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¿La liberación sexual ha sido un fracaso?

3 Ene

Una de las conversaciones que más me ha marcado durante mi viaje a Irán en 2017 fue con una chica iraní que trabajaba en un mausoleo, acerca de por qué las mujeres de ahí tienen que ir tan tapadas. Me dijo que era para proteger a la mujer contra violaciones y acoso, porque por naturaleza, la sexualidad del hombre es agresiva e impulsiva, y las mujeres tienen que cubrir las partes de su cuerpo que más despierta ese instinto salvaje.

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¿El hiyab es para proteger las mujeres contra agresiones sexuales?

Pocos meses después, en EEUU estalló #MeToo, con miles de mujeres de todas profesiones y clases sociales denunciando por Twitter sobre el acoso sufrido por parte de hombres famosos que hasta entonces, habían mantenido la fachada de gente respetable y padres de familia ejemplares. Acto seguido, mujeres por todo el mundo rompieron en tabú de hablar de los abusos y acosos que habían sufrido a manos de hombres, tanto en el entorno de familia y amigos como por desconocidos por la calle. En un ambiente de indignación masiva, ya hay ciertos grupos que han propuesto la creación de grupos, espacios y asociaciones exclusivamente femeninos donde las mujeres pueden sentirse más seguras, protegidas de la agresividad masculina, como clubes deportivas, empresas, espacios de coworking, servicios de compartir coche, complejos vacacionales y agencias de viaje etc.

Me ha hecho reflexionar: durante los primeros 40 años de mi vida, he visto la sociedad occidental levantar casi todas las barreras entre los dos sexos. Durante mi infancia en los 80, muchos colegios en el Reino Unido y España aún estaban separados por sexo, futbol era un deporte de chicos y netball un deporte de chicas, muchas profesiones solo reclutaban un sexo y lo ponían en el anuncio, y la mayoría de los bares de barrios obreros era dominio masculino donde las mujeres solo entraban acompañadas de su pareja.  Por supuesto, un hombre, como un ser físicamente más fuerte, tenía la obligación de proteger a las mujeres contra depredadores sexuales. En una cita, la tenía que recoger en su casa, pagarla la cena y la copa y acompañarla hasta su puerta. Poco a poco, todas esas barreras se habían ido levantando y los roles tradicionales masculinos y femeninos se habían difuminado. En el año 2015, si alguien dijera a una chica que no podía salir sola por la noche porque la pudieran violar, le tacharía de tener la mente anticuada, sino abiertamente machista.

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Tradicionalmente, muchos bares eran espacios masculinos

Según parece, tras #MeToo, la vieja tendencia de segregarse se está volviendo. No sé si se trata de un brote temporal, o una tendencia permanente. A veces me imagino si dentro de 30 años, la gente mirará a nuestro tiempo para pensar que 1960-2020 fuera la época de una liberación sexual que había fracasado, porque al conceder tanta libertad a los dos sexos a mezclarse, algunos hombres habían aprovechado este libertinaje para abusar sexualmente de las mujeres. Quizás entonces, ya no serán los hombres que controlen la libertad sexual de las mujeres, sino otras mujeres, que mantengan cualquier interacción entre los dos sexos estrechamente vigilado, y cualquier actividad sexual legislada para asegurar que no sucedan abusos.

Desde mi punto de vista, si nuestro objetivo es crear una sociedad más igualitaria, segregar los sexos o legislar la actividad sexual privada para proteger a la mujer es contraproducente, porque crea un espacio seguro dónde una vez que sale de él, los peligros del mundo siguen ahí. Además, fabrica una desconfianza entre hombres y mujeres que aumenta los malentendidos y perjudica las relaciones sanas. Lo que ha demostrado #MeToo es que muchas mujeres que han sido abusadas sexualmente no han tenido donde denunciarlo, y muchas más han sentido inseguras o acosadas por la actitud y comportamiento de algunos hombres. Desde mi punto de vista, lo que tenemos que hacer como sociedad, es abordar esos problemas para crear un ambiente más sano de convivencia entre los sexos.

¿Cómo lo conseguimos? En mi próximo artículo hablaré de algunas propuestas.

