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La Igualdad – dos interpretaciones distintas

14 Ago

La palabra igualdad, junto a libertad y solidaridad, son quizás las que más se repiten en los discursos políticos. ¿Pero qué significa esta palabra de verdad? En general, hay dos interpretaciones distintas: una se refiere a tener igualdad de derechos y oportunidades, otra se refiere a la uniformidad de ser. Yo, personalmente, soy defensor incondicional del primero pero detractor convencido del segundo.

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Recuerdo una conversación que tuve hace un tiempo sobre el sistema educativo. Yo estaba diciendo lo importante que es implantar una educación pública de calidad para que niños de todos los estratos socioeconómicos puedan disfrutar de la misma calidad de educación y tengan la misma oportunidad de acceder a la universidad. Mi interlocutor, un feroz defensor de la educación privada, dijo que no entendía esta postura porque no todo el mundo tiene que ser universitarios y que la sociedad también necesita gente para fregar platos y limpiar suelos. Le dije que estaba totalmente de acuerdo, pero defender una educación pública de calidad no significa que todo el mundo tiene que estudiar carreras universitarias, sino que el hijo de un friegaplatos tenga la misma oportunidad de acceder a la universidad que el hijo de un ministro.

Eso es un típico ejemplo de cuando uno confunde el concepto de la igualdad de oportunidades con que todos tenemos que ser iguales, pero es una confusión que se da muy menudo tanto entre los defensores como los detractores de la “igualdad” .

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Acerca de las distintas corrientes de feminismo. Hay feministas que luchan para que las mujeres tengan los mismos derechos, oportunidades y respeto social que los hombres; hay otros que luchan para que las mujeres sean iguales que los hombres en todos los resultados, comportamientos, gustos y costumbres.

A menudo veo a feministas haciendo reivindicaciones para que en todas las carreras, profesiones y aficiones haya el mismo número de hombres y mujeres, interpretando cualquier dimorfismo como culpa de la sociedad machista. Cuando una niña dice que quiere ser guapa y un niño dice que quiere ser bravo, o cuando a más chicos les atraen el futbol y a más chicas les atraen el baile, también lo interpretan como machismo. Personalmente, no digo que el machismo no sea un factor que causa esas diferencias, pero siempre me hago la pregunta: ¿por qué tanta obsesión para que los niños y niñas, hombres y mujeres, sean iguales? ¿si hay más chicos atraídos a ciencias y más chicas a letras, por qué tienen que forzar la situación para que los números sean iguales? dado que hasta el día de hoy, no existe ningún estudios biológico, psicológico y neurológico que confirman que los hombres y las mujeres seamos idénticos.

Un defensor de la igualdad de derechos trataría la situación desde otro ángulo. En vez de concentrarse en allanar la diferencia de porcentajes, se fijaría en asuntos como: tener la misma probabilidad de ser aceptados tanto un hombre y una mujer con las mismas cualificaciones optando al mismo puesto de trabajo. En una niña con fuertes intereses y aptitudes en ciencia e ingeniería, recibiera el mismo ánimo que un niño en la misma situación. O en un hombre y una mujer realizando el mismo puesto trabajo, cobraran el mismo salario; O en una mujer tuviera la misma oportunidad  a un puesto directivo que un hombre igualmente cualificado… etc.

En la vida cotidiana, si naturalmente hay más mujeres atraídas a determinadas aficiones, gustos, películas y estilos de música y más hombres atraídos a otros, ¿cuál es el problema? Por lo tanto que nadie es ve obligado a hacer algo que no le guste o prohibido a hacer algo que le gusto por una cuestión de género, no veo ningún sentido de luchar para que los dos sexos sean iguales en todo.

La cuestión clave, es si una niña interesada en mecánica recibe el mismo ánimo que un niño para perseguir su interés

Cuando una clase de igualdad avanza, no significa que lleva consigo a la otra. Un ejemplo es la globalización económica durante los últimos 30 años. Cada vez hay menos diferencia cultural entre pueblos, regiones y países. En el núcleo urbano de todas las grandes ciudades se ven las mismas franquicias y en las afueras se ven los mismos centros comerciales, da igual si estás en Madrid, México D.F., Los Ángeles, Manchester, Rio de Janeiro, Tokio o Shanghai. Los jóvenes y no tan jóvenes por todo el mundo se crían con la misma cultura popular, ven a las mismas series y escuchan a la misma música. Sin embargo, económicamente, la diferencia entre países ricos y pobres, o entre gente rica y pobre en el mismo país, es cada vez más grande. Así que somos cada vez más “iguales” en un mundo donde hay cada vez más “desigualdad”.

