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El efecto Trump y la nueva lucha de clases

15 Nov

En el año 2016, ha sucedido varios acontecimientos políticos en el mundo que me han dejado sorprendido. Primero, los filipinos han elegido como presidente a Rodrigo Duterte, un populista que prometió fusilar a todos los drogadictos y exterminar a los delincuentes con escuadrones de muerte. Segundo, los británicos han votado salir de la Unión Europea. Tercero, en España ha vuelto a ganar el Partido Popular con un aumento de votos a pesar de todos los escándalos de corrupción. Pero no hay nada que me ha dejado más boquiabierto que la elección de Donald Trump como presidente de EEUU.

Cuando se presentó Donald Trump como candidato presidencial hace un año, todos mis amigos y yo lo tomábamos como una broma. Pensábamos que era como un troll en los foros de Internet que pronunciaba discursos incendiarios para llamar la atención, porque no iba a ganar y lo sabía. Pensaba que el mejor remedio contra él era no prestarle mucha atención porque al fin y al cabo, solo lo votarían 4 colgados. Ahora, estos “4 colgados” resultan ser más de 59 millones de estadounidenses.

Resultado elecciones 2016

Resultado elecciones 2016

Lo que más me inquieta no es si Trump vaya a llevar a cabo lo que ha prometido, sino que durante los últimos 70 años, todas las sociedades occidentales, sean gobernadas por partidos de izquierda o derecha, siempre han respetado unos valores de base, como los derechos humanos, la justicia universal, la igualdad de oportunidades y el reconocimiento de las verdades objetivas. Donald Trump, que durante su campaña electoral había prometido prohibir la entrada de musulmanes a EE.UU., deportar 11 millones de inmigrantes sin papeles, poner en práctica leyes de registros policiales aleatorios en barrios afroamericanos, encarcelar a Hilary Clinton, y además negar rotundamente el cambio climático, mentir sobre la tasa de delincuencia, insultar colectivos enteros como mexicanos y chinos etc…., ha violado a todos. Pero a pesar de eso, 59 millones de estadounidenses lo han votando, demostrando que más de la mitad de adultos estadounidenses no están de acuerdo con los valores fundamentales de la sociedad occidental, o al menos les da igual que no se cumplan.

Pero antes de demonizar a los votantes de Trump, me gustaría analizar por qué lo han votado. ¿Es verdad que la mitad de estadounidenses blancos son unos racistas, xenófobos y misóginos? ¿Es verdad que de repente ha aumentado tanto la población de rednecks?

Seguidores de Donald Trump

Seguidores de Donald Trump

El “cinturón de oxido”

El periódico New York Times ha dedicado la semana pasada entrevistando votantes a de Trump a ver qué factores les empujaron a esta decisión. A parte de las zonas sureñas de EEUU pobladas por rednecks, otra zona donde votaron mayoritariamente por Trump era el Rust Belt, “Cinturón de Oxido”, ciudades industriales en decadencia en los estados de Indiana, Ohio, Michigan, West Virginia, Pensilvania.  Durante varias décadas, el Rust Belt ha sido un bastión del Partido Demócrata. Obama arrasó en los votaciones de 2008 y 2012. Entonces, ¿Por qué tanta gente ha cambiado su voto a Trump?

En resumen, desde principios de siglo XX, el motor de la economía de esas ciudades había sido la industria de producción: minas, fábricas de coches, acero y maquinaria pesada. Bien por la globalización o por los avances tecnológicos, muchas fábricas están cerrando o  trasladándose a países extranjeros. Los residentes, la mayoría nietos y bisnietos de inmigrantes alemanes, polacos, ucranianos y puertorriqueños, llevan 3 generaciones trabajando en las mismas industrias, protegidos por los sindicatos. Ahora, ven su futuro amenazado.

Durante la legislatura de Obama, el gobierno realizó fuertes inversiones en esa zona para crear más puestos de trabajo en el sector de servicios. A día de hoy, ofertas de trabajo no faltan, pero pagan mucho menos que en las fábricas de anteaño. Imagínate que para un veterano de más de 50 años con puesto de supervisor que cobra 4000$ al mes, volver a ser aprendiz sería un golpe psicológico muy duro.

