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El efecto Trump y la nueva lucha de clases

15 Nov

En el año 2016, ha sucedido varios acontecimientos políticos en el mundo que me han dejado sorprendido. Primero, los filipinos han elegido como presidente a Rodrigo Duterte, un populista que prometió fusilar a todos los drogadictos y exterminar a los delincuentes con escuadrones de muerte. Segundo, los británicos han votado salir de la Unión Europea. Tercero, en España ha vuelto a ganar el Partido Popular con un aumento de votos a pesar de todos los escándalos de corrupción. Pero no hay nada que me ha dejado más boquiabierto que la elección de Donald Trump como presidente de EEUU.

Cuando se presentó Donald Trump como candidato presidencial hace un año, todos mis amigos y yo lo tomábamos como una broma. Pensábamos que era como un troll en los foros de Internet que pronunciaba discursos incendiarios para llamar la atención, porque no iba a ganar y lo sabía. Pensaba que el mejor remedio contra él era no prestarle mucha atención porque al fin y al cabo, solo lo votarían 4 colgados. Ahora, estos “4 colgados” resultan ser más de 59 millones de estadounidenses.

Resultado elecciones 2016

Resultado elecciones 2016

Lo que más me inquieta no es si Trump vaya a llevar a cabo lo que ha prometido, sino que durante los últimos 70 años, todas las sociedades occidentales, sean gobernadas por partidos de izquierda o derecha, siempre han respetado unos valores de base, como los derechos humanos, la justicia universal, la igualdad de oportunidades y el reconocimiento de las verdades objetivas. Donald Trump, que durante su campaña electoral había prometido prohibir la entrada de musulmanes a EE.UU., deportar 11 millones de inmigrantes sin papeles, poner en práctica leyes de registros policiales aleatorios en barrios afroamericanos, encarcelar a Hilary Clinton, y además negar rotundamente el cambio climático, mentir sobre la tasa de delincuencia, insultar colectivos enteros como mexicanos y chinos etc…., ha violado a todos. Pero a pesar de eso, 59 millones de estadounidenses lo han votando, demostrando que más de la mitad de adultos estadounidenses no están de acuerdo con los valores fundamentales de la sociedad occidental, o al menos les da igual que no se cumplan.

Pero antes de demonizar a los votantes de Trump, me gustaría analizar por qué lo han votado. ¿Es verdad que la mitad de estadounidenses blancos son unos racistas, xenófobos y misóginos? ¿Es verdad que de repente ha aumentado tanto la población de rednecks?

Seguidores de Donald Trump

Seguidores de Donald Trump

El “cinturón de oxido”

El periódico New York Times ha dedicado la semana pasada entrevistando votantes a de Trump a ver qué factores les empujaron a esta decisión. A parte de las zonas sureñas de EEUU pobladas por rednecks, otra zona donde votaron mayoritariamente por Trump era el Rust Belt, “Cinturón de Oxido”, ciudades industriales en decadencia en los estados de Indiana, Ohio, Michigan, West Virginia, Pensilvania.  Durante varias décadas, el Rust Belt ha sido un bastión del Partido Demócrata. Obama arrasó en los votaciones de 2008 y 2012. Entonces, ¿Por qué tanta gente ha cambiado su voto a Trump?

En resumen, desde principios de siglo XX, el motor de la economía de esas ciudades había sido la industria de producción: minas, fábricas de coches, acero y maquinaria pesada. Bien por la globalización o por los avances tecnológicos, muchas fábricas están cerrando o  trasladándose a países extranjeros. Los residentes, la mayoría nietos y bisnietos de inmigrantes alemanes, polacos, ucranianos y puertorriqueños, llevan 3 generaciones trabajando en las mismas industrias, protegidos por los sindicatos. Ahora, ven su futuro amenazado.

Durante la legislatura de Obama, el gobierno realizó fuertes inversiones en esa zona para crear más puestos de trabajo en el sector de servicios. A día de hoy, ofertas de trabajo no faltan, pero pagan mucho menos que en las fábricas de anteaño. Imagínate que para un veterano de más de 50 años con puesto de supervisor que cobra 4000$ al mes, volver a ser aprendiz sería un golpe psicológico muy duro.

Trabajadoras de rust belt

Trabajadoras de Rust Belt

Una de las promesas electorales de Trump es imponer un fuerte proteccionismo a las industrias de producción para traer las fábricas de vuelta a EE.UU., prometiendo devolver los antiguos puestos de trabajo a los del Rust Belt. Es la principal razón que lo han votado.

