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La paradoja de la nueva izquierda y las políticas identitarias

26 Ene

Las políticas de izquierda surgieron en el siglo XIX, a raíz de la industrialización y la emergencia de la clase obrera. Durante esa época, las reivindicaciones eran sobre todo económicas, para conseguir mejores condiciones laborales y mayor redistribución de riqueza a través de movilizaciones colectivas. Aunque las organizaciones de izquierda ya se dividían entre distintas corrientes, las principales, como el socialismo, comunismo y anarquismo, reivindicaban la solidaridad internacional, en que obreros de distintas nacionalidades deberían unirse en la lucha de clases.

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Internacionalismo soviético

Nacionalismo vs socialismo a principios de siglo XX

Durante finales de siglo XIX y principios de XX, los sentimientos nacionalistas se extendieron por toda Europa. En imperios multiétnicos como el austro-húngaro, ruso y otomano, cada grupo étnico luchaba por su derecho de autogobierno, reivindicando la solidaridad entre personas que compartían el mismo idioma, religión y origen racial, excluyendo a los diferentes. En ciudades cosmopolitas como Viena, Budapest, Odessa y Constantinopla, el efecto de los nacionalismos era especialmente venenoso, ya que las distintas identidades culturales luchaban cada una por los suyos, tachando a los otros como rivales o enemigos, así creando enfrentamientos entre amigos y vecinos de toda la vida.

Los partidos de izquierda, sin embargo, opusieron ferozmente a todos los nacionalismos. Contrariando el típico discurso de que “los otros nos quitan el trabajo”, los sindicatos reivindicaron que obreros de todas las culturas, colores y lenguas tenían mucho más necesidades en común que las diferencias en idiosincracia. Gracias a este efecto integrador, ciudades industriales como Londres, Glasgow, París, Barcelona y Marsella eran capaces de absorber millones de trabajadores de un crisol de culturas y nacionalidades sin sufrir grandes brotes de xenofobia o conflictos interétnicos.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, casi todos los nacionalismos eran de derechas. Tanto para los marxistas como para los sociodemócratas, identidades como la nacionalidad, la lengua, la religión o la raza no eran nada más que divisiones artificiales que la burguesía había inventado para mantener la clase trabajadora dividida.

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La “épica eslava” de Alfons Mucha representa el nacionalismo eslavo

La izquierda cultural posterior de los 60

Sin embargo, durante los años 60 surgió un cambio de rumbo debido a 3 factores.

Primero, en los países occidentales, tras el establecimiento del estado de bienestar después de la Segunda Guerra Mundial, la vida de los obreros se volvió cada vez más acomodada, pero la distribución de riqueza solía llegar solamente a manos de hombres blancos, heterosexuales que no pertenecía a una minoría étnica. Segundo, la generación criada en la posguerra empezó a cuestionar los valores tradicionales como la familia, la patria, la moralidad sexual y los papeles de género, revolucionando la sociedad con la música rock y el amor libre. Tercero, muchas colonias de los imperios europeos en Asia y África lucharon por la independencia, visibilizando las injusticias que habían sufrido durante generaciones a manos del hombre blanco.

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Mayo 68, París

De ahí surgió una nueva izquierda, más cultural que económica, cuya agenda ya no se centraba en la lucha de clases, sino en la emancipación de la mujer, la libertad sexual, la decriminalización de las drogas, la independencia de los pueblos colonizados, la autodeterminación de las minorías culturales, y la erradicación de prejuicios como el racismo, el machismo y la homofobia. Los nacionalismos ya dejaban de ser mal vistos, por lo tanto que reivindicasen la identidad de los colectivos reprimidos. Los protagonistas de esta nueva izquierda ya dejaba de ser los obreros de la fábrica, sino estudiantes y profesores de la universidad.

Los valores de la vieja y nueva izquierda diferían tanto que según relata la autora francesa Virginie Despentes, a pesar de que sus padres y abuelos eran anarquistas y comunistas de toda la vida, se escandalizaron cuando ella se hizo punki.

En la mayoría de los países europeos, los partidos socialistas trataron de integrar a tanto la vieja como la nueva izquierda, pero en EEUU, donde nunca hubo un movimiento socialista muy destacado, el Partido Demócrata abandonó en total la lucha de clases, sustituyéndola con la lucha de las identidades reprimidas.

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Argelinos durante la guerra de independencia

La izquierda cultural y las políticas de identidad en EEUU

Al llegar al siglo XXI, la izquierda cultural en EEUU se radicalizó.

Los activistas en el ámbito universitario dividen el mundo entre dos grupos: los privilegiados y los reprimidos. Los primeros consisten de gente de raza blanca, varones y heterosexuales. Los segundos consisten de gente no-blanca, mujeres, y minorías sexuales. Todas las movilizaciones se organizan alrededor del concepto de identidad: a favor de las mujeres, de los afroamericanos, de la gente no-blanca, de los gays, de los pueblos indígenas, de los dreamers o de los sin-papeles.

Como la constitución estadounidense prohibe hacer leyes que discriminan a ciudadanos por raza y género, los militantes de izquierda tratan de hacer propaganda para crear concienciación de la discriminación cotidiana que sufre miembros de las “identidades reprimidas” y señalar a los culpables para avergonzarlos en público. En el ámbito cultural, tratan de censurar o condenar cualquier película, serie, canción, libro o discurso que puede ofender la sensibilidad de dichos colectivos. En medios progresistas como HuffPost y AJ++, una de las frases más repetidas es white privilege, en referencia a la ventaja social que disfrutan los blancos a la hora de conseguir empleo, alquilar vivienda o recibir un trato más justo por la policía.

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Estudiantes norteamericanos

Paradójicamente, contrario a pioneros de derechos civiles como Martin Luther King que luchaba por la integración racial, la nueva izquierda estadounidense favorece la creación de “espacios seguros” para mujeres y minorías étnicas o sexuales en universidades y empresas, donde miembros de aquellos grupos puedan sentirse seguros sin ser molestados. Ya se están poniendo de moda servicios, negocios, empresas o centros de coworking solo para mujeres, y en los casos más extremos, para mujeres de color. El intercambio cultural también se ha convertido en pecado, ya que cuando una persona blanca adopta un vestimenta, estilo de música o gastronomía de origen no-europeo, le acusan de “apropiación cultural“.

Mientras tanto, ¿qué pasa con la lucha de clases? Los blancos pobres, a pesar de todas las dificultades socioeconómicas que sufren, sienten totalmente ignorados por las políticas identitarias de la nueva izquierda. Me puedo imaginar la rabia que siente un minero desempleado de Pensilvania, padre divorciado con 3 hijos, al escuchar una feminista de una universidad de Ivy League decir qué él es parte de la clase privilegiada por ser blanco, varón y heterosexual.

¿Qué haría en respuesta? votar a un demagogo como Donald Trump.

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No todos los blancos son privilegiados

Mi opinión personal

Aunque estoy de contra de cualquier forma de represión, injusticia y discriminación por motivo de género, etnia y sexualidad, en mi opinión, hacer políticas de identidad es totalmente contraproducente para la justicia social. Porque cuando un grupo se cierra para defender su identidad recriminando a otros, provocaría la misma reacción en el bando contrario.

