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La sexualidad masculina, el acoso, y la educación del respeto

28 Oct

Acoso

Durante mi viaje a Irán, tuve una conservación muy interesante con una chica que trabajaba en un mausoleo religioso. A pesar de su joven edad, era profundamente creyente y llevaba todo el cabello, cuello y brazos cubiertos por un chador. Cuando cogimos un poco de confianza, le hice la pregunta que me intrigaba: ¿por qué iba tan tapada? ¿porque lo decía el Corán o por las tradiciones de su pueblo? ¿Y qué pensaba de las chicas que llevaba el pelo a descubierto? Me contestó que Dios creó la mujer más sensible y al hombre más vicioso, para protegerse de las miradas lujuriosas del hombre y de los acosos verbales y físicos, la mujer tenía que cubrirse las partes más sensuales para no despertar los instintos más primitivos del hombre.

Durante los últimos años, en muchos países occidentales, para que las mujeres se sientan más seguras y cómodas, algunas feministas también han creado servicios, espacios y eventos solo para mujeres, como transporte, escuelas, gimnasios y conciertos. He pensado, ¿su excusa para separar a los sexos no es la misma a la de la iraní religiosa?

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En los países musulmanes, algunos opinan que la mujer se tapa para “protegerse del acoso”.

El acoso sexual es un hecho

Tenemos que reconocer un hecho: durante toda la historia, las mujeres han sufrido acoso  y abusos sexuales, tanto en el trabajo, en la calle como en cualquier ámbito público. Lamentablemente, muchos hombres abusan de su poder para pedir favores sexuales, o hacen sentir incómodas a las mujeres para satisfacer su impulso sexual. Pero hasta ahora, en la mayoría de las culturas, las medidas tomadas para proteger a las mujeres caen en las siguientes 3 categorías:

1) obligarlas a taparse para no despertar deseos

2) segregar los sexos para crear un espacio “seguro”

3) Que la mujer siempre esté acompañada por una figura masculina, sea su padre, hermano o marido, que la protege de las agresiones.

Todas las medidas no han conseguido nada más que aumentar la desigualdad y desconfianza entre hombres y mujeres porque todas parten de un principio común: el hombre es acosador en su naturaleza y no va a cambiar, y la que tiene que modificar su comportamiento es la mujer.

Este año, creo que uno de los mayores logros es que en Francia ha aprobado por primera vez una ley que castiga con multas a los que abordan a las mujeres de modo agresivo por la calle. En Hollywood, tras el escándalo del productor Harvey Weinstein, las mujeres ya no guardan silencio y salen a denunciar sus agresores. Por primera vez, el dedo está señalando al acosador y no a la víctima: es él que tiene que cambiar.

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¿Cuestión de sexualidad o educación?

En mi opinión, la causa de agresiones sexuales no es que el hombre sea por naturaleza más agresivo, vicioso y salido que la mujer, sino la falta de respeto a voluntades ajenas. Y que hasta hace muy poco, la sociedad lo ha consentido.

Tanto hombres y mujeres somos seres sexuales con deseos, impulsos y fantasías. En mi caso personal, reconozco que tengo una sexualidad muy agresiva. Cualquier imagen de una figura femenina sugerente me puede despertar deseos muy salvajes. Pero jamás en mi vida he metido mano a una desconocida o dirigido una palabra sobre su físico, tampoco se me he planteado imponer mis impulsos sexuales a nadie por la fuerza, por una simple cuestión de respeto. No solo hacia la mujer, sino hacia cualquier ser humano.

Durante tantas décadas, siglos y milenios, bajo la excusa de que “los hombres son así”, la sociedad no ha condenado con suficiente rigor el acoso sexual y el sistema judicial tampoco, así los agresores se han quedado con total impunidad, sobre todo cuando pertenecen a una jerarquía social más alta. Pero por esta misma razón, creo que con sanciones legales, educación y concienciación, sí que podemos evolucionar como sociedad. Y el primer paso es dejar de estigmatizar a las víctimas.

Me niego a creer el determinismo que por la culpa de instinto, no podamos modificar nuestros comportamientos. Según hallazgos arqueológicos, entre los siglos XI y XVI, Londres, e Inglaterra en general, era una sociedad muy violenta, donde 25% de jóvenes morían por homicidio, una tasa varias veces mayor que los países más violentos del mundo actual. Pero durante los últimos siglos, el nivel de violencia cotidiana ha registrado un notable descenso en casi todos los países. La gente ya no se mata por una jarra de cerveza o se reta a un duelo porque el otro le ha faltado respeto. Si hubiéremos conseguido dominar tanto nuestros impulsos violentos, ¿por qué no podemos hacerlo con otros?