Cuando NYT les pregunta sobre si comparten las ideas de Trump sobre inmigrantes, musulmanes y mujeres, la mayoría contesta que les da igual, porque ahí casi no hay musulmanes y la inmigración que recibe es poca. Los residentes con apellidos españoles, italianos y eslavos ya llevan varias generaciones instaladas y no sienten identificados con la inmigración actual. A las mujeres les importan más sus puestos de trabajo, o los de sus maridos, que la misoginia de Trump.

Sin embargo, muchos sí que sienten que exista un enorme abismo entre la “élite progresista” de las ciudades costeras con estudios universitarios que tienen el lujo de votar por sus principios, y ellos, la antigua clase obrera, que tienen que votar por sus necesidades.

Por otro lado, Hilary también hizo sus promesas, como ofrecer más cursos de reciclaje a los obreros desempleados y garantizarles puestos de trabajo con un sueldo decente en otros sectores. Sin embargo, esta propuesta no ha vendido tanto como la de “recuperar lo antiguo”.

Muchos economistas han advertido que las promesas de Trump tampoco funcionarían, porque al permanecer las fábricas en EE.UU., los precios de los productos subirían, los consumidores no los comprarían, que provocaría el cierre de las fábricas. Pero para la mayoría de los trabajadores de Rust Belt, no es nada más que otra excusa de la “casta política” para justificar su explotación al pueblo llano.

En los barrios deprimidos de Rust Belt, el sentido patriótico es muy dominante

En los barrios deprimidos de Rust Belt, el sentido patriótico es muy dominante

El cambio de rumbo del Partido Demócrata

Otro factor que ha influenciado el voto puede ser el cambio de rumbo del Partido Demócrata.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, el Partido Demócrata se había posicionado como el partido del pueblo llano, que protegía los derechos de los trabajadores frente al Partido Republicano, que representaba los intereses de las grandes corporaciones.

Sin embargo, debido a la globalización, la caída del comunismo y la entrada de China y Rusia en el mercado mundial, “la lucha de clases” a base de sindicatos ha perdido su efectividad, porque cuando suben los salarios, las empresas se trasladan a un país donde la mano de obra es más barata. Desde entonces, el Partido Demócrata ha abandonado la lucha de clases, sustituyéndola con el ecologismo, los derechos de animales y la inclusión de mujeres, minorías étnicas, gays y minusválidos en todos los ámbitos profesionales y las estructuras de poder.  Esas políticas han beneficiado sobre todo a mujeres y minorías de la clase media alta, pero ha hecho poco para los de orígen humilde. Poco a poco, el Partido Demócrata ya ha dejado de ser el partido de los trabajadores, sino el partido de la élite intelectual de las ciudades cosmopolitas, comprometida con la justicia social a nivel mundial.

Durante los últimos años, con la imposición del lenguaje políticamente correcto y la censura de cualquier material que puede herir la sensibilidad de los colectivos más vulnerables, la línea del partido se ha alejado aún más del mundo rudo en que viven los obreros industriales. La militancia del partido se ha trasladado de las fábricas a las universidades de élite. Cada vez más, los trabajadores con pocos estudios sienten políticamente marginados, sin ningún organismo que defiende sus derechos. Entonces, cuando aparecen una figura como Trump, muchos ven en él un salvador de la causa.

Los militantes del Partido Demócrata suelen ser jóvenes con alto nivel de estudios de ciudades cosmopolitas.

El activismo del Partido Demócrata se ha trasladado de las fábricas a las universidades

La nueva lucha de clases

Lo que es evidente es que tanto en EEUU como en muchos países europeos, dos nuevas clases sociales están emergiendo, cuya diferenciación no es vertical, sino horizontal.

Una de ellas está formada por gente con mayor nivel de estudios que vive en ciudades cosmopolitas. Muchos se han criado en ambientes multiculturales, han viajado, estudiado y trabajado en países extranjeros y tienen amistades de varias nacionalidades. En general, se ven beneficiados por la globalización, que les ha aportado mayores oportunidades laborales, económicos y culturales en un abánico de países distintos. Por eso ideológicamente, tienden a ser partidarios de la apertura de fronteras y la construcción de puentes.

La otra está formada por gente con menos estudios que vive en zonas rurales o ciudades provincianos, que tiende a llevar una vida costumbrista centrada en su familia y amigos de toda la vida. Laboralmente tiene menos movilidad tanto en el sentido profesional como en el geográfico, y su trato con gente de otras nacionalidades y culturas suele ser limitado.  En general, se ven perjudicados por todas las síntomas de la globalización: el traslado de sus puestos de trabajo a países extranjeros, la llegada de inmigrantes y la desaparición del estilo de vida que había llevado durante generaciones. Por eso tienden a apoyar políticas de cierre de fronteras y construcción de muros para proteger su idiosincracia y calidad de vida.