En Viena a principios de siglo XX, la comunidad alemana era el primero en reivindicarse como los auténticos vieneses. En respuesta, la comunidad checa también hizo lo mismo, seguida por la húngara y la italiana, hasta que la convivencia en la ciudad se fracturó en una guerra de identidades enfrentadas, que al final, abrió las puertas a la dominación nazi. En EEUU pasa algo parecido. Las políticas identitarias a favor de las minorías étnicas han provocado el sentimiento identitario de los blancos, encabezado por el Alt Right. En España, el independentismo militante de los catalanes durante el proces en 2017 también ha despertado el nacionalismo español más rancio, que hace pocos años estaba totalmente estigmatizado.

Por un lado, estoy totalmente a favor de mantener escuelas e instituciones culturales que protegen la lengua e idiosincracia de las minorías culturales, tanto como declarar su lengua como co-oficial en la región donde forman la mayoría. Pero otra cosa totalmente diferente es crear divisiones políticas explotando esta diferencia, señalando una identidad cultural como el eterno verdugo y otra como la eterna víctima.

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En mi ámbito personal, siempre he tenido amigos de diversos orígenes, clases sociales, nacionalidades y de ambos sexos. Nunca se me había planteado quién perteneciera a un grupo privilegiado y quién perteneciera a un grupo reprimido, porque todos compartimos la misma humanidad. Y si los medios se dedican a bombardearnos con propaganda día y noche para dividirnos por esas categorías, el trato cotidiano resultaría incómodo. A veces he pensado, con tantas amigas muy cercanas que he tenido durante toda la vida, ¿cuántas realmente me han percibido como miembro de una casta represora por ser hombre y heterosexual?

Es evidente que en EEUU la nueva izquierda ya ha perdido totalmente el apoyo de la clase obrera. Los blancos sienten ignorados. Para los negros de barrios deprimidos, la agenda cultural es demasiado alejado de los asuntos de su vida cotidiana para sentirse representados. Los activistas más militantes suelen tener un alto nivel de estudios, que irónicamente, proceden en su mayoría de familias blancas y adineradas.

Si algún día la izquierda quisiera volver a ser el partido de las masas, tendría que dejar la lucha de identidades para enfocarse en asuntos más prácticos que afectan la vida de todos los ciudadanos, como mejorar la educación y sanidad pública, luchar contra la precariedad laboral, crear barrios con mejor infraestructura y proteger el medio ambiente.

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Cómo ser un tipo duro, según mi criterio

17 Ene

Durante los últimos años, en las sociedades occidentales se ha premiado cada vez más la fragilidad, la delicadeza y la susceptibilidad extrema. En las universidades norteamericanas, muchas movilizaciones se han hecho para reivindicar el derecho de no sentirse ofendido, así censurando cualquier opinión o expresión artística que puede ofender los sentimientos de otros.

A día de hoy, cuando uno dice que adora a “tipos duros”, es casi sinónimo a ser retrógrado, machista y la falta de sensibilidad. Sin embargo, tengo que reconocer que durante toda la vida, he admirado a hombres y mujeres fuertes y luchadores, todo lo opuesto a los “copos de nieve” que se han puesto de moda ahora. Pero según mi criterio, ser un tipo duro no tiene nada que ver con pelear, chulear y ser un malote, sino con tener resiliencia, la capacidad de superación, y poca susceptibilidad.

En este artículo me gustaría hablar de las cualidades de “tipos duros” que más admiro, aunque tengo que reconocer que muchas no las tengo, o la situación no me ha puesto a prueba.

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La dureza física

La dureza física, en mi opinión, significa tener la capacidad de realizar trabajos físicamente extenuantes, de practicar deportes con un gran desgaste físico, y de adaptarse a condiciones climáticas extremas o condiciones de vida rudas.

Con los avances tecnológicos, cada vez estamos más adaptados a la vida acomodada y menos gente posee la dureza física de nuestros antepasados. Pero por esta misma razón, admiro a la gente capaz de pasar horas cortando leña con una hacha, de cavar una fosa con un palo, de correr un maratón de montaña, de aguantar 12 asaltos en un combate de boxeo, de nadar en un río helado, o de andar durante horas y días bajo la nieve o lluvia con la temperatura bajo cero.

Cuando veo reportajes o documentales de pueblos que llevan la vida tradicional, como pastores mongoles, cazadores bosquimanos o cargadores manuales en los puertos de países subdesarrollados, veo una fuerza, resistencia y disciplina física que los ciudadanos del Primer Mundo ya hemos perdido.

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Pastores kazajos

El optimismo y la resiliencia mental

Otro rasgo de dureza está en la capacidad afrontar a situaciones adversas y no salir hundido ni amargado. Con adversidades me refiero a cualquier situación difícil desde pasar un largo periodo de desempleo, aguantar un jefe tirano y compañeros trepas, hasta sufrir abusos sexuales, persecución política, discriminación racial o sobrevivir guerras y hambrunas.

Una persona dura, en vez de quejarse de la mala suerte o lo injusto que le trate la sociedad, se concentraría en buscar la solución para salir de la adversidad. Y si la solución no está en sus manos, aprendería a sobrellevar la situación lo mejor que pueda, para que le perjudique lo menos posible. Si sufriera una injusticia, no tardaría en denunciarla en voz alta, pero una vez hecha, se deshace del papel de la víctima cuando antes. Nunca echa la culpa de su fracaso a personas ajenas, a la sociedad o a las desgracias del pasado, porque confía que ella misma es la dueña de su propio destino.

Y en mi opinión, las personas más duras del todo, son las que una vez superada las adversidades, tratan de ayudar a otros que pasan por las mismas dificultades, o luchan para que otros no sufran la misma injusticia.

Veo esta dureza en los veteranos de guerra que han podido volver a adaptarse a la vida civil sin guardar odio o rencor a las nacionalidades contra que luchaban, o supervivientes de abusos sexuales que tras superar la trauma, aún son capaces de amar y confiar en otras personas.

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Muchas milicianas kurdas habían sufrido abusos sexuales bajo el Estado Islámico

La poca susceptibilidad

A los tipos y tipas duras no les suelen afectar los comentarios de los demás. Y si algo les ha sentado mal, aprenden a pasar página. Si tienen una opinión, saben defenderla con hechos y argumentos, y nunca se sienten agredidos cuando otros cuestionan sus creencias. Ya aceptan que en el mundo conviven todas clases de opiniones, ideas y valores y aunque algunos les pueden resultar repugnantes, nunca manifiestan a favor de la censura, porque saben que todo el mundo tiene el mismo derecho de expresar sus opiniones.

No se escandalizan con escenas macabras, chistes de mal gusto, palabras agresivas o comportamientos burros. Las desgracias que se cuentan en los telediarios tampoco les generan miedo ni les causan alarma, porque saben que si se convierten en noticias, siempre se tratan de excepciones, en vez de la norma.

Lealtad a sus principios

Una persona dura se mantiene fiel a sus principios. Aunque puede cambiar de opinión sobre determinados asuntos al adquirir nuevos conocimientos y vivencias, nunca pierde los valores fundamentales. Por ejemplo, para alguien que defiende la libertad de expresión, defendería tanto la libertad propia como la de sus adversarios políticos. Sobre determinados asuntos como las noticias falsas, la pseudociencia o los discursos de odio, puede revisar algunos matices, pero nunca se mostraría a favor de régimenes totalitarios que encarcelan, censuran o acosan a voces disidentes.