Trabajadoras de rust belt

Trabajadoras de Rust Belt

Una de las promesas electorales de Trump es imponer un fuerte proteccionismo a las industrias de producción para traer las fábricas de vuelta a EE.UU., prometiendo devolver los antiguos puestos de trabajo a los del Rust Belt. Es la principal razón que lo han votado.

Cuando NYT les pregunta sobre si comparten las ideas de Trump sobre inmigrantes, musulmanes y mujeres, la mayoría contesta que les da igual, porque ahí casi no hay musulmanes y la inmigración que recibe es poca. Los residentes con apellidos españoles, italianos y eslavos ya llevan varias generaciones instaladas y no sienten identificados con la inmigración actual. A las mujeres les importan más sus puestos de trabajo, o los de sus maridos, que la misoginia de Trump.

Sin embargo, muchos sí que sienten que exista un enorme abismo entre la “élite progresista” de las ciudades costeras con estudios universitarios que tienen el lujo de votar por sus principios, y ellos, la antigua clase obrera, que tienen que votar por sus necesidades.

Por otro lado, Hilary también hizo sus promesas, como ofrecer más cursos de reciclaje a los obreros desempleados y garantizarles puestos de trabajo con un sueldo decente en otros sectores. Sin embargo, esta propuesta no ha vendido tanto como la de “recuperar lo antiguo”.

Muchos economistas han advertido que las promesas de Trump tampoco funcionarían, porque al permanecer las fábricas en EE.UU., los precios de los productos subirían, los consumidores no los comprarían, que provocaría el cierre de las fábricas. Pero para la mayoría de los trabajadores de Rust Belt, no es nada más que otra excusa de la “casta política” para justificar su explotación al pueblo llano.

En los barrios deprimidos de Rust Belt, el sentido patriótico es muy dominante

En los barrios deprimidos de Rust Belt, el sentido patriótico es muy dominante

El cambio de rumbo del Partido Demócrata

Otro factor que ha influenciado el voto puede ser el cambio de rumbo del Partido Demócrata.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, el Partido Demócrata se había posicionado como el partido del pueblo llano, que protegía los derechos de los trabajadores frente al Partido Republicano, que representaba los intereses de las grandes corporaciones.

Sin embargo, debido a la globalización, la caída del comunismo y la entrada de China y Rusia en el mercado mundial, “la lucha de clases” a base de sindicatos ha perdido su efectividad, porque cuando suben los salarios, las empresas se trasladan a un país donde la mano de obra es más barata. Desde entonces, el Partido Demócrata ha abandonado la lucha de clases, sustituyéndola con el ecologismo, los derechos de animales y la inclusión de mujeres, minorías étnicas, gays y minusválidos en todos los ámbitos profesionales y las estructuras de poder.  Esas políticas han beneficiado sobre todo a mujeres y minorías de la clase media alta, pero ha hecho poco para los de orígen humilde. Poco a poco, el Partido Demócrata ya ha dejado de ser el partido de los trabajadores, sino el partido de la élite intelectual de las ciudades cosmopolitas, comprometida con la justicia social a nivel mundial.

Durante los últimos años, con la imposición del lenguaje políticamente correcto y la censura de cualquier material que puede herir la sensibilidad de los colectivos más vulnerables, la línea del partido se ha alejado aún más del mundo rudo en que viven los obreros industriales. La militancia del partido se ha trasladado de las fábricas a las universidades de élite. Cada vez más, los trabajadores con pocos estudios sienten políticamente marginados, sin ningún organismo que defiende sus derechos. Entonces, cuando aparecen una figura como Trump, muchos ven en él un salvador de la causa.

Los militantes del Partido Demócrata suelen ser jóvenes con alto nivel de estudios de ciudades cosmopolitas.

El activismo del Partido Demócrata se ha trasladado de las fábricas a las universidades

La nueva lucha de clases

Lo que es evidente es que tanto en EEUU como en muchos países europeos, dos nuevas clases sociales están emergiendo, cuya diferenciación no es vertical, sino horizontal.