Tanto el Brexit en el Reino Unido como la elección de Donald Trump en EE.UU. sirven para dar un toque a los gobiernos de que si no actuen a tiempo, la división entre estas dos clases puede acentuarse, hasta el punto de que la reconcialación sea difícil. Os dejo con una charla de TED, en respuesta a Brexit, que habla exactamente de este fenónemo.

Referencias:

http://elpais.com/elpais/2016/11/11/media/1478883295_118786.html

https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/11/09/the-rust-belt-was-turning-red-already-donald-trump-just-pushed-it-along/

http://www.nytimes.com/2016/11/13/business/economy/can-trump-save-their-jobs-theyre-counting-on-it.html

http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/politics/ohioans-tired-of-status-quo-flipped-to-trump-for-change.html

http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/racerelated-conversations-on-race-with-white-trump-voters.html

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Cosas que me molestan del lenguaje cotidiano

18 Jun

Hay varias expresiones, comparaciones y adjetivos en el lenguaje cotidiano que cada vez me molestan más, y me gustaría hablar de algunas de ellas en este artículo.

La banalización de la palabra “esclavitud”

Se oye mucho la gente comparar cualquier trabajo precario con la esclavitud, y algunos extremistas hasta pretenden que la esclavitud de ayer se ha convertido en el contrato de empresario-trabajador hoy. Quien dice eso obviamente no entiende el significado de la palabra “esclavo”.

La esclavitud ha existido en casi todas las civilizaciones, y lo que define un esclavo no es la pobreza o la precariedad laboral, sino su condición de cautiva. Un esclavo es básicamente una persona que es propiedad de otra, que carece de los derechos y libertades más fundamentales de un ser humano, que puede ser azotado, violado, explotado, vendido o comprado según el capricho de su amo con total impunidad.

Tanto en el imperio romano como en la América colonial, en muchos talleres y granjas trabajaban esclavos y hombres libres codo a codo, los primeros como propiedad de los dueños, los segundos como mano de obra contratada. Cuando un hombre libre incumplía con su deber, lo peor que le podía pasar era el despido, pero un esclavo podía ser castigado con 100 azotes, un par de días encerrado en un zulo sin comida o la venta a otro amo.

Lo que define la esclavitud es la condición de cautiva

Lo que define la esclavitud es la condición de cautiva

A día de hoy, la esclavitud sigue existiendo y afectan a más de 46 millones de personas, la mayoría son víctimas de tráfico humano, inmigrantes ilegales retenidos por las mafias, prostitutas obligadas a trabajar en burdeles, o personas que por su etnia o condición de nacimiento, carecen de estatus como personas legales. Pero los trabajadores europeos, por lo duro que pueden ser las condiciones laborales y lo precario que pueden ser los salarios, no se puede comparar con la esclavitud ni de lejos porque nadie vive en cautividad ni es considerado legalmente propiedad de su empresa.

Así que, en mi opinión, confundir cualquier precariedad laboral con la esclavitud no es sólo una comparación injusta, sino también una falta de respeto a las 46 millones de personas que todavía viven bajo condiciones de verdadera esclavitud.

Muchos inmigrantes en EEUU trabajaban de sol a sol por poco dinero, pero no eran esclavos porque vivían en libertad.

Muchos inmigrantes en EEUU trabajaban de sol a sol por poco dinero, pero no eran esclavos porque vivían en libertad.

La banalización de la palabra “fascista”

Otra palabra que se dice mucho en el lenguaje cotidiano, a menudo en tono de insulto, es “fascista”, ¿pero cuánta gente realmente conoce el significado original de la palabra?

Volviendo a sus orígenes, el fascismo era un movimiento popular de los años 20 y 30 que llegó a poder en Italia, Alemania y Japón pero tuvo seguidores en casi todos los países europeos. Su doctrina se basaba en la fundación de un estado autoritario, uniendo a todas las clases sociales bajo un nacionalismo cerrado y excluyente. Socialmente, pretendía construir una nueva sociedad estratificada por una jerarquía racial, dando prioridad a los más “puros” y excluyendo a extranjeros, minorías culturales y “razas inferiores”. Económicamente, defendía la nacionalización de todos los sectores económicos claves pero a la vez protegía a la propiedad privada y los negocios pequeños y medianos.

Fascistas italianos

Fascistas italianos

La doctrina fascista estaba radicalmente en contra de la democracia parlamentaria, la igualdad de derechos y oportunidades, la libertad individual, el libre pensamiento, el mestizaje racial y la diversidad cultural. Y para llevar a cabo la revolución, justificaba el uso de la violencia a través de movilizaciones callejeras. Durante los años 30, en todos los países europeos formaron milicias ciudadanas, como los camisas negras de Italia y Reino Unido, los camisas marrones en Alemania y Austria, los camisas azules en España y los camisas verdes en Francia, que participaron en reyertas callejeras con grupos anarquistas y comunistas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo entró en decadencia. A día de hoy hay políticos populistas xenófobos como Marine LePen de Francia, Nigel Farrage de Reino Unido y Donald Trump de EEUU, pero ninguno se puede clasificar como “fascista” porque no pretenden sustituir la democracia por una dictadura ni justifican la violencia callejera. Quizás el partido político actual que más se aproxima al fascismo de los años 30 es Amanecer Dorado de Grecia.