Se mantiene siempre fiel a lo que considera correcto aunque no está de moda. Un ejemplo era el escritor Albert Camus. Aunque toda su vida había luchado por los derechos de los obreros, los colectivos desfavorecidos y los pueblos colonizados, era un feroz opositor al comunismo soviético por su carácter autoritario. Y durante la guerra de Argelia, era el único que propuso una solución federal concediendo la ciudadanía francesa a los musulmanes argelinos, en vez de la independencia total de la colonia. Ambas posturas iban en contra de la corriente dominante de la izquierda francesa y por eso los intelectuales franceses le marginaron. Pero a pesar de eso, él se mantuvo fiel a sus convicciones hasta la muerte.

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Albert Camus

La valentía de explorar lo desconocido

La última cualidad de un tipo duro es la valentía de salir de su zona de comfort, explorando mundos desconocidos sin miedo.

Si a un tipo duro le llama la atención visitar un país, hacer un viaje, cambiar de profesión, practicar un nuevo deporte o mudarse a vivir a otra ciudad durante una temporada, se echa por delante, y nunca aborta su plan porque otra gente le advierte sobre los peligros, porque sabe que tomar riesgos forma parte de la vida. Si alguna de esas aventuras no le ha salido bien, no se arrepiente de la decisión porque sabe que equivocarse forma parte de la vida.

Cuando visita a un país exótico, se mete de lleno en la cultura local, adaptando a las costumbres sin quejarse de que las cosas no son tan cómodas o familiares como en casa. Toma las precauciones necesarias al explorar lugares remotos, pero nunca anda con miedo.

El origen del patriarcado – 4 hipótesis

20 May

La gran mayoría de las sociedades humanas son patriarcales, y eso ha sido la norma durante los últimos milenios de historia, al menos en todas las civilizaciones complejas. Hasta en pueblos matrilineales y matrilocales donde la propiedad y la herencia se trasmite de madre a hija, como los tuaregs del Sáhara y los cherokees y navajos de América, los de la cúpula del poder político, militar y económico siguen siendo hombres.

¿Por qué tantos pueblos de distintas culturas, creencias y estilos de vida han adoptado este mismo comportamiento social? Hay varias hipótesis. En este artículo voy a presentar los 4 explicaciones más comunes, y mis argumentos para rebatirlos.

Los Tuareg son un pueblo matrilineal

Los Tuareg son un pueblo matrilineal

Hipótesis 1: los hombres sometieron a mujeres por la fuerza física

Una explicación muy popular es que los hombres lograron dominar a las mujeres por la fuerza física, obligándolas a asumir papeles sumisos bajo la amenaza de violencia. Esta hipótesis viene con la suposición de que desde que el hombre es hombre, la sociedad siempre ha sido patriarcal.

Examinando este argumento al fondo, encuentro varios agujeros. Para empezar, aunque es cierto que la mayoría de los hombres son más fuertes que la mayoría de las mujeres, la relación no es absoluta. Algunas mujeres son más fuertes que algunos hombres. Si la sociedad humana en el estado más primitivo estuviera dirigida por la ley del más bruto, los que dominan cualquier sociedad deberían ser los hombres y mujeres más forzudos. Sin embargo, desde la antigüedad, la mayoría de las personas que lideran tribus, ciudades y países no suelen ser los hombres físicamente más fuertes, sino los que poseen las mejores habilidades sociales a la hora de forjar alianzas, conexiones y redes de influencia.

¿Son las mujeres menos dotadas en esas habilidades sociales? No hay ningún indicio.

Hasta en el crimen organizado, los forzudos no suelen llegar a la cúspide de poder.

Hasta en el crimen organizado, los forzudos no suelen llegar a la cúspide de poder.

Hipótesis 2: los hombres controlaban los alimentos

Esta también es una hipótesis muy popular, argumentando que durante el paleolítico, los hombres eran los que cazaban y traían la comida a la tribu mientras las mujeres cuidaban a los niños. Y como ganadores del pan, se hicieron con el poder de mando.

Sin embargo, la idea de que “los hombres cazaban y las mujeres cuidaban los niños” no tiene ningún fundamento científico. Para empezar, dependiendo de donde vivían, los paleolíticos adquirían sus alimentos no solo de la caza de animales grandes como mamuts y bisontes, sino también de recoger plantas, frutas, cereales y de atrapar animales pequeños, actividades que participaban tanto hombres como mujeres. Examinando la vida de los pueblos cazadores-recolectores contemporáneos, como los bosquimanos de Sudáfrica, los aetas de filipinas y los hazdas de Tanzania, las mujeres participan en la caza mayor y adquieren al menos la mitad de los alimentos de la tribu. El cuidado de los niños suele ser una responsabilidad comunal, compartida entre madres, padres, tíos, abuelos y hermanos mayores.

Bosquimanos, entre los últimos paleolíticos.

Bosquimanos, entre los últimos paleolíticos.

Hipótesis 3: un legado de la tradición guerrera

Esta hipótesis surge a raíz de la observación de en que la gran mayoría de pueblos cazadores-recolectores, la relación entre los sexos suele ser bastante igualitaria, así que el patriarcado debía haberse convertido en norma después del invento de la agricultura, notablemente durante la edad de bronce y de hierro, cuando los conflictos violentos entre distintos pueblos por disputas de tierra, ganado y esclavos se volvieron cada vez más frecuentes.

En muchos pueblos surgió una élite guerrera, hombres que dominaban el arte de la espada, lanza y jabalina, que protegían a las tierras de los campesinos y el ganado de los pastores. Tanto entre los celtas de Europa central, los vikingos de Escandinavia como en las antiguas sociedades feudales en la India y Japón, los guerreros ocupaban un estatus social más alto que los campesinos y eran los únicos que podían participar en las decisiones políticas. Como los hombres tienen más testosterona que les hacen más agresivos en la lucha cuerpo-a-cuerpo, la mayoría de los guerreros eran varones. Y cuando la casta guerrera llegó a dominar la mayoría de las sociedades, el patriarcado también echó sus raíces.

La casta guerrera dominaba muchos pueblos durante la edad de hierro

La casta guerrera dominaba muchos pueblos durante la edad de hierro

Este argumento puede tener su lógica, pero si la tradición guerrera estuviera directamente ligado al patriarcado, los pueblos más guerreros también deberían ser los más machistas, pero la situación no es así. En algunos pueblos de tradición muy bélica, como los escitas y sármatas de Asia Central y los sasánidas de Persia, las mujeres también acudían al campo de batalla y de ahí surgió la leyenda de las amazonas. En la política, las mujeres también jugaban un papel crucial en la toma de decisiones, mucho más que en algunas culturas más pacíficas, como los egipcios y babilonios.

En el imperio chino, desde hace más de 2000 años ya se implantó una clara separación de las funciones militares y administrativas, poniendo los militares bajo las órdenes de los mandarines. Desde entonces, la mayoría de los soldados, hasta los guerreros de élite, solían ser reclutados entre los ciudadanos más humildes y no disfrutaban de un estatus social destacado. La casta dominante constaba de funcionarios que habían aprobado oposiciones, cuya mayoría era gente de letras que nunca habían cogido una lanza en su vida. Sin embargo, durante 2000 años, la inmensa mayoría de los funcionarios eran varones.

¿Son las mujeres menos capacitadas para estudiar historia, geografía, derecho, ciencias y filosofía?

