Archivo | marzo, 2018

La causa feminista más prioritaria, según mi opinión

4 Mar

Durante los últimos años el feminismo se ha vuelto a poner de moda. Sin embargo, el movimiento está tan dividida entre corrientes distintas que a parte de que todas pretenden conseguir la igualdad entre los sexos, la interpretación de la igualdad y las maneras de lograrlo pueden ser totalmente opuestas.

Temas como el acoso sexual, la cosificación de la mujer, la violencia de género, y el uso del lenguaje inclusivo dominan los debates de las redes sociales. Las últimas polémicas acerca de la prohibición de las azafatas de Fórmula 1 y el vestido de Jennifer Lawrence dejan en evidencia que algunas feministas opinan que cualquier vestimenta que sirve para complacer el deseo sexual masculino victimiza la mujer, a pesar de que la mujer lo ha puesto voluntariamente. Otras corrientes intentan conseguir el empoderamiento femenino a través de espacios no-mixtos: colegios femeninos, empresas femeninas, clubes sociales femeninos, servicios comerciales solo para mujeres etc., como si separando los sexos todas las injusticias se resolvieran solas. También hay corrientes que pretenden convertir hombres y mujeres en clones, que piensen, se comporten y se vistan de forma idéntica, negando la existencia de diferencias biológicas y calificando cualquier manifestación de masculinidad o feminidad como actitudes machistas.

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Como se viste cada mujer es una cuestión de preferencia personal. (Foto: Daniel Rodriguez Villa)

Desde mi punto de vista, cualquier movimiento que pretende defender los derechos de un colectivo, lo primero que tiene que hacer es reconocer la diversidad dentro de dicho colectivo, y centrar las reivindicaciones en causas que benefician a todos. Aplicando este criterio, las corrientes de feminismo que dictan a las mujeres cómo deben vestirse, qué hacen con su cuerpo, cómo relacionarse con hombres, cómo hacer el amor, cómo hablar o cómo bailar etc.,  no están luchando para el bien de todas las mujeres, sino imponiendo sus propios criterios en un colectivo diverso.

Según mi criterio, las causas que beneficiarán la vida a todas las mujeres incluyen a:

  1. Convertir el mundo en un lugar más seguro para ellas
  2. Luchar contra la discriminación sexual en el ámbito laboral

Para el primero, el plan de corto plazo es aportar más medios para prevenir agresiones sexuales y denunciar los sucesos; el plan de medio-largo plazo es educar en el respeto y la igualdad.

Para el segundo, antes de proponer medidas, es necesario investigar la verdadera causa detrás de la desigualdad en el mundo laboral.

A día de hoy, hombres y mujeres tienen los mismos derechos en la mayoría de los países democráticos, aunque en la vida real, la mayoría de los puestos de poder, tanto en el mundo empresarial como en la política, siguen siendo ocupados por hombres. Este desequilibrio de poder puede ser la principal causa de muchas formas de injusticias, desde el acoso sexual en el trabajo hasta la desigualdad salarial y la discriminación laboral. ¿Pero por qué tan pocas mujeres acceden a puestos de poder? Según varios estudios, uno de los principales obstáculos es la maternidad.

Tanto en Norteamérica como en Europa, durante los primeros años de la vida laboral, no se observa una notable diferencia entre el salario y promoción profesional entre hombres y mujeres. Pero desde el momento que una mujer tiene un hijo, su nivel de ingreso se estorba y su carrera profesional se estanca, mientras el salario y carrera profesional de un hombre no se ve afectado. 10 años después, la brecha se ha agrandado tanto que la mayoría de los puestos mejor remunerados son ocupados por hombres, o por mujeres sin hijos.

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Hombre profesional y mujer ama de casa

¿Por qué la maternidad es tan perjudicial para la carrera profesional de una mujer, pero no lo es tanto para la de un hombre?

Por un lado, las diferencias biológicas importan. Como la mujer es la que se queda embarazada, da a luz, amamanta y sufre mayores cambios hormonales, es lógico que siente un vínculo mucho más estrecho con el crío. Por otro lado, la cultural empresarial también tiene mucho la culpa. Hasta hace pocas generaciones, era solo el hombre que trabajaba mientras la mujer se quedaba en casa cuidando los hijos. Las empresas había orientado el horario laboral tomando en cuenta que los trabajadores ya tenían alguien en casa para ocuparse de los asuntos domésticos. Cuando la mujer se incorporó en el mercado laboral, las empresas aún mantienen esta misma política. Pero si tanto el marido como la mujer trabajan jornadas completas, ya no habrá quién se dedique al cuidado de los hijos como las madres de antes. Debido al instinto maternal, suele ser la mujer quien coge la excedencia laboral o reducción de jornada, sacrificando su carrera profesional. En resumen, la mujer se ha adaptado al mundo laboral, pero el mundo laboral no ha hecho el mínimo esfuerzo a adaptarse a la incorporación de la mujer.

No es de sorprender que ser una mujer moderna de éxito se ha convertido en una misión imposible. Por un lado tiene que ser una excelente profesional muy dedicada a su trabajo, por otro lado tiene que ser una madre perfecta. Y en una época donde la imagen importa cada vez más, también tiene que cuidarse la figura y vestirse a la moda para conservar la belleza y la feminidad.  Sin embargo, a los hombres, la sociedad les sigue exigiendo con el mismo canon de siempre: trabajar y llevar un sueldo a casa.

Así que, en mi opinión, una de las causas más importantes de la lucha feminista es revolucionar la cultura empresarial para que la maternidad no perjudique la carrera profesional de las mujeres.

¿Cómo se consigue eso? Flexibilizar los horarios, facilitar más medios de trabajar desde casa, y valorar los trabajadores por el resultado en vez de las horas de presencia. Cuando una pareja tiene un hijo, tanto él como ella tiene que coger una baja de paternidad/maternidad obligatoria de 9 meses, y posteriormente, una reducción de jornada obligatoria para ambos durante 5 años.

A día de hoy, la productividad económica tiene cada vez menos relación con las horas de presencia, y los empleados que trabajan más a gusto aportan más a la empresa. Varios estudios han demostrado que a medio-largo plazo, las empresas que respetan más las bajas de maternidad y paternidad rentan más que las que no. Lo mismo pasa con las que tienen más mujeres en puestos de dirección. Así que luchar por la igualdad de género en el ámbito profesional no es ninguna caridad, sino aprovechar de una gran fuente de talento que nuestra cultura empresarial ha ignorado.

Fuentes:

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https://politica.elpais.com/politica/2018/03/02/actualidad/1520006491_549539.html

https://www.vox.com/2017/9/8/16268362/gender-wage-gap-explained

https://www.cnbc.com/2018/03/02/why-companies-with-female-managers-make-more-money.html

https://work.qz.com/1206224/what-women-give-up-in-salary-and-promotions-when-they-have-a-baby/

 

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