Si el fascismo hubiera servido de algo, sería para dar una lección histórica para que no se repita jamás. Con la banalización de la palabra, estamos consiguiendo justo lo contrario, porque cuando todo el mundo llama “fascista” a cualquier político que le cae mal, el verdadero peligro de esta ideología se queda olvidado.

Amanecer Dorado es el único partido fascista actual

Amanecer Dorado es el único partido fascista actual

La banalización de la palabra “machista”

Otra palabra que se dice mucho, sobre todo en la boca de feministas, es “machista”.

El machismo en su origen se refiere a la creencia de que el hombre es superior a la mujer y que la mujer debe estar recluida a los roles tradicionales femeninos.

A día de hoy, se usa mucho la palabra “machista” para descalificar una serie de comportamientos y pensamientos, por ejemplo, cuando alguien afirma que existan diferencias innatas de psicología entre hombres y mujeres, cuando alguien está en contra de las cuotas de discriminación positiva, cuando alguien cuestiona la ley de violencia de género o cuando muestra su desacuerdo con cualquiera de las doctrinas del feminismo moderno.

La definición de igualdad de género es subjetiva

La definición de igualdad de género es subjetiva

En el fondo, la “igualdad” es un concepto abstracto y totalmente subjetivo. Hasta entre feministas, no todos tienen la misma definición de la palabra. Para algunos se refiere a la igualdad bajo la ley, para otros se refiere a la igualdad de derechos y oportunidades, para otros implica la eliminación de todas las diferencias de comportamientos entre hombres y mujeres. Pero opina lo que opina, cada uno tiene sus razones, pero en muchísimos debates sobre las cuestiones de género, muchos feministas usan la palabra “machista” para descalificar a cualquier opinión contraria.

En mi opinión, “machismo” es una palabra que no hay que banalizar precisamente porque sigue existiendo. Basta con leer la sección de comentarios de cualquier artículo de prensa online, encuentras un montón de insultos misóginos, sobre todo cuando el artículo ha sido escrito por una mujer. Ya está demostrado que en muchas empresas, a una mujer que hace el mismo puesto que un hombre le paga un sueldo inferior y cuando tiene hijos, es ella quien tiene que sacrificar más su carrera profesional por su vida familiar. Y hablando de los derechos de la mujer en países musulmanes, todavía queda un largo camino a recorrer…

Así que, esta palabra, igual que la “esclavitud” y “fascista”, es mejor usarla para situaciones que realmente encaja con el significado original.

Las actitudes machistas aún se notan mucho en el mundo de videojuegos

Las actitudes machistas aún se notan mucho en el mundo de videojuegos

La palabra “liberal” como eufemismo de políticas de derechas

En España, debido al legado de la dictadura franquista, la derecha no está bien visto, y mucha gente que defiende las mismas causas que el Partido Conservador del Reino Unido, los Democráticos Cristianos de Alemania y o el Partido Republicano de EEUU, en vez de definirse de “derechas”, se definen como del “centro”. Y como el centro político en muchos países está ocupado por partidos liberales, muchos españoles de la derecha radical también empiezan a denominarse como “liberales”.

Sin embargo, el verdadero liberalismo no sólo se trata de la libertad económica, sino también de la libertad social, que incluye la libertad de movimiento, la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad religiosa, la libertad sexual, la igualdad entre hombres y mujeres y los derechos de las minorías étnicas y sexuales. Durante siglos, los liberales han luchado en contra de la monarquía absoluta, los poderes de la Iglesia, los grandes terratenientes y los privilegios hereditarios. En el siglo XX, jugaron un papel crucial para conseguir el voto femenino, legalizar el aborto, defender los derechos de minorías étnicas y crear el sistema de educación y sanidad pública.

Pero la mayoría de los que se denominan como “liberales” en España es gente que sólo defiende la libertad económica de las grandes empresas, dando la espalda a todo el resto de clases de libertades. Muchos valoran la unidad de España más que la voluntad del pueblo, defienden los privilegios de la monarquía, justifican la explotación de las grandes empresas a los trabajadores y el medio ambiente y oponen abiertamente el aborto, el matrimonio homosexual y la acogida de refugiados.

Lo que más molesta es que con la apropiación de la palabra “liberal” por la derecha radical, dentro de pocos años, ya nadie recordará la verdadera esencia del liberalismo.