Guerrera sármata, un pueblo iraní de tradición bélica

Guerrera sármata, un pueblo iraní de tradición bélica

Hipótesis 4: la presión de la natalidad vs la división de trabajo

Esta última hipótesis surge a raíz de la observación de que durante la mayor parte de la historia, la mortalidad infantil era altísima, y como muchos niños murieron antes de llegar a la edad de reproducción, las mujeres tenían que tener un elevado número de niños para mantener la población estable. Como ellas son las que físicamente dan a luz y amamantan a los críos, al pasar tantos años entre embarazos, partos y lactancias, tendrían menos tiempo para realizar trabajos que requerían la dedicación de mucho tiempo y esfuerzo, como dirigir un gran negocio, mandar un ejército o gestionar los impuestos y distribuir los recursos. Poco a poco, todos aquellos puestos acabaron asumidos por varones.

Mortalidad infantil del siglo XIX

Mortalidad infantil del siglo XIX

Es decir, el sexismo surgió al raíz de la división de trabajo, a medida que la organización social se volvió más complejo. Esta hipótesis coincide con la tendencia de que los pueblos cazadores-recolectores suelen ser más sexualmente igualitarios (menos división de trabajo) mientras la mayoría de las sociedades agrícolas y ganaderas son bastante más machistas. Por supuesto, la transición ocurrió de forma gradual, a través de siglos y milenios, porque en las primeras civilizaciones neolíticas, como Catalhoyuk en Turquía y Cucuteni en Rumanía, la distinción de estatus por género brillaba por su ausencia.

Sin embargo, la hipótesis no explica por qué en algunos pueblos de tradición más patriarcal, el trabajo que realizan las mujeres son irónicamente los físicamente más duros, como caminar varios kilómetros cada mañana para coger el agua, y no descansan aún estando embarazadas. Si pudieran compaginar la maternidad con trabajos tan duros, ¿por qué no la pueden compaginar con un trabajo físicamente mucho menos exigente, como administrar, mandar y dirigir?

Estatua de una diosa neolítica de Cucuteni (hace 6000 años)

Estatua de una diosa neolítica de Cucuteni (hace 6000 años)

¿El fin del patriarcado?

Desde hace un siglo y medio, debido a la medicina moderna que redujo la mortalidad infantil, las mujeres ya no tienen que tener más de 5 hijos para evitar un colapso demográfico. Este fenómeno, combinado con el invento de contraceptivos, liberó aún más a las mujeres del papel de “madre por obligación”. Disponiendo de más tiempo y energía, ellas se han dedicado a estudiar, trabajar y a luchar por sus derechos, hasta llegar a integrarse en casi todos los ámbitos que hace apenas un siglo era de dominio masculino. A día de hoy, la mayoría de las sociedades del mundo siguen siendo dominadas por hombres, pero los avances realizados durante el último siglo han sido impresionantes.

Lo que se ha demostrado es que las mujeres son igual de capacitadas para realizar todas las profesiones, cargos y responsabilidades que durante siglos eran reservados solamente por hombres.

Si esta tendencia continuase, ¿dentro de un par de generaciones el patriarcado ya se habrá convertido en historia?

Todavía es pronto para llegar a esta conclusión, pero por mi gusto personal, me gustaría ver que algún día en un futuro no tan lejano, la equidad de género se convirtiera en la norma de la gran mayoría de las sociedades humanas, pero eso no sería sólo el trabajo de las mujeres, sino de ambos sexos en conjunto.

Equipo de exploración arqueológica

Equipo de exploración arqueológica

El nuevo afán de censurar y segregar

5 May

Hay una tendencia que gana cada vez más impulso en el mundo anglosajón, que es el afán de censurar y segregar.

Empiezo con un ejemplo. Hace poco leí un artículo que en los servicios de taxis y de compartir coches como Uber, algunas mujeres han sufrido acoso o han sentido miedo por las insinuaciones de algunos conductores masculinos. Por eso, un empresario ha montado un servicio de taxis sólo para mujeres con conductoras femeninas. De primeras, esta medida puede parecer que tenga sentido, pero examinando la situación más al fondo, me hago la pregunta: ¿cada vez que alguien ha tenido una mala experiencia con personas de un cierto colectivo, la solución es segregarlo de ellos?

Acerca del acoso sexual en los taxis y transporte público, la medida más sensata, en mi opinión, es hacer un control más exhaustivo a los conductores y facilitar más medidas de denunciar, porque en el fondo, los que tienen que cambiar el comportamiento deben ser los conductores, no las pasajeras.

Acoso en el transporte público

Acoso en el transporte público

Lo de establecer un servicio de transporte sólo para mujeres me parece una solución tan absurda como peligrosa. No hay que olvidar que muchas formas de opresión hacia las mujeres han empezado con la excusa de protegerlas, como los padres que dejan salir de noche a sus hijos pero no a las hijas, o los régimenes islamistas que prohíben a mujeres y hombres socializar juntos para prevenir violaciones. En el peor de los casos, cuando los espacios seguros para mujeres en el transporte se convierten en norma, algunos hombres puedan interpretar que cualquier mujer que se encuentra fuera de ese espacio como una “barra libre”. Tantas décadas de lucha para la inclusión de la mujer en todas las esferas públicas se habría ido al garete.

"Espacios seguros" existen a costa de libertad de expresión.

“Espacios seguros” existen a costa de libertad de expresión.

Eso es sólo uno de los ejemplos de la tendencia de segregar y censurar. En las universidades de países anglosajones, muchos estudiantes también están creando “espacios seguros”, para proteger a los más sensibles de opiniones hirientes.

Esta tendencia empezó en los años 90, con el movimiento de la cultura “políticamente correcta”. Originalmente, tenía la intención de crear conciencia que ciertas palabras, comportamientos y expresiones puedan resultar hirientes a determinadas personas o colectivos, sobre todo los tradicionalmente discriminados. Pero con el transcurso de los años, el afán de no ofender se ha convertido en una caza de brujas. Ya no hace falta hacer una afirmación abiertamente racista, sexista, homófobo o despectiva para que te crucifiquen, basta con una frase sacada fuera de contexto de un discurso neutral o un comentario irónico tomado al pie de la letra, ya era suficiente para que te acusen de “herir sensibilidades” y te excluyan de de los “espacios seguros”.

El año pasado, la feminista Germaine Greer fue declarada “persona no-grata” en la universidad de Cardiff solo porque dijo en 2009 que las transexuales no se les podían considerar mujeres. La universidad de Warwick ha cancelado una charla de la activista laica iraní Maryam Namazie porque su dura critica hacia Islam podría “ofender sensibilidades religiosas”. En una universidad en Pensilvania, un grupo de estudiantes presionaron que una residencia estudiantil cambiase de nombre porque se llamaba “Lynch”, que les recordaba la palabra “linchar”.  En 2012, un grupo feminista en España protestó contra el estreno de la obra de teatro Don Juan Tenorio porque el protagonista era machista y misógino. Hace poco, en la universidad de Ottawa se ha cancelado clases de yoga porque algunos estudiantes sentían que representara la apropiación del “hombre blanco” de la cultura de un “pueblo explotado por el colonialismo”.

¿Es Maryam Mamazie islamofoba?

¿Es Maryam Mamazie islamofoba?

Debido a la globalización, inmigración y la conexión al Internet, vivimos en un mundo hiperconectado donde tenemos cada vez más contacto con personas de otro países, culturas, religiones, orientaciones sexuales, ideologías y orígenes sociales. Por supuesto, ofender las sensibilidades de alguien ajeno a nuestro entorno es mucho más fácil que a personas parecidas a nosotros. ¿Pero bajo esas circunstancias, censurar y segregar a todo lo que nos incomode los oídos realmente mejoraría la convivencia? En mi opinión, conseguiría justo el efecto contrario, porque prohibir la expresión de ciertos sentimientos no los hacen desaparecer, sino que los dejan embotellados sin vía de escape, hasta que un día se exploten en forma de violencia física o votos a partidos extremistas.