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 ¿La próxima revolución sexual?

Con la revolución sexual de los 60, la sociedad occidental ya ha deshechado una importante parte de la herencia patriarcado. Según dice mi padre, durante su juventud, si un chico violara a una chica durante una cita, no era considerada ni siquiera delito porque todo el mundo diría: si ella saliese con él a una cita, era lo que se esperaba.

Por supuesto, no podemos negar que en algunos sentidos hemos avanzado a pasos agigantados, pero todavía nos quedan muchos deberes por hacer para conseguir una sociedad con plena equidad y libertad sexual. En mi opinión, medidas como negar la diferencia biológica entre hombres y mujeres, demonizar la sexualidad masculina, censurar la violencia sexual en el arte y literatura, o separar los sexos solo conseguirían el efecto contrario porque reprimen los instintos más básicos y fomentan la desconfianza. Lo ideal, sería celebrar la sexualidad pero educar en el respeto, para construir una sociedad donde todos los individuos puedan desahogarse de sus impulsos sexuales, por lo pervertidos que sean, pero siempre con otros adultos consentidos, o en el peor de los casos, solo.

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La sexualidad humana: orientación y comportamiento

2 Feb

Durante el último siglo, muchos estudios se han realizado sobre la sexualidad humana, y muchos comportamientos sexuales que antes eran considerados tabús o delitos son ahora socialmente aceptados en muchos países. En la sociedad occidental, el consenso general es que cada persona tiene toda la libertad de vivir su sexualidad, por lo tanto que lo practican entre adultos consentidos. Sin embargo, aún hay muchos conceptos sobre la sexualidad humana que mucha gente confunde, y me gustaría hablar de ellos en este artículo.

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1. La “orientación sexual” no es lo mismo que el “comportamiento sexual”

La “orientación sexual” se refiere al deseo o impulso sexual que cada uno siente por dentro; por ejemplo, si una persona se siente atraída por hombres o mujeres. El “comportamiento sexual” es la actividad sexual que practica cada uno, es decir, si se acuesta con hombres o mujeres.

La sexualidad también puede incluir los gustos o fetichismos sexuales de cada uno, por ejemplo, si le pone la lencería, el BDSM, los tríos o los masajes en los pies, que también es una cuestión psicológica y no necesariamente de comportamiento. Mucha gente se puede sentir fuertemente atraída por determinados fetichismos, pero nunca llega a ponerlos en práctica.

2. Ser “heterosexual” o “homosexual” es una cuestión de orientación, no de comportamiento

En la conversación cotidiana, me he dado cuenta de que mucha gente todavía piensa que una persona sólo es gay después de haber tenido relaciones sexuales con alguien del mismo sexo, y que todos los gays eran”heteros” hasta que “salieron del armario”.

Estrictamente hablando, esta definición es errónea. Una persona es “hetero”, “homo”, o “bi” según lo que le pone sexualmente. Un heterosexual es alguien que sólo se siente atraído por personas del sexo opuesto, un homosexual es alguien que sólo se siente atraído por personas del mismo sexo y un bisexual es alguien capaz de sentir atracción sexual por ambos.

Así que, una persona puede haberse sentido atraída por gente del mismo sexo durante toda la vida, pero debido a la presión social, tuvo parejas del sexo opuesto hasta los 30 años. Pero ella no se ha “vuelto” homosexual a los 30, sino que siempre lo ha sido; sólo que a esa edad ha decidido vivir de forma abierta su verdadera sexualidad.

3. La bisexualidad no es un vicio

Existe un concepto bastante extendido que la mayoría de los “bisexuales” sean personas heterosexuales viciosas a las que les gusta “probar” con tener experiencias homosexuales. No dudo que haya gente así, pero estos no serán los verdaderos “bisexuales”.

La bisexualidad, en su definición, también se refiere a la orientación, y es gente que se siente sexualmente atraída por ambos sexos. Desde luego, no todos los bisexuales acaban teniendo relaciones con personas de ambos sexos, pero siguen siendo “bisexuales” porque es lo que se sienten por dentro.

Sin embargo, según varios estudios, hay pocos bisexuales que se sienten igual de atraídos por ambos sexos, la mayoría tiene alguna preferencia. Hay algunos que se definen como 90% hetero y 10% homo, otros que se definen 90% homo y 10% hetero, y de todos los grados en el medio.

La escala "Kinsey" mide los distintos grados de bisexualidad

Según la escala “Kinsey”, hay distintos grados de bisexualidad

4. Los “asexuales” también existen y no son necesariamente “célibes”

Un “asexual” es alguien que nunca ha se sentido ninguna atracción sexual por nadie, ni por hombres ni por mujeres. Se estima que el porcentaje de “asexuales” en la población humana es menos de 1%, pero existen.