Hay "liberales" en España que hace apología a la dictadura franquista

Hay “liberales” en España que hace apología a la dictadura franquista

Los orígenes del populismo y sus peligros

6 Abr

Voy a empezar este artículo hablando de uno de los personajes históricos que más admiro: Tiberio Graco. Para conocer los detalles, podéis ver este video de un documental dramatizado de la BBC. Pero aquí cuento una versión muy resumida de su historia.

Antes de que Roma se convirtió en el imperio que todos conocemos, era una república gobernada por un senado, formado por 500 miembros de la élite social. Los ciudadanos de a pie podían participar en decisiones políticas a través de asambleas de la plebe, presididas por tribunos, pero el senado tenía el poder de vetar sus propuestas.

La mayoría de los ciudadanos romanos de la época (siglo V – II a.c.) eran campesinos propietarios de pequeñas granjas. Todos tenían el derecho de votar y la obligación de prestar servicio militar. Esta clase media de campesinos-soldados formaba la base de la sociedad republicana y la fuente de estabilidad social. Sin embargo, durante el siglo II a.c. la situación empezó a cambiar. La expansión colonial por nuevas tierras en Hispania, Galia y África hizo alargar las campañas militares. Los soldados, que antes pasaban solamente unos meses fuera de casa, ahora se ausentaban durante varios años, y muchos nunca volvieron.

Asamblea plebeya

Asamblea plebeya

Al estallar la tercera Guerra Púnica, muchas familias campesinas tenían todos los hombres de edad militar en el ejército. Con solo mujeres, niños y ancianos atendiendo el campo, muchas se arruinaron y tuvieron que vender su tierra a un precio muy barato a los especuladores. Los soldados, al volver de las campañas militares, descubrieron que sus granjas familiares habían desparecido. Sin hogar ni medios para ganarse la vida, acabaron en Roma malviviendo en la calle, formando una clase marginal cada vez más numerosa.

En la adquisición de tierras de campesinos arruinados, los especuladores habían encontrado un negocio cada vez más lucrativo. Cuanto más territorio conquistaban en el extranjero, más hombres podían llamar a filas, más familias se arruinarían y más tierras se podrían comprar a precio barato. En pocos años, el paisaje agrario había transformado de forma radical: las granjas familiares de toda la vida habían desparecido, sustituidas por grandes latifundios de terratenientes poderosos, trabajados por esclavos capturados de las conquistas extranjeras.

Algunos tribunos de la plebe habían exigido soluciones a esta creciente desigualdad, pero el senado, dominado por los lobbies de especuladores y terratenientes, ignoró las peticiones. A la mayoría de los tribunos les sobornaron, y a los más revolucionarios les destituyeron directamente, poniendo en su lugar a marionetas.

Barrio popular en la antigua Roma

Barrio popular en la antigua Roma

Tiberio Graco era el hijo de una familia acomodada, pero gracias a la educación de su madre, desde muy joven había poseído un fuerte sentido de justicia social. Regresó de la tercera Guerra Púnica como un héroe nacional por ser el primer soldado en escalar los muros durante el asedio de Cartago, y aprovechando su prestigio social, decidió dedicarse a la política presentándose como tribuno de la plebe.

En la asamblea de la plebe, Graco propuso una serie de reformas agrarias, subiendo impuestos a los ricos, persiguiendo el fraude fiscal y dando al estado el poder de apropiar terreno de latifundios que habían superado 125 hectárea, para redistribuirlo entre los más necesitados; también propuso un sistema rudimentario de la seguridad social para asegurar el bienestar básico de los ciudadanos con menos medios. Sus propuestas fueron bien recibidas por la plebe, pero no sentaron muy bien en el senado porque amenazaron los intereses de la élite.

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Gracias a su carisma, excelente poder oratorio y lenguaje callejero, logró ganar el corazón de las masas. Cuando el senado intentó vetar sus propuestas, Graco llamó a la desobedencia masiva en un acto parecido a una huelga general, con docenas de miles de seguidores tomando las calles, cerrando mercados, templos y paralizando toda la ciudad hasta que el senado aprobase sus propuestas. Era la primera vez que una ley se aprobó no por la votación en el senado, sino por la movilización de las masas. Era un acto anticonstitucional, pero la única manera de imponer la voluntad del pueblo.

Hasta el día de hoy, los historiadores aún discuten sobre las verdaderas intenciones de Graco. Algunos lo consideran un revolucionario idealista motivado por el compromiso social con los más desfavorecidos, otros lo descalifican como un oportunista que manipuló a las masas con discursos demagogos para conseguir el poder personal. La verdad nunca se pudo saber, porque dos años después de la aprobación de su reforma agraria, él murió asesinado por matones contratados por los terratenientes.