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El puritanismo sexual y sus distintas manifestaciones

25 Nov

El puritanismo era originalmente un movimiento religioso surgido durante el siglo XVII en Inglaterra, con el fin de “purificar” la iglesia anglicana de las prácticas católicas que había heredado. Inspirado en el calvinismo, los puritanos creían en el trabajo físico como la única manera digna de crear riqueza, la vida austera y la abstención de todos los vicios que corrompían el cuerpo y alma. Después de un breve periodo en poder después de la guerra civil inglesa (1642-1646), la mayoría de los puritanos fueron apartados de la iglesia anglicana después de la Restauración en 1660, aunque continuaron ejerciendo influencia entre la plebe hasta bien entrado en el siglo XIX. La filosofía puritana jugó un papel fundamental en el invento del capitalismo y la idiosincracia de los pioneros estadounidenses.

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Puritanos en EEUU

A partir del siglo XX, la palabra “puritano” llegó a convertirse en adjetivo, refiriéndose al exceso de moralidad sexual, como la censura al desnudo, el repudio hacia el deseo carnal y la abstención sexual hasta el matrimonio. En España, el puritanismo está comúnmente asociado a la iglesia católica, que durante siglos había ejercido un control rígido sobre la moralidad privada de los ciudadanos. Desde el punto de vista histórica, es algo irónico considerando que los puritanos originales eran radicalmente anti-católicos.

A día de hoy, la sociedad occidental está cada vez más liberal y tolerante acerca de la moralidad sexual, aunque en el siglo XXI siguen habiendo colectivos que intentan criminalizar el coqueteo, condenar las prácticas sexuales no convencionales, legislar las actividades sexuales consentidas, separar los sexos o censurar el arte o literatura, y los proponentes no solo proceden de los grupos religiosos (sea católico, protestante o musulmán), sino de cualquier ideología o movimiento que lleva su doctrina al extremo. En este artículo voy a hablar de las distintas manifestaciones de puritanismo en la sociedad contemporánea.

El puritanismo conservador

Al menos en España y Europa, la mayor fuerza que defiende una moralidad sexual más rígida sigue siendo los conservadores, que incluyen a algunas ramas de la iglesia católica como Opus Dei, la iglesia evangelista, musulmanes practicantes y defensores de valores tradicionales. Muchos aún creen que el único propósito del sexo es procrearse, que el deseo carnal es pecado, y para no despertar este vicio humano, las mujeres deben taparse o los sexos deben mantenerse separados. Por supuesto, también van en contra de la homosexualidad, el aborto o la educación sexual en los colegios.

Con el cambio de valores entre las nuevas generaciones, los conservadores son cada vez menos en cuestión de números, pero muchos ocupan puestos claves en la política y el mundo empresarial, y proponen leyes para defender su ideología bajo el disfraz de otras justificaciones. El típico ejemplo es recurrir al rendimiento escolar para justificar la separación de sexos en la educación, o a la libertad de elección para no dar educación sexual.

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Los fundadores de Opus Dei

El puritanismo marxista

En principio, el comunismo, como todas fuerzas de izquierda, iba en contra de la moralidad sexual de la burguesía, pero después de la revolución bolchevique en 1917, hubo un periodo de liberación sexual, durante que los rusos se volvieron tan promiscuos que nacieron muchos niños sin padre y se multiplicaron las denuncias por agresión sexual. Así que el partido comunista decidió imponer una nueva moralidad sexual, basada en la ideología igualitaria que hombres y mujeres sean camaradas de la revolución, que deben tratarse con amor fraternal de hermanos. El sexo solo se deben practicar con fines reproductivos para criar una nueva generación de trabajadores. Cualquier coqueteo o intento de marcar diferencias sexuales, como maquillarse, pintarse los labios, poner faldas cortas o ajustarse los pantalones, es repudiado como una práctica burgués y contrarrevolucionario.

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Alexandra Kollontai, la madre de la breve revolución sexual en Rusia

Esta moralidad, que se inventó en la época estalinista, fue copiada a mayor o menor grado por todos los régimenes comunistas, como la China de Mao, el Cuba de Castro y la Cambodia de Pol Pot, donde hombres y mujeres fueron obligados a vestirse con el mismo uniforme de trabajador marcando mínimas diferencias. Por supuesto, la homosexualidad no solo fue repudiada, sino criminalizada.

El libro 1984 de George Orwell hace un buen resumen de este puritanismo de corte comunista.