Una de ellas está formada por gente con mayor nivel de estudios que vive en ciudades cosmopolitas. Muchos se han criado en ambientes multiculturales, han viajado, estudiado y trabajado en países extranjeros y tienen amistades de varias nacionalidades. En general, se ven beneficiados por la globalización, que les ha aportado mayores oportunidades laborales, económicos y culturales en un abánico de países distintos. Por eso ideológicamente, tienden a ser partidarios de la apertura de fronteras y la construcción de puentes.

La otra está formada por gente con menos estudios que vive en zonas rurales o ciudades provincianos, que tiende a llevar una vida costumbrista centrada en su familia y amigos de toda la vida. Laboralmente tiene menos movilidad tanto en el sentido profesional como en el geográfico, y su trato con gente de otras nacionalidades y culturas suele ser limitado.  En general, se ven perjudicados por todas las síntomas de la globalización: el traslado de sus puestos de trabajo a países extranjeros, la llegada de inmigrantes y la desaparición del estilo de vida que había llevado durante generaciones. Por eso tienden a apoyar políticas de cierre de fronteras y construcción de muros para proteger su idiosincracia y calidad de vida.

Tanto el Brexit en el Reino Unido como la elección de Donald Trump en EE.UU. sirven para dar un toque a los gobiernos de que si no actuen a tiempo, la división entre estas dos clases puede acentuarse, hasta el punto de que la reconcialación sea difícil. Os dejo con una charla de TED, en respuesta a Brexit, que habla exactamente de este fenónemo.

Referencias:

http://elpais.com/elpais/2016/11/11/media/1478883295_118786.html

https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/11/09/the-rust-belt-was-turning-red-already-donald-trump-just-pushed-it-along/

http://www.nytimes.com/2016/11/13/business/economy/can-trump-save-their-jobs-theyre-counting-on-it.html

http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/politics/ohioans-tired-of-status-quo-flipped-to-trump-for-change.html

http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/racerelated-conversations-on-race-with-white-trump-voters.html

El nuevo afán de censurar y segregar

5 May

Hay una tendencia que gana cada vez más impulso en el mundo anglosajón, que es el afán de censurar y segregar.

Empiezo con un ejemplo. Hace poco leí un artículo que en los servicios de taxis y de compartir coches como Uber, algunas mujeres han sufrido acoso o han sentido miedo por las insinuaciones de algunos conductores masculinos. Por eso, un empresario ha montado un servicio de taxis sólo para mujeres con conductoras femeninas. De primeras, esta medida puede parecer que tenga sentido, pero examinando la situación más al fondo, me hago la pregunta: ¿cada vez que alguien ha tenido una mala experiencia con personas de un cierto colectivo, la solución es segregarlo de ellos?

Acerca del acoso sexual en los taxis y transporte público, la medida más sensata, en mi opinión, es hacer un control más exhaustivo a los conductores y facilitar más medidas de denunciar, porque en el fondo, los que tienen que cambiar el comportamiento deben ser los conductores, no las pasajeras.

Acoso en el transporte público

Acoso en el transporte público

Lo de establecer un servicio de transporte sólo para mujeres me parece una solución tan absurda como peligrosa. No hay que olvidar que muchas formas de opresión hacia las mujeres han empezado con la excusa de protegerlas, como los padres que dejan salir de noche a sus hijos pero no a las hijas, o los régimenes islamistas que prohíben a mujeres y hombres socializar juntos para prevenir violaciones. En el peor de los casos, cuando los espacios seguros para mujeres en el transporte se convierten en norma, algunos hombres puedan interpretar que cualquier mujer que se encuentra fuera de ese espacio como una “barra libre”. Tantas décadas de lucha para la inclusión de la mujer en todas las esferas públicas se habría ido al garete.

"Espacios seguros" existen a costa de libertad de expresión.

“Espacios seguros” existen a costa de libertad de expresión.

Eso es sólo uno de los ejemplos de la tendencia de segregar y censurar. En las universidades de países anglosajones, muchos estudiantes también están creando “espacios seguros”, para proteger a los más sensibles de opiniones hirientes.