La muerte violenta de Tiberio Graco

La muerte violenta de Tiberio Graco

Tras su muerte, sus seguidores formaron un partido político, los populistas, que defendían los derechos del pueblo, frente a los optimates, que defendían los intereses de la élite senatorial. Aunque las reformas sociales de Graco eran totalmente legítimas, muchos de sus sucesores no tuvieron motivos tan legales. Aprovechando la rabia y la desesperación de la clase proletaria, hacían discursos incendiarios para provocar el odio hacia la élite senatorial, mientras elogiaban a los pobres con pan y circo. La lucha entre los partidos se convirtió en un juego de poder entre los que pretendían dominar la sociedad desde arriba con dinero y influencia, y los que pretendían dominar la sociedad desde abajo con la manipulación de las masas.

Tras varias décadas de revueltas populares, violencia callejera, golpes militares y guerras civiles, los populistas ganaron, e irónicamente, sus líderes se convirtieron primero en dictadores y luego en emperadores, acabando con el régimen republicano para siempre.

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

El ejemplo de Roma se ha repetido varias veces durante toda la historia. Durante los siglos XIX y XX, muchos políticos, entre ellos Napoleón, Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini Juan Perón, Hugo Chavez…, habían llegado al poder dominando la sociedad a través de la movilización de las masas. A día de hoy, el populismo está volviendo a ganar pulso en Europa y América, tanto los de izquierda como los de derecha.

Los populismos suelen ganar terreno cuando hay un sentido de indignación general entre los ciudadanos, que no sienten representados por ningún partido político tradicional. Igual que en la asamblea de Graco, es una manera de expresar el verdadero sentimiento del pueblo, muchas veces ignorado por la élite política. Aunque inicialmente las causas pueden ser totalmente legítimas, cuando se juntan cientos de miles de ciudadanos enfadados, podría convertirse en una masa fácilmente manipulable como los hinchas de un partido de futbol, que en vez de buscar soluciones, buscan un chivo expiatorio para linchar. Los políticos oportunistas aprovechan esta ocasión para prometer soluciones milagro a problemas complejos y señalar a un colectivo, normalmente uno fácilmente identificable, como el culpable de todo.

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de izquierda tienden a hacer discursos para provocar el odio hacia la elite socioeconómica; los populistas de derecha suelen despertar los sentimientos nacionalistas, promoviendo el orgullo patriota y echando la culpa de todos los males de la sociedad a extranjeros o minorías étnicas y religiosas. Pero ambos juegan con el lado sentimental, en vez de racional, de los ciudadanos, simplificando situaciones muy complejas en una lucha entre “ellos”, los malos, contra “nosotros”, los buenos.

Tradicionalmente, la comunidad judía en Europa y la diaspora china en Asia, por ser minorías étnicas económicamente destacadas, solían convertirse en el chivo expiatorio de todos los populismos. Por eso, a pesar de que Tiberio Graco siempre será uno de mis ídolos por su valentía, principios y compromiso social, tengo una fuerte desconfianza hacia su legado secundario, el populismo.

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

Semitas, judíos, israelíes y sionistas

24 Jul

Debido al reciente conflicto entre Israel y Palestina, en lo que hasta ahora ha cobrado la vida de más de 650 palestinos y 32 israelíes, la ONU ha empezado una investigación a Israel por violaciones de derechos humanos.

Mucha gente opinamos de que esta“retaliación” de Israel contra Palestina ha sido totalmente exagerada, y que independientemente de quién tiene  razón, la mayoría de los que mueren ha sido gente inocente, con más de 100 niños.

Sin embargo, al leer varios comentarios en las redes sociales, me he dado cuenta de que mucha gente, por criticar a las acciones de Israel, se vuelca contra todos los judíos hasta hacer comentarios abiertamente antisemitas, y eso me preocupa. Por eso, dedico este post para hacer unas aclaraciones de la diferencia entre judío, semita, Israelí y sionista.

Bombardeo israelí de Gaza

Bombardeo israelí de Gaza

Empezamos con la definición de semita.

Antropológicamente, se refiere a los pueblos originarios de Oriente Medio que hablan un idioma perteneciente a la familia semita, y eso, a día de hoy, incluye a hebreo, árabe y malteño. Por supuesto, tanto judíos israelíes como árabes y malteños deberían ser considerados como “semitas”. Sin embargo, en la lengua cotidiana, la palabra “antisemita” se refiere solamente a la discriminación contra los judíos, pero como esa es la definición universalmente aceptada (aunque incorrecta), no la discutimos.

Rostros de los pueblos semitas en la antiguedad

Rostros de los pueblos semitas en la antiguedad

Ahora, vamos a ver quién es “judío”.

