Crónicas persas I – notas de un viaje

22 Sep

Durante la primera quincena de septiembre, fui de viaje a uno de los países que más me ha fascinado durante los últimos 10 años: Irán. Con este post pretendo presentar un resumen de los apuntes que había ido realizando durante el viaje, sobre mis impresiones de este gran país con historia milenaria. Lo que no pretendo hacer es hablar de los monumentos y sus historias, ya que esos ya figuran en cualquier guía turística.

Aeropuerto de Teherán

Cogimos un vuelo de Madrid a Roma, y de Roma a Teherán, la capital iraní. La mayoría de los pasajeros eran iraníes. Al embarcar en Roma, todas las mujeres iban vestidas iguales a las europeas: vaqueros, shorts, camisetas, con el cabello al descubierto. Al aterrizar el avión en Teherán, la azafata hizo un anuncio de que habíamos llegado a un país de constitución islámica y habrá que respetar el código de vestimenta. De repente, todas se habían puesto un pañuelo en la cabeza, cubriendo el torso con camisas de manga larga que llegaban hasta los muslos, para no marcar la figura femenina.

Al pasar por el control de pasaporte, el agente miró con lupa a mi pasaporte, como si desconfiase del visado que tanto me había costado conseguir. Frunciendo el ceño, me preguntó: “¿Qué hace un chino con un pasaporte británico?”

Tras recoger la maleta, nos recogió una furgoneta organizada por la agencia Oriente Viajes, que nos llevó al hotel en la zona central de la ciudad. El viaje tardó más de una hora. A pesar de que era la 1:00 de la madrugada, las carreteras estaban llenas de vehículos. La extensión de la ciudad me parecía colosal, con barrios residenciales de chalets y edificios de 2-3 plantas que extendían hasta el horizonte.

Teherán de noche

Teherán: la ciudad

El día siguiente conocimos a Saíd, nuestro guía de viaje, en el comedor el hotel. Nos llevó a un tour de la capital, visitando primero un palacio de la dinastía Qajar (1785-1925), luego a un museo de la historia persa. Viven más de 9 millones de personas en esta ciudad y 17 millones en los alrededores. Debido a la gran extensión y un sistema de transporte público insuficiente, la mayoría de la población se desplaza en coche o moto. Las calles están siempre petadas y no exactamente agradables para peatones. Al cruzar en un paso peatonal, los coches no frenan aunque el semáforo está en verde. La única manera de cruzar es juntarse en un grupo, mirando fijamente a los conductores a los ojos para reivindicar tu presencia.

El guía nos contó que el último rey, Mohammad Reza Pahleví, en un intento de modernizar la ciudad, destruyó todo el casco antiguo en los años 50 para construir avenidas anchas del estilo occidental. A día de hoy, no existe un único centro urbano, sino varios focos de calles comerciales separados por docenas de kilómetros de barrios residenciales. En cierto modo me recuerda Los Ángeles. Me imaginé que vivir ahí debía de ser una pesadilla, teniendo que comer horas de atasco para ir y volver de trabajo todos los días. Y encontrar un parking debería ser una misión imposible.

Por la noche cenamos en un modesto restaurante cerca de nuestro hotel y salimos a dar un paseo. Era una zona comercial de tiendas, restaurantes fast food, cines, teatros y puestos callejeros. Había gente por todos lados: hombres, mujeres, niños y ancianos. En comparación con los españoles, la gente hablaba mucho más bajo con gestos refinados. Como los únicos extranjeros, llamábamos atención. Mucha gente nos miraba. Y cuando nuestras miradas se cruzaban, nos sonreía. A pesar de todo el caos, el ruido y la contaminación, al menos la gente parecía agradable y acogedora.

Kerman – el sur

Tras pasar un día en Teherán, el día siguiente cogimos un vuelo por la mañana para la ciudad Kerman, situada en el sur. Es una población de 300.000 habitantes, pero como una típica ciudad persa, el tamaño es extenso, probablemente más grande que Madrid capital (con una población de 3.5 millones). Visitamos el zoco de esta ciudad antigua, paseando por los puestos que venden fruta, alimentos y productos artesanos. Distinto a Marruecos, Egipto y Turquía, en Kerman no se regatea nada. Cada producto se vende a un precio fijo tanto para gente local como para turistas. En comparación con la capital, se ve una gran cantidad de mujeres vestidas de chador de color negro, iniciando que la sociedad debe de ser bastante conservadora.