Esta tendencia empezó en los años 90, con el movimiento de la cultura “políticamente correcta”. Originalmente, tenía la intención de crear conciencia que ciertas palabras, comportamientos y expresiones puedan resultar hirientes a determinadas personas o colectivos, sobre todo los tradicionalmente discriminados. Pero con el transcurso de los años, el afán de no ofender se ha convertido en una caza de brujas. Ya no hace falta hacer una afirmación abiertamente racista, sexista, homófobo o despectiva para que te crucifiquen, basta con una frase sacada fuera de contexto de un discurso neutral o un comentario irónico tomado al pie de la letra, ya era suficiente para que te acusen de “herir sensibilidades” y te excluyan de de los “espacios seguros”.

El año pasado, la feminista Germaine Greer fue declarada “persona no-grata” en la universidad de Cardiff solo porque dijo en 2009 que las transexuales no se les podían considerar mujeres. La universidad de Warwick ha cancelado una charla de la activista laica iraní Maryam Namazie porque su dura critica hacia Islam podría “ofender sensibilidades religiosas”. En una universidad en Pensilvania, un grupo de estudiantes presionaron que una residencia estudiantil cambiase de nombre porque se llamaba “Lynch”, que les recordaba la palabra “linchar”.  En 2012, un grupo feminista en España protestó contra el estreno de la obra de teatro Don Juan Tenorio porque el protagonista era machista y misógino. Hace poco, en la universidad de Ottawa se ha cancelado clases de yoga porque algunos estudiantes sentían que representara la apropiación del “hombre blanco” de la cultura de un “pueblo explotado por el colonialismo”.

¿Es Maryam Mamazie islamofoba?

¿Es Maryam Mamazie islamofoba?

Debido a la globalización, inmigración y la conexión al Internet, vivimos en un mundo hiperconectado donde tenemos cada vez más contacto con personas de otro países, culturas, religiones, orientaciones sexuales, ideologías y orígenes sociales. Por supuesto, ofender las sensibilidades de alguien ajeno a nuestro entorno es mucho más fácil que a personas parecidas a nosotros. ¿Pero bajo esas circunstancias, censurar y segregar a todo lo que nos incomode los oídos realmente mejoraría la convivencia? En mi opinión, conseguiría justo el efecto contrario, porque prohibir la expresión de ciertos sentimientos no los hacen desaparecer, sino que los dejan embotellados sin vía de escape, hasta que un día se exploten en forma de violencia física o votos a partidos extremistas.

En mi vida cotidiana, casi todos los días escucho o leo algún comentario que no me hace nada de gracia, sea un chiste de mal gusto o un comentario despectivo hacia un colectivo entero, pero jamás he pensado en hacer una ley para prohibirlos, porque mientras que esas palabras me resultan ofensivos, muchas expresiones mías también puedan ofender o escandalizar a muchos. Al fin y al cabo, la sociedad humana es una convivencia de muchas costumbres e ideas distintas y no todo te tiene que gustar. Yo tengo que tolerar a otros, pero otros también tienen que aguantar a mí.

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Algunos políticos, como Donald Trump o Nigel Farrage, me espantan con casi todas las palabras que salen de sus bocas, pero tampoco creo que censurarles sea la manera más adecuada para luchar contra lo que representan. En 2015, miles de británicos firmaron una petición para prohibir la entrada de Donald Trump al país, ¿pero eso va a hacer que millones de estadounidenses dejen de votarlo? En vez de prohibir que haga discursos xenófobos, ¿por qué no organizan un debate abierto para tumbar cada uno de sus propagandas demagógicas con argumentos lógicos y cifras reales, para dejarlo en ridículo?

Acerca de obras como Don Juan Tenorio, la interpretación es totalmente subjetiva. El protagonista puede ser misógino, ¿pero eso implica que la obra hace apología a esas ideas? Con esta filosofía, ¿vamos a prohibir todas las novelas, obras o películas en que sale algún personaje misógino, racista, homófobo o con cualquier idea que no conforma con los valores de la sociedad moderna?