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En la China comunista, hombres y mujeres se vestían igual

El puritanismo feminista

Como el puritanismo conservador tiende a reprimir la sexualidad femenina, muchas feministas, como Victoria WoodhullEmma Goldman, lucharon a favor de levantar los tabúes sexuales y por la libertad de las mujeres a vivir su sexualidad en pleno, reivindicando hasta el amor libre. Sin embargo, a partir de los años 70, surgieron corrientes de feminismo que retratan a la sexualidad masculina como violenta por naturaleza y una amenaza para las mujeres, y que bajo la sociedad patriarcal, muchas mujeres hayan sido “lavado de cerebro” desde pequeña para desear complacer la sexualidad del hombre. Esas feministas, como las estadounidenses Andrea Dworkin, Susan Griffin o la española Ana de Miguel, tienden a oponer radicalmente la pornografía, la prostitución autónoma,  el BDSM consentido, o cualquier representación erótica del cuerpo femenino, incluso cuando lo ejercen de forma voluntaria. Algunas más radicales llegan a insinuar que maquillarse, depilarse, ponerse ropa sexy o cualquier gesto de coqueteo sean sinónimos a la sumisión al patriarcado, y que la separación de sexos sea la medida ideal para proteger las mujeres de la violencia sexual.

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El bondage consentido. ¿Empoderamiento o sumisión?

A día de hoy, aún se libran una batalla entre feministas liberales, que defienden la libertad de las mujeres de vivir su sexualidad del modo que quiera por lo tanto que sale de su propia voluntad, y feministas radicales, que tratan de definir un canon correcto de comportamiento sexual para ser buena feminista.

El puritanismo “género neutral”

En total, el colectivo LGBTIQ es el menos puritano de todo, porque casi todas las corrientes de puritanismo les persiguen. Sin embargo, durante los últimos años, cuando se ha abierto un debate público en países anglosajones sobre la identidad de género y el sexo biológico, una cierta corriente de puritanismo ha surgido entre algunos activistas más agresivos.

Como todas las sociedades humanas clasifican los individuos por el género binario de hombre/mujer, las personas no-binarias a menudo tienen dificultades de integrarse. Por eso, algunos activistas trans proponen crear una sociedad “género-neutral“, alegando que categorías como “hombre”, “mujer”, “heterosexual”, “homosexual” sean construcciones abstractas que carezcan de significado real, y la “feminidad” y “masculinidad” sean conceptos arcaicos que deben ser eliminados. Puede sonar utópico, pero para realmente llevase a cabo la construcción de una sociedad así, la única manera sería a través de la imposición de un nueva forma de puritanismo.

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Al fin y al cabo, los humanos somos seres sexuales. La mayoría de los individuos se sienten atraídos solamente (o predominante) a uno de los sexos, por las características de ese sexo. La masculinidad y feminidad no son nada más que maneras de marcar las características de un sexo u otro, a través del peinado, vestimenta, comportamientos o actitudes. Una cosa es construir una sociedad donde el género no sea motivo de sufrir violencia o discriminación, o una sociedad inclusiva a géneros no-binarios, otra cosa es construir una sociedad donde el género se elimina de la expresión individual, porque eso implica convertir los humanos en seres asexuados, que va totalmente en contra de nuestra naturaleza biológica.

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El puritanismo políticamente correcto

Englobando a todo, está el puritanismo políticamente correcto.

Desde que todos estamos en redes sociales, cualquier comentario, opinión, imagen o video puede ofender las sensibilidades de algún colectivo. Para evitar linchamientos, muchos autores, artistas, creadores de contenido autocensura sus obras para no incluir contenido que puede ser tomados como ofensa. Como consecuencia, muchos libros, revistas, canciones y obras de arte que dejaron de escandalizar en los años 90 ahora han vuelto ha levantar polémicas.

Como bien dicho la dibujante de comic María Llovet en una entrevista: “Hay mojigatería por todos lados disfrazados de progresismo”.

La sexualidad masculina, el acoso, y la educación del respeto

28 Oct

Acoso

Durante mi viaje a Irán, tuve una conservación muy interesante con una chica que trabajaba en un mausoleo religioso. A pesar de su joven edad, era profundamente creyente y llevaba todo el cabello, cuello y brazos cubiertos por un chador. Cuando cogimos un poco de confianza, le hice la pregunta que me intrigaba: ¿por qué iba tan tapada? ¿porque lo decía el Corán o por las tradiciones de su pueblo? ¿Y qué pensaba de las chicas que llevaba el pelo a descubierto? Me contestó que Dios creó la mujer más sensible y al hombre más vicioso, para protegerse de las miradas lujuriosas del hombre y de los acosos verbales y físicos, la mujer tenía que cubrirse las partes más sensuales para no despertar los instintos más primitivos del hombre.