Tiene 2 definiciones, la más antigua se refiere a cualquier persona creyente de la religión de judaísmo. Sin embargo, como los creyentes de esta religión habían formado comunidades muy unidas con un alto grado de endogamia, ser judío también empezó a cobrar un sentido “étnico”, en referencia a cualquier persona que desciende de antepasados judíos, y sobre todo, de una madre judía.

Durante el último par de siglos, muchos judíos ya han dejado de ser religiosos. Algunos se convirtieron a otras religiones y otros se volvieron ateos, pero por ascendencia o afiliación cultural, siguen considerándose “judíos”.

Una tienda judaica en Nueva York, 1900

Una tienda judaica en Nueva York, 1900

A principios de siglo XX, la comunidad “judía” de Alemania y Europa Central era uno de los colectivos con mayor porcentaje de ateos , pero aún así, no dejaban de ser “judíos”, bien porque ellos se veían así, o porque otros les percibían así.

En ruso hay 2 palabras distintas para referirse a un “judío religioso” (иудаист) y un “judío étnico” (еврей). Sin embargo, durante la inquisición española o el holocausto nazi, los verdugos no perdonaron a los judíos religiosos ni a los étnicos.

El fotoperiodista Robert Capa era de origen judío húngaro, pero nunca había sido creyente.

El fotoperiodista Robert Capa era de origen judío húngaro, pero nunca había sido creyente.

Entonces, ¿es ser judío una cuestión religiosa o étnica?

Es una cuestión complicada. No todos los judíos son religiosos, pero étnicamente, tampoco tienen una identidad común.

Desde la época prerromana, comunidades judías habían formado en diversos países en Europa, África y Asia, y en cada lugar donde asentaron, desarrollaron lenguas, tradiciones y costumbres cotidianas muy distintas. A rasgos muy generales, se podían dividir entre judíos askenazis, que vivían en países del centro y éste de Europa, y sefardíes, que vivían en la Península ibérica, África del norte y el Oriente Medio.

Judíos askenazis de Alemania a principios de siglo XX

Judíos askenazis de Alemania a principios de siglo XX

Los askenazis, por haber convivido durante milenios con europeos, tienen un aspecto físico y forma de pensar muy parecidos a los europeos centrales; su lengua cotidiana era Yiddish, un dialecto de alemán mezclado con palabras de hebreo.

Los sefardíes, por haber convivido durante milenios con musulmanes, tienden a parecerse tanto físicamente como culturalmente más a árabes y magrebíes; hablaban varias lenguas cotidianas, pero una de las más importantes era ladino, un dialecto de castellano antiguo.

A parte de esas dos, también hay judíos yemeníes, indios y etíopes, que tienen cada uno sus propias tradiciones y sentido de identidad.

Una chica judía argelina de origen sefardí.

Una chica judía argelina de origen sefardí.

Pues, se puede decir que las 15 millones de personas que se identifican judíos en el mundo actual, incluyen a:

  • Creyentes de judaísmo
  • Personas que trazan sus antepasados a las comunidades judías de cualquier parte del mundo

Aunque no existen estadísticas oficiales, los segundos probablemente superan los primeros.

Los judíos israelíes vienen de todas procedencias.

Los judíos israelíes vienen de todas procedencias.

¿Qué es el sionismo?

Los judíos habían sufrido durante siglos persecuciones en casi todos los países donde habían asentado, con los peores casos en Europa Central y Éste. Desde finales de silgo XIX, con el auge de nacionalismo, algunos judíos creían que la única manera que podían dejar de ser discriminados era crear su propio estado-nación. ¿Y dónde iba a estar? En su supuesto territorio ancestral: Palestina.

A principio, el sionismo era una ideología sólo compartida por los nacionalistas judíos más radicales. La tendencia general de la mayoría de los judíos europeos era asimilarse en la sociedad gentil. En Alemania, Rusia, y el Imperio Austrohúngaro, matrimonios mixtos entre judíos y gentiles era cada vez más común, y muchos judíos, para evitar ser discriminados, intentaron todo para ocultar sus orígenes, al punto de convertirse en referentes de la cultura germánica y eslava. Otros se inscribieron en movimientos revolucionarios como el comunismo y anarquismo. Entre los bolcheviques, un alto porcentaje eran de origen judío, como Lenin y Trotsky.

Sin embargo, la recesión posterior de la Primera Guerra Mundial y la crisis económica de 1929 trajo a Europa una nueva oleada de antisemitismo, en la forma de nazismo.

El holocausto implantó un terror en los supervivientes en que independientemente de cómo integrados estaban en la sociedad europea, nunca estaban libres de persecución. Entonces, el sionismo se convirtió en la ideología dominante de la comunidad judía.