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El origen del patriarcado – 4 hipótesis

20 May

La gran mayoría de las sociedades humanas son patriarcales, y eso ha sido la norma durante los últimos milenios de historia, al menos en todas las civilizaciones complejas. Hasta en pueblos matrilineales y matrilocales donde la propiedad y la herencia se trasmite de madre a hija, como los tuaregs del Sáhara y los cherokees y navajos de América, los de la cúpula del poder político, militar y económico siguen siendo hombres.

¿Por qué tantos pueblos de distintas culturas, creencias y estilos de vida han adoptado este mismo comportamiento social? Hay varias hipótesis. En este artículo voy a presentar los 4 explicaciones más comunes, y mis argumentos para rebatirlos.

Los Tuareg son un pueblo matrilineal

Los Tuareg son un pueblo matrilineal

Hipótesis 1: los hombres sometieron a mujeres por la fuerza física

Una explicación muy popular es que los hombres lograron dominar a las mujeres por la fuerza física, obligándolas a asumir papeles sumisos bajo la amenaza de violencia. Esta hipótesis viene con la suposición de que desde que el hombre es hombre, la sociedad siempre ha sido patriarcal.

Examinando este argumento al fondo, encuentro varios agujeros. Para empezar, aunque es cierto que la mayoría de los hombres son más fuertes que la mayoría de las mujeres, la relación no es absoluta. Algunas mujeres son más fuertes que algunos hombres. Si la sociedad humana en el estado más primitivo estuviera dirigida por la ley del más bruto, los que dominan cualquier sociedad deberían ser los hombres y mujeres más forzudos. Sin embargo, desde la antigüedad, la mayoría de las personas que lideran tribus, ciudades y países no suelen ser los hombres físicamente más fuertes, sino los que poseen las mejores habilidades sociales a la hora de forjar alianzas, conexiones y redes de influencia.

¿Son las mujeres menos dotadas en esas habilidades sociales? No hay ningún indicio.

Hasta en el crimen organizado, los forzudos no suelen llegar a la cúspide de poder.

Hasta en el crimen organizado, los forzudos no suelen llegar a la cúspide de poder.

Hipótesis 2: los hombres controlaban los alimentos

Esta también es una hipótesis muy popular, argumentando que durante el paleolítico, los hombres eran los que cazaban y traían la comida a la tribu mientras las mujeres cuidaban a los niños. Y como ganadores del pan, se hicieron con el poder de mando.

Sin embargo, la idea de que “los hombres cazaban y las mujeres cuidaban los niños” no tiene ningún fundamento científico. Para empezar, dependiendo de donde vivían, los paleolíticos adquirían sus alimentos no solo de la caza de animales grandes como mamuts y bisontes, sino también de recoger plantas, frutas, cereales y de atrapar animales pequeños, actividades que participaban tanto hombres como mujeres. Examinando la vida de los pueblos cazadores-recolectores contemporáneos, como los bosquimanos de Sudáfrica, los aetas de filipinas y los hazdas de Tanzania, las mujeres participan en la caza mayor y adquieren al menos la mitad de los alimentos de la tribu. El cuidado de los niños suele ser una responsabilidad comunal, compartida entre madres, padres, tíos, abuelos y hermanos mayores.

Bosquimanos, entre los últimos paleolíticos.

Bosquimanos, entre los últimos paleolíticos.

Hipótesis 3: un legado de la tradición guerrera

Esta hipótesis surge a raíz de la observación de en que la gran mayoría de pueblos cazadores-recolectores, la relación entre los sexos suele ser bastante igualitaria, así que el patriarcado debía haberse convertido en norma después del invento de la agricultura, notablemente durante la edad de bronce y de hierro, cuando los conflictos violentos entre distintos pueblos por disputas de tierra, ganado y esclavos se volvieron cada vez más frecuentes.

En muchos pueblos surgió una élite guerrera, hombres que dominaban el arte de la espada, lanza y jabalina, que protegían a las tierras de los campesinos y el ganado de los pastores. Tanto entre los celtas de Europa central, los vikingos de Escandinavia como en las antiguas sociedades feudales en la India y Japón, los guerreros ocupaban un estatus social más alto que los campesinos y eran los únicos que podían participar en las decisiones políticas. Como los hombres tienen más testosterona que les hacen más agresivos en la lucha cuerpo-a-cuerpo, la mayoría de los guerreros eran varones. Y cuando la casta guerrera llegó a dominar la mayoría de las sociedades, el patriarcado también echó sus raíces.