Durante los últimos años, en muchos países occidentales, para que las mujeres se sientan más seguras y cómodas, algunas feministas también han creado servicios, espacios y eventos solo para mujeres, como transporte, escuelas, gimnasios y conciertos. He pensado, ¿su excusa para separar a los sexos no es la misma a la de la iraní religiosa?

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En los países musulmanes, algunos opinan que la mujer se tapa para “protegerse del acoso”.

El acoso sexual es un hecho

Tenemos que reconocer un hecho: durante toda la historia, las mujeres han sufrido acoso  y abusos sexuales, tanto en el trabajo, en la calle como en cualquier ámbito público. Lamentablemente, muchos hombres abusan de su poder para pedir favores sexuales, o hacen sentir incómodas a las mujeres para satisfacer su impulso sexual. Pero hasta ahora, en la mayoría de las culturas, las medidas tomadas para proteger a las mujeres caen en las siguientes 3 categorías:

1) obligarlas a taparse para no despertar deseos

2) segregar los sexos para crear un espacio “seguro”

3) Que la mujer siempre esté acompañada por una figura masculina, sea su padre, hermano o marido, que la protege de las agresiones.

Todas las medidas no han conseguido nada más que aumentar la desigualdad y desconfianza entre hombres y mujeres porque todas parten de un principio común: el hombre es acosador en su naturaleza y no va a cambiar, y la que tiene que modificar su comportamiento es la mujer.

Este año, creo que uno de los mayores logros es que en Francia ha aprobado por primera vez una ley que castiga con multas a los que abordan a las mujeres de modo agresivo por la calle. En Hollywood, tras el escándalo del productor Harvey Weinstein, las mujeres ya no guardan silencio y salen a denunciar sus agresores. Por primera vez, el dedo está señalando al acosador y no a la víctima: es él que tiene que cambiar.

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¿Cuestión de sexualidad o educación?

En mi opinión, la causa de agresiones sexuales no es que el hombre sea por naturaleza más agresivo, vicioso y salido que la mujer, sino la falta de respeto a voluntades ajenas. Y que hasta hace muy poco, la sociedad lo ha consentido.

Tanto hombres y mujeres somos seres sexuales con deseos, impulsos y fantasías. En mi caso personal, reconozco que tengo una sexualidad muy agresiva. Cualquier imagen de una figura femenina sugerente me puede despertar deseos muy salvajes. Pero jamás en mi vida he metido mano a una desconocida o dirigido una palabra sobre su físico, tampoco se me he planteado imponer mis impulsos sexuales a nadie por la fuerza, por una simple cuestión de respeto. No solo hacia la mujer, sino hacia cualquier ser humano.

Durante tantas décadas, siglos y milenios, bajo la excusa de que “los hombres son así”, la sociedad no ha condenado con suficiente rigor el acoso sexual y el sistema judicial tampoco, así los agresores se han quedado con total impunidad, sobre todo cuando pertenecen a una jerarquía social más alta. Pero por esta misma razón, creo que con sanciones legales, educación y concienciación, sí que podemos evolucionar como sociedad. Y el primer paso es dejar de estigmatizar a las víctimas.

Me niego a creer el determinismo que por la culpa de instinto, no podamos modificar nuestros comportamientos. Según hallazgos arqueológicos, entre los siglos XI y XVI, Londres, e Inglaterra en general, era una sociedad muy violenta, donde 25% de jóvenes morían por homicidio, una tasa varias veces mayor que los países más violentos del mundo actual. Pero durante los últimos siglos, el nivel de violencia cotidiana ha registrado un notable descenso en casi todos los países. La gente ya no se mata por una jarra de cerveza o se reta a un duelo porque el otro le ha faltado respeto. Si hubiéremos conseguido dominar tanto nuestros impulsos violentos, ¿por qué no podemos hacerlo con otros?

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 ¿La próxima revolución sexual?

Con la revolución sexual de los 60, la sociedad occidental ya ha deshechado una importante parte de la herencia patriarcado. Según dice mi padre, durante su juventud, si un chico violara a una chica durante una cita, no era considerada ni siquiera delito porque todo el mundo diría: si ella saliese con él a una cita, era lo que se esperaba.