Si la única medida que adoptan los autodeterminados progresistas en combatir la discriminación es censurar y segregar, vamos a crear una sociedad mundial de guetos donde cada uno acabará solamente rodeados de los suyos, y la convivencia entre personas de distintos orígenes, sexos, culturas, ideologías o creencias se volverá cada vez más incómoda por la paranoia de no ofender.

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Los orígenes del populismo y sus peligros

6 Abr

Voy a empezar este artículo hablando de uno de los personajes históricos que más admiro: Tiberio Graco. Para conocer los detalles, podéis ver este video de un documental dramatizado de la BBC. Pero aquí cuento una versión muy resumida de su historia.

Antes de que Roma se convirtió en el imperio que todos conocemos, era una república gobernada por un senado, formado por 500 miembros de la élite social. Los ciudadanos de a pie podían participar en decisiones políticas a través de asambleas de la plebe, presididas por tribunos, pero el senado tenía el poder de vetar sus propuestas.

La mayoría de los ciudadanos romanos de la época (siglo V – II a.c.) eran campesinos propietarios de pequeñas granjas. Todos tenían el derecho de votar y la obligación de prestar servicio militar. Esta clase media de campesinos-soldados formaba la base de la sociedad republicana y la fuente de estabilidad social. Sin embargo, durante el siglo II a.c. la situación empezó a cambiar. La expansión colonial por nuevas tierras en Hispania, Galia y África hizo alargar las campañas militares. Los soldados, que antes pasaban solamente unos meses fuera de casa, ahora se ausentaban durante varios años, y muchos nunca volvieron.

Asamblea plebeya

Asamblea plebeya

Al estallar la tercera Guerra Púnica, muchas familias campesinas tenían todos los hombres de edad militar en el ejército. Con solo mujeres, niños y ancianos atendiendo el campo, muchas se arruinaron y tuvieron que vender su tierra a un precio muy barato a los especuladores. Los soldados, al volver de las campañas militares, descubrieron que sus granjas familiares habían desparecido. Sin hogar ni medios para ganarse la vida, acabaron en Roma malviviendo en la calle, formando una clase marginal cada vez más numerosa.

En la adquisición de tierras de campesinos arruinados, los especuladores habían encontrado un negocio cada vez más lucrativo. Cuanto más territorio conquistaban en el extranjero, más hombres podían llamar a filas, más familias se arruinarían y más tierras se podrían comprar a precio barato. En pocos años, el paisaje agrario había transformado de forma radical: las granjas familiares de toda la vida habían desparecido, sustituidas por grandes latifundios de terratenientes poderosos, trabajados por esclavos capturados de las conquistas extranjeras.

Algunos tribunos de la plebe habían exigido soluciones a esta creciente desigualdad, pero el senado, dominado por los lobbies de especuladores y terratenientes, ignoró las peticiones. A la mayoría de los tribunos les sobornaron, y a los más revolucionarios les destituyeron directamente, poniendo en su lugar a marionetas.

Barrio popular en la antigua Roma

Barrio popular en la antigua Roma

Tiberio Graco era el hijo de una familia acomodada, pero gracias a la educación de su madre, desde muy joven había poseído un fuerte sentido de justicia social. Regresó de la tercera Guerra Púnica como un héroe nacional por ser el primer soldado en escalar los muros durante el asedio de Cartago, y aprovechando su prestigio social, decidió dedicarse a la política presentándose como tribuno de la plebe.

En la asamblea de la plebe, Graco propuso una serie de reformas agrarias, subiendo impuestos a los ricos, persiguiendo el fraude fiscal y dando al estado el poder de apropiar terreno de latifundios que habían superado 125 hectárea, para redistribuirlo entre los más necesitados; también propuso un sistema rudimentario de la seguridad social para asegurar el bienestar básico de los ciudadanos con menos medios. Sus propuestas fueron bien recibidas por la plebe, pero no sentaron muy bien en el senado porque amenazaron los intereses de la élite.