Artesanos en el bazar de Kerman

En una mezquita situada al lado del zoco, nuestro guía nos explicó la diferencia fundamental entre musulmanes suníes y chiítas. Los primeros creen que los sucesores legítimos de Mahoma son los 4 califas que lo sucedieron después de su muerte. Los segundos creen que los 12 imanes encabezados por Ali, el yerno de Mahoma. Para los suníes los lugares sagrados son las mezquitas. Para los chiítas son los mausoleos de sacerdotes y sabios. En Irán la mayoría son chiítas. Pero casi todo el resto de los países musulmanes (salvo Irak) tienen mayoría suní. Los suníes no consideran a los chiítas como musulmanes, y para los yihadistas, son el archienemigo.

Nos alojamos en un hotel de lujo en las afueras de la ciudad. Por la noche, en el jardín trasero había montado un escenario donde tocaron varios músicos, algunos de música clásica persa, otros del pop contemporáneo. Pero nos sorprendió que todo el público permanecía quieto delante del escenario disfrutando de la música. Nadie bailaba. Más tarde el guía nos contó que gracias a la ley islámica que llevaba gobernando este país desde 1979, estaba prohibido bailar.

Mezquita de Kerman

Yazd – el último bastión de Zoroastrismo

Después de pasar un par de noches en Kerman, continuamos el viaje a Yazd, una ciudad de 300.000 habitantes hogar de la última comunidad zoroastriana en Irán.

¿Qué es el Zoroastrismo? Es la religión de los persas anterior a la conversión a Islam, que rendía culto al sol y al fuego. Durante un milenio, era la religión del estado del imperio más grande y poderoso del mundo. Visitamos un antiguo cementerio zoroastriano y uno de los últimos templos que todavía quedan en pie. En el altar del templo hay un fuego, que según dicen, lleva 2000 años encendido. A día de hoy solo 100.000 iraníes practican esta religión, pero muchos la adoran como parte de su herencia histórica, de parte de su orgulloso pasado imperial.

Cementerio zoroastriano

La gente de esta ciudad, igual que la de Kerman, es muy sociable. Muchos se acercaron a nosotros para sacarse fotos con nosotros como si fuéramos estrellas de cine. Me imaginé que podía ser que con tanta represión moral dentro del país, la gente trataba de relacionarse con extranjeros como una vía de escape. Pero lo que más me impresionó fue que nadie nos pidió nada a cambio. Se acercaron a nosotros solo para conocernos, para practicar inglés con nosotros, o para hacernos sentir bienvenidos.

También me he dado cuenta de la diversidad racial en este país. En Teherán la mayoría de la población tiene pelo moreno y piel clara. Muchos se parecen bastante a los españoles. En el sur mucha gente tiene la piel tan morena como indios o paquistaníes, otros tienen rasgos mulatos. La forma de vestir también difiere. Según nuestro guía Saíd, cada región tiene su propio estilo.

Templo zoroastriano

Shiraz – el metropolis del sur

Desde Yazd viajamos a Shiraz. Es una de las ciudades más importantes del sur de Irán. Solo por ver el aspecto de la gente por la calle, se ve que es una ciudad bastante liberal. Las mujeres se visten de más colores. Muchas llevan el pañuelo muy atrás destapando la mayor parte de su pelo. Muchos hombres llevan barbas de hipster y cejas depiladas.

Barbería en Shiraz

Nuestro hotel se situó al lado de un gran parque. Por la noche se llenó de gente, de familias enteras haciendo picnic, paseando, y disfrutando una noche de verano sentada en el césped y los bancos. Algunos montaron hasta tiendas de campaña, transformando el parque en un gran camping. Nuestro guía nos explicó que dormir en tiendas de campaña era una práctica muy común para iraníes que viajaban de turismo a otras ciudades, para ahorrarse el dinero que se gastase en un hotel.

Shiraz de noche

Como el alcohol está prohibido, los jóvenes se congregan en las plazas, aceras y parques para hacer “heladón” en vez de “botellón”, comer helados. A ratos llegué a sospechar que los helados podían llevar ciertas sustancias químicas. Por cierto, en este país se come una cantidad enorme de dulces. No sé cómo será la tasa de diabetes.

Nos impresionó la generosidad de la gente. Muchos lugareños nos ofrecieron compartir su comida, tanto hombres como mujeres, niños como adultos, jóvenes como maduros.

El bazar de Shiraz

Pero una de las mayores atracciones de Shiraz se sitúa a unos 50km de la ciudad: las ruinas de Persépolis, la antigua ciudad ceremonial construida por Ciro el Grande, el fundador del gran imperio aqueménido. Según leyendas, Ciro no solo era un conquistador, sino también era un gobernador con gran sabiduría. Abolió la esclavitud, ilegalizó la discriminación racial y concedió la igualdad de derechos a todos los grupos étnicos bajo el reinado del imperio. Al construir Persépolis, estableció un sistema rudimentario de seguridad social para gestionar las necesidades de los obreros, ¡incluido 4 meses de baja de maternidad cobrando el salario completo!