En mi vida cotidiana, casi todos los días escucho o leo algún comentario que no me hace nada de gracia, sea un chiste de mal gusto o un comentario despectivo hacia un colectivo entero, pero jamás he pensado en hacer una ley para prohibirlos, porque mientras que esas palabras me resultan ofensivos, muchas expresiones mías también puedan ofender o escandalizar a muchos. Al fin y al cabo, la sociedad humana es una convivencia de muchas costumbres e ideas distintas y no todo te tiene que gustar. Yo tengo que tolerar a otros, pero otros también tienen que aguantar a mí.

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Algunos políticos, como Donald Trump o Nigel Farrage, me espantan con casi todas las palabras que salen de sus bocas, pero tampoco creo que censurarles sea la manera más adecuada para luchar contra lo que representan. En 2015, miles de británicos firmaron una petición para prohibir la entrada de Donald Trump al país, ¿pero eso va a hacer que millones de estadounidenses dejen de votarlo? En vez de prohibir que haga discursos xenófobos, ¿por qué no organizan un debate abierto para tumbar cada uno de sus propagandas demagógicas con argumentos lógicos y cifras reales, para dejarlo en ridículo?

Acerca de obras como Don Juan Tenorio, la interpretación es totalmente subjetiva. El protagonista puede ser misógino, ¿pero eso implica que la obra hace apología a esas ideas? Con esta filosofía, ¿vamos a prohibir todas las novelas, obras o películas en que sale algún personaje misógino, racista, homófobo o con cualquier idea que no conforma con los valores de la sociedad moderna?

Si la única medida que adoptan los autodeterminados progresistas en combatir la discriminación es censurar y segregar, vamos a crear una sociedad mundial de guetos donde cada uno acabará solamente rodeados de los suyos, y la convivencia entre personas de distintos orígenes, sexos, culturas, ideologías o creencias se volverá cada vez más incómoda por la paranoia de no ofender.

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Feminismo – elementos que estoy a favor y en contra

6 Abr

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Muchas veces en las redes sociales he criticado el comportamiento de las feministas radicales. Mucha gente seguro que piensa que soy un típico machista que niega la existencia de la discriminación sexista. Con este artículo quiero señalar que eso no es el caso y cualquiera que me conoce en persona sabría que durante toda la vida he reivindicado la igualdad de género. Sin embargo, dentro del movimiento feminista, como en todos los movimientos socio-políticos, hay elementos que estoy a favor y elementos que estoy en contra. Aquí hago un resumen.

Puntos a favor:

  • Estoy a favor del feminismo que cree que la mujer es igual de capaz que el hombre, tanto para hacer el bien como hacer el mal.
  • Estoy a favor del feminismo que reconoce que la discriminación y estereotipos sexuales existen, y ejercidos tanto por hombres como por mujeres.
  • Estoy a favor del feminismo que lucha contra el abuso sexual, la mutilación genital, las violaciones y la esclavitud sexual, independiente del género o edad de la víctima.
  • Estoy a favor del feminismo que lucha por la escolarización de niñas en países donde tradicionalmente sólo estudian varones.
  • Estoy a favor del feminismo que lucha por la igualdad salarial, que hombres y mujeres que realizan el mismo cargo de trabajo cobren el mismo sueldo.
  • Estoy a favor del feminismo que fomenta el compañerismo, amistad y camaradería entre personas de sexo opuesto.
  • Estoy a favor del feminismo pansexual que permite a las mujeres vivir y expresar sus deseos sexuales de modo libre y abierto, sin ser criticadas ni acosadas.
  • Estoy a favor del feminismo que lucha para que las mujeres puedan llevar el estilo de vida que desean, tanto para ser empresaria o ingeniera como para ser ama de casa o prostituta autónoma.
  • Estoy a favor del feminismo que pretende aumentar la presencia de mujeres en profesiones/actividades de dominación masculina inspirando con ejemplos reales de mujeres que destacan en el sector y los compañeros que las apoyan.
  • Estoy a favor del feminismo que pretende aumentar la presencia de mujeres en puestos directivos facilitando la compaginación de vida laboral y familiar, tanto para padres como para madres.
  • Estoy a favor del feminismo que reivindica el derecho al aborto.
  • Estoy a favor del feminismo que lucha en contra de cualquier forma de segregación sexual en el ámbito educativo, profesional o vida pública.
  • Estoy a favor del feminismo que reivindica que la equidad de sexos beneficia a toda la sociedad, también a hombres.
  • Y sobre todo, estoy a favor del feminismo que trata cualquier violación contra la dignidad de la mujer como un atentado contra todos seres humanos, y que la lucha de igualdad de género también sea una lucha de todos seres humanos.

Puntos en contra:

  • Estoy en contra del feminismo que hace propaganda de culpabilizar el hombre y victimizar la mujer.
  • Estoy en contra del feminismo que trata a todos los hombres como una casta privilegiada y represora, sólo por ser hombres.
  • Estoy en contra del feminismo que pretende que una mujer que abusa de un hombre es menos culpable de un hombre que abusa de una mujer, o que simplemente no existe.
  • Estoy en contra del feminismo que pretende que el acoso, las parejas posesivas, controladoras y manipuladoras sea solamente un problema de hombres contras mujeres.
  • Estoy en contra del feminismo que niega las diferencias biológicas, hormonales y psicológicas entre los sexos y atribuye cualquier diferencia de comportamiento y preferencias entre los sexos al machismo sin analizar las causas.
  • Estoy en contra del feminismo que pretende aumentar el porcentaje de mujeres en sectores de dominación masculina introduciendo cuotas de discriminación positiva.
  • Estoy en contra del feminismo que justifica dar ciertos privilegios exclusivos para mujeres para compensar los efectos del patriarcado.
  • Estoy en contra del feminismo que confunde cualquier tipo de coqueteo entre los sexos o cualquier conflicto de convivencia de pareja con el machismo.
  • Estoy en contra del feminismo que prohíbe a otras mujeres ponerse el velo o ejercer la prostitución, incluso cuando lo hacen de forma voluntaria.
  • Estoy en contra del feminismo que pretende conseguir la igualdad de resultados a través de separar los sexos en el ámbito educativo, social o laboral.
  • Estoy en contra del feminismo que alega que las mujeres deban ayudar siempre con prioridad a otras mujeres sólo por el hecho de ser mujeres.
  • Estoy en contra del feminismo que intenta imponer nuevas reglas de lenguaje de modo artificial, como decir “todos y todas”.
  • Estoy en contra del feminismo que ve la lucha de igualdad de género como una cuestión solamente de mujeres, excluyendo a los hombres.
  • Y sobre todo, estoy en contra del feminismo que pretende que su modo de lucha para la igualdad es el único válido, y cualquiera que lo cuestiona es machista.

Dicho eso, seguro que alguien me llamará machista…

 

Las 5 cosas que detesto de la propaganda “políticamente correcta”

24 Sep

En este artículo, voy a hablar un poco sobre mi opinión personal, de un modo muy subjetivo.

Por las redes sociales sigo varias páginas que se dedican a difundir noticias, opiniones e historias personales y me he dado cuenta, que muchas fuentes de información de ideología “progresista” no hacen nada más que difundir la doctrina de lo “políticamente correcto”. Mencionando unos ejemplos, lo más representativo es la página estadounidense Upworthy, y a menor medida, El Huffington Post (aunque también tiene muchos buenos artículos). El diario español más cercana a esta tendencia es el Público.