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Tiberio Graco, en una caricatura del siglo XIX

Gracias a su carisma, excelente poder oratorio y lenguaje callejero, logró ganar el corazón de las masas. Cuando el senado intentó vetar sus propuestas, Graco llamó a la desobedencia masiva en un acto parecido a una huelga general, con docenas de miles de seguidores tomando las calles, cerrando mercados, templos y paralizando toda la ciudad hasta que el senado aprobase sus propuestas. Era la primera vez que una ley se aprobó no por la votación en el senado, sino por la movilización de las masas. Era un acto anticonstitucional, pero la única manera de imponer la voluntad del pueblo.

Hasta el día de hoy, los historiadores aún discuten sobre las verdaderas intenciones de Graco. Algunos lo consideran un revolucionario idealista motivado por el compromiso social con los más desfavorecidos, otros lo descalifican como un oportunista que manipuló a las masas con discursos demagogos para conseguir el poder personal. La verdad nunca se pudo saber, porque dos años después de la aprobación de su reforma agraria, él murió asesinado por matones contratados por los terratenientes.

La muerte violenta de Tiberio Graco

La muerte violenta de Tiberio Graco

Tras su muerte, sus seguidores formaron un partido político, los populistas, que defendían los derechos del pueblo, frente a los optimates, que defendían los intereses de la élite senatorial. Aunque las reformas sociales de Graco eran totalmente legítimas, muchos de sus sucesores no tuvieron motivos tan legales. Aprovechando la rabia y la desesperación de la clase proletaria, hacían discursos incendiarios para provocar el odio hacia la élite senatorial, mientras elogiaban a los pobres con pan y circo. La lucha entre los partidos se convirtió en un juego de poder entre los que pretendían dominar la sociedad desde arriba con dinero y influencia, y los que pretendían dominar la sociedad desde abajo con la manipulación de las masas.

Tras varias décadas de revueltas populares, violencia callejera, golpes militares y guerras civiles, los populistas ganaron, e irónicamente, sus líderes se convirtieron primero en dictadores y luego en emperadores, acabando con el régimen republicano para siempre.

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

Los líderes del movimiento populistas se convirtieron en los primeros emperadores

El ejemplo de Roma se ha repetido varias veces durante toda la historia. Durante los siglos XIX y XX, muchos políticos, entre ellos Napoleón, Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini Juan Perón, Hugo Chavez…, habían llegado al poder dominando la sociedad a través de la movilización de las masas. A día de hoy, el populismo está volviendo a ganar pulso en Europa y América, tanto los de izquierda como los de derecha.

Los populismos suelen ganar terreno cuando hay un sentido de indignación general entre los ciudadanos, que no sienten representados por ningún partido político tradicional. Igual que en la asamblea de Graco, es una manera de expresar el verdadero sentimiento del pueblo, muchas veces ignorado por la élite política. Aunque inicialmente las causas pueden ser totalmente legítimas, cuando se juntan cientos de miles de ciudadanos enfadados, podría convertirse en una masa fácilmente manipulable como los hinchas de un partido de futbol, que en vez de buscar soluciones, buscan un chivo expiatorio para linchar. Los políticos oportunistas aprovechan esta ocasión para prometer soluciones milagro a problemas complejos y señalar a un colectivo, normalmente uno fácilmente identificable, como el culpable de todo.

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de derecha suelen jugar con el miedo

Los populistas de izquierda tienden a hacer discursos para provocar el odio hacia la elite socioeconómica; los populistas de derecha suelen despertar los sentimientos nacionalistas, promoviendo el orgullo patriota y echando la culpa de todos los males de la sociedad a extranjeros o minorías étnicas y religiosas. Pero ambos juegan con el lado sentimental, en vez de racional, de los ciudadanos, simplificando situaciones muy complejas en una lucha entre “ellos”, los malos, contra “nosotros”, los buenos.

Tradicionalmente, la comunidad judía en Europa y la diaspora china en Asia, por ser minorías étnicas económicamente destacadas, solían convertirse en el chivo expiatorio de todos los populismos. Por eso, a pesar de que Tiberio Graco siempre será uno de mis ídolos por su valentía, principios y compromiso social, tengo una fuerte desconfianza hacia su legado secundario, el populismo.

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881

Linchamiento de judíos, Rusia, 1881