Por supuesto, no podemos negar que en algunos sentidos hemos avanzado a pasos agigantados, pero todavía nos quedan muchos deberes por hacer para conseguir una sociedad con plena equidad y libertad sexual. En mi opinión, medidas como negar la diferencia biológica entre hombres y mujeres, demonizar la sexualidad masculina, censurar la violencia sexual en el arte y literatura, o separar los sexos solo conseguirían el efecto contrario porque reprimen los instintos más básicos y fomentan la desconfianza. Lo ideal, sería celebrar la sexualidad pero educar en el respeto, para construir una sociedad donde todos los individuos puedan desahogarse de sus impulsos sexuales, por lo pervertidos que sean, pero siempre con otros adultos consentidos, o en el peor de los casos, solo.

La sexualidad humana: orientación y comportamiento

2 Feb

Durante el último siglo, muchos estudios se han realizado sobre la sexualidad humana, y muchos comportamientos sexuales que antes eran considerados tabús o delitos son ahora socialmente aceptados en muchos países. En la sociedad occidental, el consenso general es que cada persona tiene toda la libertad de vivir su sexualidad, por lo tanto que lo practican entre adultos consentidos. Sin embargo, aún hay muchos conceptos sobre la sexualidad humana que mucha gente confunde, y me gustaría hablar de ellos en este artículo.

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1. La “orientación sexual” no es lo mismo que el “comportamiento sexual”

La “orientación sexual” se refiere al deseo o impulso sexual que cada uno siente por dentro; por ejemplo, si una persona se siente atraída por hombres o mujeres. El “comportamiento sexual” es la actividad sexual que practica cada uno, es decir, si se acuesta con hombres o mujeres.

La sexualidad también puede incluir los gustos o fetichismos sexuales de cada uno, por ejemplo, si le pone la lencería, el BDSM, los tríos o los masajes en los pies, que también es una cuestión psicológica y no necesariamente de comportamiento. Mucha gente se puede sentir fuertemente atraída por determinados fetichismos, pero nunca llega a ponerlos en práctica.

2. Ser “heterosexual” o “homosexual” es una cuestión de orientación, no de comportamiento

En la conversación cotidiana, me he dado cuenta de que mucha gente todavía piensa que una persona sólo es gay después de haber tenido relaciones sexuales con alguien del mismo sexo, y que todos los gays eran”heteros” hasta que “salieron del armario”.

Estrictamente hablando, esta definición es errónea. Una persona es “hetero”, “homo”, o “bi” según lo que le pone sexualmente. Un heterosexual es alguien que sólo se siente atraído por personas del sexo opuesto, un homosexual es alguien que sólo se siente atraído por personas del mismo sexo y un bisexual es alguien capaz de sentir atracción sexual por ambos.

Así que, una persona puede haberse sentido atraída por gente del mismo sexo durante toda la vida, pero debido a la presión social, tuvo parejas del sexo opuesto hasta los 30 años. Pero ella no se ha “vuelto” homosexual a los 30, sino que siempre lo ha sido; sólo que a esa edad ha decidido vivir de forma abierta su verdadera sexualidad.

3. La bisexualidad no es un vicio

Existe un concepto bastante extendido que la mayoría de los “bisexuales” sean personas heterosexuales viciosas a las que les gusta “probar” con tener experiencias homosexuales. No dudo que haya gente así, pero estos no serán los verdaderos “bisexuales”.

La bisexualidad, en su definición, también se refiere a la orientación, y es gente que se siente sexualmente atraída por ambos sexos. Desde luego, no todos los bisexuales acaban teniendo relaciones con personas de ambos sexos, pero siguen siendo “bisexuales” porque es lo que se sienten por dentro.

Sin embargo, según varios estudios, hay pocos bisexuales que se sienten igual de atraídos por ambos sexos, la mayoría tiene alguna preferencia. Hay algunos que se definen como 90% hetero y 10% homo, otros que se definen 90% homo y 10% hetero, y de todos los grados en el medio.

La escala "Kinsey" mide los distintos grados de bisexualidad

Según la escala “Kinsey”, hay distintos grados de bisexualidad

4. Los “asexuales” también existen y no son necesariamente “célibes”

Un “asexual” es alguien que nunca ha se sentido ninguna atracción sexual por nadie, ni por hombres ni por mujeres. Se estima que el porcentaje de “asexuales” en la población humana es menos de 1%, pero existen.

Debido a la presión social, algunos “asexuales” tienen pareja con la que mantienen relaciones sexuales, aunque ellos no tienen el deseo ni disfrutan de hacerlo. Muchas parejas “asexuales” se forman por lazos de afecto y no por atracción sexual.

