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Cómo ser un tipo duro, según mi criterio

17 Ene

Durante los últimos años, en las sociedades occidentales se ha premiado cada vez más la fragilidad, la delicadeza y la susceptibilidad extrema. En las universidades norteamericanas, muchas movilizaciones se han hecho para reivindicar el derecho de no sentirse ofendido, así censurando cualquier opinión o expresión artística que puede ofender los sentimientos de otros.

A día de hoy, cuando uno dice que adora a “tipos duros”, es casi sinónimo a ser retrógrado, machista y la falta de sensibilidad. Sin embargo, tengo que reconocer que durante toda la vida, he admirado a hombres y mujeres fuertes y luchadores, todo lo opuesto a los “copos de nieve” que se han puesto de moda ahora. Pero según mi criterio, ser un tipo duro no tiene nada que ver con pelear, chulear y ser un malote, sino con tener resiliencia, la capacidad de superación, y poca susceptibilidad.

En este artículo me gustaría hablar de las cualidades de “tipos duros” que más admiro, aunque tengo que reconocer que muchas no las tengo, o la situación no me ha puesto a prueba.

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La dureza física

La dureza física, en mi opinión, significa tener la capacidad de realizar trabajos físicamente extenuantes, de practicar deportes con un gran desgaste físico, y de adaptarse a condiciones climáticas extremas o condiciones de vida rudas.

Con los avances tecnológicos, cada vez estamos más adaptados a la vida acomodada y menos gente posee la dureza física de nuestros antepasados. Pero por esta misma razón, admiro a la gente capaz de pasar horas cortando leña con una hacha, de cavar una fosa con un palo, de correr un maratón de montaña, de aguantar 12 asaltos en un combate de boxeo, de nadar en un río helado, o de andar durante horas y días bajo la nieve o lluvia con la temperatura bajo cero.

Cuando veo reportajes o documentales de pueblos que llevan la vida tradicional, como pastores mongoles, cazadores bosquimanos o cargadores manuales en los puertos de países subdesarrollados, veo una fuerza, resistencia y disciplina física que los ciudadanos del Primer Mundo ya hemos perdido.

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Pastores kazajos

El optimismo y la resiliencia mental

Otro rasgo de dureza está en la capacidad afrontar a situaciones adversas y no salir hundido ni amargado. Con adversidades me refiero a cualquier situación difícil desde pasar un largo periodo de desempleo, aguantar un jefe tirano y compañeros trepas, hasta sufrir abusos sexuales, persecución política, discriminación racial o sobrevivir guerras y hambrunas.

Una persona dura, en vez de quejarse de la mala suerte o lo injusto que le trate la sociedad, se concentraría en buscar la solución para salir de la adversidad. Y si la solución no está en sus manos, aprendería a sobrellevar la situación lo mejor que pueda, para que le perjudique lo menos posible. Si sufriera una injusticia, no tardaría en denunciarla en voz alta, pero una vez hecha, se deshace del papel de la víctima cuando antes. Nunca echa la culpa de su fracaso a personas ajenas, a la sociedad o a las desgracias del pasado, porque confía que ella misma es la dueña de su propio destino.

Y en mi opinión, las personas más duras del todo, son las que una vez superada las adversidades, tratan de ayudar a otros que pasan por las mismas dificultades, o luchan para que otros no sufran la misma injusticia.

Veo esta dureza en los veteranos de guerra que han podido volver a adaptarse a la vida civil sin guardar odio o rencor a las nacionalidades contra que luchaban, o supervivientes de abusos sexuales que tras superar la trauma, aún son capaces de amar y confiar en otras personas.

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Muchas milicianas kurdas habían sufrido abusos sexuales bajo el Estado Islámico

La poca susceptibilidad

A los tipos y tipas duras no les suelen afectar los comentarios de los demás. Y si algo les ha sentado mal, aprenden a pasar página. Si tienen una opinión, saben defenderla con hechos y argumentos, y nunca se sienten agredidos cuando otros cuestionan sus creencias. Ya aceptan que en el mundo conviven todas clases de opiniones, ideas y valores y aunque algunos les pueden resultar repugnantes, nunca manifiestan a favor de la censura, porque saben que todo el mundo tiene el mismo derecho de expresar sus opiniones.

No se escandalizan con escenas macabras, chistes de mal gusto, palabras agresivas o comportamientos burros. Las desgracias que se cuentan en los telediarios tampoco les generan miedo ni les causan alarma, porque saben que si se convierten en noticias, siempre se tratan de excepciones, en vez de la norma.

Lealtad a sus principios

Una persona dura se mantiene fiel a sus principios. Aunque puede cambiar de opinión sobre determinados asuntos al adquirir nuevos conocimientos y vivencias, nunca pierde los valores fundamentales. Por ejemplo, para alguien que defiende la libertad de expresión, defendería tanto la libertad propia como la de sus adversarios políticos. Sobre determinados asuntos como las noticias falsas, la pseudociencia o los discursos de odio, puede revisar algunos matices, pero nunca se mostraría a favor de régimenes totalitarios que encarcelan, censuran o acosan a voces disidentes.

