vino de un estudio realizado por sociólogos suecos que preguntó que clase de personas no quieren tener como vecinos. Había varios factores donde elegir, como gente de bajo nivel cultural, familias numerosas, parejas no-casados, bebedores, homosexuales, gente de otras religiones o gente de “otras razas”. El nivel de racismo se mide por el porcentaje de encuestados que ha elegido “gente de otras razas” como uno de los factores.
Un barrio en Toronto, Canadá

Un barrio en Toronto, Canadá

Por supuesto, la palabra raza tiene una definición muy subjetiva, variando de país a país. Mientras que en países anglosajones suele referirse a personas con rasgos físicos distintos como el color de la piel y la forma de los ojos; en muchos países europeos se refiere a personas de un origen nacional distinto. Por ejemplo, muchos rumanos considerarían a los húngaros como una “raza distinta”, igual que muchos españoles considerarían los marroquíes una “raza distinta”, a pesar de que no tienen rasgos físicos tan distinguibles.

Los resultados también son sorprendentes. Los menos racistas son supuestamente los norteamericanos, los europeos nórdicos, los británicos y los latinoamericanos. Los países más racistas son la India, Jordania y Hong Kong, seguido por los países árabes y Corea del Sur.

Los indios: ¿el país más racialmente intolerante del mundo?

Los indios: ¿el país más racialmente intolerante del mundo?

De primera vista, la encuesta no parece cuadrar con hechos reales. En EEUU sigue habiendo una segregación residencial bastante radical entre blancos y negros, mientras que un país como México ha absorbido pueblos indígenas, colonos españoles y oleadas de inmigrantes de diversos continentes y todos se han fundido en la identidad mestiza. Sin embargo, más mexicanos se declaran “racistas” que estadounidenses. ¿Podría ser que muchos norteamericanos no fueron sinceros?

En un caso como la India, me da mucha curiosidad de lo que define la gente como raza  ya que es un país donde conviven cientos de etnias, religiones y culturas. El conflicto entre musulmanes e hindúes es muy conocido. ¿Las distintas castas de la religión hindú también se consideran “razas” distintas”? Todavía es más sorprendente la diferencia entre India y Paquistán, porque ambos países han vivido las mismas historias de conflictos y guerras después de independizarse de los británicos.

En el caso de Egipto, que también registra un alto índice de discriminación racial, estoy seguro que no se refiere al color de la piel, porque cuando viajaba ahí, vi a una población mestiza de un gran espectro de colores desde mediterráneo hasta subsahariano, sin ninguna línea clara de separación. Sin embargo, sí que existe un fuerte rechazo hacia la comunidad cristiana y a los inmigrantes de países pobres.

30% de egipcios se declaran "racistas", ¿pero contra quién?

30% de egipcios se declaran “racistas”, ¿pero contra quién?

Lo que más me sorprende es Hong Kong, porque siendo un gran centro financiero y una ex colonia británica, debería estar muy acostumbrados de tratar con gente de todas partes del mundo. Por lo que parece, los honkongneses no tienen ningún rechazo hacia gente de origen  europeo, pero cómo tratan a los ciudadanos de otros países asiáticos o a los chinos del continente ya es otra cuestión.

En países como España, puede existir una diferencia generacional bastante grande. La gente nacida antes de los 80 se ha criado en una sociedad altamente homogénea y la generación nacida después de 90 ha ido al colegio con niños de todos colores y orígenes. De hecho, todavía es raro ver parejas mixtas mayores de 35 años, pero es algo habitual entre adolescentes.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/05/18/actualidad/1368895631_900968.html

La conclusión es que la intolerancia hacia lo diferente parece ser independiente del nivel de desarrollo económico del país. De hecho, no hay ningún denominador político, social o histórico común que hace una sociedad más o menos tolerante. En general, las sociedades con una larga historia de conflictos interétnicos y religiosos suelen ser menos tolerantes, pero la falta de ella tampoco es garantía de mayor grado de aceptación hacia el “otro”.

Tabla de tópicos europeos

Tabla de tópicos europeos

El último estudio es sobre cómo los europeos se perciben  los unos a los otros.

http://www.washingtonpost.com/blogs/worldviews/wp/2013/05/14/how-europeans-stereotype-one-another-in-one-chart/

Todos los encuestados consideran su propia nacionalidad como la más “solidaria”.

La mayoría consideran los alemanes como los más fiables y los griegos e italianos los menos.

La mayoría consideran a los franceses y alemanes como los más arrogantes y su propia como el menos.

Aportando mi propia visión, solo puedo opinar de los británicos y los españoles porque son las únicas nacionalidades que conozco al fondo. Yo diría:

  • Los británicos son en general más fiables que los españoles, acerca del valor de la palabra. En España, hay más gente informal y malqueda.
  • Los británicos y españoles son igual de trabajadores, pero los primeros tienen una gestión más eficaz.
  • Acerca del nivel de solidaridad, los británicos son más solidarios a la hora de donar dinero para ayudar a un desastre en otro continente, pero los españoles son más dispuestos de ayudar a un amigo, vecino, familiar o un pobre de su barrio.
  • Los británicos son más prepotentes que los españoles, pero a la vez más educados.
  • Los españoles son más sociables y más familiares que los británicos.

… bueno, estos tópicos se basan en mi experiencia personal. Seguro que muchos me contradicen. En fin, todos son tópicos generales, y la vida real está llena de excepciones.