Un “célibe” es alguien que por razones de convicción se abstiene de mantener relaciones sexuales. La mayoría de los “célibes” no son asexuales, porque sienten deseos carnales pero los reprimen.

5. Cada uno NO elige su sexualidad

Muchos estudios se han realizado acerca de si la homosexualidad se nace o se hace y todavía no han llegado a ninguna conclusión científica.

Algunos argumentan que tiene un factor genético, otros defienden que tiene su causa en determinadas experiencias durante la primera infancia. Pero lo que es cierto es, casi todas las personas homosexuales, heterosexuales, bisexuales y asexuales siempre lo han sido desde que ellos recuerdan, o cuando ellos empezaron a descubrir su sexualidad. Nadie ha decidido de un día a otro a ser gay, ser bi o ser hetero. Es un sentimiento o impulso biológico que uno no controla. Y según parece, permanece estable durante toda la vida.

Recuerdo que hace unos años leí un reportaje que muchos adolescentes gays han intentado suicidarse al tener conciencia de su sexualidad. Muchos han intentado todo lo que puedan para obligarse a sentir atracción por el sexo opuesto pero lo consiguen. Si tuvieran la elección, nadie habría pasado por tanto sufrimiento para encontrarse a si mismo.

6. La atracción sexual no es el amor

A pesar de que “hacer el amor” es el verbo que describe el acto sexual, la atracción sexual y el amor son cosas bien distintas. La primera se refiere a un deseo o excitación a nivel puramente físico o psicológico, el segundo se refiere al lazo de afecto que une las personas.

El ser humano es capaz de sentir amor hacia alguien sin sentir atracción sexual, por ejemplo, el amor a los padres, a los hijos, a los hermanos y a los amigos; y también sentir atracción sexual sin nada de amor, por ejemplo, a alguien físicamente muy atractivo o con una actitud irresistible.

Por supuesto, para que una pareja sea feliz, es necesario una combinación ambos elementos, pero luego cada persona es un mundo; hay algunos que valoran más la satisfacción sexual, otros que valoran más la confianza y el afecto.

Muchas mujeres sienten sexualmente atraídas a tipos como James Bond, ¿pero cuántas sienten amor por él?

Muchas mujeres sienten sexualmente atraídas a tipos como James Bond, ¿pero cuántas sienten amor por él?

7. El ser humano, por naturaleza, no es monógamo

Hay animales, sobre todo entre especies de aves, que son monógamos en el sentido que una vez que se echen pareja, es para siempre. Hay otros animales solitarios que sólo se aparean durante la época de celo y luego se separan, con las hembras criando a los hijos solas. También hay animales sociales que viven en manada, donde sólo el macho alfa o la hembra alfa tiene derecho de procrearse mientras el resto no deja descendencia.

El comportamiento sexual de los seres humanos está fuertemente condicionado por la sociedad y la cultura, con algunas sociedades polígamas de un hombre con varias mujeres, otras sociedad polígamas de una mujer con varios maridos, y sociedades estrictamente monógamos de un hombre con una mujer. Entre las sociedades monógamas, también hay algunas que aceptan divorcios y cambios de pareja y otras que sólo permiten tener una única pareja durante toda la vida.

En mi opinión, la naturaleza humana no es nada monógama. Tanto hombres como mujeres son capaces de sentir atracción sexual por varias personas a la vez, aunque para formar pareja y criar una familia, la mayoría de las sociedades han evolucionado hacia el modelo de la “pareja estable”. Es decir, hasta cierto punto, la presión social ha reprimido parte de nuestro instinto animal por el bien de la crianza de los hijos.

Pero sentir atracción no es sinónimo a practicar sexo. Cada día podemos cruzarnos con varias personas que nos resultan sexualmente apetecibles, ¿pero con cuántas hemos intentado ligar?

Sin embargo, algunos antropólogos como Chris Ryan opinan que en las sociedades humanas más primitivas, el concepto de la “pareja sexual-amorosa” era mucho más flexible, y en algunas sociedades cazadoras-recolectoras aún es bastante aceptable que una persona (sea hombre o mujer) mantenga relaciones con varias personas a la vez, pero sin ser percibida como “infiel” a la pareja.

El libro "Sex At Dawn" investiga la sexualidad humana en las sociedades prehistóricas

El libro “Sex At Dawn” investiga la sexualidad humana en las sociedades prehistóricas