Cartel sionista, animando los judíos a emigrar a Israel

Cartel sionista, animando los judíos a emigrar a Israel

El origen de Israel

El estado de Israel se fundó en 1948, por oleadas de inmigrantes judíos, muchos supervivientes de holocausto, que venían primero de Europa y Norteamérica, luego de Oriente Medio y Magreb. Por supuesto, en el territorio donde fundaron el estado ya vivían comunidades árabes. La mayoría fueron expulsados de sus casas a los campos de refugiados, pero otros hicieron todo para quedarse. Los primeros se convirtieron en los palestinos, los segundos en los  árabes israelíes.

Entre 1948 y 1998, el territorio de Israel no dejó de expandirse, conduciendo a los palestinos a un territorio cada vez más estrecha, hasta sólo quedarse con la Franja de Gaza y algunas partes de Cisjordania.

La expansión territorial de Israel 1947-2000

La expansión territorial de Israel 1947-2000

La Franja de Gaza

La Franja de Gaza

Una aclaración de los términos

Mucha gente piensa que todos los judíos sean israelíes o pro-israelíes, que todos los israelíes sean judíos, y que todos los judíos sean sionistas. No hay nada más lejos.

Hay 15 millones de judíos en el mundo, e Israel sólo tiene una población judía de 5 millones, significa que 2/3 de judíos no son israelíes ni viven en Israel.

En EEUU, entre 5 y 6 millones de ciudadanos son de origen judío, y solo en la área Nueva York la población supera 1.5 millones.

Judíos ortodoxos manifestando en contra de Sionismo

Judíos ortodoxos manifestando en contra de Sionismo

¿Están los judíos americanos detrás de las acciones de Israel?

Es cierto que entre los pro-israelíes en EEUU hay lobbies judíos, pero según varias  encuestas, la mayoría de los judíos americanos ni siquiera se consideran sionistas, y 70% de ellos se declaran de “izquierdas”.

En cambio, los estadounidenses que más apoyan a Israel son los cristianos evangélicos y algunos sectores más radicales de la derecha, la mayoría de los cuales son blancos protestantes.

Entre la población de Israel, tampoco toda la población es judía. Un 20% son árabes de religión musulmana y cristiana, pero tienen la ciudadanía israelí.

A día de hoy, las voces más críticas de Israel también suelen venir de la comunidad judía, tanto desde dentro como fuera de Israel. De hecho, muchos judíos ortodoxos están abiertamente en contra del sionismo, alegando que instalarse en la tierra sagrada era una grave violación contra la voluntad de Dios.

El juez Richard Goldstone es un juez sudafricano de origen judío muy crítico con la política de Israel hacia Palestina.

El juez Richard Goldstone es un juez sudafricano de origen judío muy crítico con la política de Israel hacia Palestina.

Ser pro-judío NO es lo mismo que ser sionista

Yo, como hijo de una familia china emigrada al Occidente, siempre he sentido mucha solidaridad con el pueblo judío en Europa, no sólo porque los judíos askenazis y los chinos compartimos muchas costumbres en común (como el concepto familiar, las madres autoritarias, la exigencia académica y la ética de trabajo), sino también porque el diáspora chino en Asia y el diáspora judío en Europa tienen una historia muy parecida.

Ambos han fundado comunidades que han prosperado socioeconómicamente en países donde los nativos les repudian, y a pesar de haber vivido varias generaciones ahí y hecho importantes contribuciones al desarrollo económico y cultural, siempre son percibidos como un problema, en vez de un recurso, para la sociedad.

Siendo minorías étnicas con un nivel económico y académico superior al medio, durante los años de vacas flacas, los políticos populistas, tanto de la izquierda como de la derecha, les convierten en el chivo expiatorio ideal, y en el peor de los casos, víctimas de linchamientos.

Las comunidades judías en diaspora, igual que las chinas, han sido frecuentemente víctimas de ira popular.

Las comunidades judías en diaspora, igual que las chinas, han sido frecuentemente víctimas de ira popular.

Pero igual que muchos judíos europeos a principios de siglo XX, no soy partidario al sionismo, porque no creo que la mejor forma de luchar contra la discriminación sea crear tu propio estado donde puedes repetir la discriminación contra otras minorías.

De hecho, lo que más me siento identificado con la cultura judía antes de fundar el estado de Israel es la mentalidad cosmopolita, el sentimiento de pertenecer a varias nacionalidades pero de ninguna en concreto, la defensa de la tolerancia multicultural en una sociedad plural, el rechazo a los nacionalismos y las políticas de identidad, la simpatía hacia los movimientos revolucionarios pero la desconfianza hacia los populismos, y sobre todo, el complejo de que independientemente de cómo te esfuerzas en integrarte en la sociedad donde vives, siempre serás considerado como un forastero.