Antes que nada quiero aclarar, que en general comparto muchas opiniones con los “progresistas”. Aunque no me gusta identificarme con ninguna corriente política de etiqueta, siempre he defendido la igualdad de sexos, los derechos de las minorías, el estado laico, la sociedad plural, la educación y sanidad pública de calidad, el trabajo digno y el principio de “universalismo”: que todas las personas, independiente de género, edad, sexualidad, nacionalidad, grupo étnico, religión, clase social… tengan los mismos derechos y las mismas obligaciones.

Por supuesto, siempre he rechazado cualquier forma de explotación, cualquier forma de maltrato y cualquier forma de segregación, sea por grupo étnico, sexo, o cualquier rasgo de nacimiento.

Sin embargo, cuando leo artículos y veo videos de divulgación “progresista”, me producen un sentido de profunda repugnancia, no tanto por el objetivo que pretenden conseguir, sino por la forma de conseguirlo. Aquí explico por qué.

Muchas veces, la mejor manera de tratar con los tópicos es reírse de ellos, en vez de prohibirlos como hacen los "políticamente correctos".

Muchas veces, la mejor manera de tratar con los tópicos es reírse de ellos.

 

1. En la lucha contra el sexismo, siempre retratan las mujeres como víctimas y los hombres como unos pervertidos, violadores y explotadores

Antes de nada reconozco que la discriminación sexual existe y, en las sociedades occidentales, el hecho más obvio es que las mujeres que realizan el mismo puesto de trabajo que un hombre suelen cobrar menos. En el ámbito laboral, el acoso sigue existiendo, y en el ámbito familiar, todavía hay muchos casos de maltrato ignorados por el sistema judicial.

Sin embargo, lo que hace la propaganda “política correcta” es repetir siempre el mismo mensaje: las mujeres como pobres y vulnerables, los hombres como violentos y manipuladores, como si la relación más típica que existe entre hombre y mujer es la de “explotador-explotada”, y los hombres que no lo hacen son unos “santos”.

En muchos casos aplican hasta el doble-estándar. Hablan de celos y posesividad entre la pareja. Si un hombre es celoso y controlador, le llaman machista pero no mencionan nada de las mujeres que también son celosas y posesivas, que hay bastantes casos.

En mi opinión, el machismo es una actitud, una creencia de que el varón es superior a la mujer. Hay hombres y mujeres machistas y también hay hombres y mujeres que no lo son. La lucha contra el machismo no es una guerra de sexos, sino una lucha contra la discriminación a base de los estereotipos tradicionales de género, que hacen sufrir tanto a los hombres como a las mujeres. Yo mismo lo he sufrido. Como chico capaz de entablar amistades estrechas con el sexo opuesto, mucha gente ya te juzga: 1) que quieres algo más 2) eres gay 3) eres un pagafantas incapaz de ligartelas. Y las personas que opinan así incluyen a ambos sexos.

Pero lo único que hace la propaganda “políticamente correcta” es perpetuar el antiguo tópico de que el hombre es fuerte y malo y la mujer es débil e inocente por lo que merece un cuidado y simpatía especial, bajo un pretexto totalmente paternalista.

Muchas veces, he pensado que si yo fuera una mujer con un poco de dignidad, no me gustaría que los hombres me trataran como un ser igual sólo porque les “diera pena”.

Me alegro que cada vez hay más mujeres que practican deportes y actividades antes sólo considerados "para hombres"

Me alegro que cada vez hay más mujeres que practican deportes y actividades antes sólo considerados “para hombres”

 

2. En la lucha contra el racismo y xenofobia, siempre retratan los “blancos” como los malos y los “no-blancos” como las víctimas

Ese tópico nace en EEUU. Durante siglos la sociedad había segregado a los ciudadanos por el color de la piel entre “blancos”, gente de ascendencia europea pura y “no-blancos”: cualquiera que no fuera de ascendencia europea pura. A día de hoy, la sociedad es mucho más compleja y la discriminación racial sigue existiendo, pero no siempre en líneas de “blancos” contra “no-blancos”.

La discriminación racial/étnica no fue inventada por los europeos de piel clara y religión cristiana, sino que siempre ha existido en cualquier sociedad humana. Los griegos, los romanos y los chinos llamaban “bárbaros” y “salvajes” a todos sus vecinos, los árabes consideraban inferiores a los bereberes, los ingleses a los irlandeses.

Hablando de ejemplos más actuales, uno de los grupos étnicos más perseguidos en Afganistán son los hazara, sólo por tener rasgos mongoles. En el sudeste asiático, la mayoría de la violencia racista ha sido dirigida contra la minoría china; en EEUU, los negros no son necesariamente más tolerantes que los blancos hacia la inmigración latina y los mexicanos tratan a los inmigrantes centroamericanos casi peor que los estadounidenses tratan a los mexicanos.

Es obvio que cualquier persona puede ser tanto la víctima como el verdugo de discriminación racial, independiente de su color, nacionalidad u origen étnico. Por ejemplo, un español puede discriminar contra un marroquí o sudamericano que viene a buscarse la vida en España, pero cuando él mismo emigra a Alemania, podría sufrir el mismo tipo de rechazo a manos de los alemanes.

Sin embargo, la propaganda “políticamente correcta” no difunde este importante mensaje de que “hoy eres el verdugo, mañana podrás ser la víctima”, sino se concentra en reforzar los viejos tópicos de “blancos” contra “no-blancos”, como si sólo por el color de la piel, uno ya estuviese destinado por vida de ser verdugo o víctima. Lo que fomenta no es la solidaridad entre pueblos, sino un reforzado sentido de identidad de “ellos” y “nosotros”.

Los hazara de Afganistán, uno de los grupos más perseguidos

Los hazara de Afganistán, uno de los grupos más perseguidos

 

3. Atribuye el “machismo” a cualquier diferencia de comportamiento sexual

En general, los hombres y las mujeres no nos vestimos igual, no nos gesticulamos de la misma forma y no somos clones en la mayoría de los comportamientos. En las carreras y profesiones, también hay algunas que atraen más a hombres, otras que atraen más a mujeres. Por el momento, no sabemos hasta qué punto se debe a la educación social o las cualidades innatas, pero lo que es cierto es que entre hombres y mujeres sí que existen diferencias biológicas, que más probable, afectan a la psicología, las preferencias y los gustos, aunque no de forma absoluta.

Sin embargo, los partidarios de lo “políticamente correcto” atribuyen cualquier diferencia a la “discriminación machista”. Por ejemplo, cuando hay mucho menos mujeres que hombres que estudian carreras de ingenierías y ciencias, saltan directamente a la conclusión de que es por la supuesta “cultura machista” de estas profesiones. Recuerdo leer el titular de un artículo que decían: “Las carreras tecnológicas deberían abrir sus puertas a las mujeres”. Mi pregunta es: ¿desde cuándo está la puerta cerrada?

No digo que el machismo no exista en estos sectores, pero si es la única causa de la reducida presencia femenina, no estoy tan seguro. Yo llevo años trabajando en informática, una profesión mayoritariamente masculina, pero, según varios estudios, es una de las que menos diferencias salariales hay entre los sexos. Por otro lado, hay profesiones mayoritariamente femeninas en las que las mujeres tienen mucho más oportunidades de ascenso si son guapas y delgadas. Entonces, ¿cuál es la profesión más machista?