Persépolis

El desierto

De Kerman a Yazd, de Yazd a Shiraz, y de Shiraz a Isfahán, atravesamos kilómetros y kilómetros de montañas áridas y desiertos. El paisaje, en general, era bastante monótono e inhospitable. De vez en cuando, parábamos a algún caravansarai o algún pueblo para estirar las piernas.

Desierto

Pero el lugar más característica que hicimos una parada fue el pueblo abandonado de Izadkhast. Construido durante la época sasánida en el siglo III a.c., fue hogar de unas 1000 personas hasta principios de siglo XX, cuando una inundación destruyó las viviendas. A día de hoy, es un patrimonio de UNESCO. 

Izadkhast

Isfahán – la ciudad de “Prince of Persia”

Nuestro último destino, antes del regreso a Teherán, fue Isfahán, la tercera ciudad más grande de Irán.

En esta ciudad se nota bastante más la confluencia de turistas: con grupos de franceses, alemanes y coreanos del sur siguiendo sus guías por todos los monumentos históricos. También se nota que los autóctonos de esta ciudad son menos inocentes. Es el único lugar donde la gente se nos había acercado para vendernos algo, o donde en puestos de artesanía vendían el mismo producto más caro a los extranjeros que a los iraníes. El turismo, a pesar de toda riqueza que genera, también corrompe a la sociedad.

El legado multicultural de esta ciudad se refleja en a gran comunidad armenia. Tras la revolución islámica de 1979, es unas de las pocas minorías cristianas que permanecen en el país. A día de hoy, el barrio armenio es un centro de vida nocturno, repleto de restaurantes, cafeterías y comercios que abren hasta tarde.

Iglesia armenia

La mayor atracción de la ciudad es la gran plaza de Naghsh-i Jahan situado el casco antiguo. Después de Tiananmen en Pekín, es la segunda plaza más grande del mundo. A parte de su arquitectura grandiosa, también es el lugar donde los vendedores exhiben sus productos, los amigos se reunen, los niños juegan a la pelota, las familias hacen picnic y los amantes pasan una tarde romántica sentados en el banco. El ambiente es siempre festivo, incluso en días que no son de fiesta.

Niños jugando en la plaza

De vuelta a Teherán

En el camino de vuelta de Isfahan a Teherán, paramos en las ciudades de Kashan y Qom para visitar un par de mausoleos.

Al llegar a la capital, tuvimos toda la tarde libre antes de coger el vuelo de vuelta por la madrugada. Matamos el tiempo paseando por el parque de Laleh. Probablemente debido a su cercanía a la Universidad de Teherán, el parque estaba lleno de gente joven. Vimos fenómenos no tan convencionales en Irán, como una chica que iba sin velo,  un hombre en pantalones cortos y un grupo de chicos y chicas jugando voleibol juntos. Esta escena, aunque forma parte de la vida cotidiana en el occidente, en Irán es casi un milagro. Se nota que entre la generación joven, al menos los que viven en la capital, la mentalidad está cambiando.

Partido de voleibol

En retrospecto…

En total, el viaje a Irán ha merecido mucho la pena. Con una herencia histórica tan rica y gente tan hospitalaria, creo que su “mala fama” en la prensa internacional es el único factor que le ha prevenido convertirse en uno de los destinos turísticos más populares del mundo.

En cierto modo, puede que hayamos visitado Irán en una época muy clave. Si el país empezase a abrirse al mundo, quizás dentro de 10 años todas las ciudades que habíamos visitado se habrían transformado en parques temáticos turísticos, igual que Venecia. Si el régimen islámico cayese de forma brusca provocando un gran enfrentamiento social, puede que la seguridad y estabilidad que se disfrutan hoy ya se pierdan para siempre.

¿Cuál de los dos será más probable de suceder? Depende de la evolución de la sociedad iraní. Eso un tema tan complejo como interesante que dedicaré mi próximo post a hablar de ello.

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  1. Crónicas persas: notas de un viaje | - enero 23, 2018

    […] La gente de esta ciudad, igual que la de Kerman, es muy sociable. Muchos se acercaron a nosotros para sacarse fotos con nosotros como si fuéramos estrellas de cine. Me imaginé que podía ser que con tanta represión moral dentro del país, la gente trataba de relacionarse con extranjeros como una vía de escape. Pero lo que más me impresionó fue que nadie nos pidió nada a cambio. Se acercaron a nosotros solo para conocernos, para practicar inglés con nosotros, o para hacernos sentir bienvenidos. (Leer más…) […]

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