La casta guerrera dominaba muchos pueblos durante la edad de hierro

La casta guerrera dominaba muchos pueblos durante la edad de hierro

Este argumento puede tener su lógica, pero si la tradición guerrera estuviera directamente ligado al patriarcado, los pueblos más guerreros también deberían ser los más machistas, pero la situación no es así. En algunos pueblos de tradición muy bélica, como los escitas y sármatas de Asia Central y los sasánidas de Persia, las mujeres también acudían al campo de batalla y de ahí surgió la leyenda de las amazonas. En la política, las mujeres también jugaban un papel crucial en la toma de decisiones, mucho más que en algunas culturas más pacíficas, como los egipcios y babilonios.

En el imperio chino, desde hace más de 2000 años ya se implantó una clara separación de las funciones militares y administrativas, poniendo los militares bajo las órdenes de los mandarines. Desde entonces, la mayoría de los soldados, hasta los guerreros de élite, solían ser reclutados entre los ciudadanos más humildes y no disfrutaban de un estatus social destacado. La casta dominante constaba de funcionarios que habían aprobado oposiciones, cuya mayoría era gente de letras que nunca habían cogido una lanza en su vida. Sin embargo, durante 2000 años, la inmensa mayoría de los funcionarios eran varones.

¿Son las mujeres menos capacitadas para estudiar historia, geografía, derecho, ciencias y filosofía?

Guerrera sármata, un pueblo iraní de tradición bélica

Guerrera sármata, un pueblo iraní de tradición bélica

Hipótesis 4: la presión de la natalidad vs la división de trabajo

Esta última hipótesis surge a raíz de la observación de que durante la mayor parte de la historia, la mortalidad infantil era altísima, y como muchos niños murieron antes de llegar a la edad de reproducción, las mujeres tenían que tener un elevado número de niños para mantener la población estable. Como ellas son las que físicamente dan a luz y amamantan a los críos, al pasar tantos años entre embarazos, partos y lactancias, tendrían menos tiempo para realizar trabajos que requerían la dedicación de mucho tiempo y esfuerzo, como dirigir un gran negocio, mandar un ejército o gestionar los impuestos y distribuir los recursos. Poco a poco, todos aquellos puestos acabaron asumidos por varones.

Mortalidad infantil del siglo XIX

Mortalidad infantil del siglo XIX

Es decir, el sexismo surgió al raíz de la división de trabajo, a medida que la organización social se volvió más complejo. Esta hipótesis coincide con la tendencia de que los pueblos cazadores-recolectores suelen ser más sexualmente igualitarios (menos división de trabajo) mientras la mayoría de las sociedades agrícolas y ganaderas son bastante más machistas. Por supuesto, la transición ocurrió de forma gradual, a través de siglos y milenios, porque en las primeras civilizaciones neolíticas, como Catalhoyuk en Turquía y Cucuteni en Rumanía, la distinción de estatus por género brillaba por su ausencia.

Sin embargo, la hipótesis no explica por qué en algunos pueblos de tradición más patriarcal, el trabajo que realizan las mujeres son irónicamente los físicamente más duros, como caminar varios kilómetros cada mañana para coger el agua, y no descansan aún estando embarazadas. Si pudieran compaginar la maternidad con trabajos tan duros, ¿por qué no la pueden compaginar con un trabajo físicamente mucho menos exigente, como administrar, mandar y dirigir?

Estatua de una diosa neolítica de Cucuteni (hace 6000 años)

Estatua de una diosa neolítica de Cucuteni (hace 6000 años)

¿El fin del patriarcado?

Desde hace un siglo y medio, debido a la medicina moderna que redujo la mortalidad infantil, las mujeres ya no tienen que tener más de 5 hijos para evitar un colapso demográfico. Este fenómeno, combinado con el invento de contraceptivos, liberó aún más a las mujeres del papel de “madre por obligación”. Disponiendo de más tiempo y energía, ellas se han dedicado a estudiar, trabajar y a luchar por sus derechos, hasta llegar a integrarse en casi todos los ámbitos que hace apenas un siglo era de dominio masculino. A día de hoy, la mayoría de las sociedades del mundo siguen siendo dominadas por hombres, pero los avances realizados durante el último siglo han sido impresionantes.

Lo que se ha demostrado es que las mujeres son igual de capacitadas para realizar todas las profesiones, cargos y responsabilidades que durante siglos eran reservados solamente por hombres.

Si esta tendencia continuase, ¿dentro de un par de generaciones el patriarcado ya se habrá convertido en historia?

Todavía es pronto para llegar a esta conclusión, pero por mi gusto personal, me gustaría ver que algún día en un futuro no tan lejano, la equidad de género se convirtiera en la norma de la gran mayoría de las sociedades humanas, pero eso no sería sólo el trabajo de las mujeres, sino de ambos sexos en conjunto.

Equipo de exploración arqueológica

Equipo de exploración arqueológica