Estoy de acuerdo que dando la misma educación (no sólo escolar, sino familiar) a los niños y las niñas se puede reducir la desigualdad sexual en las profesiones y aficiones, y me parece estupendo que cada vez haya más mujeres que ejercen profesiones tradicionalmente dominadas por hombres, pero, no creo que llegue el día en el que seamos totalmente iguales porque no lo somos y tampoco es una cosa mala mientras que exista el respeto.

Lo más importante es que cuando una mujer quiera meterse en un mundo dominado por hombres o cuando un hombre quiere meterse en un mundo dominado por mujeres, no encuentre obstáculos.

Hay pocas mujeres DJ, como Miss Kittin, ¿pero es por la cultura machista de la profesión?

Hay pocas mujeres DJ, como Miss Kittin, ¿pero es por la cultura machista de la profesión?

 

4. Convierte ciertos asuntos en temas tabú

Hay algunos asuntos que afectan a la vida cotidiana de muchos ciudadanos pero, una vez que alguien empieza a hablar de ello en un espacio público, le tachan de “fascista” antes de que haya expresado su opinión. Por ejemplo, en muchos países europeos existen un problema de convivencia entre los de cultura autóctona y los de cultura musulmana, pero el momento en que alguien abre la boca para hablar de esos problemas, los “políticamente correctos” ya se le echan encima. Pero dejar de hablar de un problema no hace que desparezca.

Yo soy de la opinión de que de todos los problemas hay que hablarlos en público y sin tabús, para resolverlos entre todos. Si existe un problema de convivencia entre dos comunidades, la mejor solución es dejar que cada bando exprese abiertamente sus preocupaciones para que se entiendan mutuamente la postura de cada uno. Porque cuando más tabú se vuelve un tema, más fácil es para los grupos extremistas difundir bulos y provocar el recelos, tal y como ha sucedido en Francia con el triunfo del Frente Nacional.

Sin embargo, tachar de “xenófobo” cualquiera que expresa su preocupación sólo consigue el efecto contrario, que los radicales se vuelvan cada vez más radicales y los mal-informados sigan creyendo en los bulos de siempre.

Musulmanas en Francia

Musulmanas en Francia

 

5. Convierte en tabú ciertos términos del lenguaje cotidiano

Los defensores de lo “políticamente correcto” creen que por prohibir palabras despectivas hacia ciertos colectivos o nacionalidades como negrata, moro, sudaca, panchito o de dejar de señalar a cada individuo por su origen o nacionalidad en el lenguaje callejero, los prejuicios ya desaparecen.

Voy a confesaros algo: cuando era estudiante en Londres tenía amigos de todos los colores, nacionalidades y procedencias y entre nosotros siempre nos llamábamos en términos “despectivos” pero en plan cariñoso: yo era el chink; llamábamos a un amigo francés frog, a una chica polaca pollack, a un irlandés paddy y a un amigo de origen paquistaní paki. Recuerdo que había un chico de Sri Lanka del que nadie sabía pronunciar su nombre correctamente, así que todos lo llamábamos Sri Lanka Man, pero él se lo tomaba en broma.

En España, también tengo amigas que me llaman chinori, chinito, chini, chinuki, chinito de amol pero nunca me lo he tomado mal porque sé que no lo hacen en plan despectivo, del mismo modo que llamamos a uno de Jaén el Jaén y a uno de Guarromán el Guarro. Cuando vamos a comprar una litrona de cerveza en la tienda china del barrio decimos en voz alta “vamos al chino” y nunca lo he tomado como gesto de desprecio.

En mi opinión, no es tanto la palabra que hace daño, sino el contexto en que se usa la palabra. Y sin utilizar palabras despectivas, uno ya puede decir cosas mucho más hirientes. Sin embargo, lo que intentan hacer los “políticamente correctos” es prohibir las palabras sin importar el contexto. ¿Pero consiguen algún resultado? Los que antes tenían prejuicios los siguen teniendo, aunque cambien las palabras para expresarse.

Esta canción de Miliki no es exactamente "políticamente correcta", pero me encanta

Esta canción de Miliki no es exactamente “políticamente correcta”, pero me encanta

 

Resumiendo:

creo que el problema fundamental de los “políticamente correctos” es que para luchar contra los estereotipos ellos mismos, más que nadie, los están propagando recordando constantemente las diferencias que existen entre grupos en vez de ver las similitudes, y, a la vez, inculcando un sentimiento de culpa entre los que supuestamente son del “grupo privilegiado”.

Por último, quiero señalar también algunas páginas de divulgación que aprecio mucho porque, por un lado muestran el compromiso social y analizan la causa de las desigualdades e injusticias y por otro lado nunca caen en la doctrina de lo “políticamente correcto”. Estas incluyen a TED, VICE News y la página cultural española Jot Down.

 

La prehistoria, y los conceptos erróneos sobre ella.

11 Feb

En la imaginación popular, la historia de la humanidad empezó cuando fundaron las civilizaciones sumerias y egipcias hace 5000 años, y hasta entonces, nuestros ancestros eran “medio monos” que vivían en cuevas.

En realidad, la historia de la humanidad empezó cientos de milenios antes de la aparición de las primeras civilizaciones en el Oriente Medio, pero por la falta de documentos escritos, la información que tenemos es muy limitada. Sin embargo, con los avances en los estudios arqueológicos y genéticos, muchos enigmas de la prehistoria están saliendo a la luz, aunque todavía queda mucho por descubrir.

En este artículo quiero hablar de los conceptos equivocados más comunes que tenemos sobre la prehistoria.

Un pueblo paleolítico

Un pueblo paleolítico

Error 1: durante toda la prehistoria éramos “medio-monos”

La prehistoria de la humanidad fue una época muy larga, desde hace 4 millones de años cuando algunos monos empezaron a caminar sobre 2 patas, hasta hace 5000 años cuando los sumerios inventaron la escritura. La evolución humana no seguía un único hilo, sino varias ramificaciones que se divergían y convergían. Hace 2 millones de años, Homo erectus ya había perdido la mayor parte del pelo corporal, así que se puede decir que a partir de ahí ya habíamos dejado de ser “monos”.

Los humanos anatómicamente modernos, Homo sapiens sapiens, evolucionaron en África hace 200.000 años, y desde entonces ya poseían la misma fisonomía y capacidad intelectual que cualquier ser humano en la actualidad. De hecho, cuando nuestros ancestros salieron de África hace menos de 100.000 años, ya eran humanos modernos en todos sentidos, y más probable, ya llevaban ropa y calzado, se cortaban el pelo, se maquillaban y se afeitaban.

La reconstrucción del rostro de homo sapiens de hace 100.000 años

La reconstrucción del rostro de homo sapiens de hace 150.000 años

Error 2: el hombre prehistórico vivía solo en cavernas

Tenemos esta idea porque la mayoría de los hallazgos arqueológicos de la prehistoria se hallaron en cuevas como en Altamira y Atapuerca. Sin embargo, eso no implica que las cuevas eran su único hogar de residencia. Hace 50.000 años, los humanos (modernos y arcaicos) ya habían colonizado casi todos los rincones de África, Europa, Asia y Australia, y no en todos lugares había cuevas.

Más probable, como llevaban la vida nómada de cazador-recolector, construían cabañas con madera, huesos y pieles de animales, o cualquier material que podían encontrar en el entorno. Las cuevas podían haber sido lugares de reunión entre distintas tribus para celebrar ceremonias religiosas e intercambiaban bienes y compañeros sexuales.