Debido a la presión social, algunos “asexuales” tienen pareja con la que mantienen relaciones sexuales, aunque ellos no tienen el deseo ni disfrutan de hacerlo. Muchas parejas “asexuales” se forman por lazos de afecto y no por atracción sexual.

Un “célibe” es alguien que por razones de convicción se abstiene de mantener relaciones sexuales. La mayoría de los “célibes” no son asexuales, porque sienten deseos carnales pero los reprimen.

5. Cada uno NO elige su sexualidad

Muchos estudios se han realizado acerca de si la homosexualidad se nace o se hace y todavía no han llegado a ninguna conclusión científica.

Algunos argumentan que tiene un factor genético, otros defienden que tiene su causa en determinadas experiencias durante la primera infancia. Pero lo que es cierto es, casi todas las personas homosexuales, heterosexuales, bisexuales y asexuales siempre lo han sido desde que ellos recuerdan, o cuando ellos empezaron a descubrir su sexualidad. Nadie ha decidido de un día a otro a ser gay, ser bi o ser hetero. Es un sentimiento o impulso biológico que uno no controla. Y según parece, permanece estable durante toda la vida.

Recuerdo que hace unos años leí un reportaje que muchos adolescentes gays han intentado suicidarse al tener conciencia de su sexualidad. Muchos han intentado todo lo que puedan para obligarse a sentir atracción por el sexo opuesto pero lo consiguen. Si tuvieran la elección, nadie habría pasado por tanto sufrimiento para encontrarse a si mismo.

6. La atracción sexual no es el amor

A pesar de que “hacer el amor” es el verbo que describe el acto sexual, la atracción sexual y el amor son cosas bien distintas. La primera se refiere a un deseo o excitación a nivel puramente físico o psicológico, el segundo se refiere al lazo de afecto que une las personas.

El ser humano es capaz de sentir amor hacia alguien sin sentir atracción sexual, por ejemplo, el amor a los padres, a los hijos, a los hermanos y a los amigos; y también sentir atracción sexual sin nada de amor, por ejemplo, a alguien físicamente muy atractivo o con una actitud irresistible.

Por supuesto, para que una pareja sea feliz, es necesario una combinación ambos elementos, pero luego cada persona es un mundo; hay algunos que valoran más la satisfacción sexual, otros que valoran más la confianza y el afecto.

Muchas mujeres sienten sexualmente atraídas a tipos como James Bond, ¿pero cuántas sienten amor por él?

Muchas mujeres sienten sexualmente atraídas a tipos como James Bond, ¿pero cuántas sienten amor por él?

7. El ser humano, por naturaleza, no es monógamo

Hay animales, sobre todo entre especies de aves, que son monógamos en el sentido que una vez que se echen pareja, es para siempre. Hay otros animales solitarios que sólo se aparean durante la época de celo y luego se separan, con las hembras criando a los hijos solas. También hay animales sociales que viven en manada, donde sólo el macho alfa o la hembra alfa tiene derecho de procrearse mientras el resto no deja descendencia.

El comportamiento sexual de los seres humanos está fuertemente condicionado por la sociedad y la cultura, con algunas sociedades polígamas de un hombre con varias mujeres, otras sociedad polígamas de una mujer con varios maridos, y sociedades estrictamente monógamos de un hombre con una mujer. Entre las sociedades monógamas, también hay algunas que aceptan divorcios y cambios de pareja y otras que sólo permiten tener una única pareja durante toda la vida.

En mi opinión, la naturaleza humana no es nada monógama. Tanto hombres como mujeres son capaces de sentir atracción sexual por varias personas a la vez, aunque para formar pareja y criar una familia, la mayoría de las sociedades han evolucionado hacia el modelo de la “pareja estable”. Es decir, hasta cierto punto, la presión social ha reprimido parte de nuestro instinto animal por el bien de la crianza de los hijos.

Pero sentir atracción no es sinónimo a practicar sexo. Cada día podemos cruzarnos con varias personas que nos resultan sexualmente apetecibles, ¿pero con cuántas hemos intentado ligar?

Sin embargo, algunos antropólogos como Chris Ryan opinan que en las sociedades humanas más primitivas, el concepto de la “pareja sexual-amorosa” era mucho más flexible, y en algunas sociedades cazadoras-recolectoras aún es bastante aceptable que una persona (sea hombre o mujer) mantenga relaciones con varias personas a la vez, pero sin ser percibida como “infiel” a la pareja.

El libro "Sex At Dawn" investiga la sexualidad humana en las sociedades prehistóricas

El libro “Sex At Dawn” investiga la sexualidad humana en las sociedades prehistóricas