Se mantiene siempre fiel a lo que considera correcto aunque no está de moda. Un ejemplo era el escritor Albert Camus. Aunque toda su vida había luchado por los derechos de los obreros, los colectivos desfavorecidos y los pueblos colonizados, era un feroz opositor al comunismo soviético por su carácter autoritario. Y durante la guerra de Argelia, era el único que propuso una solución federal concediendo la ciudadanía francesa a los musulmanes argelinos, en vez de la independencia total de la colonia. Ambas posturas iban en contra de la corriente dominante de la izquierda francesa y por eso los intelectuales franceses le marginaron. Pero a pesar de eso, él se mantuvo fiel a sus convicciones hasta la muerte.

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Albert Camus

La valentía de explorar lo desconocido

La última cualidad de un tipo duro es la valentía de salir de su zona de comfort, explorando mundos desconocidos sin miedo.

Si a un tipo duro le llama la atención visitar un país, hacer un viaje, cambiar de profesión, practicar un nuevo deporte o mudarse a vivir a otra ciudad durante una temporada, se echa por delante, y nunca aborta su plan porque otra gente le advierte sobre los peligros, porque sabe que tomar riesgos forma parte de la vida. Si alguna de esas aventuras no le ha salido bien, no se arrepiente de la decisión porque sabe que equivocarse forma parte de la vida.

Cuando visita a un país exótico, se mete de lleno en la cultura local, adaptando a las costumbres sin quejarse de que las cosas no son tan cómodas o familiares como en casa. Toma las precauciones necesarias al explorar lugares remotos, pero nunca anda con miedo.

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La definición de las personas mediocres

1 Dic

Para mí, las personas mediocres no tienen por qué ser personas malas, sino personas que no tienen nada que aportar. De hecho, todos tenemos algo de mediocridad (yo mismo sobre todo). ¿Pero qué es una persona mediocre? Así daría yo la definición:

  • Anda persiguiendo las tendencias. Si montar en bici está de moda, monta en bici, si hacer yoga está de moda, practica yoga, pero lo hace sólo para seguir la corriente y para parecer guay delante los demás. Pero el momento en que esta actividad deja de estar de moda, ya la abandona.
  • Es consumista y materialista. Su valoración de sí mismo y de los demás se basa principalmente en la cantidad de material que posee. Su mayor sueño es vivir en una casa grande, conducir un coche caro y vestirse de la última moda.
  • Da mayor importancia a su aspecto físico que la salud. Si hace deporte, es para adelgazar o marcar músculos, nunca para mejorar la salud física o el bienestar psicológico.
  • Admira a todo lo que vienen de los países ricos, pero es xenófobo hacia las personas y culturas de países pobres. Es capaz de menospreciar la gastronomía etíope y senegalesa por ser “cutre”, pero devora con gusto las hamburguesas de MacDonalds.
  • Anda buscando soluciones milagro. Si quisiera perder peso o ganar dinero, buscaría los esquemas de máximo efecto con mínimo esfuerzo, incluso cuando los efectos nocivos a la salud o los riesgos de estafa son muy elevados.
  • Le encanta la prensa sensacionalista. Cuanto más morboso, más escandaloso y más alarmista mejor. Al ver el telediario, se emociona hasta llorar o enfadarse al ver una noticia, pero nunca analiza las causas o los efectos, y todavía menos cuestiona los efectos de la manipulación.
  • Cree en cualquier bulo que circula por las redes sociales y lo va difundiendo a todos sus contactos, sobre todo cuando tiene un mensaje escandaloso.
  • Elige para su círculo social a personas del mismo sexo, misma edad, misma orientación sexual y misma situación de pareja, aunque no comparten ningún valor o interés en común.
  • Si es heterosexual, la única razón en que se arrima a una persona del sexo opuesto es para enrollarse. Nunca mantendría amistades del sexo opuesto.
  • Tiene envidia a los que tienen éxito y busca cualquier excusa para atacarles. Si no en el ámbito profesional, en el ámbito personal.
  • Piensa que el bienestar de la sociedad, o de cualquier colectivo, es responsabilidad de los demás y sobre todo de las autoridades. Es capaz de tirar basura en un parque y luego quejarse de los servicios de limpieza.
  • Sólo se preocupa de una injusticia cuando el afectado es él mismo. Cuando lo pasa a otra gente, busca cualquier excusa para no involucrarse.
  • Es reivindicativo sólo para sus propios derechos, aunque cuando pisan a los derechos de los demás, pero en este caso, siempre se justifica.
  • Critica a otras personas por hacer las mismas cosas que hace él, cuando a él le molesta.
  • Echa la culpa de todos sus fracasos y todas las situaciones adversas que sufre, a los del lado. Nunca asume responsabilidad de nada.

¿Te consideras una persona mediocre?

El “determinismo genético”, ¿una nueva ideología?

1 Jun

Desde hace muchos años me ha interesado mucho el genoma humano, sobre todo para entender la historia de la evolución de nuestra especie y los caminos que habían tomado nuestros ancestros desde la salida de África hasta llegar a asentarse en los diversos rincones del mundo.