No dudo que muchas poblaciones podían haber refugiado en cuevas durante temporales violentos, pero más probable, no era el tipo de residencia más típica.

Muy probable, los humanos antiguos construyeron sus viviendas con huesos de mamut

Muy probable, los humanos antiguos construyeron sus viviendas con huesos de mamut

Error 3: en la prehistoria comían carne cruda

Eso, otra vez, depende de la época en cuestión. A día de hoy, los arqueólogos todavía no llegan a un consenso acerca de cuándo empezamos a comer comida caliente. Estimaciones varían desde hace 1.5 millón de años a hace solamente 500.000 años. Algunos científicos alegan que comer comida caliente fue un paso importante en la evolución, porque la comida cocinada facilita la absorción de calorías, que deja crecer el volumen del cerebro. Pero de todos modos, hace 100.000 años, nuestros ancestros, tanto homo sapiens como neandertales, ya calentaban la comida antes de comerla.

Como cazadores-recolectores, la gente se alimentaba de lo que el entorno ofrecía. Dónde abundaban animales grandes como bisontes y mamuts, la gente probablemente llevaba una dieta más carnívora, pero en bosques donde abundaban plantas comestibles, la gente podía haber obtenido una gran parte de sus nutrientes desde frutas y vegetales.

Una charla de TED sobre la evolución del cerebro humano y su relación con la comida cocinada

Error 4: la sociedad prehistórica era muy machista

Existe un concepto de que el sexo en la prehistoria consiste en un hombre pegando a una mujer para dejarla inconsciente y arrastrarla a una cueva, donde se imponía sexualmente sobre ella.

Irónicamente, en la mayoría de las tribus cazadoras-recolectoras del siglo XX, había bastante igualdad de sexos, donde la jerarquía de cada uno solía depender más de la edad y la experiencia y no de si era hombre o mujer. Las parejas se formaban respetando un claro código de cortejo, y raptos forzosos o violaciones no ocurrían con mayor frecuencia que en las sociedades “civilizadas” del Occidente.

Con eso no quiero generalizar ni idealizar la edad paleolítica, pero hasta ahora todavía no hemos encontrado ninguna prueba que demuestra que las sociedades prehistóricas eran machistas, y tampoco ninguna prueba demostrando que no lo eran.

Los San, un pueblo cazador-recolector de la época actual, vive en una sociedad con mucha igualdad sexual

Los San, un pueblo cazador-recolector de la época actual, vive en una sociedad con mucha igualdad de sexos

Error 5: las lenguas que se hablaban en la prehistoria era muy simple

Eso también depende de la época y de la subespecie humana que se trata. La lengua forma parte de nuestro instinto innato y desde que nuestros ancestros eran humanos anatómicamente modernos hace 200.000 años, ya hablaban idiomas tan complejos como inglés, español, chino o árabe. Seguro que no tenían palabras como ciudad, calle, ordenador, coche o bicicleta, pero probablemente tenían miles de palabras para relacionarse con la naturaleza que no podemos ni imaginar.

Es cierto que la escritura fue inventada mucho más tarde, pero la falta de escritura no significa que un idioma no existe. Hasta el siglo XX un gran porcentaje de la población española no sabía leer ni escribir, pero nadie diría que no hablaban una lengua humana.

Error 6: los neandertales eran tontos, brutos, y más parecidos a monos que nosotros

Según los últimos análisis genéticos, los neandertales no era de un “escalón anterior” de la evolución humana, sino una “escalón paralelo”. Era una subespecie humana que evolucionaron durante cientos de miles de años en Europa y Asia para adaptarse en un clima frío, mientras nuestros ancestros, Homo sapiens sapiens, evolucionaron en África bajo un clima tropical. Cuando las dos especies se encontraron hace más de 50.000 años, se mezclaron, pero a día de hoy, el legado genético de los neandertales es muy limitado (0-4%), y las causas todavía se desconocen. Pero de todos modos, el nivel de sofisticación de sus herramientas, sus costumbres de cuidar a los enfermos crónicos y enterrar a sus muertos, las pinturas rupestres que dejaron en Altamira etc, demostraron que de tontos y brutos no tenían nada.

Esta pintura rupestre en Altamira data de hace 40.000 años, y más probable sus autores eran neandertales

Esta pintura rupestre en Altamira data de hace 40.000 años, y más probable sus autores eran neandertales

Error 7: en la prehistoria la gente vivía en comunidades muy aisladas y endogámicas

Durante el paleolítico, la gente vivía en tribus nómadas pequeñas de entre 20 a 50 personas, caminando constantemente de un lugar a otro en busca de alimentos, pero se mantenían en contacto con regularidad con otras poblaciones. Hallazgos arqueológicos encontraron herramientas hechas de minerales a miles de kilómetros de su lugar de origen, y el análisis genético de un niño que vivía en el Éste de Siberia hace 20.000 años reveló que tenían antepasados recientes procedentes de Europa. Eso demuestra que las poblaciones humanas establecían redes de comunicación que llegaban hasta miles de kilómetros de distancia.

Figurines de mujeres voluptuosas se encontraron desde Rusia hasta la Peninsula Ibérica, demostrando que pueblos muy distanciados compartían la misma forma de expresión artística

Figurines de mujeres voluptuosas se encontraron desde Rusia hasta la Peninsula Ibérica, demostrando que pueblos muy distanciados compartían la misma forma de expresión artística

Error 8: la vida cambió poco del Paleolítico al Neolítico

En mi opinión personal, la transformación del “Paleolítico” a “Neolítico” hace 10.000 años fue la revolución más importante de la historia humana, porque el ser humano dejó atrás la vida de cazadores/recolectores para dedicarse a la agricultura y la ganadería.

Nuestros ancestros empezaron a asentarse en pueblos con poblaciones cada vez más grandes que les obligaron a formar sistemas políticos y económicos más sofisticados. Muchos de los conceptos sociales que tenemos ahora, como la propiedad inmobiliaria, la división de trabajo, los ahorros, el gobierno, el estado, las fronteras y los impuestos se desarrollaron durante el Neolítico.

Hace 8000 años, los europeos probablemente eran de piel oscura y ojos azules.

Hace 8000 años, los europeos nativos probablemente eran de piel oscura y ojos azules. Se volvieron”blancos” debido al cambio de dieta

A nivel biológico, los cambios en la dieta y el estilo de vida provocaron una evolución acelerada en el fenotipo humano, que desarrolló mecanismos digestivos para digerir lactosa, alcohol y una mayor cantidad de hidratos de carbono, tanto como la inmunología a cientos de enfermedades contagiosas, la mayoría surgida a causa de la domesticación de animales.

Más probable, los cambios en la sociedad, economía, estilo de vida y fisonomía humana del Paleolítico al Neolítico fueron mucho más pronunciados que entre el Neolítico y el siglo XVIII, en la víspera de la revolución industrial.

En el Neolítico, ya surgían urbes de hasta 10.000 habitantes, como Catalhoyuk en Turquía

En el Neolítico, ya surgían urbes de hasta 10.000 habitantes, como Catalhoyuk en Turquía

Otra forma de contar la historia humana

Personalmente, no estoy muy de acuerdo de contar la historia de la humanidad dividiéndola entre la “prehistoria” y la “historia”, marcada por el invento de la escritura. Prefiero contar la historia a través de los grandes saltos evolutivos, revoluciones tecnológicas y migraciones masivas.

Pero eso ya es tema que trataré en otro artículo.