Durante los últimos años, los estudios del genoma humano han tomado pasos agigantados, aunque todavía se encuentran en la infancia. A parte de determinar los ancestros comunes que compartían personas, grupos étnicos, o poblaciones enteras, también sirven de identificar la susceptibilidad de cada persona a ciertas enfermedades.

Muchas diferencias genéticas entre humanos han surgido a partir de la revolución agrícola  hace 10.000 años

Muchas diferencias genéticas entre humanos han surgido a partir de la revolución agrícola hace 10.000 años

Desde que los humanos descubrieron la agricultura y la ganadería hace 10.000 años, distintas poblaciones han adoptado distintas costumbres alimenticias y convivido con distintas epidemias contagiosas, y después de varios milenios de selección natural, migraciones y mestizaje, a día de hoy, la capacidad de digerir ciertos alimentos y la probabilidad de contraer ciertas enfermedades varían de individuo a individuo.

Por ejemplo, algunas personas pueden ingerir grandes cantidades de grasa animal sin tener el colesterol alto mientras otras ya tienen las venas congestionadas, algunas personas pueden tomar postre todas las comidas mientras otras desarrollan diabetes, algunas personas son tolerantes a lácteos mientras a otras les sientan mal la leche etc.. Como no hay 2 personas en el mundo que tienen la misma susceptibilidad a la misma enfermedad, hay científicos que proponen que en un futuro no tan lejano, la Seguridad Social podrá guardar un registro del genoma de cada ciudadano para darle un tratamiento más personalizado. Por ejemplo, a los que tienen mayores riesgos de desarrollar cáncer de mama o de próstata, les harán una revisión con mayor frecuencia. A la hora de tratar una enfermedad, también puede tomar en cuenta el perfil genético del paciente para elegir el medicamento más adecuado.

El porcentaje de adultos tolerantes a lactosa varía de región a región por el mundo

El porcentaje de adultos tolerantes a lactosa varía de región a región por el mundo

Hasta aquí vamos todo bien. Ahora, por otro lado, también están saliendo a la luz varios estudios que relacionan el origen genético de muchos comportamientos humanos. Hay estudios que pretenden la herencia genética tenga una estrecha relación con el coeficiente intelectual, tanto como la aptitud para las matemáticas, el pensamiento abstracto y la creatividad artística. La tendencias violentas, la habilidad de controlar los impulsos, los celos, o la promiscuidad también han sido vinculados por determinados genes.

Algunos estudios hasta pretenden que los genes decidan las amistades que entablamos, porque según dicen, nuestros genes buscan a individuos con un perfil genético parecido para formar alianzas. Últimamente, se han publicado estudios que investigan una relación entre los genes y la ideología política, porque supuestamente, algunos genes contribuyen a personalidades más conservadoras, mientras otros a personalidades más abiertas.

Algunos científicos pretenden que la infidelidad está escrita en los genes

Algunos científicos pretenden que la infidelidad está escrita en los genes

La fiabilidad de aquellos estudios todavía está bajo cuestión, pero ya estamos entrando en un terreno polémico: ¿hasta qué punto es nuestra vida determinada por nuestra carga genética?

¿La profesión que elegimos, la personalidad que adoptamos, los amigos con que nos rodeamos, la pareja con quien compartimos la vida, los deportes que disfrutamos de practicar, los temas que nos apasionan, el partido político que votamos, la edad en que morimos y la enfermedad de que moriremos, ya vienen decididas por nuestros genes antes de nacer?

Sin entrar en el debate de si tienen razón o no, estas ideas de “determinismo genético”, si llegasen a popularizarse, podrían tener consecuencias peligrosas, no sólo al nivel político, sino también en el nivel personal, porque si cada uno conociera desde pequeño los limites de su capacidad debido a los genes, adoptaría una actitud muy derrotista, porque pensará que toda su vida ya estuviese decidida antes de nacer.

La película "Gatacca", de 1997, retrata un mundo futurista donde el destino de cada uno está decidido por su perfil genético

La película “Gatacca”, de 1997, retrata un mundo futurista donde el destino de cada uno está decidido por su perfil genético

Yo, personalmente, me niego a creerlo, simplemente por el hecho de que durante toda mi vida he observado varios cambios en mi personalidad, mi forma de pensar y mi forma de relacionarse con los demás, y no creo que cada cambio haya venido con una mutación genética que me ha modificado el cerebro.

Científicamente, existe una diferencia entre el genotipo, lo escrito en el ADN, y el fenotipo, la manifestación del gen, a menudo afectado por el entorno y otros factores totalmente aleatorios. No todos los que llevan el gen de los ojos azules nacen con ojos azules. Me imagino que cuando se trata de comportamiento y personalidad, la diferencia debería ser aún más pronunciada.

Por último, los seres humanos también tenemos una parte racional del cerebro muy desarrollado. Aprendemos de nuestros errores, y la educación y la sociedad sí que influyen, y mucho.